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Política cultural en el Perú de ayer y hoy

C. Feliciano Mejía H.

 

A QUINTO CERECEDA MUCHO,
Comunero de Choqqeqa, padre de familia de 41 años, asesinado
con bala de guerra en el cráneo el 14 de octubre de 2016,
cuando protestaba contra la minera china Las Bambas,
 de la zona de Antuyo, Pumamarka, Choqqeqa,
 provincia de Cotabambas, Apurímac,
 zona de la nación Chanka.

 

INTRODUCCIÓN

ALLIN PUNCHAU WARMY-QARIKUNA, KUMUNKUNA, PUKARUNAKUNA. ALLIN WATA RI. “Kaypi kachkani, mana wakuspa. ¡Qaparispa!”, tayta Arguedas rimakun. Ñuqa nini: Qaparispa kani-tiani. Uyariy WAWQEYKUNA-PANAYKUNA. Allin punchau qamusqan. Sumaq puka inticha qamusqarí. Makikunawanchispa. Lliu. Uyariymi.[1]

Quizá muchos no comprendan las palabras escritas líneas arriba, con las que inicio mi disertación sobre Política Cultural en el Perú. Y quizá le encuentren sentido solo unos pocos que conocen algunos de estos vocablos escritos evidentemente en una de nuestras lenguas madre ―es decir la principal y la más difundida―, EL RUNASIMI, idioma que junto al Pukina ―ya desaparecido―, y el Aimara ―vigente aún y con fuerza pero solo en el Altiplano―, continúa marginado en nuestro país y en todo el extenso territorio que conformó el antiguo Tawantinsuyo (Ecuador, Bolivia, Perú, parte de Chile, Argentina y Colombia).

Es un hecho de Política Cultural, la marginación e intento de muerte de nuestra lengua, “Desinteligencia” debida a la APLICACIÓN CONSCIENTE DE UNA POLÍTICA CULTURAL QUE SUFRIMOS Y ARRASTRAMOS DESDE EL PERÍODO COLONIAL ESPAÑOL (comprendido entre los años 1532 y 1821-24), PROLONGADO POR UN ESTADO SEMICOLONIAL ANGLO-FRANCÉS (entre los años 1821-24 A 1918), convertido hoy, 2016, en SEMICOLONIA NORTEAMERICA, (desde 1919 a nuestros días, especialmente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, luego de la repartija que se hicieran del mundo, Roosevelt-Stalin-Churchill).

MI DEFINICIÓN

Para entendernos, primero deberé definir qué entiendo por política cultural, en su más amplia acepción. Entiendo por POLÍTICA, toda acción teórico-práctica realizada en función de la perpetuación o el desplazamiento del Poder. Y por CULTURA, toda creación material o intelectual realizada por los pueblos y sintetizadas por las clases sociales. Pero, más específicamente, comprendo por política cultural la ejecución de un programa que regula la creación material e intelectual de una clase social; un programa aplicado por la clase social dominante, ubicada en la cima del poder, que auspicia un tipo cultural que obedece solo a los gustos e intereses de la clase social dominante, clase que enfrenta y niega a las otras.

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“Colón llegando a la isla Guanahaní”, José Garnelo y Alda, 1892. De su nombre se deriva la palabra colonia y colonialismo

SUBRAYAMOS que todo lo anterior son solo ideas, palabras, paparruchadas si no entendemos que somos casi 32 millones de peruanos obligados a caminar bajo el dominio de una semiburguesía que integra el 2% de la población del Perú, una ínfima minoría dependiente que ejerce la administración al servicio de los que ostentan el poder en el Perú: los Estados Unidos de Norteamérica.

Nosotros no correspondemos a niveles A-B-C-D-E-F, como dicen los voceros de las encuestadoras o las empresas de “marketing” peruanas, sino a clases sociales que, en una pirámide, y por fines didácticos nombramos desde el nivel inferior, llamado lumpen proletariado (y para esto nos basamos en datos del Censo del INEI 2007, XI de Población y VI de Vivienda), sin porcentaje pues propiamente no es una clase, pues sus integrantes provienen de todas las clases sociales y no forman un todo distinguible, salvo por su marginalidad en la sociedad, donde el Obrero asciende al 18,4 %. Las cifras de este censo apuntan a que “en la industria en general” laboran entre un 10,8 a 13,6 %, Siendo la Población Económicamente Activa (PEA), el 53,7 %; mientras hay 10’637,880 de personas ocupadas y 460,266 desocupadas. Entre el campesinado y los pequeros, solo en Huancavelica, Cajamarca, Amazonas, San Martín y Huánuco, ascienden al 54% de la población. En tanto, la clase media tiende a ser muy variable, según los procesos históricos, tendiendo a desaparecer o a crecer, según su movilidad u oportunismo de sus integrantes que son el 40 % de la población ocupada. Mientras esta pirámide imaginaria es coronada por el 2% de la semiburguesía, que NO ES NACIONAL y NO DEFIENDE LO NACIONAL, en un contexto en el que LA GRAN BURGUESÍA NO EXISTE,  salvo la integrada por extranjeros y funcionarios de trasnacionales que residen en el país. Una pirámide que se sostiene así, en el tiempo, gracias a los dos pilares fuertes del país: las Fuerzas Armadas y Policiales, y la Iglesia (que en nuestro caso católica-apostólica-romana). Comprender esto es de capital importancia para entender el hecho cultural actual en el Perú.

CÓMO SE COME LA COSA

Hay que ir directamente a lo concreto, a lo específico y actual, para comprendernos. Y hay que empezar por la educación primaria y secundaria, dándole una mirada a los currículos de las escuelas públicas peruanas, currícula dada por Ministerio de Educación del Perú, en la que notamos la ausencia de los antiguos cursos de Castellano y Literatura, en los que se estudiaba la literatura peruana, además de la ausencia del curso principal de ¡Historia del Perú!, que debo entender está subsumido entre las Ciencias Sociales. La machacona insistencia por el estudio de la religión, como adoctrinamiento, que es la religión cristiana, además del inglés, como lento y persistente sustitutivo del castellano, tras la idea de que “cuando terminas una carrera, si no sabes inglés, no sabes eres nada”.

Cito el Programa de Educación Básica Regular de Educación Primaria del Ministerio de Educación Pública-Perú[2]

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Programa Curricular de Educación Secundaria del Ministerio de Educación Pública-Perú[3]

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Vistas estas currículas a vuelo de pájaro, se nota que en este solamente teórico Estado Laico peruano (que por Concordato de una Dictadura Militar –la de Odría― con los Cristianos, hasta nuestros días, el Estado le paga un sueldo a los sacerdotes de la iglesia cristiana-apostólica-romana), tanto a nivel Básico y de Secundaria, se enseña Educación Religiosa (que no es siquiera una Historia de la Religiones, y que en mis tiempos era RELIGIÓN, a secas) que consiste en adoctrinar en la fe de la religión cristina-apostólica-romana a todos los peruanos. En tanto, el castellano, como segunda lengua, me Pregunto: ¿CUÁL ES LA PRIMERA LENGUA? Si desde 1974-75, es decir, hace 41 años, la segunda lengua oficial peruana es el RUNASIMI, mal llamado QUECHUA. Mientras en los currículos actuales NO EXISTE un curso dedicado a la enseñanza de esta lengua, ni en los estudios primarios ni en los secundarios, ni en las universidades; no obstante que sí existe, de manera remarcada y persistente el Área de Inglés como lengua extranjera, haciendo hincapié en que, hace no pocas semanas atrás, vía los medios masivos, el actual presidente del Perú, Pedro Pablo Kucsynski decía con jolgorio: Debemos difundir más el inglés en los colegios y universidades!!!!!

IMPORTANCIA DE LO CULTURAL EN LAS SOCIEDADES

LA ÚLTIMA BARRERA PARA VENCER DEFINITIVAMENTE A LAS SOCIEDADES DERROTADAS PERO NO VENCIDAS, COMO LA PERUANA, ES LA DEL CAMPO CULTURAL. José María Arguedas, el más grande narrador de la literatura peruana de todos los tiempos -el más completo y a la altura de Quevedo, Lope de Vega, Góngora o Cervantes, es, a mí modo de ver, César Vallejo-, quien, al recibir el Premio Inca Garcilaso de la Vega, escribió en su artículo NO SOY UN ACULTURADO:

“Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin, que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico”

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José María Arguedas (1911-1969). Autor de emblemáticos libros, como Todas las sangres, de 1964.

“Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”

“Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo”[4]

Arguedas es contundente, aunque, pienso, que por distracción, convicción o afán de hacerse entender por el hispanoparlante, usa equivocadamente las categoría de INDIO -error hispano por la ignorancia de haber creído llegar a la India- (anotemos que Cristóbal Colón murió con la sospecha de haber llegado a la India y jamás imaginó haber descubierto el Nuevo Continente) y de QUECHUA (que es una altitud –de 2,300 a 3,500 msnm- de las 8 Regiones Naturales descubiertas por el Dr. Javier Pulgar Vidal. Así: Chala: 0 a 500 msnm,  Yunga: 500 a 2,300 msnm; Quechua: 2,300 a 3,500 msnm; Suni o Jalka: 3,500 a 4,000 msnm; la Puna: de 4,000 a 4,800 msnm; la Janka: de 4,800 a 7,800 msnm, y ya en la selva, la zona Rupa-Rupa: de 400  a 80 msnm; y finalmente la octava región natural, la Omagua: de 80 a 0 msnm ).

Sobre el nombre de la lengua ¡Quechua! el mismo José María se rectifica en otra oportunidad diciendo “que el indio no sabe que a su lengua le llaman quechua”. Además de algo que parece broma, pues en Cusco, hay una Alta Academia –o algo así― de la Lengua ¡QUECHUA!, repitiendo el craso error de los primeros diccionarios hechos por españoles.

Repito: LA ÚLTIMA BARRERA PARA VENCER DEFINITIVAMENTE A LAS SOCIEDADES DERROTADAS, ES LA CULTURAL. Mientras una sociedad no sea rota y vencida en lo cultural, tiene posibilidades de revertir este hecho histórico y volver a florecer. Y ello no depende de las revoluciones y la toma o asalto del poder, ni de la buena voluntad de las sociedades que toman su destino en manos, sino de SU ANTIGÜEDAD, pero con una necesidad imprescindible de lo anterior.

La verdadera revolución se da después de la toma o conquista del poder, en determinada sociedad, y esta se da en lo ideológico y en lo cultural, que es eminentemente ideológico. Ver la cultura China, 800 millones de personas en la miseria económica y moral, sumidas por el opio inglés impuesto hasta con una guerra, antes del triunfo de su revolución en 1949, y su reversión a lo genuinamente chino, vía su capacidad de resistencia. Evidentemente debo indicar que, a pesar de ello, dado la degeneración de su Partido Comunista luego de la muerte de su líder, el presidente Mao Tse Tung, el gobierno, devenido en social fascismo, se yergue ahora como Imperialismo, con visos a ser, en breve, el primer Imperialismo en la Tierra (estos días con 1,380’778,537 personas), tras suceder al Imperialismo Norteamericano, hoy en proceso de caída y descomposición, y al Imperialismo Ruso, que luego de su proceso breve de socialismo, después de la toma del poder por los Soviets, y la degeneración de su partido tras la muerte de Lenin, devino en social revisionismo, lo cual finalizó el 10 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín, siendo inficionado por el capital;  hoy afianzándose, con Putin a la cabeza, como otro Imperialismo más. De ahí la pugna bélica entre Rusia y U.S.A. en Medio Oriente, sobre todo en estos días en las ciudades de Turquía y el genocidio en Alepo.

En ello, la comprensión del fenómeno y sus implicancias, nos condiciona culturalmente, quiérase o no. Pues el proceso de asunción de lo nacional, lo cultural y lo científico en las sociedades mencionadas –el primer aparato y hombre al espacio, por Rusia; el envío de naves a Marte, por los Chinos-; y, en fin, la transformación de toda la sociedad, solo se comprende por la antigüedad de estas sociedades luego de la extensa lucha por la liberación lograda. Y ello nos da esperanza, a los peruanos en particular y a los latinoamericanos en general, de alcanzar la ansiada libertad.

Sociedades de menor antigüedad, derrotadas militarmente y luego vencidas en lo cultural, han desaparecido en Latinoamérica y en el mundo, fagocitadas, tragadas por sociedades dominantes. Para nosotros, hoy y ahora, andinos, orientales, la confrontación con el capital y el Capitalismo (donde el ser humano es inexistente, salvo como un número en la estadística de una computadora o en una tarjeta de plástico; cosificado, sin familia, como núcleo amantes de la violencia y el irrespeto por el otro; por las otras sociedades culturales, enemigos de la verdadera democracia); la confrontación, repito, es inevitable. El capitalismo, cuyo motor es el dinero, con lo cual se mide el “éxito” y donde la solidaridad –o Ayni en nuestro caso- es impensable.

Nuestro Ayni es un hecho cultural que seguimos practicando en estos días. A los peruanos, si bien consecuentes en resistencia heroica -bélica o no bélica desde 1532-, no nos es posible hacer predominar nuestra cultura en Perú. Para ello es necesario, primero, hacer la revolución para imponer nuestros términos, imponer nuestra lengua, nuestros conceptos de religiosidad, científicos y humanistas. Conceptos todos dimanados de una sociedad oriental, y no occidental, como es la andina.

Pedirle ayuda a este sistema actual para una política cultural popular, pedirle apoyo, pedirle sostén es ingenuo, intonso, risible. La sociedad peruana de hoy es como un gigante árbol de nogal totalmente podrido, da solo a veces hojas y flores hermosas. Las raíces milenarias de ese árbol somos nosotros los RUNAS. Evidentemente, los dominadores en el Perú que aplican su política cultural, su programa, semiburgués, quieren desaparecer este árbol y poner en su lugar un árbol de plástico. Un proceso revolucionario exitoso llevado y dirigido por el RUNA igual, tirará a ras de tierra ese nogal podrido, para verlo renacer con la fuerza y la potencia de 24 mil años de antigüedad.

PROCESO

VEAMOS EN FORMA SUMARIA LAS CABEZAS DEL PODER EN PERÚ A LO LARGO DE SU HISTORIA: Inka, Español, Anglo-Francés, Norteamericano y sus 13 Bases Militares en Perú. Lo Inka no era exterior o extraño a las sociedades sudamericanas, como idea política y concepción cultural. En el Perú provenimos de los primeros hombres de hace 24 mil años, cuyos vestigios primeros se encontraron en las Cuevas de Pikimachay, a 24 kilómetros de la actual ciudad de Huamanga, en dirección a las Pampas de Quinua (hay bibliografía de los principales historiadores al respecto). El proceso de la historia Inka no ha sido estudiado desde el enfoque de los RUNAS. Muy pocos historiadores modernos peruanos, si no todos, no dominan el runasimi. Consignado así, desde la perspectiva del dominador, cuyos orígenes solo se han tomado en cuenta en lo mítico desde el ángulo folklórico.

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Fotograma de la película La controversia de Valladolid, escrita por Jean-Claude Carrière

Es tal la ignorancia expresa al respecto, que al principio de la Colonia española  se discutía si nosotros teníamos alma (Véase La Junta de Valladolid, entre los años 1550 y 1551, realizada en el Colegio de San Gregorio, de Valladolid, dentro de la llamada polémica sobre los naturales llamados indígenas americanos o indios), y hasta ahora, la negación de la escritura nuestra, olvidándose hasta hoy de que existimos.

Un dato importantísimo, a tomar en cuenta para un desarrollo posterior, nos refiere a Alfredo Torero y otros, que afirman que en el ámbito geográfico del antiguo Tawantinsuyo, hoy, entre monolingües y bilingües, existen 24-26 millones de runasimi parlantes –ojo: entre bilingües y monolingües- sin contar los aymara parlantes. Y en los currículos de la educación peruana no existe ese curso de enseñanza y aprendizaje de nuestros idiomas. ¡NO EXISTEN! Y ello es consecuencia de la aplicación de una política cultural de tintes genocidas. Pues la llamada “cultura Inka” no fue sino el ápice, la punta del témpano, de una cultura de 22 a 24 mil años de antigüedad, que solo brilló por algo más de cien años; de ellos, setenta confinados en los límites actuales del Altiplano al Cusco, contenido por los Chankas de entonces, cuyo límite sur es actualmente Apurímac. Mas, derrotados los Chankas luego de que estos lograran tomar Cusco, por alrededor de 30 años, los Inkas llegan hasta Pasto en el sur de Colombia. Los Inkas, al conquistar los señoríos del norte, además de otras obligaciones, imponen hechos culturales como el aprendizaje y uso del runasimi como lengua general, el panteón o religión solar, entre otros; respetando las lenguas y panteones religiosos locales, y hasta autoridades.

Imperio Inka es una burla torpe o torpe ignorancia. Olvidan la Dualidad Andina y la Cuatripartición, incluso para la guerra, la no sucesión automática del poder, la sociedad Matriarcal cuyo centro era Mama Waku, corazón de las Panakas, decididoras de los grandes lineamientos políticos del Ande y por ende de lo Inka. Y muchos otros aspectos por los que hablar de imperio es supina torpeza. Los Inkas fueron pues como la cabeza de un pez, cuyas escamas eran las llamadas “culturas” actuales. Premunidos de criterios científicos modernos no capitalistas, arqueología moderna, nos daremos cuenta que fueron los Inkas vehículos de la condensación de UNA NACIÓN EN FORMACIÓN, un proyecto trunco por la llegada de los españoles, quienes pudieron triunfar tan rápidamente, porque los dirigentes de los señoríos norteños, recién conquistados por los Inkas, los veían, y era natural, como enemigos, mientras veían como salvadores a los españoles. Además de contar estos con otra tecnología: la rueda, la pólvora, el caballo, etc., y su gran experiencia guerrera después de finalizadas las guerras de reconquista contra los árabes, en la península ibérica.

La población de entonces, en estas latitudes, era abundante, pero los historiadores no se ponen de acuerdo. Unos afirman eran 8 millones, otros 12 y otros 18. En todo caso, es un hecho que al final de la colonia española, de los Runa no quedaban sino algo de 2 y medio millones de naturales. Runas o “indios”. Pero ahora somos los más numerosos. La «CIA» en su documento: «The world factbook» (…) consigna grupos “étnicos” de la siguiente manera: Indígenas 45 % de la población, mestizos 37 %, caucásicos 15 %, otros 3 %[5]. Esto significa que somos el 82 % de la población peruana –de ingas o mandingas. Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, somos 31’900,929 seres humanos en Perú, y, es decir, los de piel marrón –según la denominación racial despectiva del yanqui común; en todo caso no somos blancos, ni negros ni amarillos, si de razas se puede hablar hoy aún -o Cobrizos-, acá, en el Perú, somos 26’158,761.78.

Ojo, como hecho cultural mundial. Hablar de razas es obsoleto. Las razas y su concepto llevaron y llevan al racismo, con su culminación en el fascismo. Remarquemos: NO HUBO NI HAY RAZAS. En el mapa del genoma humano NO EXISTE EL GEN RAZA.

De los 31’900,929 peruanos, según el INEI, el 50 % vive en casa de estera, adobe o quincha. De la Población económicamente Activa del Perú el 76 a 84 % no tienen empleo y se la buscan día a día, sol por sol, y a la cual ahora quieren “formalizar” para que pague impuestos. ¡Vaya! Los que no tienen empleo inventan una forma de sobrevivir, “un empleo” y, evidentemente es marginal al sistema. Los administradores de los poderes fácticos peruanos recaban entre 18 y 17 % de impuestos a la renta del empleo formal que es ínfimo en Perú. Y quieren formalizar para “cobrarles” menos impuestos a aquellos que todo se lo inventaron para no morir. No nos dejan ni hablar nuestra lengua y quieren que paguemos más impuestos. Pero es necesario decirlo: Al comprar un pan o una caja de fósforos ya estamos pagando impuestos. Comprender esto es comprender una situación cultural, “natural” en Perú.

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“Los funerales de Atahualpa”, Luis Montero, 1865-1867

Pero, volviendo a los tres niveles de dominio del Perú (colonia española, semicolonia anglo-francesa y semicolonia norteamericana). Sintetizo, solo por citar algunas perlas:

  • Negar nuestra humanidad (ver si teníamos alma, ello conllevaba a que podían descuartizarnos y colgarnos en ganchos en los mercados como carne para los perros de guerra españoles, o para pararnos de tres en fondo para “templar las hojas de espadas toledanas” y no en aguas ácidas, atravesándonos hasta dar con el “temple”; y de la labor de aniquilamiento de las minas ni se hable).
  • Negar nuestras lenguas madre (el runasimi es negado y en la práctica perseguida).
  • Negar nuestro arte. Nunca hemos creado arte, solo folklore. La pintura y escultura nunca existió en nuestras vidas, sin saber que hasta Picasso y Mark Rothko, vieron que “pintábamos” con plumas y lana en los tejidos. Y que nuestro arte estaba integrado a nuestras vidas, pero no como productos para la venta, pues no queríamos ni poseíamos moneda.
  • Negar nuestra escritura. Nunca hemos tenido escritura. (Es su problema y mejor, por el momento, que no lo sepan).
  • Negar nuestra literatura. Nunca henos tenido literatura antes de la española, aunque luego de las investigaciones para un trabajo mío he visto que tenemos hasta catorce formas estróficas poemáticas y otras subformas como el jailly,  Waqailly,  Jaicha, Atqjailli, Taki,Angosay, Wawaki, Waylas, Urpi, Aymoray, Wanka o Wanku, Cashua, Arawi, Waynu. Y ello no es sino una leve aproximación.
  • La destrucción de nuestros templos y Wakas, para que, en los mismos emplazamientos y usando los mismos materiales crearan iglesias y catedrales cristianas. (La plaza del Cusco es un ejemplo patético).
  • Tras los actuales terremotos, al usar los presupuesto del Estado peruano, se priorizan en forma veloz la reconstrucción de templos cristianos.
  • HACER DEL PRODUCTO CULTURAL UNA MERCANCÍA, CUANDO EN NUESTRO MUNDO DE RUNAS, EL HECHO CULTURAL ESTABA Y ESTÁ HOY INTEGRADO A LA VIDA COTIDIANA: Escultura en la arquitectura, imágenes del panteón religiosos –dios sol, por ejemplo-, la pintura en tejido en nuestras ropas, e igualmente en estandartes y escudos, con plumas, platería en utensilio y artilugios para la ropa. Ejm.: El Yauri.
  • La negación del uso de nuestros símbolos: Maskaypacha y hasta ropa, que, por su lenguaje cifrado, definía el origen y la proveniencia de grupos sociales.
  • La ignorancia de que el mayor evento cultural, que puede equipararse al Poema cinético y a la Poesía integral, es la Fiesta Comunal.
  • El funcionamiento nuestro en el Ande, en la Rueda Comunal.
  • Predominancia de lo anónimo, en el autor del hecho cultural, frente al culto a la persona, el ego y nombre en los productos de Occidente.

LA “INDEPENDENCIA”

Por pugna contra el monopolio impuesto por la corona española en Sudamérica, el imperialismo inglés y francés deciden romperlo. Pues los avatares de la historia habían ya madurado, y el imperialismo español se debilitaba, pudría y disgregaba. Los pensadores de este lado del continente pensaban en la libertad, después de la radical Revolución Francesa. El imperialismo francés ingresó tras San Martín, mientras, tras bambalinas, el imperialismo inglés se posicionaba con la lucha de Bolívar. San Martín se va a morir a Francia, y los pueblos de este continente ponen la sangre, y sin embargo  no consiguen nada.

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Tras la República, la población indígena no perdió su condición de sumisión y olvido

El resultado es EL IMPUESTO AL INDIO, uno de los primeros decretos de Bolívar que ni los españoles se atrevieron a dar. La “creación” de Ecuador y Bolivia, haciendo una línea fronteriza imaginaria, cortando en dos nuestro lago sagrado, el Titikaka. La posterior partición del sur peruano por medio de Chile y la sangre de su pueblo, por el interés inglés por el salitre, salitre que consiguen con el “triunfo” de la Guerra del Pacífico. Los señores de la guerra, después de Bolívar, se entronizan en todo el continente, y nacen las republiquetas que hoy conocemos: una de ellas es el Perú.

Como cuestión anecdótica anotamos que hasta 1930-35, el idioma francés era de uso de la cúpula administradora del gobierno peruano, y lo es hasta hoy día matizado con el inglés. Puedo afirmar, casi con certeza, sin poder probarlo por ahora, que ningún jefe de Estado o miembro del cuerpo diplomático peruano sabe runasimi.

Anotado, repetimos lo de arriba por ser esencial: “Somos el 82 % de la población peruana. Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, somos 31’900,929, es decir, los de piel marrón, acá en el Perú somos 26’158,761.78, de los 31’900,929 peruanos anotados. Según el INEI, el 50 % vive en casa de estera, adobe o quincha. Y según la prensa y los medios de información cotidianos, en la Población Económicamente Activa del Perú el 76 a 84 % de peruanos no tienen empleo y se la buscan día a día, sol por sol. Y, a estos, ahora los quieren “formalizar” para que paguen impuestos”.

Todo esto es verdad, pero hay que agregar que de Política cultural no se habla en el aire, pues se está hablando de personas humanas. En el Perú la desnutrición infantil, era de 23.8 %, en el 2009, y se ha reducido al 17.7 %, en el 2013. Es decir, en el 2009 los niños desnutridos crónicos, en la República del Perú “libre e independiente por la voluntad de los pueblos, y por la justicia de su causa que dios defiende…” o algo así, eran: 7’337,213.67; en el 2009 y en el 2013 ¡SOLO! 5’423,168.64 NIÑOS.

“(…) las regiones con mayor índice de desnutrición infantil crónica son Huancavelica (42 %), Cajamarca (35 %), Huánuco (29 %), Apurímac (29 %) y Ayacucho (28 %) (…) Pero también hay lugares específicos donde las cifras son alarmantes, como en la provincia arequipeña de La Unión, donde la desnutrición infantil crónica llega al 36 %. (…) Otro caso alarmante es el distrito de Omacha, en el Cusco, donde las cifras de desnutrición llegan al 80 %”. Fuente: RPP, redactado el 6 de agosto de 2015[6]

EN EL INEI, INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICAS E INFORMÁTICA, DEL GOBIERNO DEL PERÚ, NO EXISTE INFORMACIÓN, ES DECIR, NO EXISTEN LOS POBLADORES DE OMACHE. CONSULTADO DA CERO DE CERO EN POBLACIÓN.

Sí.  Lo arriba anotado es así. Comprenderlo es elemental para entender la política cultural impuesta sobre el peruano. Y plantear sus alternativas. Y reitero, machaconamente: Lo cultural, la política cultural no es, no se debe comprender en abstracto, sino a partir del ser humano actual: del niño desnutrido de Puno o de Madre de Dios; o de Villa María del Triunfo, Villa El Salvador, Ancón o de San Juan de Lurigancho, el distrito más grande de Lima y del Perú: 1 millón 91 mil 303 habitantes.

 LA ERA ACTUAL COMO SEMICOLONIA NORTEAMERICANA

Que nadie ponga en duda, por favor, este aserto: el Perú es semicolonia. Si no, ¿por qué es que tenemos gigantes Bases, y la mayor cantidad está ubicada en Sudamérica, TRECE EN TOTAL EN EL PERÚ, una semilegal, a cargo de los norteamericanos coludidos con el fascismo sionista, como la de Santa Lucía, Madre Mía, Satipo, Nanay, Callao, etc? Y hoy en día, se colocan Bases más pequeñas en la zona de los valles de Apurímac, Ene y Mantaro – VRAEM─, 57 bases pequeñas, gastando parte de los 10 mil millones de soles, del 2011 al 2016, con 10 mil personas entre fuerzas armadas y policiales; y se están comprando además 24 helicópteros M17, un satélite espía a Francia, valorado en 597 millones de soles, ya funcionando desde hace un mes, que solo vivirá 10 años (datos en TV, La Hora N, Jaime de Althaus, en entrevista al ex jefe de la DINA -Dirección Nacional De Inteligencia- Sr. André Gómez De La Torre, noche del 6 de octubre de 2016, comentando el nombramiento del actual jefe de la DINA, Guillermo Fajardo).

militarizacion¿Por qué, los soldados norteamericanos, que ahora son más de 3,200 en Perú, no pueden ser juzgados por las leyes peruanas, y ello con “aprobación” del Congreso peruano?

Al ministerio del Interior y de Defensa se le asigna como último presupuesto anual  10,657’294,117.00 soles, mientras al Ministerio de Cultura le dan 342’486,094.00 soles, de los cuales 295’326,286.00 millones son gastos corrientes, o sea fijos, pago de burocracia y afines, y solo restando 47’159,808.00 en gastos de capital, que podríamos suponer se podría gastar en el hecho cultural nacional, pero no, sabiendo que en las resoluciones supremas respectivas se autoriza a gastar esa partida hasta en adquisiciones de inmuebles. Y vemos la celeridad en repintar y remozar iglesias. (Y no hablemos de tener una prensa editorial popular, canales de tv populares, diarios masivos populares).

Volviendo a lo de semicolonia norteamericana. Si no, ¿por qué, como siempre, hacer la Carta de Intención, o como se le llame ahora, al Fondo Monetario Internacional, controlado por los Estados Unidos, para aprobar nuestros presupuestos?

Como vemos, el RUNA u hombre peruano sufre un genocidio físico y cultural. Cada año, ya sea por causa del “El niño” o “La niña” o “El friaje”, los niños, ancianos, hombres y mujeres mueren y mueren y no aparecen en las estadísticas. Ello es un genocidio físico, año a año; y con la desaparición de esos RUNAS, se van con ellos su sabiduría de resistencia, su cultura oculta. Y sabemos que de darse en Perú una transformación de las estructuras como en 1917 en Rusia o 1949 en China, deberá ALIMENTARSE AL HOMBRE PERUANO POR TRES GENERACIONES PARA QUE LLEGUE A SER NORMAL.

Según el economista Richard Webb, que realizó hasta dos mapas de la pobreza del Perú, e interviene en el trabajo del INEI (Instituto Nacional de Estadísticas e Informática): “De cada diez peruanos, siete u ocho eran pobres (….)”[7]. Para una población actual de 31’900,929 de peruanos, nos da 22’330,640.3 de pobres si son 7 de 10, 25’520,743.2 si somos 8 de cada 10. Y cada una de estas personas que viven en total desigualdad, son depositarios de una sabiduría y cultura milenarias. Y el solo hecho de sobrevivir, lo evidencia.

FINAL

Sin embargo se resiste. Resistimos en forma no bélica (persistencia de la lengua y crecimiento, religiosidad, filosofía, ciencia, especialmente en lo agrícola). Por eso Arguedas dice bien, al recibir el Premio Garcilaso de la Vega en su discurso de agradecimiento: “Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes”.

Y resistencia en forma bélica, desde Cajamarca y la traición de Pizarro a Atawallpa, la larga lucha de Manko Inka, pasando por el levantamiento continental de Túpac Amaru II y las continuas batallas emprendidas por José de San Martín Matorras y Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, donde ya vimos: Se instrumentalizó la sangre derramada por los Runas del continente.

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“Túpac Amaru”, de Jesús Ruiz Durand, de la Serie La Reforma Agraria, 1968-73.

A pesar de ir sin norte claro, para el Runa fue notable el aprendizaje de la guerra de guerrillas, con Andrés Avelino Cáceres entre 1881- y 1883, en la Campaña de la Breña, contra Chile. Igualmente en la guerra civil peruana de 1894-95, donde Nicolás de Piérola se alza contra el gobierno negativo del mismo Andrés A. Cáceres. Y el levantamiento, en marzo de 1885 en Huaraz, Ancash, encabezado por el campesino analfabeto y alcalde de Marián, Pedro Pablo Atusparia y su segundo Pedro Cocachín o jefe guerrillero Uchkupedro.

Ya en el siglo XX, el Runa peruano participa en el levantamiento insurreccional de la APRA (1948); el levantamiento campesino de 1963, dirigido por Hugo Blanco, sofocado a los inicios de la lucha armada; las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional –ELN- en 1963 dirigido por el poeta Javier Heraud y Alaín Elías; la guerrilla del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), proclamándose marxista leninista, dirigida por los guerrilleros Luis de la Puente Uceda, Gonzalo Fernández Gasco, Rubén Tupayachi Solórzano y Guillermo Lobatón (1964); la guerrilla del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru –MRTA- que inicia sus acciones en julio de 1985, dirigido por Víctor Polar Campos (en prisión), que en la actualidad no tiene accionar. Y, al final o antes, la participación y aprendizaje del Runa peruano dentro de las filas del Partido Comunista del Perú –PCP-, dirigido por el filósofo comunista Abimael Guzmán Reynoso (en prisión), que se levanta en armas en junio de 1980 y prosigue hoy su accionar organizativo a nivel nacional y armado en determinadas zonas, teniendo en sus manos parte del territorio peruano; cuya una de sus últimas acciones armadas se produjo el 9 de abril de 2016 en el poblado de Qatunqaza, en Santo Domingo de Acobamba, de la Provincia de Huancayo en la Provincia o Región de Junín, en el centro del Perú, con el resultado de 11 muertos, diez uniformados y un civil.

Son hechos de nuestra historia que internándose en nuestro inconsciente colectivo motivan un condicionamiento de nosotros en tanto hombres pensantes, ideológicos, culturales.

 CODA

 Queremos enfatizar al finalizar que El hecho cultural, la Política Cultural tiene que ver con el ser humano ─si no es papel abstracto y pura palabrería─ y en nuestro caso hablamos especialmente del RUNA PERUANO, en resistencia bélica y no bélica desde 1532. Ello hasta hoy día, en octubre, Perú de 2016, cuando nos quieren hacer creer, vía los medios radiales, televisivos, periodísticos e internet, que vivimos en progreso, ya a lindes del desarrollo, que vivimos en paz, en medio de una genocidio legal, lento y planificado, por potencias que nos han colonizado y semicolonizado los últimos 484 años.

 Feliciano Mejía H.

Lima, 7 – 9 de octubre de 2016

Notas

[1] Buenos días señoras, señores, señores del Común (de Comunidad), hombres colorados. Muy buen año, sí. “Aquí estoy, no muerto. Gritando todavía”, el Sr. Arguedas, decía. Yo digo: Yo estoy gritando todavía. Escuchen hermanos, hermanas. Hermoso, buen día ya viene. Hermoso sol rojo ya viene sin duda. Por nuestras propias manos. Todos. Óiganme”. (Not. ed.)

[2] http://www.minedu.gob.pe/curriculo/pdf/31052016-programa-nivel-primaria-ebr-religion-2.pdf

[3] http://www.minedu.gob.pe/curriculo/pdf/31052016-programa-nivel-secundaria-ebr-religion-2.pdf

[4] https://www.servindi.org/actualidad/3252

[5] http://www.espejodelperu.com.pe/Poblacion-del-Peru/Composicion-etnica-del-Peru.htm

[6] http://rpp.pe/lima/actualidad/conoce-el-panorama-de-la-desnutricion-infantil-en-el-peru-noticia-83018

[7] “¿Dónde están los pobres?”, Webb, Richard, El Comercio, lunes 21 de setiembre de 2015.

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De cómo conocí a Juan Ramírez Ruiz, el más grande poeta de Hora Zero

C. Feliciano Mejía H.

A Gróver González Gallardo y Diego Lino Arditta

Lo conocí una noche, a las 7:20 pm, en la puerta del salón principal de la entonces Biblioteca Nacional del Perú, en la avenida Abancay. En el dintel estaba él y tres integrantes más de Hora Zero; uno de rostro negro, otro de aire apitucado y otro de dejo notablemente selvático. Inmediatamente me respondieron que la entrada era gratuita y que ellos eran los organizadores de los recitales de Hora Zero en Lima.

Lo que más me impresionó de Juan Ramírez Ruiz, moreno, fue su gran melena peinada apretadamente para atrás y su sonrisa que se negaba a ser risa. Una alegría neta al mirarme de frente con sus ojos negros achinados, su voz clara como el mamey al darme un  abrazo y llenarme las manos con manifiestos, poemas a mimeógrafo y la invitación a ingresar de inmediato, y luego a subir a escena y cooptarme.

En la puerta me preguntaron mi nombre, y al decirles, con mi timidez de indio: Feliciano Mejía, me abrazaron, y, como vieron fajos de papeles bajo el brazo, me  dijeron,  “trajiste poemas”,  y  casi  me arrancharon los  papeles  de  Poemas racionales, pues  ellos conocían  algunos escritos míos ya publicados; pero no sabían quién era ese tipo que tenía su misma edad (yo tenía 19 años), ni de dónde era y a dónde iba.

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La plana mayor de Hora Zero. De izquierda a derecha: Juan Ramírez Ruiz, Jorge Pimentel y Enrique Verastegui.

Hasta ese momento, yo no había conocido a ningún poeta vivo del Perú. Solo había publicado un poema con el nombre de Ciro Mejía en una revista bilingüe (castellano-inglés) llamada Aravec, que se salvó de la quemazón que hice con algo de 300 poemas malos ‒que me hacían sudar frío por tenerlos conmigo, tipeados a máquina, en papel craft y que llevaba casi siempre o los ocultaba en casa para que nadie los viera. Había escrito otro libro que permanece hasta hoy inédito, con un prólogo también inédito de Antonio Cornejo Polar, llamado El estertor de la rata, del cual ya habían sido publicados algunos textos a página entera, en el suplemento Dominical del diario El Comercio, además de otros poemas en la exclusiva revista Amaru 13, que publicaba la Universidad de Ingeniería, “que no aceptaba colaboraciones: Las pedía. Y pagaba”, según me dijo mi primer editor, el querido don Juan Mejía Baca.

Fue en una de sus vitrinas de Juan Mejía Baca, en la que vi el aviso de los recitales “Hora Zero de Poesía”, realizados en la Biblioteca Nacional, y se podría decir que fue él, el responsable de que yo conociera a Juan Ramírez Ruiz. Yo acababa de ingresar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, allá por el año 1967, y tenía unos cuatro meses libres antes de que empezaran las clases, y me fui a vagar por el Perú haciendo Los Caminos del Inca (la Carrera) y, en Pampa Galeras, leí en un periódico pasado que un Señor llamado Juan Mejía Baca, librero-editor, había “devuelto la Orden del Sol” al entonces Presidente Belaunde, porque su ministro del Interior, Alva Orlandini, apodado el Lechuzón, había quemado libros. Me dije: este hombre vale. Iré a verlo con mis poemas de El estertor de la rata. Armándome de valor ante mis Apus y hablando sin palabras con el río Negromayo, me creí loco. Soy universitario, me decía, pero esa es otra historia.

Se iniciaron las clases en San Marcos y le presenté mis poemas, después de  clase, al querido  Washington Delgado, ahora ya fallecido, y él leyendo y paladeando, dijo, esto está bueno, hay Lautreamont ─pucha, en el corrillo de alumnos yo anotaba en un papel para leer a ese tipo‒, aquí hay algo de Kafka ‒ay madre,  por lo bajo escribía para saber quién era  Kafka‒, y así ocurrió como con seis  autores que no conocía. Después busqué a otro profesor, un poeta más joven pero que tenía ya como siete libros publicados. Se puso a leer y a elogiar los textos, y entonces le dije: “Profe, ayúdeme a publicarlos”, me miró por encima de sus lentes, carcajeando, y me dijo: “tooooodos eeestamos en lo missssmo…” Yo le dije, gracias.

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Homenaje en NY. Cuando los muertos valen más que los vivos o los “vivos” viven de los muertos.

Entonces junté todo El estertor de la rata, y saliendo de mi barriada o Pueblo joven como le llamó la Dictadura de Velasco, me fui donde don Juan Mejía Baca. Entré, pero con una timidez vista a leguas, que  don  Juan,  al presentarme yo, me  puso  la mano al hombro y me dijo: “no sea tímido, tocayo, no; nadie es más grande ni nadie en más chico que usted. Y cuando se sienta tímido ante, digamos, el Presidente de los Estados Unidos, el Papa o Miss Universo, imagíneselos  pujando en el baño”. Para mi timidez, eso fue un santo remedio, pero fue poco a poco. Don Juan me distraía con huacos que aullaban cuando se les ponía agua, tocaba cornetas de barro cocido, me sacaba originales de Martín Adán, que religiosamente él había pegado en papeles bond A4, y me habló de Neruda. Y, vamos a tomar un café, acá, donde tomo café con Neruda, me decía, e íbamos, mientras él me contaba anécdotas. Al final de unas tres horas de atenderme con comprensión y cariño, me dijo, vuelva dentro de dos semanas para ver lo de su libro.

Fueron  dos  semanas  de  sufrimiento, hasta que fui a verlo, bien peinadito, limpio, armado de valor para vencer mi timidez. Don Juan me acogió con alegría, diciendo: “sus poemas son muy buenos”, y yo hice un gesto de ojos y boca como que no quería oír eso. “No. No, tocayo. Si sus  poemas fueran malos, yo se los diría sin ocultarle nada. Son buenos”. Y entonces, sacando la osadía del tímido de sopetón le dije: “entonces publíquelos”. Don Juan  calló un segundo, y me dijo: “Ya. Pero  a  usted  todavía no  lo  conoce  nadie.  Vamos  a  hacerle conocer”.  Por  eso  mis  poemas se publicaron en El Dominical  del diario El Comercio y en Amaru 13. Cuando salió esa revista, don Juan me dijo: “ya puede ir a cobrar su cheque”, cheque que nunca cobré por encontrarme en las filas de Hora Zero y su “nada con el sistema”.

Esa primera noche, en la que me encontré con Juan Ramírez Ruiz, y en la que me  invitó a subir a escena, temblando y tartamudeando leí como pude. Entre el público había hasta profesores y  profesoras de San Marcos, que escribían en periódicos sobre esa “nueva forma de poetizar”, la  retahíla de  insultos  que  soltábamos  en  nuestros  escritos,  y  las publicaciones hasta con faltas ortográficas. Una de ellas era Dora Bazán, que enseñaba latín, al poco tiempo me anunció que estaba traducido al francés por un Belga llamado Marcel Henart. Y a su vez, el belga, que conocí personalmente unos catorce años después, en París, me dio el nombre de un escritor, Carlos Meneses, que había publicado poemas míos en revistas de Guipúzcoa y Castilla. A Meneses nunca lo conocí personalmente; nos  escribimos por largo tiempo y finalmente nos perdimos; hasta que, hace poco, por mail, nos hemos vuelto a ubicar, y hasta la fecha nos comunicamos, por lo que sé que él siente que la muerte se le acerca.

A la siguiente semana, los de Hora Zero me invitaron a participar. Yo ya había leído todo lo que me dieron, y, entre todo ello un “Manifiesto”. Me gustó la forma en la que me acogieron; y, a la siguiente semana, aparecieron dos poemas míos, que sin mi permiso, “robándomelos” habían publicado a mimeógrafo, y también sin mi consentimiento, me habían nombrado como parte de Hora Zero. Mis poemas de El estertor de la rata, a pesar del éxito y la posibilidad de salir bajo el sello de Juan Mejía Baca, me parecieron incomunicantes con  mi gente del barrio, de mi familia. Le conté mis dudas a Juan Ramírez Ruiz, y él me decía: “no seas cojudo, Feliciano, es una oportunidad de oro, por todo lo alto”. Un buen consejo que no seguí. El libro está actualmente en Francia, para evitar las tentaciones de publicarlo.

Mientras Hora Zero iba bullendo. Eran tan sanas nuestras “orgías de trabajo” que solo tomábamos tisanas de té, manzanilla y afines. No me acuerdo cuándo, insensiblemente, aprendimos a beber alcohol. Nos prestábamos libros, nos visitábamos. El poeta apitucado se dio su primera gran borrachera por el centro de Lima y terminó vomitando en plena Plaza San Martín, botó todas sus tripas, pero en esa época era noble; y al poeta negro de Hora Zero le prestó una cochera que tenía donde vivía, a espaldas del Ministerio de Agricultura. Ellos me visitaban en mi “apartamento” junto al actual Congreso, en un tercer piso. Juan Ramírez era tan ligado a mí, que tenía mi confianza y yo la suya, que me pedía mi casa por un día para tener sexo con su amada, que yo no conocía.  Yo le daba mis  llaves.

Los nuevos poemas  lo leíamos a gritos. Teníamos el coraje de tachar delante del  autor, lo  que  nos parecía mal. O decir, esto es una mierda. Cosa que yo hice una vez en mi “apartamento” del centro, y me dijeron, “aguanta, Feli, son poemas de él”, y ese autor, dolido, sonreía con paciencia frente a mí, y yo sentía pena, pero callaba.

Con el tiempo Juan Ramírez Ruiz comenzó a trabajar en periodismo, tenía su “departamento” por el Jr. Ancash, y casi no dejaba que lo visitáramos. Yo sí iba. Tenía rumas de libros sobre su mesa de noche. “Préstame éste”, “no, lo estoy leyendo”, y así, no prestaba nada. Entonces comencé a “robarle los libros que estaba leyendo” u otros de las rumas de su cuarto, y al terminarlo lo pasaba a otro y ese a otro de Hora Zero, y a veces Juan lo recuperaba de la octava mano, cochambroso y desmondongado. Así se instauró ese “prestarnos los libros”.

Empezamos a publicar  libros y uno de los primeros fue del poeta apitucado, luego vino Un par de vueltas por la realidad, de Juanito. Hora  Zero murió luego de pudrición interna,  por el “ingreso” de un tránsfuga proveniente de un grupo o revista llamado Estación  Reunida, aún me parece un alcohólico, serrano de odio puro y oportunismo terco, que alguna vez se atrevió a golpear y pegar, a patadas en el suelo, a Juan Ramírez Ruiz, en el culturoso bar Yakana. No estuve presente, pero no lo hubiese permitido nunca. Con sus visos troskistas, ese empezó a odiarme (bueno, ese odia a todos) por ser yo inclinado al maoísmo y por impedir que el grupo Hora  Zero  se convierta en  Hora Zero  FOCEP  (tras  la  invitación de Genaro Ledesma Izquieta, a dar un recital en su local, sede del FOCEP, una organización troskista).

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Grafitti callejero dedicado a Juan Ramírez Ruiz

El poeta apitucado quiso salir a Europa robándome una grabadora y negándose a dar las boletas de empeño de joyas empeñadas por él, joyas de una amante que acudió a mí en auxilio. Yo le di el mensaje al poeta Apitucado de Hora Zero: “Hablaré con unos familiares para impedirte la salida del país si no devuelves la grabadora (grabadora que yo le prestara, empeñada sin mi permiso, y que yo debí rescatar pagando de mi bolsillo) y si no le das a la chica las boletas de empeño para que ella, con su dinero, rescate sus  joyas. Cosas que se  hizo  felizmente.

Tengo  entendido que, enérgico, Juan Ramírez Ruiz expulsó al poeta apitucado, cuando este quiso forjar, para aprovechamiento personal, Hora Zero España. Bajezas que se han venido dando hasta 1995, fecha en la que fui a un recital de poesía, a tomarme una cerveza en los sótanos del Bar Zela. Y encuentro que al iniciarse el recital, oigo a un poeta joven que hoy radica en USA (Paul Gillén) saludarme y agradecer mi presencia por el micrófono “por  ser  el único de Hora Zero original, aquí presente en esta noche del inicio de ¡HORA ZERO 95!”. Y yo para mis adentros dije, esa gente perversa ex-Hora Zero, corrompida, que ahora vende la “Marca” Hora Zero para provecho personal.

Yo me  alejé  definitivamente de Hora Zero desde mediados de 1972. El serrano semitroskista entró a Hora Zero, alrededor de fines del año 1971 (Ojo: no soy bueno para las fechas, pero por ahí va). Después vi esporádicamente a Juan Ramírez Ruiz, que trabajaba eventualmente para una ONG, Chirapaq.

Lo vi de la mano, en el centro de Lima, con dos de sus menores hijos, estaba feliz; y mucho después, cada vez que lo veía en el centro lo veía más elusivo, ido, abandonado su persona, a pesar de haber publicado uno o dos libros excelentes. Quise entablar una relación para sacarlo del marasmo lelo en el que había caído, proponiéndole  hacer   recitales juntos, recitales que no podíamos ni planificar, pues solía perderse en la urbe limeña, o desparecía, según él, yendo a su tierra al norte del Perú.

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Grupo Hora Zero 2. Entre lo ex y el simulacro (2016)

La última vez que lo vi, en un bar del jirón Quilca, seis personas, “amigas, poetas”, de una mesa larga, le daban ostensiblemente la espalda. Yo les grité: “¿Qué carajo pasa, porque Juan no tiene para ponerse unas chelas van a darle las espadas? ¿No saben con quién están, poetitas?!!” Grité con furia, y pedí al mesero que nos sirviera dos cervezas en mesa aparte. Conversamos, pero estaba incoherente, ido, como debió estar después, en el momento en que el camión lo arrolló en su norte querido, para ser enterrado luego como NN, hasta que, seis o siete meses después, supimos que habían logrado recuperar sus restos.

Aquellos de los ex-Hora Zero Lima, los que pregonaban ser “la vanguardia del proletariado en la poesía”, “nada con el sistema”, los “con nosotros, salvo Vallejo, Melgar, Heraud, etc. se inaugura la poesía en el Perú”, se vendieron como putas a  los  sucesivos  gobiernos,  colaborando con Fujimori y Montesinos, con el Partido Aprista y con el yanqui con chullo-cholo sano y sagrado. Y ahora que se hunden en el anonimato, quieren blanquearse como Mónica Delta, y hacen expo-fotos permanentes en bares cochambrosos “para ganarse alguito”, escriben mamotretos con los que tratan de enmascarar sus almas lacayas; siempre en reuniones de ratas: por la “moña”.

¿Quién está más muerto: Juan Ramírez Ruiz o estas cucarachas vivitas que vendieron sus almas a cambio de “una moña”, es decir algo de dinero? Como en el caso de José Santos Chocano, el tiempo y la historia no pasarán en vano, y todo queda claro y se sabe. Y hoy que todo comienza a decantarse como un velo diáfano, Juan Ramírez Ruiz aún brilla nítido, brilla convertido en un diamante de poesía y consecuencia.

C. Feliciano Mejía H.

Nota (Ed.)

[i] El manifiesto de Hora Zero: “Palabras Urgentes”, escrito por Juan Ramírez Ruiz,  ideólogo del movimiento Hora Zero, se publicó en el libro Un par de vueltas por la realidad, de JRR, en 1971.

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Plegaria del zorro y la serpiente

Roberto Ortega

Serpiente, Feliciano Mejía, Amaro Ediciones, Lima: 2014, 201 pp. Selección y estudio previo, Rafael Ojeda.

Tal vez como un ejercicio previo de interpretación o como una hermeneútica de la cotidianeidad, se debe afirmar que hay en algunos poetas, digamos naturalistas, una necesidad de copar la integralidad temático-conceptual característica de un mundo escindido entre dos realidades: el campo y la ciudad, el pasado y el presente, lo luminoso y lo oscuro, como referentes pasibles de ser articulados en el texto poético, para intentar definir así los matices de la peruanidad, en un campo en el que las relaciones y posibilidades escriturales se tornan en conjuntos etnográficos, debido a la atmósfera naturalista que inunda los diferentes eventos, ante una tensión que fluye entre apocalípticos e integrados, que podría definir a los que celebran y a los que sufren los frutos más sensibles de la modernidad capitalista; a partir de razones que, tras la Cumbre de los pueblos, podrían reavivar los debates suscitados tras la publicación de la Utopía arcaica, de Mario Vargas Llosa.

En este contexto Amaro Ediciones acaba de publicar Serpiente, volumen antológico que reúne la producción de casi cuatro décadas de Feliciano Mejía, editor, narrador y poeta nacido en 1948, en Abancay, autor de libros que resultan “importantes si se desea conocer una de las aristas menos estudiadas de la sensibilidad poética de los setentas” (p. 26); desde poemarios como Tiro de gracia (1979), Círculo de fuego (1980), El grito de Terride (1997), y su trilogía “milenarista” llamada Las caras de la serpiente negra, integrada por Kantuta Negra (1990), Kantuta roja (2006) y Kantuta verde, obras a las que ahora se suma Serpiente, edición antológica que compendia lo mejor de sus casi cuatro décadas de exploraciones poéticas, a partir de la selección y estudio previo  realizado por el crítico peruano Rafael Ojeda.

Si obviamos la densa presentación que hace Rafael Ojeda, veremos que, pese a que su “serialización temática”, dividida, a manera de estaciones, en cuatro episodios de temporalidad inversa, denominadas “Poemas épicos”, “Poemas urbanos”, “Estaciones de la Serpiente” y “Trópicos”; los poemas allí reunidos obedecen a un criterio  de orden temático-espacial, que va definiendo la costa, la sierra y la selva, como territorios que van brindando un conjunto de tropos; desde los cuales se definen las distintas vías creativas de un autor; cuya obra se desplaza, por lo general, desde un inicial vanguardismo estético e indagación informalista  ―ligada en cierta medida a la experiencia común y colectiva del grupo Hora Zero―, hacia el espectro temático de un nacionalismo entroncado entre lo urbano y lo rural, como un  “cosmo-politismo” que fue derivando hacia un ejercicio particularmente inclinado a la indagación y reflexión etnocultural-identitaria, que fue sumando referentes andinos, costeños y amazónicos, en pos de asir una noción particular de identidad y de alteridad urbana.

SAMSUNG DIGIMAX A403Es por ello que este libro resume una línea de trabajo que va clarificando, en sus diversos capítulos, la interrelación de los distintos espacios y sensibilidades poéticas, en un conjunto de versos, ordenados, en la antología, como secuencias dramáticas o estaciones unificadas y sistematizadas en secciones contextualizables y reconocibles. Pues, en el conjunto denominado “Poemas épicos”, por ejemplo, la poética declamatoria se explica a partir de varias claves de lectura, dispuestas como epígrafes o agradecimientos, que encabezan los extensos poemas narrativos, allí reunidos; como  “Jooorrr” y sus relaciones dramáticas con la diablada puneña; el poema “Zorros”, que nos refiere a los elementos de la “Wakonada” de Atavillos; “Plegaria coral de la Kantuta Negra”, relacionada con el imaginario de la “danza de tijeras”, pero que gráfica, metafórica y concretamente, una pugna, que Feliciano hará coincidir con los procesos de violencia política y social que por más de dos décadas fustigaron al país, desde una noción esperanzadora de mesianismo mítico andino, en la idea del pachacuti o el cambio social.

En este contexto, quizá debamos catalogar los tránsitos retórico-temáticos que este libro resume, como una suerte de ruptura estético-conceptual, debido a que gran parte de los poemas aquí reunidos, albergan sujetos relativamente nuevos para la época en la que fueron escritos, presentados como síntomas de una nueva “conciencia social”, relacionada, en general, con la generación del setenta, pero reforzada, en el caso de Mejía, por una retórica milenarista, “indo-mitologizante”, que articula en sus bases una salida afirmativa y propositiva, hacia un mesianismo inspirado en el Inkarrí, y aquella visión cíclica de la historia, característica de una cosmovisión andina, sustentada en el Pachakuti. En tanto, en el segundo apartado, denominado “Poemas urbanos”, los “Poema en Y, y de cómo la noche asalta a los posibles derrotados”, además de “Cinco de Mayo”, recogen textos marcados en el fragor de conciencias más políticas que antropológicas, presentada en la exacerbación del gesto rupturista de los manifiestos horazerianos, en la noción experimentalista de la “poesía integral”, y en sus excesos conversacionales. Sobre todo en el poema, “Cinco de Mayo”, que debió de ser una suerte de cantar de gesta, de Villa El Salvador. En la sección, “Dimensiones de la Serpiente”, que resume versos de la trilogía, denominada Las caras de la serpiente negra, que compila libros como Kantuta negra, Kantuta roja, y Kantuta verde, Mejía aborda con más vehemencia el fenómeno político, canalizando a través de un simbolismo pletórico de imágenes, las secuencias descriptivas de los versos de “Serpiente negra”, “Serpiente verde” y “Serpiente roja”, poemas que, a manera de posicionamiento político transversal, van definiendo, en forma de destellos, los diferentes partes del drama de la “guerra interna en el Perú”.

Tal vez por ello, casi como una condición lógica que refiere al interés iconográfico y rítmico del universo de lo shamánico, cuya influencia caracteriza a la poesía última de Feliciano Mejía, en el apartado final, denominado “Trópicos”, que recala temáticamente, en la amazonía, en versos de su más reciente poemario: Marirís, inspirado en los cantos de sanación amazónicos; que incluye el extenso poema, “Vórtice…” y Marirí de arco”, en estrofas que fluyen como un río de impresiones desiguales e intensas, cargadas de un lirismo denunciativo más que enunciativo, pero ubicado entre el posicionamiento político-social y la preocupación arquetípico-mítica, atizada en lo cultural-ancestral; en la que los símbolos del pasado, va marcando su poesía como una de las más personales y críticas de la generación del setenta. Generación poética que se ha instaurado como una de las más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Un período en el que se fue catalizando la nueva configuración de la ciudad; una configuración que motivó una poética intersticial y marginal, a la que se fueron sumando, con las migraciones poblacionales, las más diversas cosmovisiones, actitudes y formas de ver el mundo. Por lo que esta antología se erige  como una buena muestra de esta síntesis.

Roberto Ortega 

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