Archivo de la categoría: Sociedad de control

De los moldes a las modulaciones – Ritornelos en las técnicas de control social*

 

Omar Ardila

 

Bajo control… tierra, aire y mar.
Bajo control… el reino animal.
Bajo control… la atmósfera.
Bajo control… hasta la guerra y la paz.
Bajo control… la humanidad.
Bajo control… la mediocridad.
Bajo control… todo el mundo está.
Bajo control… todo, todo…
Rata Blanca

 

 

Asfixiados, perseguidos, vulnerados, desnudados, endeudados, vigilados… así discurrimos en los nuevos “espacios abiertos” que son colonizados constantemente por el arma más efectiva que ha logrado sujetar nuestras almas: el control acrecentado, el hipercontrol, la “seguridad” de las nuevas sociedades. De los “moldes” que pretendían instaurar los espacios destinados para el encierro, hemos pasado (sin abandonarlos del todo) a ser nuevos objetos para la “modulación” de prácticas de control que, aunque muchas veces parezcan intangibles, resultan más eficaces.

El juicioso estudio de Michel Foucault, Vigilar y castigar – nacimiento de la prisión (1975) ya nos había esclarecido el mecanismo perverso con el que, desde el siglo XVIII, se había empezado a disciplinar los cuerpos para ubicarlos eficazmente dentro de la “normalidad” social. Este riguroso y problemático trabajo nos sigue sirviendo de insumo básico para reconocer la génesis de las prácticas penales y su alcance político; es por eso que, a lo largo de este texto, volveremos a recorrerlo para ayudar a develar las formas de dominación que día tras día incorporan nuevos elementos, haciéndose más totalizadoras y excluyentes. También revisaremos ligeramente, algunos seminarios dictados por Foucault en el Collège de France (Defender la sociedad, Seguridad, territorio y población y Nacimiento de la biopolítica), en los que el autor percibe la variación hacia los dispositivos biopolíticos y  de “seguridad”, como continuadores de las prácticas de dominación. Seguidamente, y apoyados en el texto “Post-scriptum sobre las sociedades de control (1990) de Gilles Deleuze, intentaremos mostrar la variación en las técnicas de control que ha generado el capitalismo contemporáneo, cada vez más huidizo, a veces imperceptible, pero no por ello menos potente. Finalmente, nos remitimos al libro Políticas del acontecimiento (2006) de Mauricio Lazzarato, donde se aborda con pertinencia, entre otras cosas, el rol central que tiene la información como mecanismo de captura que instaura los nuevos modos de habitar en la tierra de nadie.

Los modelos disciplinarios y las técnicas biopolíticas

Michel Foucault dedicó gran parte de sus investigaciones al análisis de la dominación en la sociedad moderna. Para ahondar en la búsqueda de señales que le condujeran a uno de sus puertos, enfocó su trabajo en el estudio de la prisión, el peso de la ley y el poder político, es decir, en el castigo, las penas y las leyes que los legitiman. Fue así como llegó a participar en el GIP (Grupo de Investigación de las Prisiones) desde donde observó y analizó la “anormalidad” del criminal, ese extraño sujeto que había conocido el señalamiento, la marcación, el amoldamiento y el olvido. Siguiendo su método genealógico, Foucault escuchó las voces y miró las huellas de quienes padecían el encierro; los interrogó y sintió con ellos cómo se extendían, de igual manera, otro tipo de exclusiones sobre su propia humanidad. Justamente, en ese proyecto de investigación, coincidió con otro grande de la filosofía francesa, Gilles Deleuze, con quien mantendría un productivo diálogo, y quien también nos ha legado tantas páginas de fuego.

447

El subtítulo de su emblemático libro Vigilar y Castigar, es, precisamente, “el nacimiento de la prisión”. Allí empezó a develar lo que suponía la variación del castigo por medio de la tortura al castigo “humanitario” del encierro. Este último, supuestamente fundaba un nuevo desarrollo en el ejercicio de los derechos humanos, a la vez que propiciaba el respeto por la dignidad humana. En realidad, para el sistema punitivo empezaba a resultar más efectivo aislar a los “peligrosos” que seguir desgastándose y exponiéndose en la picota pública con la continuidad de la tortura. Foucault rastreó el ejercicio penal en Europa y detectó que los suplicios se acabaron entre el siglo XVIII y XIX. En adelante, las prácticas punitivas tuvieron cierto pudor, pues ya no querían “tocar el cuerpo” sino atacar algo más profundo. Al menos, no se intervenía directamente sobre el cuerpo ejerciendo la tortura, sino que este se usó como intermediario, como sujeto de “coacción, privación, obligaciones y prohibiciones”. De esta manera, se instaló una supuesta penalidad “incorporal”, pues aparentemente ya no se tolera el castigo del cuerpo (razón por la cual, en ocasiones se valen de drogas para calmar el dolor) aunque al final siempre se ejecute al enjuiciado. Con la variación que señala Foucault, se suprimió el teatro del sufrimiento pero no se dejó de perseguir y de autoengañarse socialmente, creyendo en la posibilidad de readaptar los sujetos, luego de habérseles suspendido temporalmente muchos derechos básicos. La práctica penal se volvió un extraño secreto entre la justicia y su sentenciado, la cual, muchas veces parece ir de la tragedia a la comedia.

Cuando el ataque ya no se centra en el cuerpo, se apunta entonces al alma (entendida como corazón, pensamiento, voluntad, disposiciones) y es así como surge la Cárcel. Todo es atacado en profundidad por entes que son sombras, sin rostro, impalpables. Y aunque no sean visibles, sí son muy efectivos. Ya no se sanciona al individuo, se le controla para neutralizar su estado peligroso y buscar que él cambie (claudique en su construcción autónoma) y se “reintegre” al esquema social. Además de la privación de la libertad, se busca la transformación técnica de los individuos. Ya no se les trata como infractores sino como delincuentes. Se pasó de la observación del acto a la intromisión en la vida. La cárcel produce al delincuente como sujeto controlado, como sujeto patologizado, el cual debe experimentar un encauzamiento de su conducta. Se cambió el verdugo por un numeroso grupo de técnicos que ahora controlan todos los actos: vigilantes, capellanes, psiquiatras, médicos, educadores y psicólogos; todos ellos presentes de manera continua al pasar de un régimen disciplinario a otro. De la sociedad del espectáculo público de la tortura se pasó a la sociedad de la vigilancia, y es a esto que Foucault llama sociedades disciplinarias.

Las disciplinas que acompañan el ejercicio penal, facilitan un estado de control sobre el individuo en todas sus acciones, y no solo sobre la infracción que ha cometido, sino sobre “lo que son, serán y pueden ser”. Foucault define las disciplinas como “aquellos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que le sujeta sus fuerzas y que establece una relación de ‘docilidad-utilidad’”. Y además aclara que hay disciplinas cerradas y visibles (panóptico), siendo estas últimas las que concentran más su atención. En gran parte del texto se detiene en el análisis de la estructura arquitectónica del panóptico (Bentham), el cual, evidentemente funda un nuevo dispositivo de poder: el panoptismo, que en principio opera como una forma de huida de la peste pero que luego se afianza como efectivo mecanismo para el control social y político, para hacer dóciles los cuerpos luego del “beneficio” que les genera el encierro (la “resocialización”: domesticar bajo la vigilancia y el control). Desde un lugar inaccesible, un observador tiene control sobre todas las acciones de los sujetos encerrados. Ese observador cosifica al otro, lo convierte en una cosa a controlar. En últimas, lo que busca el panoptismo es atravesar y acondicionar el cuerpo social, luego de disociar la pareja ver/ser visto, aislar a los condenados, penetrar el comportamiento de los sujetos y modelarles la conducta, instalar una organización jerárquica y hacer que el poder se desindividualice y se automatice.

panoptico de Jeremy Bentham

Representación del Panóptico de Jeremy Bentham

Podemos decir que Foucault realiza un nuevo estudio enmarcado en el campo de la criminología; elabora una genealogía de la pena y del sistema penal partiendo no precisamente desde este, sino desde la cárcel para entender cómo funciona aquel. Las técnicas punitivas, según Foucault, responden menos a un interés jurídico que a un interés político (anatomía política). Esta búsqueda está perfectamente ubicada dentro del interés central de Foucault: el estudio de los micropoderes, en este caso, los que se establecen en diversos escenarios de control (los psiquiátricos, la salud pública, la sexualidad, las prisiones, las escuelas y los hospitales). El esquema de Vigilar y Castigar establece los siguientes recorridos: Suplicio/Castigo/Disciplina/Prisión. Y lo más terrible que el autor alcanza a entrever es que la cárcel logra volver legítimo y natural el poder de castigar y hacer que se adopte la penalidad como algo necesario. De esta manera, resulta evidente que el interés de Foucault es por la política, por la “ontología política de la verdad” tras entender el poder como algo que circula y funciona en cadena, que no se aplica a los individuos, sino que circula a través de los individuos. El poder como dispositivo se hace íntimo con el surgimiento de la prisión, y ya no es solo el Estado quien lo ejerce como pastor, sino que ahora, éste es benefactor, protector y controlador de esas pequeñas relaciones de poder. En adelante, el poder se ejerce sobre el cuerpo entendido como un bien accesible. Es decir, se desarrolla una “economía política del cuerpo” y sobre eso, precisamente, continuará investigando Foucault en su Historia de la sexualidad y en sus posteriores seminarios.

El desarrollo del panoptismo como dispositivo de control, genera, en principio, la necesidad de estudiar al ser humano de manera técnica, por parte de un cuerpo especializado en cuestiones científicas, pero más adelante continúa a través del surgimiento, entre otras, de las ciencias humanas (que buscan hacer al hombre cognoscible) las que permiten instalar, en gran medida, una dominación-observación bastante sutil y pretendidamente generosa. Es así como se va entrando en una nueva dinámica de dominación que Foucault llama Sociedades de seguridad, en sus seminarios  Seguridad, territorio y población y Nacimiento de la biopolítica. En las sociedades de seguridad el poder actúa sobre las acciones de los individuos y no sobre el individuo directamente. Las acciones se enfocan sobre los acontecimientos, sobre las acciones posibles, e incluyen el análisis del medio en el que se desarrollan. No es que Foucault haya desconocido la variación que iban teniendo las sociedades disciplinarias, pues en estos seminarios queda claro que alcanzó a entrever unas nuevas formas de control que van más allá del encierro, solo que él las llama de otro modo: “seguridad”, y las enfoca sobre la población, no sobre los públicos, el nuevo objetivo sobre el que también se enfocará el control, tal como más adelante nos lo mostrará Mauricio Lazzarato. Por otra parte, al hablarnos de la regulación que ejerce el Estado por medio de la biopolítica, Foucault nos lleva a entender que el control ya no es sobre el cuerpo sino sobre el hombre vivo, que a las técnicas disciplinarias se le han sumado las técnicas biopolíticas, es decir, que se ha establecido un biopoder (el poder que se ejerce sobre la vida) por medio de políticas de familia y políticas de salud, el cual apunta hacia una multiplicidad, hacia una masa global: la población. Si bien es cierto que Foucault ubica la génesis de estas técnicas en siglos anteriores, encuentra que el mayor éxito de ellas tiene lugar luego de la Segunda Guerra Mundial, con la instauración de los Estados Bienestar.

 Modulaciones para el control

En el texto “Post-scriptum sobre las sociedades de control” (1990), Gilles Deleuze advierte que Foucault alcanzó a vislumbrar la crisis de las sociedades disciplinarias, que estas dejaban de ser tan poderosas o únicas y que nos aproximábamos a las Sociedades de control, las cuales ya no funcionaban mediante el encierro sino mediante el control continuo, la comunicación instantánea y la acción a distancia. La idea del control la retoma Deleuze del texto, Los límites del control (1978) del escritor William Burroughs, para quien el máximo control nos estaba dado por las mismas palabras. El breve y un tanto olvidado escrito de Deleuze, hoy sigue siendo muy oportuno para introducirnos en el estudio de las nuevas técnicas de control. La vuelta de la mirada hacia Foucault sirve para reiterar que desde el siglo XIX han funcionado de manera eficaz unos lugares de encierro continuos (familia, escuela, cuartel, fábrica, hospital, cárceles) los que han manejado unos principios comunes: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo y conformar una fuerza productiva. Pero, a decir de Deleuze, los espacios disciplinarios ya no tienen la misma operatividad de antaño, pues mientras que los encierros responden a lógicas y estructuras analógicas (moldes), en los sistemas de control hay modulaciones que cambian constante e imprevisiblemente.

deleuzeEn un régimen de control nada se termina nunca. Se está en órbita ondulante. El control es a corto plazo y rotativo pero continuo e ilimitado. Se hace inmanente al campo social aunque aparezca difuso, y ahí, precisamente, radica su potencial[1]. Del encierro se ha pasado al endeudamiento. La preocupación ya no es por rehabilitar a los presos, sino por cansarlos,  agotarlos, excluirlos, anularlos, en fin, hacerlos inocuos. Ya no se necesita el encierro sino la vigilancia, la ubicación en todos los momentos. De la vigilancia “encerrada” hemos pasado a la “genérica” que es más amplia (de Bentham a  Orwell). Ahora se es vigilado por un gran panóptico en la casa, en la calle, en el bar, en el centro comercial, en la universidad… Según Deleuze, nos están encerrando el afuera, el espacio abierto, la posibilidad transformadora, el devenir revolucionario, la variación. Ahora se modulan las subjetividades que han salido del encierro al espacio abierto y ya no se las neutraliza sino que se las controla.

Siguiendo esta oscura práctica, en Bogotá se ha instalado desde el 2013, un sofisticado sistema de tecnología para el control conocido como Centro Estratégico de Información Penitenciaria, con el que se podrá vigilar de manera simultánea y en tiempo real lo que ocurre en 40 establecimientos carcelarios y penitenciarios del país. Según informaron en su momento los medios de circulación masiva, “el Centro está compuesto por un ‘videowall’ o mural de video, con 16 monitores de 55 pulgadas tipo LED que presenta las imágenes de 400 cámaras de circuito cerrado de televisión instaladas en sitios estratégicos de los penales más grandes del país, como los de Valledupar, Ibagué, Itagüí, Cómbita y Girón. El sistema cuenta, además, con tableros interactivos digitales, monitores auxiliares de 60 pulgadas, un sistema de videoconferencia, otro de audio con amplificadores y micrófonos de mesa. En las cárceles del orden nacional, las cámaras del circuito cerrado son de alta definición IP, con rotación de 360 grados sobre su eje y antivandálicas”. Pero aún hay más sofisticados mecanismos para el control, pues según comentaba el director nacional penitenciario del momento, “el nuevo centro también permite tener información de los reclusos como edad, sexo, día en que ingresa, el delito por el que fue condenado, el tiempo de pena que ha redimido, las citaciones a audiencias, el traslado de cárceles y hasta su morfología”[2].

Y como era de esperar, estas dinámicas de control se vinculan directamente con las nuevas formas que ha tomado el capitalismo para seguir ejerciendo su poderío. El control que anuncia Deleuze es un nuevo régimen de dominación del capitalismo, el cual ha dejado de concentrarse en la producción para “avanzar” hacia la superproducción. Ya no está interesado en comprar materias primas y vender productos terminados, ahora le interesa vender servicios y comprar acciones. La fábrica ha sido cambiada por la empresa, una institución etérea que establece variaciones en el salario, el cual depende ahora de la respuesta que presente el trabajador frente a los incentivos que se le ofrecen, es decir, se instala la competencia, la rivalidad, la división. El nuevo capitalismo no es de producción sino de productos (ventas y mercados) y lo que requiere son gestores más que trabajadores. Para manejar el mercado hay que obtener el control y esto se da a través de la fijación de los precios. El sector más importante en las empresas es el departamento de ventas y su instrumento de control es el marketing. De ahí los nuevos servicios que se ofrecen: investigación y desarrollo de estrategias, mecanismos de comunicación, posicionamientos de marcas, medidores de audiencia, certificaciones, auditorías, asesorías en políticas de calidad, por nombrar solo algunos.

Posesciptunm

En su Post-scriptum, Deleuze nos habla del paso desde las “sociedades disciplinarias” hacia las “sociedades del control”

Por otra parte, también se generan ampulosos discursos que conducen al control (el terrorismo, la seguridad, la democracia, los derechos humanos, los gustos del público, las políticas de calidad), de donde surge la necesidad de hacer monitoreos, auditorías, estadísticas, “guerras preventivas”. Es por eso que Deleuze también se refiere al influjo que ejercen las teorías comunicativas, los “universales de comunicación”, las supuestas “revoluciones comunicacionales” que no son más que dispositivos de control para “sujetar a los sujetos”. El discurso de la “seguridad”, tras imponer el discurso del terror, se afianza con la política de la comunicación, tan promocionada y protegida por el neoliberalismo. En una línea similar, Foucault nos dice que una sociedad no se define por sus modos de producción, sino por los enunciados que la expresan y por las visibilidades que la efectúan (lo enunciable y lo visible, pero no entendidos como dualidad sino como un afuera abierto, como una virtualidad). Ante esta evidencia del poderío que ejerce la comunicación, surge como práctica anti-control, el ritornelo, la posibilidad creadora (artística), que no necesariamente equivale a comunicar. Por eso Deleuze genera la inquietud de que quizás, en bloques de espacio-tiempo donde no opere la comunicación como fundamento, es donde podamos empezar a confrontar el control.

El control de los públicos por medio de la información

Maurizio Lazzarato en su texto Políticas del acontecimiento (2006) también nos entrega su visión sobre el nuevo control social que se ejerce desde diversos espacios, básicamente continuando con la reflexión iniciada por Deleuze. Al conjunto de las nuevas técnicas de control, de las tecnologías humanas del gobierno de los demás, Lazzarato las llama “noo-política”. Desde el inicio, el autor sostiene que el nuevo control se ejerce por medio de la información, de “consignas variables” que llevan a constituir hábitos que impregnan la “memoria espiritual”. Las potencias y el poder de las máquinas de expresión son la principal característica de las sociedades de control. Tanto las tecnologías digitales como los medios de circulación masiva buscan conducir a una “normalización” de la información. Dicha normalización no solo se da en el sentido de decir qué hacer, sino usando la máscara aparentemente liberadora del confort, pues los celulares, el internet y los videojuegos al facilitarnos momentos para el goce,  también están contribuyendo al control de forma disimulada[3]. El nuevo gobierno de las almas se desarrolla a través de las máquinas de expresión que crean mundos de consumo. Por eso, la nueva lucha está orientada hacia el manejo de los campos de la información, las bases de datos, las estadísticas, las proyecciones y las transmisiones. Es claro que con esta nueva dinámica también cambian las relaciones de producción; es el caso del teletrabajo tan posicionado en los últimos tiempos, que basa su poderío en la posibilidad de trabajar fundamentalmente con información.

Según Lazzarato, hay una modulación de los flujos de deseos, de las creencias y de las fuerzas que los hacen circular. Nos modelan los cerebros hasta constituir hábitos que se adentran en la memoria espiritual. El hombre-espíritu es el primer sujeto hacia el cual se dirige el control para colonizarle la memoria. Se “modula la memoria y sus potencias virtuales” para instituir una opinión pública, una percepción universal, una inteligencia colectiva. Se actúa sobre las “fuerzas psicológicas”, sobre el mundo sensible. Estos planes, evidentemente responden a una práctica política: es el capitalismo buscando acomodarse para ser más efectivo e imperceptible. Para Lazzarato, “el capitalismo no es un modo de producción, sino una producción de modos”, de mundos aptos para su mejor ejercicio. La variación en el consumo está dada por el interés del consumidor de pertenecer a un mundo, de adherirse a él, de sentirse participativo – ¿Pero acaso podemos participar en la conformación de dichos mundos? –. Los mundos que crea el capitalismo, por supuesto, son cuadriculados, mayoritarios, totalitarios y excluyentes de las singularidades. Son las mismas exclusiones propias de las sociedades de control que encontraba Foucault (a nivel económico, social, discursivo y lúdico); y quienes sufren las cuatro exclusiones son considerados como “locos” que deben ser marcados, perseguidos y excluidos en razón de su diferencia. La gran contradicción (de la cual sabe alimentarse el capitalismo) es que una sociedad tan “segura”, protegida y benefactora, también genera inestabilidades, inseguridades en los empleados (ahora temporales, sin prestaciones, sin pensión). De manera perversa, el nuevo ejercicio del gobierno de las conductas se hace a través de las “desigualdades”.

En un segundo momento, Lazzarato continúa afirmando que el “grupo social del futuro” no es la masa, la clase o la población, sino el “público” (o más bien, los públicos), y que en las sociedades de control, los públicos son los principales modos de subjetivación. ¿Y a cuáles públicos se refiere? Al de los medios, por supuesto, sobre los cuales se imponen tecnologías del tiempo y de la memoria por medio de dispositivos de “acción a distancia” (la televisión y la radio con su preponderante dinámica verbal), que actúan sobre los deseos y las creencias para seguir perpetuando el control.  Retomando el análisis de Gabriel Tarde, Lazzarato nos recuerda que desde  finales del siglo XIX (y a la par con la puesta en práctica de las sociedades de control) se empezaron a elaborar  técnicas dirigidas hacia un grupo social específico: “los públicos”. El caso más notorio tiene que ver con el surgimiento del cine, que definitivamente amplió el espectro referido a los públicos. Según este planteamiento, el público, es decir, la opinión (“la población tomada a partir de sus opiniones”) adquiere la condición de omnipotente. ¿No es acaso a la opinión que se acude para supuestamente definir los itinerarios previamente organizados de acuerdo a las conveniencias productivas? Niños y Jóvenes hitlerianosLa avalancha mediática constantemente nos está invitando a participar con el voto, con encuestas, con llamadas para definir, por ejemplo, la suerte de los participantes en un reality o la de un ministro religioso o la de un político, o los símbolos que nos identifican, o los criterios morales que se deben observar para resolver casos de la vida real. “En sus manos está la suerte de”… “es usted el que decide”… “no deje que otros lo hagan por usted”… intimidantes y manidas consignas pero efectivas y cada vez más potencializadas. Estas acciones están sustentadas por los discursos que dicen respetar la “libertad de opinión” y garantizar la participación y la deliberación. Sin embargo, la realidad nos muestra que no representan dichos intereses, sino que más bien son utilizados para identificar el pensamiento de los votantes y empezar a ubicarlos como potenciales clientes o peligrosos sujetos. No hay que olvidar que en las sociedades de control se producen “modos”, “mundos”, sobre los que se desarrollan las nuevas dinámicas, las cuales nos llevan a interiorizar que lo importante es “pertenecer a un mundo” para sentirnos activos, aunque ya sabemos que no actuantes, pues nunca participamos en la definición de dichos mundos. Y la forma como nos imponen esos mundos es a través de la palabra, los signos y las imágenes. En fin, indagar en la génesis y el desarrollo de los discursos sobre los públicos, es cada vez más oportuno para desentrañar los tejidos que terminan construyendo los abrigos del control.

Finalmente, nos interesa rescatar de Lazzarato su pensamiento acerca de la “multiplicidad” para entender cómo las multiplicidades también han sido capturadas por las máquinas de expresión con su nueva institución que es la “opinión pública”. El pensamiento de la “multiplicidad”, que remite a lo abierto, a lo amplio, a lo no circunscrito a dualidades (lucha de clases, disciplina/seguridad-control) también se ha visto encerrado, coaccionado, confinado, pues por todos los medios se generan modulaciones para crear mundos que apunten a la constitución de un sujeto promedio (homogéneo), desconociendo las singularidades y con ellas, la potencia revolucionaria de la creación. Lo cierto es que el control continúa con el encierro (dispositivos disciplinarios), con la gestión de la vida (dispositivos biopolíticos), con la modulación del cerebro, de la memoria y su potencia virtual (dispositivos de control – noo-políticos). Sin embargo (y ahí radica la potencialidad de la multiplicidad) la continuidad de  los sujetos encerrados, de las diferentes técnicas disciplinarias y de los dispositivos de control en todas las esferas, no dejan de seguir convocándonos para conformar una “cooperación entre cerebros” que nos lleven a producir verdaderas y articuladas multiplicidades para la resistencia, moviéndonos en la indeterminación, en lo imperceptible, al margen de las intenciones totalizadoras.

 

Omar Ardila

 

Notas:

[*] Este texto de Omar Ardila forma parte del libro Pensar es no pensar lo mismo, editado en Colombia en 2017.

[1] Los “Data centers” son edificios protegidos con altísima seguridad, llenos de equipamientos electrónicos y conectados a muy alta velocidad a otros nodos con similares características, donde se guardan todos los datos disponibles en internet. Contrario a lo que comúnmente se cree, dichos datos no se almacenan en los computadores personales, sino que están bajo el control permanente de quienes los confiscan.

[2] Publicado en el periódico El País, 23, 01, 2013. Versión digital consultada en: http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/40-carceles-colombianas-seran-monitoreadas-tiempo-real-desde-bogota

[3] La tecnología DPI (Inspección Profunda de Paquetes) es una industria secreta para el control electrónico masivo. Esta permite que cuando se envía un correo electrónico, antes de llegar al destinatario, vaya pasando por numerosas máquinas que solo se preocupan por verificar la dirección hacia dónde va dirigida, las cuales, supuestamente, no revisan el contenido. Pero ¿podríamos estar seguros de que al pasar por estas máquinas, no habrá alguna que sí se interese por conocer qué dice el mensaje, y quizás, cambiarlo, modificarlo o dirigirlo a otro destinatario? La realidad, en cambio, nos muestra que se ha convertido en una eficaz arma para el espionaje tanto de personalidades como de particulares en el mundo entero, desde hace más de veinte años.

 

Bibliografía

Deleuze, Gilles. “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones, Pre-textos, Valencia, 1996

Foucault, Michel. Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI editores, España, 1978.

Foucault, Michel. Defender la sociedad, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2000

Foucault, Michel. Seguridad, territorio y población, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2006

Foucault, Michel. Nacimiento de la biopolítica, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2007

Lazzarato, Mauricio. Políticas del acontecimiento, Tinta limón ediciones, Buenos Aires, 2006

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica social, Sociedad de control, Sociedad disciplinar

Unabomber Kaczynski o cómo hacer de un genio un terrorista

Roberto Ortega

 

Se suele presentar las matemáticas como las ciencias del orden, de las regularidades aritméticas y geométricas, consonancias que desde el Uno pitagórico se han ido tematizando hacia la noción de armonía de las esferas de Kepler; en tanto el anarquismo suele asociarse al desgobierno, al caos que no contempla ningún orden, ninguna normativa ni principio, por lo que tal vez pueda parecer improbable ―aunque algo de eso ya hay en el “anarquismo epistemológico” de Feyerabend― la existencia de un matemático o científico que a la vez sea anarquista, y más aún neoludista. No obstante ese es el caso de Theodore Kaczynski, matemático-anarquista, crítico radical del sistema capitalista y del reformismo performático y oportunista de la izquierda tradicional y contemporánea, sector al que, debido a su conformismo con la sociedad tecnoindustrial de la época, ha tachado de contrarrevolucionario. Articulando en sus escritos un violento ataque contra el orden dominante, en el que las partes buenas y las malas del sistema tecnológico e industrial contemporáneo ya no pueden ser disociados, por lo que ha planteado su destrucción total.

Cuando el 26 de abril de 1995, Theodore John Kaczynski enviaba al New York Times un paquete sin destinatario que en su interior llevaba un extenso texto titulado La sociedad industrial y su futuro, firmado por el Freedom Club, (Club de la Libertad), conocido luego como el “Manifiesto de Unabomber”, texto que llevaba adjunto una nota que indicaba que si publicaban el manifiesto dejarían de cometer más atentados explosivos, ya era uno de los personajes más buscados por el FBI. Kaczynski, matemático, científico, anarquista y pensador neoludita estadounidense, desde su apego a una suerte de primitivismo naturalista, ha manifestado su aversión hacia la sociedad tecnológica contemporánea, negando la viabilidad de toda posibilidad de progreso tecnológico-civilizacional, pues, para él, la presencia tecnoindustrial en las sociedades contemporáneas, las convierte en opresoras de las libertades naturales del hombre. Analizando los problemas derivados de esta, como la pérdida de la libertad del individuo ocasionada por los efectos erosionantes y nocivos del sistema tecnoindustrial de la época, desde un alegato ludista que aboga por la destrucción del sistema tecnológico e industrial que, a decir de él, tiende a hacerse cada vez más destructor, opresivo y totalitario.

unabomber_tech

Theodore Kaczynski nació en Chicago, Illinois, un 22 de mayo de 1942. A través de un test de inteligencia realizado durante sus años de colegio, se supo que poseía un coeficiente intelectual (IQ) de 167, por lo que fue adelantado de grado, hecho que marcará su vida para siempre, pues, debido a ello experimentará la burla y violencia de parte de sus compañeros mayores. Cursará luego el bachillerato en el Evergreen Park Community High School de Illinois, lugar en el que las matemáticas le resultaron  tan sencillas que tuvieron que incluirlo en una clase más avanzada, lo que le permitirá acabar el bachillerato dos años antes de lo previsto. Por lo que, en 1958, cuando aún contaba con 16 años, accedía a la Universidad de Harvard, lugar en el que se graduará en 1962, para matricularse luego en la Universidad de Michigan en la que hará su máster y doctorado en ciencias matemáticas.

Se sabe que su especialidad fue la “teoría de funciones geométricas”, rama del análisis complejo que lo llevará a graduarse con una tesis doctoral referida a las Funciones de frontera, campo en el que logró solucionar un problema que uno de sus profesores, George Piranian, no fue capaz de resolver. Por lo que alcanzó el premio al mejor trabajo académico del año en 1967. Se dice que sus trabajos sobre funciones circulares eran absolutamente brillantes, y, a parte de su tesis doctoral, llegó a publicar una serie de artículos importantes para las ciencias matemáticas, como “Otra demostración del teorema de Wedderburn”, “Sobre una propiedad de contorno de las funciones continuas”, “El conjunto de convergencia curvilínea de una función continua definida en el interior de un cubo”, “Funciones de frontera y conjuntos de convergencia curvilínea en el caso de funciones continuas” o “Funciones de frontera en funciones armónicas acotadas”.

Hasta entonces nada había hecho presagiar que se convertiría en el ecoterrorista al que la arbitrariedad, el abuso y la acción depredadora sobre la naturaleza, del sistema capitalista, lo empujaron a convertirse. Y, no obstante el prestigio acarreado por el alto nivel de sus investigaciones, Kaczynski solo ejerció de profesor de matemáticas en la Universidad de California, Berkeley, durante un par de años. Pues en 1969, a la edad de 26 años, dimitió de su cargo, porque, según se dice, se había desilusionado del sistema imperante. Tras lo cual se retirará a una de las residencias de sus padres, ubicada en su estado natal. No cabe pensar aquí, en si su predilección pulsional por las Funciones de frontera, tenían algo que ver con su debilidad por los márgenes civilizatorios, por esa noción liminar que ostentará más tarde. Pues se dice que dos años después, un día de 1971, Kaczynski desapareció de la ciudad para irse a vivir solo en una casa de madera, sin agua potable ni electricidad, en las montañas de Montana, decidiendo romper con la civilización para vivir en un entorno natural y silvestre, con cierto grado de autonomía que lo hacían buscar leña para calentarse, cazar y hacer su propio huerto para alimentarse, sin apenas contacto con el mundo exterior, convirtiéndose en un ermitaño.

El Bosco

“La nave de los locos” (1490-1500). Jheronimus Bosch, El Bosco

Permaneció en los bosques de Montana durante 25 años, en una suerte de autoexilio. Hasta entonces nunca había pensado en convertirse en el “terrorista” más buscado, nunca se le había venido a la mente la defensa de la naturaleza por medio de atentados terroristas vía artefactos explosivos y cartas bomba. Solo ocurrió que un día de esos, desde la soledad paradisiaca de su aislamiento, empezó a ver mucha gente, vehículos, motocicletas de nieve y aviones sobrevolando aquellas montañas que siempre lo habían deslumbrado; y decidió ir en búsqueda de plenitud en su lugar favorito de la zona. Cuando llegó a aquel sitio, no encontró lo que esperaba, sino que, en vez de las mesetas erosionadas, las cascadas y la vista espectacular que recordaba, vio una carretera recién construida por la que pasaban ruidosos y contaminantes autos; fue cuando decidió no esforzarse más en conocer o comprender a la naturaleza, sino vengarla, buscar la manera de hacer retroceder al sistema que lo depredaba, iniciando, desde ese momento, su “cruzada” contra el “progreso”.

Y es allí cuando empezó a resquebrajarse todo. Los especialistas dijeron que estaba mal, que padecía una timidez excesiva, algo que llevó a asociar su personalidad a los síntomas del Asperger, pero esa no era la única característica reseñable en él. Pues durante su vida había desarrollado una enorme resistencia a la sociedad tecnológica. Se dice que solía luchar por el regreso a la “vida salvaje”, a través de “una completa y permanente destrucción de la sociedad industrial moderna en cada parte del mundo”, para reemplazar así, a esta sociedad impersonal, esclava y alienada por el consumismo, por otra ideal y de pequeños grupos sociales libres. Es así que Ted, como lo llamaban los amigos, empezó a planificar sus ecosabotajes; primero, destruyendo las máquinas que devastaban la tierra y que la sepultaban bajo cemento y concreto armado; y luego, cuando se dio cuenta de que esa no era una medida suficiente para enfrentar y combatir al sistema dominante, empezó a planificar acciones más violentas contra centros de producción industrial o empresas claves, lo que lo convirtieron en el “ecoterrorista” anarquista más buscado por la Federal Bureau of Investigation o FBI.

Entre 1978 y 1995 Ted Kaczynski realizó 16 atentados con bombas, todas ellas de fabricación casera, en las que no utilizaba materiales modernos. Por lo que los especialistas llegaron a admitir que el que cometía estos actos era un experto en la fabricación de explosivos. Su cabeza llegó a valer un millón de dólares y el FBI gastó cincuenta millones de dólares en investigaciones que nunca dieron resultados. La única pista que tenían de él, era un retrato hablado de una empleada que lo había visto dejar, frente a un almacén de computadoras, un bulto sospechoso que resultó ser una bomba. Por lo que, durante la larga búsqueda policial en pos de capturar al denominado Unabomber –conocido así después de que el FBI acuñara el código para el caso: Unabomb, donde derivado de “University and Airline Bomber”, porque los blancos incluían a aerolíneas y universidades, y serán los medios periodísticos los que terminarán por darle ese nombre― se interrogaron aproximadamente a diez mil sospechosos. Los diversos perfiles realizados sobre el “terrorista de Universidades y Aerolíneas” apuntaban hacia un hombre de inteligencia superior a la media y con estudios en ciencias. Se realizaron retratos robot y se habilitó un número de teléfono para que cualquier persona que pudiera tener información sobre el caso la brinde. Pero todos los esfuerzos por capturarlo resultaron vanos.

triangulacion fractal

Mapeo Fractal de una cadena de montañas

Quien finalmente ayudará a atraparlo será su hermano David Kaczynski, quien reconoció la manera de escribir y las ideas de Theodore, en el texto publicado en el New York Times (periódico al que el 26 de abril de 1995, Unabomber-Kaczynski había enviado, en forma de un paquete sin destinatario, firmado por el Freedom Club, su manifiesto anticivilización: La sociedad industrial y su futuro, conocido también como “Manifiesto de Unabomber”, con una nota que prometía que si publicaban su extenso pronunciamiento dejaría de realizar acciones con explosivos y no cometería ninguna atentado más) y lo denunció al FBI. En dicho texto,  Ted Kaczynski muestra su repulsión hacia la sociedad tecnológica, analiza los problemas sociales que esta conlleva y destaca la pérdida de libertad del individuo causada por el sistema tecno-industrial opresor dominante, además de esbozar una seria crítica al reformismo de la izquierda contemporánea, y ser un coherente alegato ludista, que abogaba por la destrucción del sistema tecnológico e industrial de nuestra época: “La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países «avanzados», pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación. Ciertamente someterá a los seres humanos a grandes indignidades e infligirá gran daño en el mundo natural, probablemente conducirá a un gran colapso social y al sufrimiento psicológico, y puede que conduzca al incremento del sufrimiento físico incluso en países «avanzados»” (de la “Introducción” a La sociedad industrial y su futuro: 1).[1]

Se sabe que luego de la fraternal denuncia, los cazadores del FBI llegaron a la casa de Ted, tocaron tres veces y lo arrestaron, terminando así con una de las mayores pesadillas en la historia policial del FBI. Acción por la que su delator hermano, David Kaczynski, recibió la recompensa de un millón de dólares ofrecida por la captura de Ted  –dinero del que se dice, gran parte donó a las familias de las víctimas. Durante el juicio, Ted asumió la responsabilidad por los tres muertos y los más de veinte heridos resultados por sus acciones terroristas, librándose así de la pena de muerte. En 1998, Kaczynski fue condenado a una cuádruple cadena perpetua, pena que aún cumple en una cárcel de máxima seguridad en Lincoln, Montana, debido a que no aceptó que se le considerara un enfermo mental.

En muchas ocasiones se le ha asociado, debido al aire de familia de sus prédicas, a grupos individualistas como los anarcoprimitivistas, o a izquierdistas radicales a los que él ha criticado esforzándose por mantenerlos alejados; también se le ha vinculado a las “Brigadas rojas”, a la “Facción del Ejército Rojo”, al “Frente de Liberación Animal” y otros grupos de extrema izquierda que ha desdeñado públicamente. Kaczynski, que actualmente cuenta con 75 años, ha llegado a reivindicar sus acciones vía bombas para el “Freedom Club (Club de la Libertad)/Anarquistas Anti-tecnología”. Algunos dicen que lo que podríamos rescatar de él, entre otras cosas, es su remarcado compromiso contra los efectos nefastos de la civilización sobre las posibilidades de libertad del ser humano, su prédica contra el opresor sistema tecnoindustrial que apunta al control del comportamiento social, su denuncia frente al reformismo esnob y desmovilizador de la izquierda contemporánea ―algo también plasmado en “El buque de los necios”[2], relato crítico de la absurda dirección de los Estados, que escribiera, a manera de fábula, aparentemente desde su cautiverio en la prisión de máxima seguridad en Lincoln, Montana―, pero, lo que podría quedar en muchos, es sobre todo su apuesta por la naturaleza salvaje, por la libertad humana oprimida por el yugo deshumanizador de la sociedad contemporánea y su apuesta por el mundo; además del recuerdo de sus comprometidos textos[3], de los cuales puede trascender la idea télica de una liberación total. Por lo que tal vez pudo decir ante la Corte Federal de los Estados Unidos, aunque el grueso de sus ideas están contenidas en La sociedad industrial y su futuro[4]: “Hasta que el poder del sistema industrial haya sido destruido completamente, la destrucción del sistema debe ser el ÚNICO objetivo de los revolucionarios”. Pues las partes malas de la tecnología y del sistema no pueden ser separadas de las buenas, estas tienden y están condenadas a ser complementarias, por lo que es mejor rechazarlas en bloque.

Roberto Ortega

Notas:

[1] La sociedad industrial y su futuro. Leer el texto completo en: http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/unabomber.html 

[2] El Buque de los necios. Una parábola  políticamente incorrecta, de Theodore Kaczynski. http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/buque_necios.html

El buque de los necios, corto basado en el relato del mismo nombre, de Theodore Kaczynski. Los autores de este material “olvidaron” poner los créditos del autor de este relato en este trabajo.

[3] Existe una recopilación parcial de los escritos de Ted Kaczynski, cuestionada por él mismo, titulada en inglés The Road to Revolution, y en francés L’Effondrement du Système Technologique, que data del año 2008.

[4] Fue tras su acción número catorce, tras iniciar su cruzada contra la sociedad tecnoindustrial, que Kaczynski, en un comunicado enviado al New York Times, reivindica sus atentados para el Freedom Club (Club de la Libertad), anarquistas anti-tecnología. Desde su primer dispositivo, colocado en una caja de cigarrillos que contenía explosivos, dirigido a un profesor del Instituto Politécnico de dicha universidad, que fue encontrado en el parking de la Universidad de Illinois, en Chicago, el 25 de mayo de 1978, y reenviado a la Universidad de Northwestern, en la que explotó hiriendo a un vigilante del campus; hasta el último, realizado el 24 de abril de 1995, vía un artefacto que llegó a la sede de la Sociedad Forestal de California, que, pese a que estaba dirigido a un subalterno, causó la muerte del presidente de la Sociedad, cometió 16 atentados. Tras esta última acción, dos días después, el 26 de abril de 1995, el Freedom Club envió la conocida carta al New Tork Times, quienes creyendo que era otra bomba la entregaron al FBI, pero esta carta contenía La sociedad industrial y su futuro, manifiesto que será publicado en setiembre del mismo año, por dicho diario.

Deja un comentario

Archivado bajo Ecologismo radical, Ensayo político, Manifiesto Unabomber, Sociedad de control, Ted Kaczynski