Aniversario y balance. Una debilidad por las fronteras y los márgenes

La travesía de Laberintos Suburbanos empezó un 2 de marzo de 2015, como un intento de inserción a-estética en el informe espacio de todo lo despreciado, lo banal, lo críptico y contaminado, como una apuesta en pos de una ilustración alternativa, cuya razón luz, desde el principio optara por una suerte de visión tubular, visión que tuviese como analogía, la noción de un centro negro o punto ciego, cuyos márgenes iluminados, inmaculados, vayan abriendo la posibilidad de detenernos en lo poco visible, como praxis de descentramiento de los focos de atención en exfocos que permitan el desocultamiento de lo minoritario, de lo marginal, de lo excluido, para abarcar así todas las variables posibles y pasibles de ser relatadas, enunciadas e historiadas, como apertura hacia multiplicidades y diferencias totalmente nuevas, o simplemente nunca antes vistas ni oídas; ya sean políticas, antropológicas, sociales, sexuales, sub o paraculturales, pero insertas en un espectro en el que lo que se desea elucidar o iluminar no sea lo ya racionalizado, sino lo irracional, lo oscuro, apuntando a aquello que de alguna manera podríamos identificar como antimainstream, pero que no solo se detenga en lo contracultural, sino que en su espacio abarque también lo bizarro, lo monstruoso, lo escabroso y amoral.

Por ello, desde el principio quisimos plantear la idea de viaje como referente de circulación y lectura, en el que cada texto funcionase como una estación o punto de parada y de partida en un intenso, extenso y aleatorio desplazamiento cíclico, a la manera de un metro subterráneo o un mototaxi suburbial, que obedeciera a una retórica incidental, insurrecta y errática; desplazándose por los límites e intersticios de la ciudad. Por los laberintos de una ciudad igualmente codiciada y despreciada; como una urbe formal, pero marcada o asediada por la ilegalidad e informalidad de sus intersticios, fisuras y márgenes, que como alter realidades, se presenten emergiendo desde las zonas opacas u oscuras de la ciudad oficial. En un punto en el que la imagen central o protagónica de Laberintos suburbanos ―imagen muchas veces cuestionada debido a lo que ha representado―, se presenta como la metáfora efectiva de una postal histórica-imaginaria, desde la que se va armando, a manera de rompecabezas, el relato de las múltiples miradas de deseo, de desprecio y de resentimiento hacia “Babilonia la grande”, pero vista o asediada desde sus márgenes, desde el ansia talibanesca de un observador oculto, de un guardián en el centeno, de un celador que observa alucinado la ciudad, pero solo para devastarla.

caosEn ese contexto, la imagen de la ciudad añorada, es vista desde suburbia. Y es desde esa idea o imagen-símbolo, desde la que podemos entender el punto de partida y de llegada de Laberintos suburbanos. Un itinerario manifiesto desde una aspiración localista, pero determinada por una ambición cosmopolita: la de abordar ciudades en abstracto, hasta hacerlas a todas una, pero vistas o visitadas desde sus sedimentos, desde sus fragmentos, desde sus cinturones de miseria e ínsulas, hasta abarcar y comprender todas sus manifestaciones culturales, subculturales y contraculturales, incidiendo en una antropología del “no-lugar” (Marc Augé), para construir desde allí, un espacio-plataforma de abordaje y confrontación crítica sobre la ciudad, sus suburbios y laberintos. Abordando también la noción de “ciudades muertas”, pero vistas desde referencias distintas, asociadas a la idea de destrucción o desvanecimiento de la ciudad cosmopolita, violenta y posmoderna, para construir otra ideal.

Desde el principio esas han sido nuestras razones, sobre todo porque irrumpimos en un momento que considerábamos crucial, insertándonos en un contexto en el que experimentábamos lo que sartreanamente se ha evidenciado como una suerte de náusea existenciaria; una sensación óntica e individual que al ser traspasada a lo social, se fue convirtiendo en actitud sociopolítica. Presentándonos cada posibilidad de canalización y diseminación de ideas como salidas nuevas, como ensayos nuevos o vías de escape hacia posibilidades otras, posibilidades que nos han ido proveyendo de pretextos para abordar y repensar discursos o símbolos ubicados en los márgenes casi siempre invisibles y ausentes de la ciudad, como (ex)centros de lo discriminado, de lo segregado, de lo criminalizado por lo que hemos aprendido o se nos ha enseñado a conocer como cultural oficial o real, para desdeñar otras posibilidades.

Por ello lo pensamos y asumimos la especificidad de estos discursos ―como signos foucaultianos de poder― y su exterioridad, desde donde aspiramos albergar y tolerar no solo lo normalizado o domesticado dentro de los parámetros estéticos y políticamente correctos de la sociedad, asumiendo que se discrimina y desdeña todo lo que no puede entenderse o racionalizarse desde el interior de los prejuicios, a manera de obstáculos epistemológicos (Bachelard), sino también el espectro amplio de lo anómalo y marginal, en una suerte de exterioridad deleuzianamente rizomática que va construyendo, a manera de enclaves, guetos o centros de concentración, archipiélagos de otredad que van diseminándose en el interior “mismo” de la mismiedad; en una geografía metropolitana que va adaptando sus necesidades a nuevos esquemas de control y represión.

En este sentido, no obstante que parecemos habitar en un espacio culturalmente democrático, normalizado, socializado y aséptico, solemos encontrarnos con esos intersticios encubiertos, negados, desacreditados por su impureza, su disonancia o su marginalidad simbólica, espacios segregados que son los que resultan propicios para nuevas reflexiones y disquisiciones, desde sentidos nuevos que podrían permitirnos un reabordaje, recreación o clasificación-desclasificación de las diferencias, en eso que Jacques Derrida entendía, en los Márgenes.., que estaba más allá del texto filosófico ―o de cualquier texto en general―, en el que “no hay un margen blanco, virgen, vacío, sino otro texto, un tejido de diferencias de fuerzas sin ningún centro de referencia presente”, y que suele albergar racionalidades fronterizas que pendulan, absorben y se articulan, no en el interior de un ethos social, sino en el inter-espacio de múltiples ethos y conciencias, en territorios de recepción, creación y enunciación, pero prestando atención a las zonas marginales o suplementarias de la imagen-texto.

Es por ello que, luego de todo este tiempo, hemos querido presentar esto como una posibilidad (ex)ótica, como un lugar de confrontación que irrumpe en un entorno poco inspirador y delirante que está viendo emerger avatares nuevos de fascismo y microfascismo, pero también nuevas formas de resistencia. Lugares en los que atreverse, luego de un primer impulso que terminó por desarticularnos (2015-2018), derivó en la posibilidad de hacernos reformular estrategias que se fueron tornando más conflictivas y arduas, sobre todo si asumimos esto como plan y plataforma aspiracional, en el deseo de ser o manifestarnos como contrapeso asistémico, al proceso de descomposición y degradación social sistémica que desde sus múltiples manifestaciones se viene repotenciando y normalizando en toda la región.

En este sentido, así como hablamos del histórico fin de ciclo de la izquierda latinoamericana, y del consecuente ascenso de sectores retardatarios y ultraconservadores al poder, entendemos también que los desafíos actuales se han repotenciado. Sobre todo porque este nuevo viaje no implica únicamente asumirnos como ejes o soportes de pluralidad, o de una apertura hacia éticas y estéticas alternativas, que, debido a su condición germinal o marginal, no solo no tendrían espacio en el interior de los circuitos hegemónicos, sino que se les ha combatido, reprimido y condenado en el interior de un espectro en el que la negación solo ha resumido actitudes performáticas y pasivas, en las que la opción por el NO, se presenta únicamente como distanciamiento de prácticas de embrutecimiento desplegadas como política de dominación auspiciada por el mainstream cultural vigente; sino que la consigna sea asumir la labor activa de ir más allá de lo estricta y estérilmente intelectual, para impregnarnos así de estrategias socioculturales y políticas disidentes, que estén relacionadas a una logística, pese a sus parcialidades, de frente único que reaccione contra todo lo que se nos presenta como civilizacional y políticamente abominable.

De ahí que, ante una lógica sociopolítica y cultural de degradación social e individuación sicológica, ya no sea suficiente solo decir NO; sino que se trata de lograr ―con nuestras prácticas cotidianas o temporarias―, que cada vez menos personas opten por el SÍ, y que, desde la negación ante una normalidad que percibimos como enfermiza, podamos aprender a construir un futuro cada vez más integral y abierto. Y es por ello que, desde nuestro planificado nomadismo, hemos querido ser un espacio-plataforma de abordaje crítico, de análisis entorno a visiones enfrentadas sobre lo urbano, lo cultural y lo subcultural. Desde visiones nuevas que canalicen elementos que emergen desde las fisuras y extremos metropolitanos, desde las fronteras de la ciudad amada y detestada al mismo tiempo, desde una urbe que parece reclamar para sí una integralidad real, un mundo ―como decía sub-Marcos― en el que quepan muchos mundos, desde aquella noción de apertura hacia multiplicidades y diferencias no visibles para abrazarlas como propias.

Laberinto subterraneoMuchas veces hemos errado y otras pocas acertado. Pero en nuestro descargo diremos que, pese a que nuestro objetivo ―visto en el manifiesto-exposición de motivos―, como un ejercicio crítico, ha sido abordar, desde las referencias de nuestra especificidad local, como asuntos globales, glocales, o nacionales, los problemas ligados a los márgenes de esa mundialidad política, económica, cultural, psicológica, ideológica y antropológica de las sociedades colapsadas o en tránsito. Dinamizados  por el hecho de querer edificarnos como un espacio de reflexión y trabajo; abrazando, desde aquella pulsión nómade que quisiéramos termine por caracterizarnos, la idea de instituirnos como una plataforma que funcione, al menos aspiracionalmente, como un observatorio de experimentación y terreno de experiencias, pero de efectos colaterales en otros campos como el activismo, el artivismo y la confrontación social. En ese sentido, como lo hemos escrito en nuestro manifiesto-exposición de motivos:

Laberintos Suburbanos: Espacio de crítica, arte, activismo y accionismo, de encuentro y debate en torno a manifestaciones culturales y materias artísticas marginales, minoritarias, transgresoras, subterráneas e intersticiales; en el que la ciudad es abordada desde sus fisuras, desde sus suburbios, desde sus fronteras y extremos metropolitanos. A partir de una poética de lo banal, de lo marginal, de lo trivial, de lo críptico, de lo fragmentario y lo contaminado. Más allá de esto, Laberintos Suburbanos obedece a una lógica incidental, insurrecta, errática y caprichosa, en la que circulan materias nómades, subalternas, aleatorias, subterráneas, inestables, proteicas y marginales, como un observatorio de experimentación y fábrica de experiencias, pero instalado en los límites, en los intersticios y márgenes metropolitanos, a la manera de un celador, como un cazador al acecho u observador oculto que mira alucinado la ciudad para… (LabSub 2015)

Y es en este espectro en el que la mirada alcanza un rol fundamental y constituyente, pues nuestras visiones sobre lo real-social, pero también las suyas sobre lo virtual-emocional, terminan por plantear un tema que resulta aún bastante difícil, pues entendemos que los fines relacionados a la asunción de una estética del NO, asociados a un nomanismo no solo geográfico sino también óntico, permiten, como mecanismo de búsqueda aspiracional de todo lo encubierto o negado, que nuestros ejes funcionen como un espacio u observatorio de experimentación y fábricas de experiencias minoritarias, marginales y múltiples, pero de efectos colaterales en otros campos de la vida, un plataforma u observatorio que tiene como eje de aglutinación a todo lo historiable y/o clasificable, pero abordados desde una noción deconstructora, que asume su debilidad derridariana por los márgenes.

De ahí que, en el interior de esta noción de “Aniversario y balance”, queríamos parafrasear a José Carlos Mariátegui, y tomar nuevamente el título del texto que él escribiera al “celebrar” el segundo aniversario de la emblemática revista Amauta. Y decir también que no se pueden entender la historia en otros términos que en el de la duración, y que “No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento” (Mariátegui 1928). Además de decir que nos esperan largas jornadas de resistencia y participación urbana para evitar que la podredumbre y el horror del pasado  vuelva e intente arrebatarnos nuestra casa, nuestra ciudad y nuestra patria, además del futuro de los que todavía pueden soñar y creen que se puede refrendar la idea o posibilidad de edificar, de construir algo totalmente nuevo con lo poco que aún nos queda.

Finalmente, no nos gustan las cosas tal y como están. Por eso, siempre diremos que nos manifestamos y estamos en contra.

Fernando Cassamar

 

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Laberintos Suburbanos (2019)

Espacio-plataforma de abordaje crítico, desde las fisuras, fronteras y extremos metropolitanos

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El tractatus distópico y poético del adiós verasteguiano

Fernando Cassamar

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Me da pánico, tengo miedo del tránsito
pero sí acepto la vida después de la vida
 sin miedo, no sé qué me suscita pensarlo.
Enrique verástegui (1 Jul 2018)

 

No hay un lugar en el mundo en el que se pueda escapar de las matemáticas ni de la poesía, decía el filósofo astrofísico Anton Sorokow, y quizá no podía ser de otra manera, sobre todo porque allí afuera nos quedaba el universo con sus estrellas y constelaciones, además del cielo con sus astros, estrellas novas y agujeros negros. Pero al cerrar los ojos podíamos ver el fin de la razón como oscuridad, salida o escape hacia la nada, como un punto de fuga hacia el vacío, a la manera de Esenin o de Maiakovski, pero tal vez también a la manera de August Strindberg, de Robert Walser, de Martín Adán, de Juan Ramírez Ruiz, de Enrique Verástegui[1] y de tantos otros. Como todos los que en aquella época, a la manera de Leonard Cohen, teníamos una voz, pero como Henry Fiol aún buscábamos la melodía, esa melodía desencadenada que se propagara por los cuatro puntos cardinales del mundo, pero también hacia arriba, siempre arriba como solemos decir de Jorge Chávez, hacia ese cielo no siempre azul y casi siempre gris de Lima… en pos del escape perfecto, de ese escape soñado por Harry Houdini.

Pero también buscábamos una ecuación, aquella ecuación que nos indicara el balance perfecto entre lo material y lo inmaterial, quizá como el espacio del más allá, pero también como algo más profundo entre la distención psicodélica del tiempo y el Zabriskie Point antogniano del espacio; entre las abscisas y las coordenadas cartesianas que nos ubicaban en un punto del plano del calvario, con nuestro cuerpo astral desbordando lo físico para dirigirse hacia las esferas superiores del Edén; o hurgando, como quería Aldous Huxley, en las áfricas y tierras vírgenes de la mente, traspasando las puertas de la percepción. Y en pos de todo ello habíamos modelado, armonizado, poetizado, deformado el espacio de nuestra percepción, para asumir ese kantiano sujeto trascendental, solo para recalar en la escalera de Wittgenstein, y así no caer… como aquella suma de fieles yacentes en los campos del exterminio auschwitzsiano.

Y te oímos decir que en uno de tus poemas habías refutado el Tractatus Logico-Philosophicus… y eso no nos pareció lógico, porque la poesía aún no es una ciencia exacta, como la lógica, como los principios matemáticos o la astrofísica. Pero qué se podía esperar en esos días, en los que tus análisis de la poesía e Introducción a la Cienciasofía nos decían muchos de los arcanos negados de aquella alterrealidad oculta e irresuelta. Entre la fragancia de esos documentos supuestamente rescatados de los archivos de la Orden Hermética, como parte de la Sociedad para la Liberación de las Rosas.

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De Izquierda a derecha: Juan Ramírez Ruiz, Jorge Pimentel y Enrique Veraztegui

Entonces asumimos el principio de realidad a partir de la Navaja de Ockham, como postulado para la ce(n)sura de la razón, entendiendo, como nos había enseñado Martín Adán, que la rosa que amábamos era la del prudente, la de sí misma, al aire de este mundo, agobiada en este país en el que la poesía ladra, suda orina, “frecuenta los burdeles / escribe cantos silba danza mientras se mira”, y tu cuchillo se apresta a descuartizar el otoño. Mientras recuerdo aquella historia en la que tú estás en esa combi, en la que le enseñas tu nombre que está inscripto en uno de tus libros al cobrador para no pagarle el pasaje y este no lo hizo. Todos sabemos también que ya entonces la vida no era dulce para nadie, que eran otros tiempos para todos; y no interesaba nada, porque la poesía urbana empezaba a heder a campanitas de cristal y a agua de lavanda.

Durante mi adolescencia obtuve un ejemplar de tu Leonardo, que compré durante esas tardes y noches ebrias, en las que entré al Shakespeare & Co. sobre uno de los márgenes del río Rímac, que no era el Sena, ni se le parecía, cerca de una de esas calles del centro, en la que solía también comprar las revistas y casetes de Musicalia, para escuchar a Bach, Albinoni o Rachmaninov. Eran tiempos en los que escribir no implicaba meditar y esto tampoco era comprometer las “manos, / y papel, máquina de flores en el curso de las cosas, no / disponerse a modelar lo espontáneo hacia un objetivo preciso. / Escribir de lo que se es como de lo que uno realiza es el proyecto de toda vida” (Leonardo – Verastegui).

Luego están los episodios sanmarquinos, en los que Zelada me enseñó tu Angelus Novus, para hablar de tus poemas, como antes lo había hecho con Habermas o con Bataille. Pero yo ya no soportaba la poesía, prefería la filosofía y estaba más interesado en el Angelus Novus de Paul Klee, articulado en el “ángel de la historia” benjaminiano. Pues los noventas eran tiempos de guerra, tiempos de distopía que se parecían a tus experiencias con mayo del 68 y tus lecturas de Marcuse que interpretaba la industria como una flor carnívora y te preguntabas: “¿Podemos tocar entonces el tema de una mente / liberándose de su pasado si no utilizar la metáfora inservible del otoño”, en esos tiempos en los que como en los nuestros, la desesperación y la náusea se apoderaban de Lima y del país, para degradarlo en el horror de tener que enfrentar lo no (po)ético, noético y noemático husserliano.

Las vanguardias están envejeciendo, y muchos se están yendo. Y pese a todo, fenomenológicamente algunos pudimos sobrevivir, resistir pese a que la podredumbre fujimorista nos venía robando la patria, el país y el futuro, enmierdando nuestros días y meses, años y lustros, como antes, como ahora, como siempre. Y no obstante ello, no nos fuimos, continuamos en este lugar que percibíamos como una cadena de acontecimientos trágicos, como en Hiroshima, Nagasaki, Mile Island o Chernobil o Barrios Altos, mientras el ángel nuevo de la historia observaba aquella “catástrofe única que se amontonaba ruina sobre ruina” en este país que empezaba a regatearnos toda la esperanza; pues como decía Benjamin: “Bien quisiera él [ángel nuevo o el ángel de la historia] detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas” para escapar.

Portada-de-En-los-extramuros-del-mundo-de-Enrique-Verastegui-Caja-negra-2012Entonces llegó el tiempo en el que nadie pudo conseguir huir, tal vez porque ya se nos  había acabado las armas o tal vez solo los poemas. Pero, no obstante, había algunos que aún elegían la poesía, o tal vez la poesía los elegía a ellos ¿Cómo saberlo? Pues la historia de este país también tenía sus oasis contrafácticos, con sus archipiélagos de contrahistorias, pesadillas, ucronías y algunas cosas más que fueron ascendiendo desde los infiernos. Y como tú decías, “El empirista y el pragmatista dirán que un poema / sale extraño si el azufre es la carne de todos los días. /  Que un poema, si el papel que se emplea no es mucho, / no tiene más versos que una dulce pérdida de tiempo…”

Por ello, casi de casualidad, a fines de los noventas, recalé en el salón de grados de la Facultad de Derecho de San Marcos, donde estaban casi todos los de tu generación; y escuché a José Watanabe, a Carmen Ollé, a Jorge Pimentel y escuché también a “Giordano Bruno”, el que había vivido sabiendo que “Toda época está / en retroceso y todo presente es pasado devorado / en el futuro y aquel 17 de febrero de 1600 / Giordano Bruno, poeta, / loco y filósofo que en la duda encontró su verdad”, el que nació para todos, como tú Enrique también lo habías hecho aquel día, y los demás que vinieron sucediéndose hasta convertirte en el personaje entrañable que deambulaba balbuceando frases iniciáticas hasta perderse.

Tal vez porque no se le debe pedir mucho a la vida, o quizá porque no puede poetizarse el infierno sin salir ileso, o explorar en torno a una verdad reservada a los dioses, es que el castigo se va transformando en locura, en deterioro mental que no siempre deviene en manuscritos proféticos; como en Nietzsche, como en Strindberg, como en Maupassant, como en Van Gogh, como en Attila Josef, como en Juan Ramírez Ruiz el grande, o como en ti Enrique, poeta, ensayista, filósofo, gnóstico, cuentista, novelista, dramaturgo, guionista, músico, acuarelista, físico, lógico, matemático, cienciósofo y sobre todo iluminado, pero no como ese otro Sócrates el loco, del que hablaba Platón, sino como el insano lúcido, como el perro celestial de Cioran, el que buscaba al hombre con su linterna a plena luz del sol, y que buscó con esa furia que luego heredará Aguirre, el azote de Dios al buscar el Dorado, pero con mucho más cinismo y menos idealismo.

Luego de ello nos encontraríamos en las páginas de Identidades, como lugar no-lugar compartido, y nos conocimos o quizá reconocimos, pues mientras imaginaba por qué pensabas que era arquitecto, pues lo sugeriste varias veces, terminé convenciéndome de que era yo el historiador de ciudades y no el filósofo astrofísico que pergeñaba versos. Y, desde luego, aquellos días el silencio del Presbítero era la imagen gélida de las identidades proteicas de Lima enferma como su historia y sus poetas. Esa ciudad gris que hiede a orines, a smog y a resentimiento. Hasta aquella noche que en uno de los recitales del Yacana, en la solías pedir a Migliaro cigarro y cervezas para dos, mientras leías y hablábamos de El modelo del teorema o de El principio de no-ser. No había nada onticidad ni de glorioso en embriagarse para hablar de la exactitud o la no exactitud del cosmos, pero eso era lo que menos importaba. La sabiduría y el delirio pueden conjugarse también como ese aparato mecanicista que compromete una episteme diferente que diluye literatura, filosofía y ciencia, además de la opción por la vida que se traduce en  muerte.

Como el místico budista Thich Quang Duc, que en protesta contra las persecuciones de los suyos decidió inmolarse, y se mantuvo inmóvil, sereno, sin emitir señal de dolor alguno mientras su cuerpo era consumido por las llamas; como Calcuchímac, guerrero inca que tras negarse a ser bautizado por los españoles, en nombre de un dios en el que no creía, entró voluntariamente a la hoguera para ser quemado vivo, sin tampoco emitir un signo de dolor; o como Giordano Bruno, aquel ateo impío corrompido, excomulgado y condenado a las llamas del infinito.., condenado a ser “castigado / con la mayor dulzura posible y sin efusión / de sangre, sine ulla sanguinis effusione” / que en maligna lengua eufemista represiva / y clasicista dictaminaban los inquisidores de siempre / morir quemado vivo / y entonces Bruno replica / ya bellísimo su alto testamento: “más os intimida / pronunciar mi sentencia a vosotros / que a mí el oírla” / y entró sereno en la brasa / lúcido entre las ávidas llamas” (Verástegui). Y cuando la muerte llega, ante el hecho consumado, como decía Watanabe, “Nosotros [tampoco] le debemos negar la posibilidad de una palabra / de agradecimiento” Enrique.

Y en ese trance, algunos poetas amigos empezaron a irse, como se fue Juan Ramírez Ruiz, como se fue Ricardo Quezada, como lo hizo José Pancorvo, y como ahora lo hiciste tú, el escritor que quiso hacer de la poesía una ciencia exacta, el matemático que terminó por irracionalizar todos los números, y el físico que derivó a la metafísica para convertirse en un místico sin capilla y sin cruz, como un anacoreta que prefirió habitar los extramuros del mundo, redescubriendo ―en ese trance―, las taras morales, políticas, psicológicas, sociales y religiosas del Perú y con ello las del mundo. Sabiendo que el ladrón de rosas jamás tomará partido por aquella Sociedad que ahora fenece, ni para liberarlas, ni para ponerlas en un florero. Y eso se lo recordaré a todos, yo, Anton Sorakow, nacido en la Siberia y reencarnado miles de veces para arribar hasta esta esquina del mundo, en un tiempo y espacio recobrado.

Y finalmente sabremos otra vez, como antes y como siempre, que no se puede morder de la manzana del árbol de la sabiduría sin terminar perdiendo la razón. Debiste saberlo cuando aún transitabas por los infiernos tropicales de este globo celeste, y quizá lo recordaste ese 27 de julio aciago del 2018, cuando la patria nos empezaba a centellar por dentro, cuando tu voz de profeta apocalíptico te había abandonado desde hacía mucho. Porque ya nadie podrá volver a expirar el final como lo hiciera Hamlet: “The rest is silence”, pues ahora nuestro país es un planeta que delira como esos seres arrastrándose en las en las islas Ballestas, cuyos gritos y gruñidos parecen los gritos de miles de personas ante el dolor final del calvario reinventado en el mundo moderno. Por ello nunca más tendrás miedo, pues te ha tocado internarte ya, sereno entre las brasas, lúcido entre las ávidas llamas, esbozándonos tu inesperado adiós… para siempre.

 

Infierno en Lima, Agosto 12 del 2018

 

Fernando Cassamar

 

Notas

[1] Enrique Verástegui, uno de los poetas más importantes de la literatura en lengua castellana contemporánea, falleció el viernes 27 de julio en Lima, a los 68 años de edad.

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Concentración de la pobreza. Sin el indígena no hay peruanidad posible*

Santiago Ibarra

 

Introducción

Entre los años 2000 y 2015, la pobreza en el Perú ha pasado de afectar al 54 % de la población nacional, al 23 % de la misma. Es importante destacar que esta reducción, conforme a los parámetros utilizados por el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática (INEI) –desde luego discutibles-, se ha producido dentro de un contexto económico altamente favorable al Perú y a Latinoamérica en general, debido en gran medida al incremento de la demanda de minerales e hidrocarburos desde los países asiáticos y otras regiones del mundo, y todavía más debido al incremento del precio de esos recursos. También es importante destacar que esta reducción no tiene la apariencia que se le quiere dar, porque un 40 % de los peruanos, es decir, más de 12 millones de personas, tienen ingresos de menos de mil soles mensuales, y es probable que frente a una reducción mayor del crecimiento económico caigan nuevamente en las estadísticas oficiales de pobreza.

Asimismo, en un contexto de crisis económica europea y de caída de la tasa de crecimiento económico de los países de Asia del Este, en algunos países latinoamericanos se ha iniciado ya el proceso inverso: el aumento de la pobreza oficial, como en Argentina, que afecta actualmente a más del 36 % de su población, gracias a las medidas neoliberales que recientemente ha tomado el gobierno de Macri, algo que se dio también con el gobierno neoliberal de Temer en Brasil (gobierno resultante de un golpe de Estado blando). Entre tanto, varios países de Europa occidental están en una profunda crisis económica, como España, donde hay hambre, desempleo y pobreza, pero en el que a nadie se le ocurre intervenir militarmente, a diferencia de lo que ocurre en Venezuela, país donde se ha creado una crisis económica mediante el desabastecimiento, buscando derrocar al gobierno de Maduro. ¿Por qué deberíamos pensar que el Perú sería la excepción a esta corriente internacional, en la cual hay períodos de reducción de la pobreza y hay también períodos de aumento de la misma?

el gigante de paruro, cusco 1925

“El gigante de Paruro” (Cusco-1925) Martín Chambi.

Para el caso del Perú, nos interesa en este artículo señalar que la pobreza continúa concentrada en la sierra peruana, en el espectro de la población que tiene como idioma materno el quechua u alguna otra lengua nativa, población que se autoidentifica como indígena, y  que se ubica sobre todo en el espacio rural. Concentración que, como se verá, resulta aún más abrumadora, si analizamos los casos de extrema pobreza. Observación realizada, evidentemente, con fines analíticos y políticos a la vez. A través de la cual queremos señalar que entre nosotros tendemos al colonialismo, pues los orígenes de la postración material de la población quechua tiene sus raíces en la conquista y el colonialismo español, y a través de distintos mecanismos se ha reproducido hasta la fecha.

1. La pobreza por regiones naturales

La Sierra alberga al 27,9 % de la población peruana, menos de un tercio del total, pero contiene al 48,1 % de los pobres del país, casi la mitad del total. Por otro lado, la Costa alberga al 56,3 % de la población peruana, más de la mitad del total, pero contiene al 34,5 % de los pobres del país, un tercio del porcentaje total. Finalmente, la Selva concentra al 14 % de la población peruana, y alberga al 17,4 % de los pobres del Perú1.

2. La pobreza según la lengua materna

En el Perú, menos del 16 % de la población tiene como lengua materna un idioma nativo (el 13,2 % lo tiene en el quechua, el 1,8 % en el aymara, y el resto en otras lenguas nativas) Mas, para el año 2014, según el INEI, “la pobreza afectó al 35,4 % (8,5 % pobre extremo y 26,9 % pobre no extremo) de las personas que mencionan tener como lengua materna una lengua nativa, siendo casi el doble de la incidencia en la población con lengua materna el castellano, 19,5 % (3,3 % pobres extremos y 16,2 % pobres no extremos)”2.

Asimismo, “De acuerdo con el área de residencia, tanto en el área rural como urbana, incidió en mayor proporción entre la población que tiene como lengua materna una lengua nativa (48,2 % y 21,1 %, respectivamente)”3.

3. La pobreza según el área de residencia

En el Perú el 75,9 % de la población reside en el área urbana y solo el 24,1 % reside en el área rural; sin embargo, la pobreza afecta al 46 % de la población que vive en el área rural, en tanto que en el área urbana la pobreza afecta al 15,3 % de la población. Asimismo, el área rural concentra al 48,8 % de los pobres del país4.

4. La pobreza según el origen étnico

La pobreza afecta al 26,8 % de la población que se autoidentifica de origen nativo (quechua, aymara o de origen amazónico), en tanto que a la población negra afecta en un 19,3 %. A la población que se autoidentifica como blanca afecta en un 18,5 % y a los mestizos en un 14,1 %5.

5. ¿Y dónde se concentran las personas extremadamente pobres?

Los pobres extremos –cuyos ingresos personales alcanzan para cubrir apenas el costo de una canasta básica alimentaria (excluye el costo de vivienda, agua, luz, transporte, telefonía y otros gastos que efectuamos en la vida cotidiana)- se concentran mayoritariamente en el área rural del país: el 82,3 % de ellos residen en esa área6.

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“Policía presentando a ladrón” (Cusco-1924), Martín Chambi

De acuerdo con las regiones naturales, el 69,7 % del total de los pobres extremos se encuentran en la Sierra, el 18,4 % están en la Selva y el 11,9 % en la Costa7.

6. La herencia colonial

Como puede observarse, la pobreza no está homogéneamente distribuida a lo largo y a lo ancho del país, ni tampoco entre los grupos que se identifican como indígenas, mestizos, negros o blancos. Puede observarse que, proporcionalmente, la pobreza se concentra en la población de origen quechua, mestizos y negros. De otro lado, la pobreza se concentra proporcionalmente en la sierra del Perú, tradicionalmente quechua, aymara y campesina.

No es posible entonces dejar de mencionar que la conquista y el colonialismo español -que sometió a sangre y fuego a la población quechua y a otros grupos étnicos del país, sumiéndolos en la servidumbre y en la degradación material-, está en el origen del problema que destacamos en el presente artículo. Lo que tenemos hoy es una prolongación de ese pecado original.

Entre otras cosas, el colonialismo español desestructuró la pauta indígena de ocupación del territorio -el famoso control vertical de los pisos ecológicos, a partir del cual lograban dar un balance a su dieta diaria alimenticia8-, destruyó sus sistemas productivos, expropió sus tierras y les negaron todos los medios de ascenso material y espiritual.

En la cima de la pirámide de clases teníamos a hacendados, mineros y comerciantes españoles y criollos, mientras que en la base teníamos a indígenas y negros, reducidos a la servidumbre o al trabajo forzoso en las minas, bajo el tristemente célebre sistema de mitas.

Luego, bajo la República, las élites económicas y políticas del Perú, de mentalidad colonial, no tuvieron nunca interés en cambiar la situación material del indígena. Al contrario, la empeoraron. Y hoy en día el estado privilegia las inversiones en la agroindustria por encima del desarrollo de la economía campesina, o privilegia la minería a la agricultura.

Hubo y hay, entonces, una alta correlación entre raza, etnia, clase y pobreza. Y lo que hoy tenemos como concentración de la pobreza entre los quechuas, mestizos y negros es una expresión de lo que tuvimos bajo el colonialismo español y que la colonizada burguesía peruana ha prolongado en el tiempo.

La burguesía peruana tiene conectados sus intereses al capital monopolista extranjero. Y siente desprecio por la población indígena, a la que ve inferior, a la que menosprecia profundamente, a la que niega toda humanidad. Sobre esta burguesía recae hoy en día la responsabilidad del estado de miseria de un sector considerable de las masas indígenas.

7. Descolonización

De otro lado, así como existe una correlación importante entre raza, etnia, clase y pobreza (puesto que las clases populares son fundamentalmente indígenas, mestizos y negros), también es importante señalar que tras esa estructura existe un elemento que importa mucho: el control de la economía y del poder político por parte del capital monopolista extranjero y por parte de una ínfima minoría de la población cuyos intereses están conectados a los del capital monopolista extranjero.

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Peruanicemos el Perú. José Carlos Mariátegui

Sin atacar este control de la economía y del poder político, como decía José Carlos Mariátegui, sin democratizar la economía y el poder político, no será posible dar solución a los problemas de la población indígena, mestiza y negra. No será posible en suma ninguna descolonización. Ruta que puede verse como parte de la larga transición al socialismo.

Como decía José Carlos Mariátegui: “…Cuando se habla de la peruanidad, habría que empezar por investigar si esta peruanidad comprende al indio. Sin el indio no hay peruanidad posible.”9

Ahora bien, el problema no es solo económico, social, sino también cultural. Por eso debemos hacernos algunas preguntas y tratar la cuestión en términos culturales.

¿De qué peruanidad podemos hablar en un país donde las mayorías indígenas y mestizas están excluidas del derecho al bienestar material y a la ascensión espiritual? ¿De qué peruanidad hablamos cuando el alma colectivista indígena no alcanza a darle contenido y forma al Perú? ¿De qué peruanidad podemos hablar en un país donde las expresiones negacionistas de Occidente no están ausentes?

Todos tenemos de una u otra tradición, estas forman parte de nuestras vidas cotidianas y de nuestra intimidad. Vivimos entre esos dos mundos. Cuando se niega a una de las dos tradiciones negamos al hermano, al amigo, al cercano, al conocido, algún parentesco, el idioma que hablamos. Nunca se niega ni se odia lo desconocido o lo distante.

Para Mariátegui el Perú es un proyecto, no una realidad consumada. La tradición indígena existe y sobrevive pero es a la vez sofocada. La tradición occidental es también negada muchas veces aunque es dominante. Por eso Mariátegui hablaba de peruanizar el Perú.

Mariátegui formulaba su proyecto de la siguiente manera: “No es mi ideal un Perú Incaico ni un Perú Colonial, sino un Perú Integral”10.

Es decir, paralelamente a la democratización de la economía y del poder político, debe construirse el Perú Integral: tanto la tradición indígena como la tradición occidental forman parte de la peruanidad.

Este es el otro elemento que el camino de la descolonización debe incorporar en el país: la construcción del Perú Integral. Es un proyecto, no una realidad. ¿Dónde está el sujeto capaz de llevarlo adelante?

El proyecto de la burguesía nativa es de mayor conexión y mayor sintonía con la globalización neoliberal, reduciendo a lo sumo, lo indígena, a un conjunto de tesoros arqueológicos, pero negando al indígena concreto de carne y hueso, negando sus necesidades, demandas materiales y cosmovisión, las mismas que ve como una amenaza a sus intereses de clase11. A la vez, la burguesía nativa es prisionera y promueve la cultura individualista y consumista, propia del capitalismo, que es un gran obstáculo del proyecto de descolonización.

El proyecto nacional popular está presente entre otros en los movimientos indígenas-campesinos que cuestionan la inversión minera contaminante y en los movimientos juveniles y de trabajadores urbanos que defienden sus salarios y sus derechos laborales. Esos movimientos integran en gran medida la tradición occidental y la modernidad, y proponen un proyecto económico de desarrollo agrícola y un proyecto de desarrollo industrial en sintonía con los requerimientos de conservación ambiental y de desarrollo social sostenible.

Este es el proyecto que requiere el Perú para que las grandes mayorías indígenas, mestizas y negras atraviesen el anhelado cauce del progreso, del bienestar material y el ascenso espiritual.

Santiago Ibarra

 

_____________

(*) El título de este artículo es una variación de la frase: “Sin el indio no hay peruanidad posible”, de José Carlos Mariátegui, incluido en “El problema primario del Perú” (1925). Algunas de las reflexiones del presente artículo se las debemos al intercambio que sostenemos en el grupo Descolonización y Psicoanálisis, del cual tengo el honor de ser miembro. En especial, le debe al líder espiritual del grupo: el psicoanalista André Gautier, a la vez amigo y maestro.


Notas:

(1)  Instituto Nacional de Estadística e Informática, Perfil de la pobreza por dominios geográficos, 2004-2014. Lima, Gráfica Publi Industria E.I.R.L., agosto de 2015.

(2)  Ibíd.

(3)  Ibíd.

(4)  Ibíd.

(5)  Ibíd.

(6)  Ibíd.

(7)  Ibíd.

(8)  Murra, John, La organización económica del Estado Inca. Siglo XXI editores.

(9) Mariátegui, José Carlos, “El problema primario del Perú”, 1925. Texto disponible en internet.

(10) Mariátegui, José Carlos, Ideología y política. Texto disponible en internet.

(11) Cfr. Méndez, Cecilia, Incas sí, indios no. Texto disponible en internet.

 

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El mundo que nos toca redimir

Al alcanzar nuestro año número cuatro, en Laberintos Suburbanos nos encontramos con algunos preciados hitos ideológicos y culturales que nos siguen mostrando la historia como una suerte de prontuario cuasi criminalizado, con sus particulares incidencias épico-biográficas, erigidas como efemérides o consignas de resistencia y lucha, desde experiencias, escenarios y momentos enarbolados como fundacionales de ideas y prácticas sociales, en este 2018, año el que se celebramos o lamentamos los cien años de la muerte de Manuel González Prada, acaecida un 22 de julio de 1918, escritor y pensador peruano que fuera el precursor del modernismo literario latinoamericano, y que escribiera sobre el anarquismo: “esa doctrina de amor y piedad, esa exquisita sublimación de las ideas humanitarias, aparece diseñada en muchos autores como una escuela del mal, como una glorificación del odio y del crimen, hasta como el producto morboso de cerebros desequilibrados”; los 85 años de la partida de José María Vargas Vila, que se fuera un 23 de mayo de 1933, escritor, periodista y pensador anarquista colombiano, que apuntara: “Hay dos fanatismos igualmente peligrosos: el que encuentra la razón del principio de Autoridad, y, el que proclama como principio la autoridad de la Razón”; además de los 55 años de la muerte de Javier Heraud, ocurrida un 15 de mayo de 1963, poeta y guerrillero del ejercito de Liberación Nacional peruano, autor del celebérrimo poema “El río”, muerto a los 21 años a causa de las ráfagas de una ametralladora que lo alcanzara cuando su barca surcaba el río de Madre de Dios.

“La desintegración de la persistencia de la memoria” 1952-1954. Salvador Dali

“La desintegración de la persistencia de la memoria” 1952-1954. Salvador Dalí

Un año en el que se conmemora también los 50 años de Mayo del 68 francés, revuelta estudiantil a la que se sumaron luego asociaciones obreras y movimientos de diverso tipo; el 50 aniversario de la Matanza de Tlatelolco, perpetrada el 2 de octubre de 1968 por orden del gobierno mexicano en la Plaza de las Tres Culturas, en México; los 50 años del golpe militar y las reformas sociales del “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, de Juan Velasco Alvarado, ocurrido en el Perú, un 3 de octubre de 1968; los 45 años del golpe de Estado en Chile, un 11 de septiembre de 1973, que significó el ascenso al poder del militar genocida Augusto Pinochet y la muerte de Salvador Allende, primer presidente socialista que alcanzara el poder vía elecciones democráticas; los 90 años de publicación de los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, libro fundamental de José Carlos Mariátegui; además del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, y los cien años de la Reforma Universitaria, conocida como “el grito de Córdoba”, en Argentina. En suma, muchos motivos para no decaer e insistir. De ahí que en este mes de aniversario, queremos incidir sobre todo en el tema de la memoria y su persistencia ante esos  genocidios constantes que insisten en desangrar al mundo. Y sobre todo en las muertes provocadas por ese “holocausto que sigue teniendo prolongaciones lacerantes en el capitalismo salvaje de estos días”, aunque, tal vez debemos repensar algunos rótulos habituales, como aquel que conceptualizamos como “capitalismo salvaje”, porque, como dijera John Holloway, no hay capitalismo que no lo sea, por lo que, desde esta suerte de confrontación unilateral de los escritores aquí reunidos, Danilo Sánchez Lihón, Feliciano Mejía y Santiago Ibarra, manifestamos nuestra impugnación hacia aquello que reconocemos aquí como las  resonancias fúnebres de aquellos otros holocaustos no tan visibles, en este mundo que aún nos queda por redimir. (L.S)

*

27 de enero día de la memoria del holocausto. 

El mundo que nos toca redimir

 

Danilo Sánchez Lihón

«¡Amado sea…
el justo sin
espinas!».
César Vallejo

1. Como es y fue

En el Perú la población, antes de la llegada de los europeos, ascendía a 20 millones de personas pertenecientes a una cultura prístina y matinal, construida sobre la base de la solidaridad y fraternidad humanas, cultura de fiesta del alma ligada al trabajo mancomunado, y a la celebración de la Tierra y la naturaleza como espacios sagrados. Sin embargo, en el censo de 1570 a 1575 realizado por el virrey Francisco de Toledo, solo alcanzaban a sobrevivir apenas un millón de indígenas; para ser exactos: 1’067,696 individuos, a solo 38 años del arribo de las naves españolas a nuestras costas.

Hay una amplia bibliografía y numerosas citas principalmente de cronistas españoles que refieren acerca de los abusos, crueldades y actos de ensañamiento cometidos en contra de la población nativa a la cual se la mataba por deporte, por jolgorio y divertimento. Y recordamos este holocausto porque sigue teniendo prolongaciones lacerantes en el capitalismo salvaje de estos días, que niega incluso el derecho al agua a las poblaciones originarias y dueñas de sus tierras.

Y esto ocurre también en relación a la extracción del oro, justamente en el mismo lugar en donde antes se produjeron masacres, saqueos, traiciones y actos de barbarie como fue y es todavía; como ocurrió y sigue ocurriendo ahora en el departamento y provincia de Cajamarca.

2. El primer magnicidio

Porque fue en Cajamarca, y en la plaza de dicha llacta, en el atardecer del día 16 de noviembre del año 1532, en donde se perpetró la destrucción del Imperio de los Incas (imperio es un concepto europeo; la organización inca no fue más allá de un Estado.- Melacio Castro Mendoza), con el resultado de 10 mil naturales muertos, en apenas unos minutos de masacre.

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Los perros come indios de los conquistadores

Ni uno solo portaba armas, mientras los arcabuces, sables y caballos de los invasores producían una estampida que derruyó muros de piedra y en donde murieron personas pacíficas, a quienes los convocaba únicamente el sentimiento de cariño y adhesión a sus gobernantes. Y es que: ¿quién protagonizaba la conquista de estas tierras? La cultura occidental guerrerista, codiciosa e infame en sus objetivos, cuál era el enriquecimiento a toda costa; de garrote, alevosa y de horca y cuchillo.

El primer magnicidio en nuestro continente ocurre algunos meses después, cuando el 26 de julio del año 1533 ejecutan al inca Atahualpa, quien permaneció capturado ocho meses y medio; tiempo en el cual se habían hecho amigos con todos los conquistadores con quienes departía jugando ajedrez y hasta filosofando juntos.

3. Debacle del exterminio

A ese amigo con quien departían lo mataron sin apelaciones, y solo por el cálculo político y financiero. Esa era la moral de la cultura ajena e invasora, extraña y a la postre dañina. Lo mataron pese a que aceptaron un rescate consistente en entregar llena la habitación en que estaba preso, y hasta donde alcanzaba a señalar su mano, una vez de oro y otra vez de plata.

De nada valió el temperamento amplio, cordial e inteligente del soberano indígena. Lo ejecutaron implacablemente y es que ante esa cultura de rapiña y frente a sus intereses no hay amigos que valgan.

Lo que hay son conveniencias y botín. Esos son los rezagos que hay que corregir, si hay algún rasgo de ese tipo que quede entre nosotros. Y si son ellos los que lo siguen perpetrando evitar que nos sigan tratando igual que en aquel entonces.

Ahora bien, ¿por qué revivimos todo esto? ¿Acaso por resentimiento, autoflagelación o recreación morbosa? No. Sino porque esta es una historia vigente, que se repite, que es dolorosa y en estos momentos está pendiente de solución, cuál es el trato desde el poder a las poblaciones indígenas.

4. Yo soy testigo de todo esto

El exterminio de las poblaciones indígenas en América Latina, calculado en 80 millones de personas que murieron víctimas de las perversas atrocidades que se hacía en los trabajos forzados, pero también como fiesta y algarabía de la gente que asistía a esos espectáculos, a ver a nativos ser devorados por perros de presa, en Lima fue muy concurrido el Parque del Olivar, en San Isidro.

He aquí una cita del padre Bartolomé de las Casas, que refiere de estos hechos con la aseveración de que él los ha visto, de los cuales da testimonio y no que los haya escuchado decir o referir narrados por terceros. Y su testimonio es este:

«Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana… Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas».

5. Zozobraban por el sobrepeso

Claro que para aquella debacle del exterminio de nuestra población se sumaron a la actitud despiadada de aniquilamiento las enfermedades infecciosas que trajeron los invasores. Las epidemias fueron traídas por los europeos producto de la suciedad reinante en la cual ellos, allá en el viejo continente, vivían en esos países. Y que no era el caso de las poblaciones nativas aquí acostumbradas a la higiene y a la pulcritud.

Enfermedades como la viruela, la influenza, el sarampión y el tifus, que ocasionaron estragos devastadores, se sumaron a aquella acción destructiva de aniquilamiento, que terminó diezmando a la población nativa.

Todo esto hay que recordarlo y enseñarlo porque al final los pobres a veces no sabemos a causa de qué seguimos siendo pobres. Y hay que hacer magisterio respecto a la codicia de los rapaces, ahora llamados países ricos cuando siempre fueron indigentes y míseros, desde donde nos siguen viniendo directivas de saqueo, razón de su propia autodestrucción.

6. Dubitativos herederos

Como ocurría en tiempos de la colonia, en los que los barcos partían de aquí repletos de oro y zozobraban por el sobrepeso, las tormentas del Caribe y las del océano Atlántico. Como ellos mismos refieren, porque salían en convoy, y preferían que el barco se hundiera con el lastre de sus propias vidas, antes que arrojar al mar una sola pieza de oro, la más ínfima que fuera, para evitar el sobrepeso fatal; tal era para ellos la seducción del vil metal. Y sucumbían en el frenesí de la apetencia. Sus propias existencias no valían nada frente al oro, la plata y las piedras preciosas. ¡Han naufragado en los océanos galeotes íntegros, repletos de esas consideradas fortunas, pero que al final no eran sino cacharros!

Pero no solo se persiguió y destruyó aquí la vida, sino que se trató por todos los medios de destruir nuestras creencias, costumbres y hasta las imágenes de nuestros sueños. Para eso se organizó una cohorte organizada de funcionarios en donde se incluían a los más preparados, conocida como los Destructores de Idolatrías.

7. Un mundo justo

En el fondo nos salvamos, solo porque nos escondieron los vientres de las madres indígenas en las cuales ellos habían procreado y nos engendraron a nosotros que somos hijos de los conquistadores, pero en vientres amorosos de los cuales somos todavía dubitativos herederos.

¿Qué nos toca hacer ahora? Fundar una consistente identidad. Nos toca conocernos, saber quiénes somos, qué nos aqueja, dónde nos duele. Sintonizar con nosotros mismos; saber qué es lo que nos ocurre. ¡Y dónde reconocernos! ¡Y cómo encontrarnos ahora!

Yo doy un alcance: en el mundo andino. Allí, donde en una permanente contienda, hemos resistido y hemos triunfado. Y donde debemos pasar a tener la iniciativa. Reemplazando el lenguaje agresivo, mordaz y desesperanzador, por el lenguaje de la esperanza, de vigor y generosidad. Reforzar nuestra autoestima que es trascendental, porque los hombres que se autovaloran son capaces de emprender grandes hazañas. Y reconocer que siempre estará pendiente en el alma humana por órdenes vitales ineludibles el anhelo de un mundo justo, solidario y mejor.

Danilo Sánchez Lihón

 *

 

Comentario uno:

“expulsados los colonizadores españoles a sangre y fuego”

 

 Feliciano Mejía

                                                                                                                                              «Ya va a venir el día, da cuerda a tu brazo»
 César Vallejo

 

Estremecedor artículo de nuestro Danilo Sáchez Lihón, que pone las cosas en claro y en perspectiva histórica. Pero tengo algunas dudas o desinteligencias que me producen su texto. Por ejemplo, la existencia de 20 millones de originarios del genocidio español. Hasta donde conozco, ninguno de los historiadores se ha puesto de acuerdo sobre los millones de originarios: 8, 12, 18, 20 24 millones de originarios, quedando solo, luego de expulsados los colonizadores españoles a sangre y fuego por nosotros los propios originarios poniendo la gente y la sangre en los fallidos intentos de liberación con San Martín y Bolívar, no más de 4, 6 u 8 millones de originarios. Danilo nos dice: “quedaron 1´067,696”. No se de dónde pudo haber sacado tamaña estadística con la precisión de 6 CIENTOS 90 y ¡SEIS!. Igual. La cantidad redonda de 10 mil muertos por los súperpoderosos españoles sin mencionar para nada los miles (otra vez las imprecisiones de los historiadores) de seis a 8 mil guerreros nativos norteños que apoyaron a los españoles.

Otra duda que me asalta, si bien estoy de acuerdo en que no había imperio, invención española, que no vieron ni quisieron ver ni entender nada, en su odio genocida, es lo referente a un Estado Inka. Hasta donde conozco, se trataba de una nación en formación de larga data: 24 mil años (Cuevas de Pikimachay en Ayacucho). Los presupuestos de una nación, grosso modo son, una lengua franca, un panteón religioso, una filosofía, un desarrollo sin irrupciones, un territorio común, un desarrollo científico, UNA CULTURA y no varias como la reaccionaria antropología nos quiere hacer creer. ESO EN LO ESENCIAL. Y ello lo teníamos cuando llegaron los genocidas del oro y la plata, los españoles que optaron por aniquilar físicamente y espiritualmente a nuestro pueblo. Y hasta la fecha intentan quitarnos hasta nuestra lengua franca el runasimi mal llamada quechua (“los indios no saben que a su lengua el RUNASIMI la llaman quechua” J.M. ARGUEDAS.), por qué sino, veamos el currículo de la educación peruana 2017-2018: segunda lengua oficial: castellano, curso obligatorio de estudios: inglés. ¿Cuál es la primera lengua del Perú si en la dictadura de Juan Velasco Alvarado se decidió que el ¡quechua! era la segunda lengua? Y en Perú ya no hay curso obligatorio de Historia del Perú?!!! Felizmente ahora (dato de hace 20 años, Torero) somos 26 millones de runasimiparlantes entre bilingües y monolingües en el espacio geográfico del antiguo Tawantinsuyo y seguimos creciendo y resistiendo. Y esa reversión se da porque los originarios y mestizos somos más, y no por haber sido engendrados por los españoles en los vientres originarios –ingenuidad perdonable- sino por la resistencia, tanto física como espacial, resistencia que se da a niveles diferentes pero principalmente por ser UNA CULTURA MUY ANTIGUA DONDE LO INKA NO ERA SINO EL ÁPICE (solo gobernaron 100 años, y de ellos 70 años contenidos por los Chankas – Pokras en el límite de  los hoy Apurímac y Cusco).

5e5f2654c495ab733c12064a625450b7.jpgHasta aquí algunas discrepancias. Pero en lo que no estoy de acuerdo con nuestro apreciado Danilo es en ¿Qué hacer? Para revertir este drama, cuyo genocidio se da hasta hoy día (informe del INEI: en Perú nacen cada día 60 personas y mueren 12 cada hora: saquen su calculadora y proyectarse a solo 20 años del Perú actual: más de 3 millones de niños). Danilo nos habla de actuar sobre la SUPERESTRUCTURA de nuestra sociedad. Pero ella no puede modificarse un milímetro si no cambia la INFRAESTRUCTURA. Y para que ella cambie debe darse la violencia armada de los derrotados pero no vencidos, como es nuestro caso, hasta el triunfo. Así lo hizo Estados Unidos en su guerra de liberación del Reino Unido, así lo hizo Rusia, Viet Nam, China, Cuba, por dar solo algunos ejemplos, sin hablar de Francia. Soy Embajador de la Paz de Suiza-Francia pero no soy ingenuo. Sostenemos: LA PAZ ES FRUTO DE LA JUSTICIA; SINO ES PAZ DE CEMENTERIOS. Y esta paz de cementerios se da en una sociedad podrida y semicolonia norteamericana. Primero colonia española, luego semi colonia franco-inglesa y ahora de los Estados Unidos, con algo de 11 Bases Militares en nuestro territorio. Y desde 1532 vivimos una paz de cementerios aunque siempre nuestro pueblo se ha rebelado: Manko Inka, Taki Onqoy, Túpaq Amaru, Atusparia, las guerrillas del 64 y la lucha armada emprendida en 1980 por el Partido Comunista del Perú (hoy con Comité Central súper clandestino) cuyo Faro, según ellos, es Vizcatán, con un Ejército Popular de Liberación invisible y en proceso de forjar en ciudades el Movimiento Revolucionario de Masas con el criterio de MAM (Mar Armado de Masas). Porque, como decía el Che: “seamos realistas; exijamos lo imposible”, nada cambiará en décadas y cientos de años si solo pensamos que actuando en la superestructura, que está podrida en su totalidad, lograremos el cambio (y cuando digo cambio hablo de REVOLUCIÓN); SE DEBE CAMBIAR Y NO CON POEMAS O ARTÍCULOS COMO ESTOS (SOLO) LA INFRAESTRUTURA PARA DESARROLLAR NUESTRAS FUERZAS PRODUCTIVAS. Es decir, primero debemos tener la sartén por el mango. Y NO HAY APURO, A PESAR DEL GENOCIDIO DIARIO, PUES SOMOS una CULTURA MILENARIA Y LOS OCCIDENTALES ESTÁN ACÁ APENAS CASI 500 AÑOS.

 

Feliciano Mejía

*

 

Comentario dos:

“Esa contraposición del mundo indígena al mundo occidental se basa en una construcción idealizada (esto es, distorsionada) de ambos mundos”

Santiago Ibarra

 

El artículo de Danilo Sánchez Lihón nos recuerda que el colonialismo y el capitalismo se impusieron en América y el mundo sobre la base del genocidio de la población indígena. Este genocidio no es solo cosa del pasado; hoy en día el imperialismo yanqui lleva la muerte a varios países con sus intervenciones directas e indirectas (a través de grupos y ejércitos terroristas, como en Siria, por ejemplo) en Medio Oriente con la finalidad de controlar sus recursos naturales, provocando la muerte de millones de personas. Mas la muerte no es provocada solo mediante la guerra, sino también a través de un sistema económico que reduce salvajemente a la condición de hambre crónica a cerca de mil millones de personas en el mundo. Asimismo, el capitalismo ha traído consigo una crisis ecológica de grandes dimensiones, que amenaza a la humanidad y a todos los seres vivos. Ya lo había dicho Marx: el capitalismo se desarrolla sobre la base de la degradación de la fuerza de trabajo y la destrucción de la naturaleza.

Sin embargo, Danilo Sánchez parte de una dicotomía falsa: opone el mundo occidental al mundo indígena, suponiendo que lo malo siempre se encuentra en el primero, mientras que  lo bueno se encontraría siempre en el segundo. Esa contraposición del mundo indígena al mundo occidental se basa en una construcción idealizada (esto es, distorsionada) de ambos mundos. En realidad, el enemigo es el capitalismo y el imperialismo, no occidente. Este fue el planteamiento de José Carlos Mariátegui. Los dos términos, “occidente” y “capitalismo” son distintos. Empíricamente, es posible constatar que occidente ha sido y es cuna de grandes idearios emancipatorios, entre los cuales está el marxismo, ni más ni menos. Un proyecto emancipatorio debe ser necesariamente universal, plural, ser inclusivo y colocarse lejos y en las antípodas de cualquier clase de etnocentrismo.

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“La balsa de Medusa”, 1819, Théodore Géricault

Danilo Sánchez observa, de otro lado, una cuestión muy importante: la necesidad de “fundar una consistente identidad”. Efectivamente, resultado de complejos procesos materiales que tienen que ver con las transformaciones producidas en el mundo del trabajo y el bombardeo mediático que tiende al embrutecimiento y a la degradación cultural y moral de la población, la identidad de clase y la identidad nacional tienden a ser difuminadas. La izquierda debe hacer, por eso, un trabajo arduo y largo de relanzamiento de una identidad anticapitalista y antiimperialista con raíces en nuestro mundo concreto. En ese sentido, debe reivindicarse al indígena, que es el más postergado, pero no debemos olvidar que no es el único elemento que conforma la nacionalidad peruana. El Perú es de indígenas, pero también de mestizos y blancos. Un proyecto político de transformación profunda del Perú debe ser englobante y unificador, no excluyente.

El poeta Feliciano Mejía retruca a Danilo Sánchez. Señala que no se puede transformar la superestructura si antes no transformamos la infraestructura. La historia le da la razón, pero siempre hay que recordar que existe la necesidad de hacer un trabajo ideológico y cultural cuyo norte debe ser construir y fortalecer la identidad de clase y la identidad nacional. Señala Feliciano Mejía además que esa transformación de la infraestructura no puede hacerse sin el uso de la violencia (tal como lo señalaran Marx y Engels en El manifiesto comunista, en 1848). Efectivamente, los pueblos han hecho uso de la violencia para emanciparse, pero hoy en día, 170 años después de haber sido escrito El manifiesto, con una experiencia política larga y compleja, en la que no solo se cuentan los triunfos y los logros, sino también las derrotas, los errores y los horrores, debemos recordar que la violencia es un medio, no un fin en sí misma, y que bajo ningún concepto se la puede aplicar de un modo irracional.

 

Santiago Ibarra

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De los moldes a las modulaciones – Ritornelos en las técnicas de control social*

 

Omar Ardila

 

Bajo control… tierra, aire y mar.
Bajo control… el reino animal.
Bajo control… la atmósfera.
Bajo control… hasta la guerra y la paz.
Bajo control… la humanidad.
Bajo control… la mediocridad.
Bajo control… todo el mundo está.
Bajo control… todo, todo…
Rata Blanca

 

 

Asfixiados, perseguidos, vulnerados, desnudados, endeudados, vigilados… así discurrimos en los nuevos “espacios abiertos” que son colonizados constantemente por el arma más efectiva que ha logrado sujetar nuestras almas: el control acrecentado, el hipercontrol, la “seguridad” de las nuevas sociedades. De los “moldes” que pretendían instaurar los espacios destinados para el encierro, hemos pasado (sin abandonarlos del todo) a ser nuevos objetos para la “modulación” de prácticas de control que, aunque muchas veces parezcan intangibles, resultan más eficaces.

El juicioso estudio de Michel Foucault, Vigilar y castigar – nacimiento de la prisión (1975) ya nos había esclarecido el mecanismo perverso con el que, desde el siglo XVIII, se había empezado a disciplinar los cuerpos para ubicarlos eficazmente dentro de la “normalidad” social. Este riguroso y problemático trabajo nos sigue sirviendo de insumo básico para reconocer la génesis de las prácticas penales y su alcance político; es por eso que, a lo largo de este texto, volveremos a recorrerlo para ayudar a develar las formas de dominación que día tras día incorporan nuevos elementos, haciéndose más totalizadoras y excluyentes. También revisaremos ligeramente, algunos seminarios dictados por Foucault en el Collège de France (Defender la sociedad, Seguridad, territorio y población y Nacimiento de la biopolítica), en los que el autor percibe la variación hacia los dispositivos biopolíticos y  de “seguridad”, como continuadores de las prácticas de dominación. Seguidamente, y apoyados en el texto “Post-scriptum sobre las sociedades de control (1990) de Gilles Deleuze, intentaremos mostrar la variación en las técnicas de control que ha generado el capitalismo contemporáneo, cada vez más huidizo, a veces imperceptible, pero no por ello menos potente. Finalmente, nos remitimos al libro Políticas del acontecimiento (2006) de Mauricio Lazzarato, donde se aborda con pertinencia, entre otras cosas, el rol central que tiene la información como mecanismo de captura que instaura los nuevos modos de habitar en la tierra de nadie.

Los modelos disciplinarios y las técnicas biopolíticas

Michel Foucault dedicó gran parte de sus investigaciones al análisis de la dominación en la sociedad moderna. Para ahondar en la búsqueda de señales que le condujeran a uno de sus puertos, enfocó su trabajo en el estudio de la prisión, el peso de la ley y el poder político, es decir, en el castigo, las penas y las leyes que los legitiman. Fue así como llegó a participar en el GIP (Grupo de Investigación de las Prisiones) desde donde observó y analizó la “anormalidad” del criminal, ese extraño sujeto que había conocido el señalamiento, la marcación, el amoldamiento y el olvido. Siguiendo su método genealógico, Foucault escuchó las voces y miró las huellas de quienes padecían el encierro; los interrogó y sintió con ellos cómo se extendían, de igual manera, otro tipo de exclusiones sobre su propia humanidad. Justamente, en ese proyecto de investigación, coincidió con otro grande de la filosofía francesa, Gilles Deleuze, con quien mantendría un productivo diálogo, y quien también nos ha legado tantas páginas de fuego.

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El subtítulo de su emblemático libro Vigilar y Castigar, es, precisamente, “el nacimiento de la prisión”. Allí empezó a develar lo que suponía la variación del castigo por medio de la tortura al castigo “humanitario” del encierro. Este último, supuestamente fundaba un nuevo desarrollo en el ejercicio de los derechos humanos, a la vez que propiciaba el respeto por la dignidad humana. En realidad, para el sistema punitivo empezaba a resultar más efectivo aislar a los “peligrosos” que seguir desgastándose y exponiéndose en la picota pública con la continuidad de la tortura. Foucault rastreó el ejercicio penal en Europa y detectó que los suplicios se acabaron entre el siglo XVIII y XIX. En adelante, las prácticas punitivas tuvieron cierto pudor, pues ya no querían “tocar el cuerpo” sino atacar algo más profundo. Al menos, no se intervenía directamente sobre el cuerpo ejerciendo la tortura, sino que este se usó como intermediario, como sujeto de “coacción, privación, obligaciones y prohibiciones”. De esta manera, se instaló una supuesta penalidad “incorporal”, pues aparentemente ya no se tolera el castigo del cuerpo (razón por la cual, en ocasiones se valen de drogas para calmar el dolor) aunque al final siempre se ejecute al enjuiciado. Con la variación que señala Foucault, se suprimió el teatro del sufrimiento pero no se dejó de perseguir y de autoengañarse socialmente, creyendo en la posibilidad de readaptar los sujetos, luego de habérseles suspendido temporalmente muchos derechos básicos. La práctica penal se volvió un extraño secreto entre la justicia y su sentenciado, la cual, muchas veces parece ir de la tragedia a la comedia.

Cuando el ataque ya no se centra en el cuerpo, se apunta entonces al alma (entendida como corazón, pensamiento, voluntad, disposiciones) y es así como surge la Cárcel. Todo es atacado en profundidad por entes que son sombras, sin rostro, impalpables. Y aunque no sean visibles, sí son muy efectivos. Ya no se sanciona al individuo, se le controla para neutralizar su estado peligroso y buscar que él cambie (claudique en su construcción autónoma) y se “reintegre” al esquema social. Además de la privación de la libertad, se busca la transformación técnica de los individuos. Ya no se les trata como infractores sino como delincuentes. Se pasó de la observación del acto a la intromisión en la vida. La cárcel produce al delincuente como sujeto controlado, como sujeto patologizado, el cual debe experimentar un encauzamiento de su conducta. Se cambió el verdugo por un numeroso grupo de técnicos que ahora controlan todos los actos: vigilantes, capellanes, psiquiatras, médicos, educadores y psicólogos; todos ellos presentes de manera continua al pasar de un régimen disciplinario a otro. De la sociedad del espectáculo público de la tortura se pasó a la sociedad de la vigilancia, y es a esto que Foucault llama sociedades disciplinarias.

Las disciplinas que acompañan el ejercicio penal, facilitan un estado de control sobre el individuo en todas sus acciones, y no solo sobre la infracción que ha cometido, sino sobre “lo que son, serán y pueden ser”. Foucault define las disciplinas como “aquellos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que le sujeta sus fuerzas y que establece una relación de ‘docilidad-utilidad’”. Y además aclara que hay disciplinas cerradas y visibles (panóptico), siendo estas últimas las que concentran más su atención. En gran parte del texto se detiene en el análisis de la estructura arquitectónica del panóptico (Bentham), el cual, evidentemente funda un nuevo dispositivo de poder: el panoptismo, que en principio opera como una forma de huida de la peste pero que luego se afianza como efectivo mecanismo para el control social y político, para hacer dóciles los cuerpos luego del “beneficio” que les genera el encierro (la “resocialización”: domesticar bajo la vigilancia y el control). Desde un lugar inaccesible, un observador tiene control sobre todas las acciones de los sujetos encerrados. Ese observador cosifica al otro, lo convierte en una cosa a controlar. En últimas, lo que busca el panoptismo es atravesar y acondicionar el cuerpo social, luego de disociar la pareja ver/ser visto, aislar a los condenados, penetrar el comportamiento de los sujetos y modelarles la conducta, instalar una organización jerárquica y hacer que el poder se desindividualice y se automatice.

panoptico de Jeremy Bentham

Representación del Panóptico de Jeremy Bentham

Podemos decir que Foucault realiza un nuevo estudio enmarcado en el campo de la criminología; elabora una genealogía de la pena y del sistema penal partiendo no precisamente desde este, sino desde la cárcel para entender cómo funciona aquel. Las técnicas punitivas, según Foucault, responden menos a un interés jurídico que a un interés político (anatomía política). Esta búsqueda está perfectamente ubicada dentro del interés central de Foucault: el estudio de los micropoderes, en este caso, los que se establecen en diversos escenarios de control (los psiquiátricos, la salud pública, la sexualidad, las prisiones, las escuelas y los hospitales). El esquema de Vigilar y Castigar establece los siguientes recorridos: Suplicio/Castigo/Disciplina/Prisión. Y lo más terrible que el autor alcanza a entrever es que la cárcel logra volver legítimo y natural el poder de castigar y hacer que se adopte la penalidad como algo necesario. De esta manera, resulta evidente que el interés de Foucault es por la política, por la “ontología política de la verdad” tras entender el poder como algo que circula y funciona en cadena, que no se aplica a los individuos, sino que circula a través de los individuos. El poder como dispositivo se hace íntimo con el surgimiento de la prisión, y ya no es solo el Estado quien lo ejerce como pastor, sino que ahora, éste es benefactor, protector y controlador de esas pequeñas relaciones de poder. En adelante, el poder se ejerce sobre el cuerpo entendido como un bien accesible. Es decir, se desarrolla una “economía política del cuerpo” y sobre eso, precisamente, continuará investigando Foucault en su Historia de la sexualidad y en sus posteriores seminarios.

El desarrollo del panoptismo como dispositivo de control, genera, en principio, la necesidad de estudiar al ser humano de manera técnica, por parte de un cuerpo especializado en cuestiones científicas, pero más adelante continúa a través del surgimiento, entre otras, de las ciencias humanas (que buscan hacer al hombre cognoscible) las que permiten instalar, en gran medida, una dominación-observación bastante sutil y pretendidamente generosa. Es así como se va entrando en una nueva dinámica de dominación que Foucault llama Sociedades de seguridad, en sus seminarios  Seguridad, territorio y población y Nacimiento de la biopolítica. En las sociedades de seguridad el poder actúa sobre las acciones de los individuos y no sobre el individuo directamente. Las acciones se enfocan sobre los acontecimientos, sobre las acciones posibles, e incluyen el análisis del medio en el que se desarrollan. No es que Foucault haya desconocido la variación que iban teniendo las sociedades disciplinarias, pues en estos seminarios queda claro que alcanzó a entrever unas nuevas formas de control que van más allá del encierro, solo que él las llama de otro modo: “seguridad”, y las enfoca sobre la población, no sobre los públicos, el nuevo objetivo sobre el que también se enfocará el control, tal como más adelante nos lo mostrará Mauricio Lazzarato. Por otra parte, al hablarnos de la regulación que ejerce el Estado por medio de la biopolítica, Foucault nos lleva a entender que el control ya no es sobre el cuerpo sino sobre el hombre vivo, que a las técnicas disciplinarias se le han sumado las técnicas biopolíticas, es decir, que se ha establecido un biopoder (el poder que se ejerce sobre la vida) por medio de políticas de familia y políticas de salud, el cual apunta hacia una multiplicidad, hacia una masa global: la población. Si bien es cierto que Foucault ubica la génesis de estas técnicas en siglos anteriores, encuentra que el mayor éxito de ellas tiene lugar luego de la Segunda Guerra Mundial, con la instauración de los Estados Bienestar.

 Modulaciones para el control

En el texto “Post-scriptum sobre las sociedades de control” (1990), Gilles Deleuze advierte que Foucault alcanzó a vislumbrar la crisis de las sociedades disciplinarias, que estas dejaban de ser tan poderosas o únicas y que nos aproximábamos a las Sociedades de control, las cuales ya no funcionaban mediante el encierro sino mediante el control continuo, la comunicación instantánea y la acción a distancia. La idea del control la retoma Deleuze del texto, Los límites del control (1978) del escritor William Burroughs, para quien el máximo control nos estaba dado por las mismas palabras. El breve y un tanto olvidado escrito de Deleuze, hoy sigue siendo muy oportuno para introducirnos en el estudio de las nuevas técnicas de control. La vuelta de la mirada hacia Foucault sirve para reiterar que desde el siglo XIX han funcionado de manera eficaz unos lugares de encierro continuos (familia, escuela, cuartel, fábrica, hospital, cárceles) los que han manejado unos principios comunes: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo y conformar una fuerza productiva. Pero, a decir de Deleuze, los espacios disciplinarios ya no tienen la misma operatividad de antaño, pues mientras que los encierros responden a lógicas y estructuras analógicas (moldes), en los sistemas de control hay modulaciones que cambian constante e imprevisiblemente.

deleuzeEn un régimen de control nada se termina nunca. Se está en órbita ondulante. El control es a corto plazo y rotativo pero continuo e ilimitado. Se hace inmanente al campo social aunque aparezca difuso, y ahí, precisamente, radica su potencial[1]. Del encierro se ha pasado al endeudamiento. La preocupación ya no es por rehabilitar a los presos, sino por cansarlos,  agotarlos, excluirlos, anularlos, en fin, hacerlos inocuos. Ya no se necesita el encierro sino la vigilancia, la ubicación en todos los momentos. De la vigilancia “encerrada” hemos pasado a la “genérica” que es más amplia (de Bentham a  Orwell). Ahora se es vigilado por un gran panóptico en la casa, en la calle, en el bar, en el centro comercial, en la universidad… Según Deleuze, nos están encerrando el afuera, el espacio abierto, la posibilidad transformadora, el devenir revolucionario, la variación. Ahora se modulan las subjetividades que han salido del encierro al espacio abierto y ya no se las neutraliza sino que se las controla.

Siguiendo esta oscura práctica, en Bogotá se ha instalado desde el 2013, un sofisticado sistema de tecnología para el control conocido como Centro Estratégico de Información Penitenciaria, con el que se podrá vigilar de manera simultánea y en tiempo real lo que ocurre en 40 establecimientos carcelarios y penitenciarios del país. Según informaron en su momento los medios de circulación masiva, “el Centro está compuesto por un ‘videowall’ o mural de video, con 16 monitores de 55 pulgadas tipo LED que presenta las imágenes de 400 cámaras de circuito cerrado de televisión instaladas en sitios estratégicos de los penales más grandes del país, como los de Valledupar, Ibagué, Itagüí, Cómbita y Girón. El sistema cuenta, además, con tableros interactivos digitales, monitores auxiliares de 60 pulgadas, un sistema de videoconferencia, otro de audio con amplificadores y micrófonos de mesa. En las cárceles del orden nacional, las cámaras del circuito cerrado son de alta definición IP, con rotación de 360 grados sobre su eje y antivandálicas”. Pero aún hay más sofisticados mecanismos para el control, pues según comentaba el director nacional penitenciario del momento, “el nuevo centro también permite tener información de los reclusos como edad, sexo, día en que ingresa, el delito por el que fue condenado, el tiempo de pena que ha redimido, las citaciones a audiencias, el traslado de cárceles y hasta su morfología”[2].

Y como era de esperar, estas dinámicas de control se vinculan directamente con las nuevas formas que ha tomado el capitalismo para seguir ejerciendo su poderío. El control que anuncia Deleuze es un nuevo régimen de dominación del capitalismo, el cual ha dejado de concentrarse en la producción para “avanzar” hacia la superproducción. Ya no está interesado en comprar materias primas y vender productos terminados, ahora le interesa vender servicios y comprar acciones. La fábrica ha sido cambiada por la empresa, una institución etérea que establece variaciones en el salario, el cual depende ahora de la respuesta que presente el trabajador frente a los incentivos que se le ofrecen, es decir, se instala la competencia, la rivalidad, la división. El nuevo capitalismo no es de producción sino de productos (ventas y mercados) y lo que requiere son gestores más que trabajadores. Para manejar el mercado hay que obtener el control y esto se da a través de la fijación de los precios. El sector más importante en las empresas es el departamento de ventas y su instrumento de control es el marketing. De ahí los nuevos servicios que se ofrecen: investigación y desarrollo de estrategias, mecanismos de comunicación, posicionamientos de marcas, medidores de audiencia, certificaciones, auditorías, asesorías en políticas de calidad, por nombrar solo algunos.

Posesciptunm

En su Post-scriptum, Deleuze nos habla del paso desde las “sociedades disciplinarias” hacia las “sociedades del control”

Por otra parte, también se generan ampulosos discursos que conducen al control (el terrorismo, la seguridad, la democracia, los derechos humanos, los gustos del público, las políticas de calidad), de donde surge la necesidad de hacer monitoreos, auditorías, estadísticas, “guerras preventivas”. Es por eso que Deleuze también se refiere al influjo que ejercen las teorías comunicativas, los “universales de comunicación”, las supuestas “revoluciones comunicacionales” que no son más que dispositivos de control para “sujetar a los sujetos”. El discurso de la “seguridad”, tras imponer el discurso del terror, se afianza con la política de la comunicación, tan promocionada y protegida por el neoliberalismo. En una línea similar, Foucault nos dice que una sociedad no se define por sus modos de producción, sino por los enunciados que la expresan y por las visibilidades que la efectúan (lo enunciable y lo visible, pero no entendidos como dualidad sino como un afuera abierto, como una virtualidad). Ante esta evidencia del poderío que ejerce la comunicación, surge como práctica anti-control, el ritornelo, la posibilidad creadora (artística), que no necesariamente equivale a comunicar. Por eso Deleuze genera la inquietud de que quizás, en bloques de espacio-tiempo donde no opere la comunicación como fundamento, es donde podamos empezar a confrontar el control.

El control de los públicos por medio de la información

Maurizio Lazzarato en su texto Políticas del acontecimiento (2006) también nos entrega su visión sobre el nuevo control social que se ejerce desde diversos espacios, básicamente continuando con la reflexión iniciada por Deleuze. Al conjunto de las nuevas técnicas de control, de las tecnologías humanas del gobierno de los demás, Lazzarato las llama “noo-política”. Desde el inicio, el autor sostiene que el nuevo control se ejerce por medio de la información, de “consignas variables” que llevan a constituir hábitos que impregnan la “memoria espiritual”. Las potencias y el poder de las máquinas de expresión son la principal característica de las sociedades de control. Tanto las tecnologías digitales como los medios de circulación masiva buscan conducir a una “normalización” de la información. Dicha normalización no solo se da en el sentido de decir qué hacer, sino usando la máscara aparentemente liberadora del confort, pues los celulares, el internet y los videojuegos al facilitarnos momentos para el goce,  también están contribuyendo al control de forma disimulada[3]. El nuevo gobierno de las almas se desarrolla a través de las máquinas de expresión que crean mundos de consumo. Por eso, la nueva lucha está orientada hacia el manejo de los campos de la información, las bases de datos, las estadísticas, las proyecciones y las transmisiones. Es claro que con esta nueva dinámica también cambian las relaciones de producción; es el caso del teletrabajo tan posicionado en los últimos tiempos, que basa su poderío en la posibilidad de trabajar fundamentalmente con información.

Según Lazzarato, hay una modulación de los flujos de deseos, de las creencias y de las fuerzas que los hacen circular. Nos modelan los cerebros hasta constituir hábitos que se adentran en la memoria espiritual. El hombre-espíritu es el primer sujeto hacia el cual se dirige el control para colonizarle la memoria. Se “modula la memoria y sus potencias virtuales” para instituir una opinión pública, una percepción universal, una inteligencia colectiva. Se actúa sobre las “fuerzas psicológicas”, sobre el mundo sensible. Estos planes, evidentemente responden a una práctica política: es el capitalismo buscando acomodarse para ser más efectivo e imperceptible. Para Lazzarato, “el capitalismo no es un modo de producción, sino una producción de modos”, de mundos aptos para su mejor ejercicio. La variación en el consumo está dada por el interés del consumidor de pertenecer a un mundo, de adherirse a él, de sentirse participativo – ¿Pero acaso podemos participar en la conformación de dichos mundos? –. Los mundos que crea el capitalismo, por supuesto, son cuadriculados, mayoritarios, totalitarios y excluyentes de las singularidades. Son las mismas exclusiones propias de las sociedades de control que encontraba Foucault (a nivel económico, social, discursivo y lúdico); y quienes sufren las cuatro exclusiones son considerados como “locos” que deben ser marcados, perseguidos y excluidos en razón de su diferencia. La gran contradicción (de la cual sabe alimentarse el capitalismo) es que una sociedad tan “segura”, protegida y benefactora, también genera inestabilidades, inseguridades en los empleados (ahora temporales, sin prestaciones, sin pensión). De manera perversa, el nuevo ejercicio del gobierno de las conductas se hace a través de las “desigualdades”.

En un segundo momento, Lazzarato continúa afirmando que el “grupo social del futuro” no es la masa, la clase o la población, sino el “público” (o más bien, los públicos), y que en las sociedades de control, los públicos son los principales modos de subjetivación. ¿Y a cuáles públicos se refiere? Al de los medios, por supuesto, sobre los cuales se imponen tecnologías del tiempo y de la memoria por medio de dispositivos de “acción a distancia” (la televisión y la radio con su preponderante dinámica verbal), que actúan sobre los deseos y las creencias para seguir perpetuando el control.  Retomando el análisis de Gabriel Tarde, Lazzarato nos recuerda que desde  finales del siglo XIX (y a la par con la puesta en práctica de las sociedades de control) se empezaron a elaborar  técnicas dirigidas hacia un grupo social específico: “los públicos”. El caso más notorio tiene que ver con el surgimiento del cine, que definitivamente amplió el espectro referido a los públicos. Según este planteamiento, el público, es decir, la opinión (“la población tomada a partir de sus opiniones”) adquiere la condición de omnipotente. ¿No es acaso a la opinión que se acude para supuestamente definir los itinerarios previamente organizados de acuerdo a las conveniencias productivas? Niños y Jóvenes hitlerianosLa avalancha mediática constantemente nos está invitando a participar con el voto, con encuestas, con llamadas para definir, por ejemplo, la suerte de los participantes en un reality o la de un ministro religioso o la de un político, o los símbolos que nos identifican, o los criterios morales que se deben observar para resolver casos de la vida real. “En sus manos está la suerte de”… “es usted el que decide”… “no deje que otros lo hagan por usted”… intimidantes y manidas consignas pero efectivas y cada vez más potencializadas. Estas acciones están sustentadas por los discursos que dicen respetar la “libertad de opinión” y garantizar la participación y la deliberación. Sin embargo, la realidad nos muestra que no representan dichos intereses, sino que más bien son utilizados para identificar el pensamiento de los votantes y empezar a ubicarlos como potenciales clientes o peligrosos sujetos. No hay que olvidar que en las sociedades de control se producen “modos”, “mundos”, sobre los que se desarrollan las nuevas dinámicas, las cuales nos llevan a interiorizar que lo importante es “pertenecer a un mundo” para sentirnos activos, aunque ya sabemos que no actuantes, pues nunca participamos en la definición de dichos mundos. Y la forma como nos imponen esos mundos es a través de la palabra, los signos y las imágenes. En fin, indagar en la génesis y el desarrollo de los discursos sobre los públicos, es cada vez más oportuno para desentrañar los tejidos que terminan construyendo los abrigos del control.

Finalmente, nos interesa rescatar de Lazzarato su pensamiento acerca de la “multiplicidad” para entender cómo las multiplicidades también han sido capturadas por las máquinas de expresión con su nueva institución que es la “opinión pública”. El pensamiento de la “multiplicidad”, que remite a lo abierto, a lo amplio, a lo no circunscrito a dualidades (lucha de clases, disciplina/seguridad-control) también se ha visto encerrado, coaccionado, confinado, pues por todos los medios se generan modulaciones para crear mundos que apunten a la constitución de un sujeto promedio (homogéneo), desconociendo las singularidades y con ellas, la potencia revolucionaria de la creación. Lo cierto es que el control continúa con el encierro (dispositivos disciplinarios), con la gestión de la vida (dispositivos biopolíticos), con la modulación del cerebro, de la memoria y su potencia virtual (dispositivos de control – noo-políticos). Sin embargo (y ahí radica la potencialidad de la multiplicidad) la continuidad de  los sujetos encerrados, de las diferentes técnicas disciplinarias y de los dispositivos de control en todas las esferas, no dejan de seguir convocándonos para conformar una “cooperación entre cerebros” que nos lleven a producir verdaderas y articuladas multiplicidades para la resistencia, moviéndonos en la indeterminación, en lo imperceptible, al margen de las intenciones totalizadoras.

 

Omar Ardila

 

Notas:

[*] Este texto de Omar Ardila forma parte del libro Pensar es no pensar lo mismo, editado en Colombia en 2017.

[1] Los “Data centers” son edificios protegidos con altísima seguridad, llenos de equipamientos electrónicos y conectados a muy alta velocidad a otros nodos con similares características, donde se guardan todos los datos disponibles en internet. Contrario a lo que comúnmente se cree, dichos datos no se almacenan en los computadores personales, sino que están bajo el control permanente de quienes los confiscan.

[2] Publicado en el periódico El País, 23, 01, 2013. Versión digital consultada en: http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/40-carceles-colombianas-seran-monitoreadas-tiempo-real-desde-bogota

[3] La tecnología DPI (Inspección Profunda de Paquetes) es una industria secreta para el control electrónico masivo. Esta permite que cuando se envía un correo electrónico, antes de llegar al destinatario, vaya pasando por numerosas máquinas que solo se preocupan por verificar la dirección hacia dónde va dirigida, las cuales, supuestamente, no revisan el contenido. Pero ¿podríamos estar seguros de que al pasar por estas máquinas, no habrá alguna que sí se interese por conocer qué dice el mensaje, y quizás, cambiarlo, modificarlo o dirigirlo a otro destinatario? La realidad, en cambio, nos muestra que se ha convertido en una eficaz arma para el espionaje tanto de personalidades como de particulares en el mundo entero, desde hace más de veinte años.

 

Bibliografía

Deleuze, Gilles. “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones, Pre-textos, Valencia, 1996

Foucault, Michel. Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI editores, España, 1978.

Foucault, Michel. Defender la sociedad, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2000

Foucault, Michel. Seguridad, territorio y población, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2006

Foucault, Michel. Nacimiento de la biopolítica, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2007

Lazzarato, Mauricio. Políticas del acontecimiento, Tinta limón ediciones, Buenos Aires, 2006

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Por qué debe erradicarse el uso del término provincia o la “liberación” de la violencia simbólica instaurada por el lenguaje

Francisco León

Introducción

 

Desde que el padre Vicente de Valverde esgrimiera “la palabra” revelada del Señor frente al Sapa Inca Atahualpa, se inició lo que denominaré “conquista-real-ininterrumpida”. Pues se trató de un proceso que, a pesar de algunas modificaciones, aún no ha concluido: la “conquista de las  almas”, de la que hablara Alberto Flores Galindo, cuya herramienta se hace patente de manera irrefutable en la imagen del cura Valverde.

Se debe comprender que la creación de lo que se conoce o entiende como el mundo occidental se llevó a cabo gracias a la utilización de la escritura. Esta formaba parte del dominio de unos cuantos grupos privilegiados, entre ellos y de manera hegemónica, el clero.

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“Atagualpa Inga en la ciudad de Caxamarca en su trono”, 1615, Felipe Guaman Poma de Ayala. Con Valverde entregándole la biblia

No es de extrañar entonces que el acto previo a la Conquista del Perú, el evento que la inicia, fuese el mencionado “rechazo” al libro sagrado por parte del inca. Este no fue solo un “rechazo” al texto en sí, sino a lo que había “detrás” de este. Ese acto, maquinado o no por los hispanos, fue el que hizo posible la conquista tal y como se dio.

¿Qué hubiese pasado si el inca aceptaba lo escrito y sus potencias?, si inclinaba la cabeza o se arrodillaba ante el libro. De hecho, la conquistase se hubiese dado de “otro modo”. El proceso quizá hubiese sido no menos brutal pero sí distinto. Así Michel Foucault realiza una arqueología para hacernos comprender, en la actualidad, el tipo de “potencias” que transportaba la escritura para los hombres del siglo XVI.

La imprenta, la llegada a Europa de manuscritos orientales, la aparición de una literatura que ya no se hacía para la voz o para la representación ni estaba bajo su dominio, el paso dado hacia la interpretación de los textos religiosos según la tradición y el magisterio de la Iglesia —todo esto da testimonio, sin que pueda separarse la parte de los efectos de la de las causas, del lugar fundamental que tomó, en Occidente, la escritura—. El lenguaje tiene, de ahora en adelante, la naturaleza de ser escrito. Los sonidos de la voz solo son su traducción transitoria y precaria. Lo que Dios ha depositado en el mundo son las palabras escritas; Adán, al imponer sus primeros nombres a los animales, no hizo más que leer estas marcas visibles y silenciosas; la Ley fue confiada a las Tablas, no a la memoria de los hombres; y la verdadera Palabra hay que encontrarla en un libro.[1]

De allí la seguridad, la certeza del “justo” obrar de los conquistadores amparados en el libro que Valverde blandía como una espada flamígera. Pues la escritura posibilitaba, además, elaborar un discurso que transportaba un mensaje claro y contundente: “si hemos ganado esta guerra es porque somos mejores que ustedes, debido a que nuestro dios es más poderoso que el suyo, y así lo quiso. Ustedes solo existen para servirnos. No valen nada en sí mismos”. Su objetivo fue la instauración, una cierta “programación”, que intentó cristalizar en el yo de los andinos, tanto su “inferioridad” como la supuesta “superioridad” de los invasores.

El siguiente esquema muestra la manera cómo se lleva a cabo dicho proceso:
imagen texto

Funcionarios religiosos, políticos y militares, unidos, se encargaron de imponer aquel discurso. Además, no debemos olvidar que para poder acceder a “beneficios”, los pobladores del incanato debieron adoptar la lengua de los hispanos, ocultar la suya o incluso reemplazarla, como ha sido el caso de sus descendientes.

Dicha situación se agravó con la “independencia”, y no ha parado hasta nuestros días. Es que existe una relación, una asociación lingüística entre la palabra quechua y atraso, así como entre indio y siervo pobre (como  mencionara Degregori), una relación que debe ser rota.

Es obvio que las relaciones antes mencionadas, persisten debido a cómo se configuró el Perú de la Conquista. Sin embargo, y si en teoría dicha etapa histórica ya fue superada, ¿por qué se mantienen las definiciones que perennizan la diferencia, la asimetría en la relación entre personas “iguales” ante la ley? ¿Será tal vez porque, como menciona Julio Cotler, existimos, nos desarrollamos al interior de una “matriz colonial” que es “alimentada”, que encuentra el  “oxígeno” que le permite arder aún, a pesar de los siglos, en aquellas definiciones lingüísticas?

Abordaremos el término que nos impulsó a escribir el presente artículo. Nos referimos a provincia. ¿Qué significa etimológicamente? ¿Qué implica la utilización de este término? ¿Cuáles son los “efectos” de su utilización? Y ¿por qué debe ser erradicado de la subjetividad de aquellas personas que habitan otras ciudades que no son la capital?

Origen del término

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Apuesta caligramática en la escritura de Guaman Poma de Ayala. Página 195 de su Nueva coronica y buen gobierno

Provincia es un término tomado del latín, y fue la denominación que utilizaron los romanos para designar territorios que se encontraban fuera de Italia, pero que debido a la fuerza de las armas, poderío, se hallaban bajo su dominio. Está compuesto por el prefijo pro (por) y la voz vincia (vencer o victoria). Significaría por victoria o por vencimiento, para determinar el porqué del ejercicio del dominio sobre cierto espacio geográfico. Es decir, se manda sobre aquellos a quienes se ha vencido, sobre quienes se ha obtenido la victoria, vincia. Se trata de un lugar sojuzgado a consecuencia de la derrota de los lugareños. Entonces, ¿quiénes serían los habitantes de las provincias? Aquellos que fueron producto de su propia derrota. De esto se podría deducir que la provincia es el lugar donde habitan los vencidos o derrotados.

¿Qué implica la utilización de este término?

Al revisar la versión online del diccionario de la RAE, encontramos definiciones nada halagüeñas referidas a lo provinciano:

      provinciano, na.

  1. adj. Natural o habitante de una provincia, en contraposición al de la capital. U. t. c. s.
  2. adj. Perteneciente o relativo a una provincia o a sus habitantes.
  3. adj. Excesivamente apegado a la mentalidad o a las costumbres de su provincia. U. t. c. s. U. t. en sent. despect.
  4. adj. coloq. Poco elegante o refinado.

Además de estas barbaridades “bendecidas” por la RAE, las palabras más allá de su significado, y varias acepciones, adquieren su sentido debido al entorno, momento y circunstancia social en que se las utiliza. Así pues, dentro de la “matriz colonial” (Cotler dixit) en la que vivimos, ¿qué sentido que no sea PEYORATIVO y DENIGRANTE podría tomar la palabra provincia y provinciano?

¿Por qué debe ser erradicado de la subjetividad de aquellas personas que viven en otras ciudades que no son la capital?

Porque como hemos visto, condiciona a, produce, la aceptación de la “inferioridad” entendida como una situación per se, por el hecho de vivir en un lugar que no es el pretendido “centro” económico, político o cultural de un país. La utilización del término, a su vez potencia la “superioridad” de la capital. Aumenta el deseo de abandonar lo propio y dirigirse, como las polillas a la luz, hacia allá. Por lo tanto, impide el desarrollo integral del país y fomenta el centralismo.

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“Inkarri”, 1968, Fernando de Szyszlo

No olvidemos, además, bajo qué condiciones se llevaron a cabo las primeras olas migratorias hacia Lima. Como tan bien explica Carlos Iván Degregori en su libro Del mito del Inkarri al mito del progreso, los migrantes debieron enmascarar su identidad, ocultarla, utilizar una estrategia tipo caballo de Troya. ¿Por qué? Para evitar el rechazo que impedía la posibilidad de algún tipo de “aceptación” o la simple mimetización con los lugareños. Lo que se debe considerar es que, debido a los condicionamientos que hemos explicado, este “rechazo” provenía tanto de las clases sociales asentadas antes en Lima, como de los mismos migrantes. Debido a que mediante un largo proceso de “violencia simbólica” (Bourdieu dixit) habían internalizado su desvalorización.

En la actualidad, debemos tener en claro que la pretendida “aceptación” y utilización, por parte de ciertos grupos de poder, de rasgos culturales y sus estéticas, que provienen de las provincias, vía los migrantes, nada tiene que ver con una auténtica valoración del Perú profundo. Obedece más bien a otras lógicas ligadas al consumo, como menciona el sociólogo Fernando Cassamar.

[…] la lógica cultural del “capitalismo tardío” que se ha venido apoderando de las culturas –como el proceso de instrumentalización etnocultural comercial realizado por lo que se nos ha enseñado a conocer como Marca Perú […][2].

Lo que ha sucedido con el caso puntual de la música y la estética de lo conocido como “chicha” (otro término peyorativo y mal utilizado debido a que la chicha era una bebida utilizada en ritos sacros en el antiguo Perú), obedece a que el “poder”, así en crudo, general, para no entrar en detalles, ha puesto su lupa sobre ellas. Se ha apropiado de ellas resignificándolas.

Cabe aclarar que esta tendencia de desmarginalización, desradicalización y despolitización de lo marginal, o de domesticación de lo salvaje, [se ha] extendido hacia otros puntos relacionados con la cultura popular, como lo “achorao” del fenómeno chicha, que al ser engullido por la industria cultural ha sido elevado a la condición de mercancía […][3].

De esta manera, el nuevo “discurso”, que se trata de empoderar como “lo nacional” desde el arte y la gastronomía solo es tal mientras el producto o los productos que se pondera no cuestione posiciones asentadas de poder y clase social, y no afecte privilegios hereditarios.

Así, la lucha reivindicativa está por reiniciarse. Partiendo en este caso desde el cambio de la terminología. Pues más allá de su utilización para definir una separación territorial, debemos tener conciencia del papel que cumple el empleo de la palabra provincia. Un uso que refuerza el mantenimiento de jerarquías y dependencias simbólicas que en nada ayudan a fortalecer la autoestima de la gran mayoría de los peruanos.

 

Francisco León

Notas:

[1] FOUCAULT Michel, Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas. 2da ed. 1era reimpresión. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2010. P. 56.

[2]CASSAMAR, Fernando, en: fanzine Poetas del Asfalto, N 126, agosto 2017.

[3] Ídem.

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Colón desde el siglo XXI

Joan Bosch i Planas

La polémica sobre la verdadera nacionalidad del personaje a quien se le atribuyó el descubrimiento de América sigue más viva que nunca después de pasados más de quinientos años del acontecimiento que cambió por completo la visión que hasta entonces se tenía del mundo. Y es, precisamente, el paso del tiempo el que va permitiendo que documentos encontrados y localizados en archivos de diversos puntos de la geografía sean documentados por historiadores e investigadores; los cuales, con la colaboración de nuevas técnicas que contribuyen a autentificar los textos, logran cubrir algunos de los huecos que la historia ha dejado libres para divertimento de los apasionados estudiosos. Y aunque algunos resultados consientan unas valoraciones que pueden ser consideradas totalmente subjetivas, el juego habrá de continuar hasta encontrar razones que, presuntamente, más o menos cercanas a la realidad, nos faculten a unos y a otros para deshacer algunos de los tópicos establecidos que han ido obstaculizando la búsqueda de los auténticos hechos, el desarrollo de los cuales ha estructurado la misma historia. Sin embargo, en este sentido, diversos aspectos de la biografía de Colón siguen siendo una referencia excepcional: la naturaleza, las actitudes y la conducta del navegante, se han convertido en dulces objetivos que permiten las más dispares interpretaciones y teorías, fruto de un oscurantismo que con toda probabilidad y de manera expresa ha sido provocado, que han transformado en misterio los primeros años de la vida del almirante, y de la verdadera historia que se fue forjando alrededor del descubrimiento del nuevo continente.

by Emanuel Leutze

“Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos”, Emanuel Leutze,1843

Congresos, Jornadas de Estudio, Ciclos Culturales… diversas denominaciones para los encuentros de hispanistas, indigenistas, americanistas y colombinos, enrolados en los diferentes ámbitos de la historia, sirven para justificar los debates, en el transcurso de los cuales se van substituyendo los protagonistas en sesiones prolongadas, no tan solo a lo largo de los años sino incluso de los siglos, sobre la vida de Cristóbal Colón y su verdadera nacionalidad. Un tema que desde el principio no se creyó que podría ser tan fundamental y en el que incluso se intentaron obviar detalles para que pasase desapercibido, se ha mantenido cabecera principal para que pueda ser objeto del ininterrumpido análisis que sigue llevándose a cabo a través de las distintas generaciones de investigadores. Y si mi adhesión por formar parte también de los que desean saber más sobre la vida humana del personaje fue desde un primer momento puramente por contagio, más tarde mi interés fue en aumento transformándose en verdadera inquietud al conocer el desarrollo de ciertas investigaciones, las cuales pretenden fundamentar la nacionalidad del descubridor en tierras catalanas.

Cabe decir, no obstante, que si guerras, desastres naturales, incendios -algunos intencionados- y falsificaciones, han podido hacer desaparecer pruebas substanciales que podrían haber verificado hechos trascendentales de los años que ahora nos interesan, es precisamente el paso del tiempo, fuera ya de la época y de los contextos en los que aquellos han sucedido, el que permite explicarlos. Es decir, los episodios no comprendidos o mal interpretados que a través de los años han sido analizados, pueden ser nuevamente estudiados gracias a la aparición de documentos epistolares que pueden calificarse de esenciales para hacer comprensible lo que hasta ahora era desconocido o ignorado. Uno de estos episodios es el que ha motivado mi atención y una serie de consideraciones que me atrevo a compartir.

Desde el punto de vista del ámbito que nos ocupa, los años previos e inmediatamente posteriores a la conmemoración de cada uno de los centenarios que, dicho sea de paso, nos alejan, lógicamente, cada vez más del año 1492, sirven para incentivar e impulsar el entusiasmo por la investigación sobre la historia de España, concretamente sobre la parte relacionada con el Descubrimiento y sus consecuencias. Tanto en Europa como en EE.UU. y en los países latinoamericanos, proliferan en el entorno de los años finales de cada siglo, las publicaciones con los resultados obtenidos de los estudios más o menos científicos sobre aquellos años, y abundan los encuentros de expertos sobre el tema que más tarde, pasada la sacudida, se irán dilatando en el tiempo hasta ser más constantes hacia el final de la centuria correspondiente, debido al progresivo interés que suscita esta parte de la historia que contempla el descubrimiento mutuo de los dos mundos. He notado este efecto, por haber vivido, obviamente, el año 1992 y notar la importancia que desde la intelectualidad ha tenido la evocación de dicha efeméride en la sociedad actual. Es necesario tener en cuenta, sin embargo, que la época en la que nos ha tocado vivir resulta hasta ahora ser la más complaciente, puesto que, como he intentado exponer anteriormente, las voluntades, los medios y la tecnología, facilitan las investigaciones, el resultado de las cuales son progresivamente más satisfactorios.

Cristóbal Colón (retrato de Ridolfo Ghirlandaio, c. 1520)

“Cristóbal Colón”, Ridolfo Ghirlandaio,  1520

Considerando que el diez por ciento de todos los que fueron a América en los primeros años fueron misioneros, solo en la misma proporción daré cuenta de la opinión que sobre Colón manifestaron los jesuitas en unas veladas literarias celebradas en Burgos en 1892, año de conmemoración, el cual fue intitulado oficial e institucionalmente, del “Cuarto Centenario de Colón”. En las consideraciones de los ponentes quedaba muy claro, aunque no era el momento de demostrarlo, que Génova era la patria de Colón y que este, a pesar de ser hijo de un humilde cardador de lana, “su más deleitoso cebo fueron los estudios de náutica y de geografía que no pudo llevar a cabo en los escaños de una aula universitaria sino entre las bonancibles brisas y agitados remolinos del mar”. Las opiniones de los dignos estudiosos se encaminan con Colón hacia Portugal, donde el navegante se emparienta con un célebre marino y Lisboa pasa a ser su verdadera escuela. El “célebre marino” no es otro que el mismo gobernador de Puerto Santo cuya hija Felipa casó con Colón y quien fue la madre de su hijo Diego, nacido en aquella isla portuguesa. No hay más nuevas ni detalles de la época infantil o adolescente del navegante y, a partir de ahí, los jesuitas aportan algunas informaciones más o menos interesantes del Descubrimiento no sin que antes manifestasen con el grito al cielo que: “Colón no descubrió América sino que fue la América quien se descubrió a Colón”. Otra anécdota digna de ser publicada aquí es la de un participante en dichas veladas en la que exponía los suficientes argumentos para proponer la canonización del navegante pero, la observación de sus defectos, por otra parte humanos, le privarían transitoriamente de ello. No obstante, no pierde la esperanza y deja para una investigación posterior la posibilidad de encontrarle más virtudes a Colón, para que al final pueda verse en los altares.

 El capítulo citado podría tener su ironía pero no debemos olvidar que fue un grupo de clérigos, supuestamente ilustrados, los que acordaron bautizar al nuevo continente con el nombre de América, inspirados y engañados por un geógrafo vagabundo, y los que proclamaron su decisión a los cuatro vientos gracias a la imprenta que tenían instalada en sus dominios. Aunque indudablemente aquellos sabios religiosos debían estar muy mal informados, cabe resaltar que eran notables los enemigos y las malas influencias que tenían Colón y la corte de las Españas en la época de aquella vieja Europa. A pesar de ello, sin embargo, hasta el siglo XVIII los geógrafos españoles siguieron refiriéndose a la zona descubierta como las Indias o el Nuevo Mundo.

Otra de las muestras de cómo logra publicarse información de la “auténtica” nacionalidad de Colón, es la que se contempla en un interesante trabajo histórico-pedagógico premiado en el año 1930, en Madrid. En el capítulo correspondiente se lee: “Cristóbal Colón nació en Pontevedra…” Así de claro y conciso. Seguidamente, indicando la procedencia, da varias opciones por lo que se refiere al año de su nacimiento. El capítulo se complementa, no obstante, con bastante rigurosidad, teniendo en cuenta el sentido de mi investigación, en lo que respecta a sus años mozos.

Cristobal Colon, Paseo Colon

Detalle: “Cristobal Colón”, de Salvatore Ravelli, Paseo Colón, Lima-Perú

De Inglaterra, de Noruega, de Croacia, de Córcega o de Génova, sin olvidar las tesis que se inclinan por un Colón originario de Portugal o de alguna de las regiones del reino de Castilla: de Plasencia, en Extremadura, de Pontevedra en Galicia, de Espinosa en Guadalajara, de Guipúzcoa o de Sevilla, son algunos de los lugares del planeta donde el  almirante distribuye su generosa incorporeidad exceptuando el continente que descubrió, al que no dejaron que llevara ni su nombre. Tampoco pueden excluirse de la lista los territorios isleños catalanes de Ibiza o de Mallorca o la misma ciudad de Barcelona o de su periferia. De hecho, uno de los últimos trabajos publicados, resultado de una eficiente labor de investigación, es el de Charles J. Merrill eminente estudioso norteamericano sobre literatura medieval catalana -en la actualidad en proceso de ordenarse sacerdote católico en Roma-, donde en el volumen que titula Colom. 500 anys enganyats. Per què s’amaga l’origen català del descobridor d’Amèrica, nos cuenta minuciosamente su teoría sobre el origen catalán de Cristóbal Colón, aunque no excluye la posibilidad de que no lo sea. No obstante, lo que sí aseguran sus conclusiones es que no podía ser genovés.

 * *

Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza, afirmó durante el Ciclo Cultural de Otoño celebrado en septiembre de 2010 en la Real Maestranza de Caballería de esta misma ciudad, que: “Son tiempos para aclarar cosas apoyándose en textos históricos”. En este sentido, he de destacar, por su importancia y porque ha sido la verdadera base que ha generado la confección de estos párrafos, el resultado hecho público a principios de este mismo año del estudio del Cercle Català d’Història, en el cual concluye que Colón salió del puerto de Barcelona en su segundo viaje a las Indias y no del de Cádiz. Y no sólo la preparación y la partida fueron desde Barcelona, sino que el recibimiento oficial por los Reyes Católicos de Colón y los indios se produjo también en Barcelona.

La información, que contradice la versión oficial de que el viaje salió de Cádiz, eludiendo de manera sorprendente la primera parte del viaje olvidando el papel de los catalanes bajo las órdenes de su rey Fernando II el Católico, complementa uno de los tantos episodios confusos de la etapa del almirante descubridor. Por otra parte, también es interesante el estudio publicado tiempo atrás por el archivero actual de la catedral de Barcelona -cuyo resultado me ha ratificado personalmente-, en el que explica las razones por las que los indios que acompañaron a Colón en el regreso de su primer viaje y que presentó a los Reyes, no fueron jamás bautizados. Una opinión totalmente contraria, nuevamente, de las versiones oficiales que han llegado hasta nuestros días, las cuales dicen que sí lo fueron.

Es sabido que el matrimonio en 1469 de Isabel de Castilla con el infante Fernando de Aragón, el futuro rey de Catalunya-Aragón, unió a los dos reinos sin que ninguno de los dos perdiera su diversidad, tanto lingüística como cultural; el proyecto de los Reyes no era hacer unas Cortes españolas, sino mantener por separado las de Castilla y Aragón. Un ensamblaje marital y político que no se resintió en ningún momento, a pesar de ser en un principio un negocio de Estado como era usual en la época, y que después derivó hacia una verdadera unión sentimental.

Los continuos viajes de los Reyes Católicos por la península les obligaba a tener una corte de carácter itinerante y un patrimonio de unas sesenta y cinco residencias oficiales por todos sus reinos, lugares donde se desplazaban si convenía solucionar más de cerca determinados problemas políticos. Uno de estos quehaceres les llevó a permanecer una larga estadía en Barcelona en los años 1492/93, con el fin de negociar, a favor de la corona catalano-aragonesa, la recuperación de los condados catalanes del norte y que Francia había ocupado durante la alianza que tuvo con el padre de Fernando, el rey Joan II, en uno de sus conflictos contra los catalanes. Fue, durante esta visita en la ciudad condal donde el rey Fernando el Católico fue víctima de un atentado sin mayores consecuencias que una cicatriz en el cuello y un descanso obligado en el monasterio jerónimo de la Murtra, situado no muy lejos de la ciudad. Este es, justamente, el período que se corresponde con la llegada de Colón de su primer viaje de las Indias.

Colón acudió al llamamiento de los Reyes a Barcelona donde, además de otras actividades, celebraban las Cortes llamadas de Santa Ana, en abril de 1493, y después de salir de Lisboa y pasar por Sevilla, Valencia y Tarragona, el Almirante aún demoró tres días en ir andando desde el lugar del desembarco hasta la ciudad. En el recorrido, tenía que ir deteniéndose por la admiración de los pueblos que encontraba al paso, como ha dejado bien anotado su hijo Hernando: “… pues de todos ellos e de sus proximidades corría la gente a los caminos para verle, y a los indios y las otras cosas y novedades que llevaba…”

history-who-really-discovered-america-7061191-255x169Además de la recepción oficial que tuvo lugar en el Palau Reial Major, en la Plaça del Rei de Barcelona, sin duda tuvo que haber más reuniones de los Reyes con Colón, probablemente, en el Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, donde el monarca se estaba recuperando del atentado en la placidez de la que era una de sus residencias de descanso preparada para tal fin, seguramente gracias a los buenos contactos que debía tener el confesor de la reina el monje jerónimo, Hernando de Talavera. A quinientos metros del monasterio se alzaba, hasta hace pocos años en los que unas inundaciones acabaron de derribarla, una masía denominada popularmente Can Sunyol, en la cual se alojaba el Almirante y que sirve de referencia a los cronistas: “…se despidió de los reyes, y aquel día toda la Corte de Palacio le acompañó a su casa.” Esta casa, según el archivo notarial de Barcelona, pertenecía en 1492 a la familia Colom de Barcelona; uno de sus integrantes, Francesc Joan Colom i Bertrán, llegó a presidir la Generalitat de Catalunya en los años 1464/67, un período en el que las fuerzas de la máxima institución catalana tuvieron que enfrentarse a las del rey Joan II, padre de Fernando (el futuro Fernando II el Católico) en una guerra civil que duró diez años.

Los expertos justifican el silencio y el oscurantismo del verdadero nombre y la procedencia de Cristóbal Colón por los sucesos mencionados. Colón no podía descubrir públicamente su origen cuando sus parientes y, probablemente, él mismo, lucharon contra el padre del rey con el cual ahora negociaba el patrocinio de sus viajes a las Indias, un rey, el Católico, que, con toda probabilidad, sí sabía de sus aventuras. No obstante, tampoco a Castilla podía interesarle que los catalanes interfirieran en los negocios en los que iba a apostar.

No es extraño que solamente sean los castellanos o españoles, además de los italianos, obviamente, los que más se niegan a aceptar la catalanidad de Colón. Su patriotismo se les nota en la cara y cada vez que un nuevo indicio da más probabilidades a la teoría del Colón catalán, se origina el pataleo conocido y reaniman la tesis del origen absolutamente genovés, a pesar de que podrían igualmente presumir de un Colón español. Aunque en aquella época, en Castilla llamaban “genoveses” a todos los extranjeros y que los castellanos pronuncian con dificultad la eme situada al final de algunos vocablos de origen catalán, los pasos de la vida del Almirante no parecen vincularse a Italia puesto que desde joven empezó a navegar y no existe constancia de ninguna relación con Génova ni con ninguna familia de aquellas tierras.

Creo que es del todo necesario considerar la obra del profesor peruano Luis Ulloa, quien a principios del siglo pasado ya suscitó el interés por la posible catalanidad de Colón. Con razones de valoraciones diversas, algunas suficientemente convincentes, basándose en conceptos lógicos por la nula o mínima documentación personal existente del navegante, sus teorías fueron publicadas y siguen siendo válidas y seguidas en nuestros días.

Tomando y recordando, como ejemplo, solamente algunos de los datos encontrados por Ulloa, aspectos básicos que enlazan de manera absoluta con todo lo que se sabe sobre el Almirante, la evidencia de un Colón vinculado a Catalunya no tiene dudas:

1.- Colón se embarcó cuando tenía unos quince años de edad, el 1462, en las costas catalanas, a bordo de una nave que se dirigía a Rhodes, con escala en Italia.

2.- Colón -en aquel momento probablemente llamado Joan-, navegó por el Mediterráneo; más tarde, entró como corsario, a las ordenes de Guillem Casenove Coullon y al servicio del conde Renato d’Anjou de Provenza, intitulado rey de Sicília.

3.-Colón naufragó cerca de las costas portuguesas a causa de un combate naval el 1476.

4.-A finales del mismo año, Colón fue a  Dinamarca, a Islandia y a las costas orientales de Groenlándia.

5.- Fue a consecuencia de este último viaje que Colón empezó a concebir el proyecto del descubrimiento.

6.-De regreso a Portugal, en 1477 o en 1478, Colón cambia su nombre de Joan por el simbólico de “Xristo-Ferens”, y transformó su nombre de familia en “Colomo”, para poder, escondiendo su personalidad, buscar protección al emprender la aventura del descubrimiento.

Inexplicablemente, el documento de las Capitulaciones de Colón con los Reyes Católicos, firmadas el 17 de abril de 1492 en Santa Fe durante el sitio de Granada, se encuentra en el Archivo Real de Barcelona y no en un archivo de la Corona de Castilla, como sería lo más natural.

“El descubrimiento de América”, Dióscoro Puebla, 1862

Cabe destacar que el primer viaje de Colón a las Indias es favorecido y facilitado por personajes de la Corona catalano-aragonesa, como el ministro de la Corte Luis de Santángel, influyente escribano de raciones del Rey y el secretario de este Joan de Coloma. También su camarero, Joan de Cabrero o su tesorero Gabriel Sánchez:

Estos todos o algunos dellos –refiere el Padre Las Casas- negociaron que Cristóbal Colón fuese oído de los Reyes…”

Fue Joan de Coloma, nacido en un pueblo de Aragón y de padre catalán quien, junto con el padre Juan Pérez de Marchena del Monasterio de la Rábida, contactaron a Colón con los Reyes; fue él mismo quien, como secretario, firmó las Capitulaciones, el pasaporte y las Reales Cédulas del nombramiento de Almirante y de Virrey, todos los documentos fueron inscritos en los registros de la cancillería catalana. Y fue Santángel, valenciano que había residido durante mucho tiempo en Barcelona en una casa propiedad del hermano mayor de Colón, quien asesoró a la Reina y avanzó el dinero necesario para ultimar la expedición.

Cabe señalar que, para la organización de la América hispana, careciendo la tradición política castellana de precedentes de gobiernos autónomos en territorios geográficamente alejados de los centros del poder, tuvieron que usarse los de la tradición política catalana, abundante y rica en experiencias, para estructurar el gobierno de las tierras descubiertas. En este sentido creo importante transcribir lo que publicó el historiador catalán Jaume Vicens i Vives el 1947 en la oportunidad de celebrarse la II Asamblea de Americanistas:

“Durante mucho tiempo había abrigado la sospecha de que la organización política de los territorios descubiertos por Colón se había efectuado trasplantando al Nuevo Mundo buena parte de las instituciones nacidas en el transcurso de la expansión marítima de Catalunya. Los fundamentos de esta hipótesis de trabajo eran obvios: Castilla en 1492 carecía por completo de la rica experiencia del Gobierno ultramediterraneo de la Corona de Aragón, y, por lo tanto, ante la necesidad de improvisar un régimen administrativo y jurisdiccional para la naciente América, los Reyes Católicos acudieron a la única fuente donde podían hallarlo, esto es, el complejo estatal que supieron elaborar los reyes de la Casa de Barcelona. La investigación ha confirmado este criterio, como no podía ser de otra manera. Los títulos concedidos a Cristóbal Colón en las Capitulaciones de Santa Fe, anteriores a su marcha a Palos, fueron el de “Almirante”, al estilo del de Castilla, y el de “Virrey y Gobernador General”, aquel para proclamar su jurisdicción suprema en el mar y éste para asegurársela en tierra firme. La existencia de “Virreyes y Gobernadores Generales” en Cerdeña señalaba el posible origen del título colombino. Luego, la comparación de los textos legales –la lugartenencia general catalano-aragonesa y el virreynato siciliano, de un lado, y el privilegio colombiano de 1493, de otro- ha puesto de manifiesto la similitud de las atribuciones que se conferían a los lugartenientes y virreyes de la Corona de Aragón con las que se dieron al Descubridor en dicho año. Similitud de concepción e incluso de fraseología. Todo ello abona la legitimidad de la gloria que desde hoy puede arrogarse la monarquía catalano-aragonesa: La de que una de sus instituciones fundamentales –el virreynato trasmediterráneo- fuese la norma copiada en la primitiva organización del gobierno de las Américas”.

Es necesario añadir desde este aspecto que, si las estructuras de América fueron copiadas de las de los catalanes, el espíritu que las sirvió fue absolutamente otro, en cierta manera totalmente contrario al que le había visto nacer. Si espíritu y forma se hubieran correspondido plenamente, la suerte de la América hispánica hubiera podido ser muy diferente y probablemente mejor, de manera que las relaciones orgánicas entre las nuevas tierras y las viejas hubieran podido subsistir perdurablemente a través de los siglos. Otras reflexiones en cambio, que, en este sentido, algunos historiadores castellanos han hecho públicas, van encaminadas a aconsejar el ejercicio de trasladarse al siglo XV para comprender las acciones y aceptar las ideas que estaban en boga en aquellos tiempos como la que a la esclavitud se refiere. El origen, por ejemplo, de las “encomiendas” o “repartimientos” de indios que han sido motivo para que se censure la política colonial de España, no viene de Colón; viene de la desobediencia de la masa ignorante de los colonos. La distancia que separaba la metrópoli de sus posesiones y la dificultad de comunicación, hacía imposible la represión oportuna y eficaz de estos excesos, naturales -continúan diciendo- en gente aventurera y sedienta de oro.

* * * 

Indios americanos

“Target practice”, Alfredo Rodríguez, 1954

Después de escuchar a Colón en Barcelona, la Reina ya lo tiene claro y se lanza plenamente a amparar la gran empresa, comprometiéndose hasta hacerla finalmente suya. Y con las condiciones, también las instrucciones de compaginar la aventura del proyecto con la evangelización de los indios. Las fuentes históricas utilizadas por historiadores que recientemente han ofrecido importante información relativa a la partida del segundo viaje provienen de los Anales de Catalunya correspondientes al año 1709, de Narcís Feliu de la Peña, conservados en la Biblioteca de Catalunya. El texto, extremadamente explícito, señala:

“Embarcáronse grande número en Barcelona con Colón y fue el capitán Pedro Margarit. Partieron de Barcelona con la flota de Colón, llegaron a Cádiz a 23 de setiembre: Partieron de Cádiz tomando tierra en la Isla que llamaron Deseada, después a la que nombraron Española, partieron a Haití, donde les noticiaron de sus amigos muertos por los Indios”

Efectivamente, después de unos quince o veinte días de navegación desde Barcelona, hicieron escala en Cádiz donde a los dos días partieron en dirección a las islas Canarias para seguidamente continuar hasta las Indias. La flota, como se ha dicho, preparada en Barcelona, la conformaba diecisiete naves con 1500 a 1700 hombres, según las fuentes, en un conglomerado de marineros y soldados, labradores y artesanos y los franciscanos destinados a la misión evangelizadora, encabezada por el padre catalán, Bernat Boïl, vinculado al Monasterio de Montserrat. Llevaron las primeras semillas de árboles frutales, plantas y flores y varias parejas de animales: Gallinas, perros, caballos, chanchos, ovejas, vacas… También viajaron algunas mujeres.

Pere Margarit, o Pedro Bertran y Margarit, que se ocupó de dirigir la misión militar y el tarragonés Miquel Ballester, el que, más tarde, sería alcaide de la fortaleza de la Concepción en la isla de Santo Domingo, viajaba también en el gran grupo. Y, también el padre Ramón Pané del Monasterio jerónimo de Sant Jeroni de la Murtra, quien fue el primero en escribir sobre los usos, costumbres y creencias de los indígenas de la isla La Hispaniola, el año 1498. También viajaba, en este segundo viaje a las nuevas tierras, Francisco de las Casas, el padre de Fray Bartolomé de las Casas. Por lo que cabe decir, de paso, sin entrar en los detalles que lo motivaron y que podrían apartarse en esta ocasión del principal tema que se ha pretendido abordar, que el padre Boïl, viendo la imposibilidad de evangelizar a los indios y, en cambio, ver como eran esclavizados, decidió dejar su tarea apostólica y abandonar la isla. En el mismo barco se fue Pedro Margarit, quien, aprovechando la ausencia del Almirante, abandonó a su suerte a la guarnición de la fortaleza de Santo Tomás.

A pesar de todo lo manifestado, por voluntad de la reina Isabel, las nuevas tierras son reservadas a los naturales de los reinos de Castilla y León, y los súbditos de la Corona catalano-aragonesa son admitidos de manera excepcional: “por especial merced” o “muy señalada merced”. Es sabido que el testamento de la soberana lo dispone también así.

* * * *

Llegados a este punto y con la pregunta aún en el aire, de que si Colón fue catalán o no, problema planteado en los últimos tiempos -pronto se cumplirá un siglo-, precisamente por un peruano erudito como fue Luis Ulloa, cabe reflexionar sobre la gran preocupación que les supondría a los defensores incondicionales del Colón genovés, cuyas teorías carecen de solidez en la actualidad, si pudiera demostrarse la presunta catalanidad del descubridor. Contemporáneo con los años del Descubrimiento, fue el humanista italiano Pietro Martyr d’Anghiera quien conocía a Colón y estaba en la Corte de Barcelona cuando el explorador retornó de las Indias en 1493 y, a pesar de identificarlo con Joan Colom, lo llama ligur (relacionado con Liguria, país de la Roma antigua). Más tarde, a finales del siglo XVII, el religioso mercedario Serra i Postius afirmó también el origen catalán del Descubridor aunque aceptando que había nacido en Génova.

Cristobal Colón
12 de octubre, 2004, Caracas, 512 años después, la estatua de Colón es condenada, derribada, arrastrada y colgada…

En fin, la realidad evidencia una búsqueda afanosa para encontrar indicios suficientes que puedan albergar una información que los mismos protagonistas han querido que quede en un premeditado misterio. El apellido Colón, Colom, Colombo, son realmente el mismo apellido en lenguas hermanas, lenguas que se hablaban y se mezclaban en la época entre la gente de mar y de comercio. En el ámbito mediterráneo existió incluso la llamada lengua franca, que era una combinación de varios idiomas. En el testamento de Colón, único documento en el que supuestamente dice ser genovés, no fue escrito por él, fue falsificado bastantes décadas después de su muerte en beneficio de sus descendientes.

Confieso que, a mí, que Colón sea catalán o no y que naciese en un lugar o en otro, me da igual. Aunque el refrán popular sentencia que al final todo se sabe, no hay prisa en conocer nuevas teorías de las que siempre pueden calificarse de cuestionables. Lo que verdaderamente me ha ofuscado es lo que ha quedado grabado en las páginas de la historia: las consecuencias de unos acontecimientos que pudiendo haber sucedido de otra forma, han dejado marcas y cicatrices tan profundas en una parte del mundo que la otra parte habría de desechar definitivamente el término “Descubrimiento” y aceptar el de “Encuentro” con el único fin de rectificar actitudes humillantes originadas. Si es que aún existe la posibilidad de hacerlo.

La catalanidad de Colón es difícil de aceptar pero se han de tener en cuenta todos aquellos rastros que permiten acercarse. El oscurantismo sobre la identidad del Almirante empezó en el mismo siglo XV pero no puede ser eterna. Teresa de Jesús dijo, “La verdad sufre pero no perece”. Y, Colón le dijo a su hijo Diego: “La verdad siempre gana”.

Por otra parte, en el momento de concluir esta visión global del estado actual de las inquietudes por conocer la verdadera identidad del Descubridor y después de todo lo expuesto, es necesario reafirmar la marginación a la que estaba supeditada Catalunya en aquella época. En términos generales, salvo alguna excepción, los catalanes no participaron en la exploración y conquista de América. Se han escrito muchas páginas sobre la exclusión de Catalunya en la aventura americana pero la ausencia catalana se hace evidente. Basta repasar las líneas de actuación de la monarquía hispánica, para comprobar que los catalanes se mantuvieron bien al margen de la dinámica imperial. En el 1778, al abrirse diversos puertos de los Países Catalanes al comercio con América, las cosas empezaron a cambiar. Habían transcurrido 286 años desde que Colón llegó por primera vez a América.

Joan Bosch i Planas

Investigador y escritor catalán

 

 

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