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Aniversario y balance. Una debilidad por las fronteras y los márgenes

La travesía de Laberintos Suburbanos empezó un 2 de marzo de 2015, como un intento de inserción a-estética en el informe espacio de todo lo despreciado, lo banal, lo críptico y contaminado, como una apuesta en pos de una ilustración alternativa, cuya razón luz, desde el principio optara por una suerte de visión tubular, visión que tuviese como analogía, la noción de un centro negro o punto ciego, cuyos márgenes iluminados, inmaculados, vayan abriendo la posibilidad de detenernos en lo poco visible, como praxis de descentramiento de los focos de atención en exfocos que permitan el desocultamiento de lo minoritario, de lo marginal, de lo excluido, para abarcar así todas las variables posibles y pasibles de ser relatadas, enunciadas e historiadas, como apertura hacia multiplicidades y diferencias totalmente nuevas, o simplemente nunca antes vistas ni oídas; ya sean políticas, antropológicas, sociales, sexuales, sub o paraculturales, pero insertas en un espectro en el que lo que se desea elucidar o iluminar no sea lo ya racionalizado, sino lo irracional, lo oscuro, apuntando a aquello que de alguna manera podríamos identificar como antimainstream, pero que no solo se detenga en lo contracultural, sino que en su espacio abarque también lo bizarro, lo monstruoso, lo escabroso y amoral.

Por ello, desde el principio quisimos plantear la idea de viaje como referente de circulación y lectura, en el que cada texto funcionase como una estación o punto de parada y de partida en un intenso, extenso y aleatorio desplazamiento cíclico, a la manera de un metro subterráneo o un mototaxi suburbial, que obedeciera a una retórica incidental, insurrecta y errática; desplazándose por los límites e intersticios de la ciudad. Por los laberintos de una ciudad igualmente codiciada y despreciada; como una urbe formal, pero marcada o asediada por la ilegalidad e informalidad de sus intersticios, fisuras y márgenes, que como alter realidades, se presenten emergiendo desde las zonas opacas u oscuras de la ciudad oficial. En un punto en el que la imagen central o protagónica de Laberintos suburbanos ―imagen muchas veces cuestionada debido a lo que ha representado―, se presenta como la metáfora efectiva de una postal histórica-imaginaria, desde la que se va armando, a manera de rompecabezas, el relato de las múltiples miradas de deseo, de desprecio y de resentimiento hacia “Babilonia la grande”, pero vista o asediada desde sus márgenes, desde el ansia talibanesca de un observador oculto, de un guardián en el centeno, de un celador que observa alucinado la ciudad, pero solo para devastarla.

caosEn ese contexto, la imagen de la ciudad añorada, es vista desde suburbia. Y es desde esa idea o imagen-símbolo, desde la que podemos entender el punto de partida y de llegada de Laberintos suburbanos. Un itinerario manifiesto desde una aspiración localista, pero determinada por una ambición cosmopolita: la de abordar ciudades en abstracto, hasta hacerlas a todas una, pero vistas o visitadas desde sus sedimentos, desde sus fragmentos, desde sus cinturones de miseria e ínsulas, hasta abarcar y comprender todas sus manifestaciones culturales, subculturales y contraculturales, incidiendo en una antropología del “no-lugar” (Marc Augé), para construir desde allí, un espacio-plataforma de abordaje y confrontación crítica sobre la ciudad, sus suburbios y laberintos. Abordando también la noción de “ciudades muertas”, pero vistas desde referencias distintas, asociadas a la idea de destrucción o desvanecimiento de la ciudad cosmopolita, violenta y posmoderna, para construir otra ideal.

Desde el principio esas han sido nuestras razones, sobre todo porque irrumpimos en un momento que considerábamos crucial, insertándonos en un contexto en el que experimentábamos lo que sartreanamente se ha evidenciado como una suerte de náusea existenciaria; una sensación óntica e individual que al ser traspasada a lo social, se fue convirtiendo en actitud sociopolítica. Presentándonos cada posibilidad de canalización y diseminación de ideas como salidas nuevas, como ensayos nuevos o vías de escape hacia posibilidades otras, posibilidades que nos han ido proveyendo de pretextos para abordar y repensar discursos o símbolos ubicados en los márgenes casi siempre invisibles y ausentes de la ciudad, como (ex)centros de lo discriminado, de lo segregado, de lo criminalizado por lo que hemos aprendido o se nos ha enseñado a conocer como cultural oficial o real, para desdeñar otras posibilidades.

Por ello lo pensamos y asumimos la especificidad de estos discursos ―como signos foucaultianos de poder― y su exterioridad, desde donde aspiramos albergar y tolerar no solo lo normalizado o domesticado dentro de los parámetros estéticos y políticamente correctos de la sociedad, asumiendo que se discrimina y desdeña todo lo que no puede entenderse o racionalizarse desde el interior de los prejuicios, a manera de obstáculos epistemológicos (Bachelard), sino también el espectro amplio de lo anómalo y marginal, en una suerte de exterioridad deleuzianamente rizomática que va construyendo, a manera de enclaves, guetos o centros de concentración, archipiélagos de otredad que van diseminándose en el interior “mismo” de la mismiedad; en una geografía metropolitana que va adaptando sus necesidades a nuevos esquemas de control y represión.

En este sentido, no obstante que parecemos habitar en un espacio culturalmente democrático, normalizado, socializado y aséptico, solemos encontrarnos con esos intersticios encubiertos, negados, desacreditados por su impureza, su disonancia o su marginalidad simbólica, espacios segregados que son los que resultan propicios para nuevas reflexiones y disquisiciones, desde sentidos nuevos que podrían permitirnos un reabordaje, recreación o clasificación-desclasificación de las diferencias, en eso que Jacques Derrida entendía, en los Márgenes.., que estaba más allá del texto filosófico ―o de cualquier texto en general―, en el que “no hay un margen blanco, virgen, vacío, sino otro texto, un tejido de diferencias de fuerzas sin ningún centro de referencia presente”, y que suele albergar racionalidades fronterizas que pendulan, absorben y se articulan, no en el interior de un ethos social, sino en el inter-espacio de múltiples ethos y conciencias, en territorios de recepción, creación y enunciación, pero prestando atención a las zonas marginales o suplementarias de la imagen-texto.

Es por ello que, luego de todo este tiempo, hemos querido presentar esto como una posibilidad (ex)ótica, como un lugar de confrontación que irrumpe en un entorno poco inspirador y delirante que está viendo emerger avatares nuevos de fascismo y microfascismo, pero también nuevas formas de resistencia. Lugares en los que atreverse, luego de un primer impulso que terminó por desarticularnos (2015-2018), derivó en la posibilidad de hacernos reformular estrategias que se fueron tornando más conflictivas y arduas, sobre todo si asumimos esto como plan y plataforma aspiracional, en el deseo de ser o manifestarnos como contrapeso asistémico, al proceso de descomposición y degradación social sistémica que desde sus múltiples manifestaciones se viene repotenciando y normalizando en toda la región.

En este sentido, así como hablamos del histórico fin de ciclo de la izquierda latinoamericana, y del consecuente ascenso de sectores retardatarios y ultraconservadores al poder, entendemos también que los desafíos actuales se han repotenciado. Sobre todo porque este nuevo viaje no implica únicamente asumirnos como ejes o soportes de pluralidad, o de una apertura hacia éticas y estéticas alternativas, que, debido a su condición germinal o marginal, no solo no tendrían espacio en el interior de los circuitos hegemónicos, sino que se les ha combatido, reprimido y condenado en el interior de un espectro en el que la negación solo ha resumido actitudes performáticas y pasivas, en las que la opción por el NO, se presenta únicamente como distanciamiento de prácticas de embrutecimiento desplegadas como política de dominación auspiciada por el mainstream cultural vigente; sino que la consigna sea asumir la labor activa de ir más allá de lo estricta y estérilmente intelectual, para impregnarnos así de estrategias socioculturales y políticas disidentes, que estén relacionadas a una logística, pese a sus parcialidades, de frente único que reaccione contra todo lo que se nos presenta como civilizacional y políticamente abominable.

De ahí que, ante una lógica sociopolítica y cultural de degradación social e individuación sicológica, ya no sea suficiente solo decir NO; sino que se trata de lograr ―con nuestras prácticas cotidianas o temporarias―, que cada vez menos personas opten por el SÍ, y que, desde la negación ante una normalidad que percibimos como enfermiza, podamos aprender a construir un futuro cada vez más integral y abierto. Y es por ello que, desde nuestro planificado nomadismo, hemos querido ser un espacio-plataforma de abordaje crítico, de análisis entorno a visiones enfrentadas sobre lo urbano, lo cultural y lo subcultural. Desde visiones nuevas que canalicen elementos que emergen desde las fisuras y extremos metropolitanos, desde las fronteras de la ciudad amada y detestada al mismo tiempo, desde una urbe que parece reclamar para sí una integralidad real, un mundo ―como decía sub-Marcos― en el que quepan muchos mundos, desde aquella noción de apertura hacia multiplicidades y diferencias no visibles para abrazarlas como propias.

Laberinto subterraneoMuchas veces hemos errado y otras pocas acertado. Pero en nuestro descargo diremos que, pese a que nuestro objetivo ―visto en el manifiesto-exposición de motivos―, como un ejercicio crítico, ha sido abordar, desde las referencias de nuestra especificidad local, como asuntos globales, glocales, o nacionales, los problemas ligados a los márgenes de esa mundialidad política, económica, cultural, psicológica, ideológica y antropológica de las sociedades colapsadas o en tránsito. Dinamizados  por el hecho de querer edificarnos como un espacio de reflexión y trabajo; abrazando, desde aquella pulsión nómade que quisiéramos termine por caracterizarnos, la idea de instituirnos como una plataforma que funcione, al menos aspiracionalmente, como un observatorio de experimentación y terreno de experiencias, pero de efectos colaterales en otros campos como el activismo, el artivismo y la confrontación social. En ese sentido, como lo hemos escrito en nuestro manifiesto-exposición de motivos:

Laberintos Suburbanos: Espacio de crítica, arte, activismo y accionismo, de encuentro y debate en torno a manifestaciones culturales y materias artísticas marginales, minoritarias, transgresoras, subterráneas e intersticiales; en el que la ciudad es abordada desde sus fisuras, desde sus suburbios, desde sus fronteras y extremos metropolitanos. A partir de una poética de lo banal, de lo marginal, de lo trivial, de lo críptico, de lo fragmentario y lo contaminado. Más allá de esto, Laberintos Suburbanos obedece a una lógica incidental, insurrecta, errática y caprichosa, en la que circulan materias nómades, subalternas, aleatorias, subterráneas, inestables, proteicas y marginales, como un observatorio de experimentación y fábrica de experiencias, pero instalado en los límites, en los intersticios y márgenes metropolitanos, a la manera de un celador, como un cazador al acecho u observador oculto que mira alucinado la ciudad para… (LabSub 2015)

Y es en este espectro en el que la mirada alcanza un rol fundamental y constituyente, pues nuestras visiones sobre lo real-social, pero también las suyas sobre lo virtual-emocional, terminan por plantear un tema que resulta aún bastante difícil, pues entendemos que los fines relacionados a la asunción de una estética del NO, asociados a un nomanismo no solo geográfico sino también óntico, permiten, como mecanismo de búsqueda aspiracional de todo lo encubierto o negado, que nuestros ejes funcionen como un espacio u observatorio de experimentación y fábricas de experiencias minoritarias, marginales y múltiples, pero de efectos colaterales en otros campos de la vida, un plataforma u observatorio que tiene como eje de aglutinación a todo lo historiable y/o clasificable, pero abordados desde una noción deconstructora, que asume su debilidad derridariana por los márgenes.

De ahí que, en el interior de esta noción de “Aniversario y balance”, queríamos parafrasear a José Carlos Mariátegui, y tomar nuevamente el título del texto que él escribiera al “celebrar” el segundo aniversario de la emblemática revista Amauta. Y decir también que no se pueden entender la historia en otros términos que en el de la duración, y que “No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento” (Mariátegui 1928). Además de decir que nos esperan largas jornadas de resistencia y participación urbana para evitar que la podredumbre y el horror del pasado  vuelva e intente arrebatarnos nuestra casa, nuestra ciudad y nuestra patria, además del futuro de los que todavía pueden soñar y creen que se puede refrendar la idea o posibilidad de edificar, de construir algo totalmente nuevo con lo poco que aún nos queda.

Finalmente, no nos gustan las cosas tal y como están. Por eso, siempre diremos que nos manifestamos y estamos en contra.

Fernando Cassamar

 

*****

 

 

Laberintos Suburbanos (2019)

Espacio-plataforma de abordaje crítico, desde las fisuras, fronteras y extremos metropolitanos

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Desde el destierro

Un poema de Lenin y el segundo aniversario de Laberintos Suburbanos

 

Al entrar a nuestro tercer año, en Laberintos Suburbanos queremos rendir un ferviente homenaje al Centenario de la Revolución de Octubre, y para ello no hallamos mejor forma de hacerlo que publicar, en nuestro mes de aniversario, este extenso y poco conocido poema de Vladimir Ilich Ulianov Blank – Lenin (1879-1924), político-revolucionario marxista y teórico comunista-socialista ruso, protagonista principal de la Revolución bolchevique de 1917.

Al considerar este texto, un escrito rarísimo en toda la bibliografía de Lenin, se nos ocurrió delimitar uno de los márgenes de la poesía, como correspondiente a ese limbo metarevolucionario, que postula esa suerte de sociedad entre poseía, pensamiento y acción revolucionaria, que demarcaría el hecho, de que la poesía se presente como una suerte de experiencia  previa y necesaria para pasar luego a la acción revolucionaria. Algo parecido le ocurrió al joven Marx, con sus apuntes poéticos, oscuros y amorosos, escritos antes de iniciar su labor filosófico-política en sus trascendentales libros. Como si el campo de la poesía fuera el espacio propicio para templar voluntades, para afinar deseos y detonar conciencias, como ocurrió con Lenin, con la Revolución bolchevique, con Ho Chi Minh, con José Martí o con Javier Heraud.

En este punto, nos encontramos con Desde el destierro, probablemente titulado así por su editor español, y que al parecer viene a ser el único poema escrito por Lenin. Poema compuesto durante los días de primavera de 1907, año en el que Lenin tuvo que refugiarse en una aldea de Finlandia, llamada Selvista, y en la que, según se sabe, mantuvo largas discusiones sobre literatura revolucionaría y creación poética con Piotr Al, sobrenombre utilizado por Gregoire Alexinsky, miembro del Partido Social Demócrata ruso y diputado de Petersburgo en la Duma. Versos que canalizarían los contrariados sentimientos de Lenin, desde el exilio, luego del fracaso de la revolución de 1905, que solo dio paso al establecimiento de una monarquía constitucional y a la creación de la Duma estatal del Imperio ruso: “¡En el combate desigual / por la liberación del trabajo, cayeron víctimas sin nombre!”. Este poema, que debió publicarse en la revista ginebrina, Raduga (Arcoiris), dirigida por G. Alexinsky, que para entonces vivía en Francia, finalmente no apareció, pues la revista dejó de circular poco antes de publicar estos versos firmados simplemente por “Un ruso”.

Aleksandr Gerasimov - Lenin on the Rostrum

“Lenin en la tribuna” (1929-30). Aleksandr Gerasimov

Se dice que el poema completo fue publicado por primera vez en castellano, en mayo de 1973, por la revisa Crisis, traducido por Waldo Rojas, quien lo tradujera directamente de la versión francesa realizada por Gregoire Alexinsky, publicada en la revista L’Arche, París, en 1964; además también tenemos la versión de  la editorial Endymion, 1994, que cuenta con un estudio previo de Rogelio Blanco. Y de hecho, por allí también se dice que este texto posee un escasísimo valor literario y que solo lo salva su carácter histórico-político-biográfico, y tal vez lo emocional de fragmentos como este: “¡Soldados, ahogad vuestros remordimientos / en un pequeño vaso de vodka! / ¡Disparad, valientes sobre los niños y sobre las mujeres! / Matad el mayor número posible de vuestros hermanos para divertir al padrecito. / ¡Y si tu propio padre cae bajo tus balas, / que se ahogue en su sangre vertida por la mano de Caín!”, referido al pogromo de aquel “Domingo sangriento” ruso… Pero aquí eso interesa poco, solo deseamos rendir un homenaje fraterno, cien años después, a Lenin, a Trotski y a todos los que con su vida y obra hicieron posible ese poema mayor, pocas veces escrito y alcanzado, que ha sido la Revolución Socialista de Octubre, la Revolución bolchevique…

Para nosotros, dos años no se cumplen por nada, y en este sentido, continuamos en nuestra apuesta en pos de alcanzar todo lo desdeñado, o quizá casi todo, en nuestra debilidad por las causas perdidas y olvidadas, en nuestra pulsión hacia lo fronterizo, hacia lo fisurado, embarcados en este viaje que está implicando múltiples circulaciones y paradas a través de los márgenes, de los resquicios, de los intersticios políticos, sociales y culturales, en constante movimiento… con problemas varios pero aquí continuamos… (LS).

.

*

Desde el destierro

 

Vladimir Ilich Ulianov – Lenin

 

Borrascoso año aquel.

Los huracanes sobrevolaban el país entero.

Se desataban los nubarrones

y sobre nosotros se precipitaba la tempestad,

el granizo y el trueno.

 

En los campos se abrían heridas,

y en las aldeas, bajo los golpes del azote terrestre,

estallaban los rayos, redoblaban con violencia los relámpagos.

El calor quemaba sin piedad los pechos oprimidos,

mientras el reflejo de los incendios alumbraba

las tinieblas mudas de las noches sin estrellas.

 

Trastornados los elementos y los hombres

los corazones oprimidos por una inquietud oscura,

jadeaban los pechos de angustia

y se cerraban sus resecas bocas.

 

Por millares los mártires han muerto en tempestades sangrientas,

pero no han sufrido en vano.

Ellos, que han llevado su corona de espinas,

por los reinos de la mentira y las tinieblas,

entre esclavos hipócritas,

han pasado con trazo de fuego,

como antorchas del porvenir,

han grabado con un trazo indeleble,

la vía del martirio ante nosotros.

Estampando el sello del oprobio en la carta de la vida,

sobre el yugo de la esclavitud y la vergüenza de las cadenas…

 

El frío arrecia. Las hojas se marchitan y caen,

y cogidas por el viento se arremolinan en una danza macabra.

Se acerca el otoño gris y pútrido,

lagrimeante de lluvia, sepultado de barro negro,

mientras  la vida se hizo detestable y opaca para los hombres.

 

Vida y muerte les fueron igualmente insoportables,

les rondaron sin tregua la cólera y la angustia.

Fríos, vacíos y oscuros como sus hogares, sus corazones,

y de pronto ¡la Primavera!

Primavera en pleno Otoño putrefacto.

La Primavera Roja descendió sobre nosotros,

bella y luminosa como un presente de los cielos

al país más triste y miserable,

como una mensajera de la vida.

 

Una aurora escarlata como una mañana de mayo

se levantó en el cielo empañado y triste,

el sol rojo centelleante, con la espada de sus rayos

perforó las nubes, derruyendo la mortaja de la bruma.

 

Como el fuego de un faro en el abismo del mundo,

como la llama del sacrificio en el altar de la naturaleza,

encendido para la eternidad por una mano desconocida,

trajo hacia la luz los pueblos adormecidos.

 

Las rosas rojas nacieron de la sangre ardiente,

flores de púrpura se abrieron,

y sobre las tumbas olvidadas

se trenzaron coronas de gloria.

 

Tras el carro de la libertad,

blandiendo la Bandera Roja,

fluían multitudes semejantes a ríos,

como el despertar de las aguas en la primavera,

los estandartes rojos palpitaban sobre el cortejo.

Se elevó el himno sagrado de la libertad

y el pueblo cantó con lágrimas de amor

una marcha fúnebre para sus mártires.

 

Era un pueblo jubiloso,

su corazón desbordaba de esperanzas y de sueños,

todos creían en la libertad que sobrevendría,

todos, desde el sabio anciano hasta el adolescente.

 

Pero el despertar sigue siempre al sueño,

la realidad no tiene piedad,

y a la beatitud de las ensoñaciones y la embriaguez

le sigue siempre la amarga decepción.

 

Las fuerzas de las tinieblas se agazapaban en las sombras,

reptando y silbando en el polvo esperan.

Repentinamente hundieron sus dientes y cuchillos

en las espaldas y talones de los valientes.

Los enemigos del pueblo, con sus bocas sucias,

bebían la sangre cálida y pura de los inocentes,

cuando amigos de la libertad,

agotados por caminatas penosas,

fueron sorpresivamente cogidos,

somnolientos y desarmados.

 

Se esfumaron los días de luz,

los reemplazó una serie interminable y maldita de días negros.

La luz de la libertad y el sol se extinguieron.

Una mirada de serpiente acecha entre las tinieblas.

 

Los asesinatos crapulosos, los pogromos,

el lodo de las denuncias son proclamados actos de patriotismo,

y el negro rebaño se regocija con un cinismo sin freno,

salpicado de la sangre de las víctimas de la venganza,

muertas de un pérfido golpe,

sin razón ni piedad,

víctimas conocidas y desconocidas.

 

En medio de vapores de alcohol, maldiciendo, mostrando el puño,

con botellas de vodka en las manos, multitudes de canallas

corren como tropel de bestias.

Haciendo sonar las monedas de la traición,

bailan una danza de apaches.

Pero Yemelián, el pobre idiota,

a quien las bombas han vuelto más tonto y asustadizo,

tiembla como un ratón.

Y en su festón se pone con aplomo la insignia de los Cien Negros.

 

La risa lúgubre de los búhos y las lechuzas

resuena en la oscuridad de las noches,

anunciando la muerte de la libertad y la alegría.

Y un invierno cruel, con la nieve tempestuosa,

viene del reino de los hielos eternos.

 

Con sus nieves espesas, semejantes a una mortaja blanca,

el invierno ha vuelto al país.

Atando a la primavera con cadenas de hielo,

el frío-verdugo le ha dado muerte antes de tiempo.

Como manchas de barro, por aquí y por allá aparecen

las pequeñas islas negras de las aldeas miserables,

sepultadas bajo las nieves.

 

El hambre con la miseria y el frío pálido

por doquier se guarecen en las moradas pestilentes.

A través de la llanura de nieve sin fin,

de las estepas sin medida ni límite,

cuando el viento ardiente del verano trae un calor tórrido,

las aciagas borrascas de nieve van y vienen como blancos pájaros rapaces.

La tempestad aúlla como una bestia salvaje de pelambre enmarañada,

precipitándose sobre todo lo que conserve una gota de vida.

Vuela con estrépito, como una terrible serpiente alada,

En pos de borrar todo rastro de vida de la faz de la tierra.

 

La tempestad doblega a los árboles, quiebra los bosques,

amontona la nieve en las montañas heladas.

Los animales se han guarecido en sus cubiles,

han desaparecido los senderos y el viajero es engullido sin dejar huella.

Magros lobos acuden hambrientos,

yerran sobre los pasos de la tempestad.

Feroces, unos a otros se arrebatan la presa,

aúllan a la luna y tiembla de espanto todo lo vivo.

 

La lechuza ríe, el lechy salvaje golpea las manos.

Ebrios, los demonios negros giran en torbellino,

haciendo chasquear sus ávidos labios, olfatean una gran matanza

y esperan la señal sanguinolenta.

Muerte en todas partes, el hielo cubre todo, todo yace yerto.

Toda vida pareciera esfumada,

el mundo entero es una fosa común, una fosa única

en la que ni siquiera las sombras de la vida libre y luminosa se salvan.

 

Es aún temprano para que la noche triunfe sobre el día,

para que la tumba celebre su victoriosa fiesta sobre la vida …

Aún bajo cenizas se incuba la chispa,

la chispa que la vida reanimará con su soplo.

La flor de la libertad, quebrada y deshonrada

ha sido pisoteada y muerta para siempre.

Los negros se regocijan al ver aterrado al mundo de la luz,

pero en la tierra natal, el fruto de esta flor espera en el subsuelo.

 

En las entrañas de la madre

el grano milagroso se conserva misterioso e invisible,

ha de ser alimentado por la tierra y se reanimará en la tierra

para renacer a una vida nueva.

Llevará el ardiente germen de la nueva libertad,

resquebrajará y fundirá la corteza de hielo,

crecerá y ―árbol gigante― iluminará el mundo con su follaje rojo.

 

El mundo entero surgirá a su luz, y bajo su sombra se congregará a todos los pueblos.

¡A las armas, hermanos! ¡La felicidad está cercana! ¡Coraje! ¡Al combate! ¡Adelante!

¡Despertad vuestros espíritus! ¡Expulsad de vuestros corazones el miedo cobarde y servil!

¡Estrechad vuestras filas! ¡Todos unidos contra tiranos y amos!

¡La suerte de la victoria está en vuestras poderosas manos trabajadoras!

¡Coraje! ¡Este tiempo de desgracias pasará rápido!

¡Levantaos como uno solo contra los opresores de la libertad!

La Primavera llegará… se acerca… ya viene…

¡La roja libertad, tan bella, tan deseada, camina hacia nosotros!

 

Autocracia

Nacionalismo

Ortodoxia

Ya demostraron irrefutablemente sus altas virtudes.

En su nombre se nos golpeaba, se nos golpeaba, se nos golpeaba,

hasta la sangre misma se castigaba a los mujiks,

se les quebraban los dientes,

se sepultaba en los presidios a los hombres encadenados,

se saqueaba, se asesinaba.

Para nuestro bien, según la ley,

para la gloria del zar y la salud del Imperio.

Los servidores del zar daban de beber a los verdugos

con el vodka del Estado y la sangre del pueblo,

sus soldados regalaban a sus rapaces cuervos.

 

Se daba de beber a los ejecutores de las altas órdenes,

se alimentaba a sus cuervos rapaces

con los cadáveres aún tibios de los esclavos rebeldes,

y con los cadáveres dóciles de los esclavos más fieles.

 

Con una oración ardiente, los servidores de Cristo

regaban de agua bendita el bosque de las horcas.

¡Hurra! ¡Viva nuestro zar!

¡Con su nudo corredizo bien jabonado y mejor bendecido!

¡Viva el esbirro del zar,

con su látigo, su sable y su fusil!

 

¡Soldados, ahogad vuestros remordimientos

en un pequeño vaso de vodka!

¡Disparad, valientes sobre los niños y sobre las mujeres!

Matad el mayor número posible de vuestros hermanos para divertir al padrecito.

¡Y si tu propio padre cae bajo tus balas,

que se ahogue en su sangre vertida por la mano de Caín!

¡Embrutecido por el vodka del zar, mata a tu propia madre, sin piedad!

¿A qué temes tú? No es a los japoneses, a quienes tienes adelante.

No temes sino a tus prójimos, a tus propios familiares,

y ellos están del todo desarmados.

 

Una orden se te da, valet del Zar.

¡Sé cómo antes, una bestia de carga, esclavo eterno!

¡Enjuga tus lágrimas con tu manga y golpea el suelo con tu frente!

Oh, pueblo, fiel, feliz

amado por el zar hasta la muerte,

soporta todo y obedece hasta la muerte…

¡Fuego! ¡Látigo!… ¡Golpead!

¡Dios protege al pueblo,

poderoso, majestuoso!

 

¡Que nuestro pueblo reine, haciendo sudar de miedo a los zares!

Con su tropa sin gloria, nuestro zar desencadenado,

con su jauría despreciable de servidores,

sus lacayos festejan,

sin lavar la sangre de sus manos.

¡Dios: protege al pueblo durante los días sombríos!

Y tú, pueblo, ¡protege la Bandera Roja!

 

¡Opresión sin límite!

¡Azote de la policía!

¡Tribunales de sentencias súbitas

como las salvas de las ametralladoras!

¡Castigos y fusilamientos,

horrible bosque de horcas

para castigar vuestras rebeldías!

 

Colmadas están las prisiones,

los deportados sufren infinitudes,

las salvas desgarran la noche,

los buitres se han saciado.

El dolor y el duelo se extienden sobre el país natal.

¡Ni una familia es ajena al sufrimiento!

 

El déspota festeja con los verdugos

su banquete sangriento

¡Vampiro… roe la carne del pueblo

con tus perros insaciables!

 

¡Déspota, siembra el fuego!

¡Monstruo, bebe nuestra sangre!

¡Levántate Libertad!

¡Flamea Bandera Roja!

 

¡Vengaos, castigad!

¡Torturadnos una última vez!

¡La hora del castigo está cercana!

Ya llega el tribunal ¡Sabedlo!

 

¡Por la libertad iremos a la muerte,

a la muerte.

Tomaremos el poder y la libertad,

y la tierra será del pueblo!

 

¡En el combate desigual

por la liberación del trabajo, cayeron víctimas sin nombre!

Sus miradas llamean de amenazas…

¡Repica hasta el cielo, eterno carillón del trabajo!

Golpea martillo, golpea por siempre.

¡Pan! ¡Pan! ¡Pan!

 

¡Marchad, marchad campesinos!

Vosotros no podéis vivir sin la tierra.

¿Os estrujaron los señores,

os oprimirán aún por mucho tiempo?

 

¡Marchad, marchad estudiantes!

Muchos de vosotros serán segados en la lucha.

¡Cintas rojas envolverán los ataúdes de los que hayan caído!

 

¡Marchad, marchad hambrientos!

¡Marchad oprimidos!

¡Marchad humillados

hacia la vida libre!

 

¡El yugo de las bestias reinantes, es nuestra vergüenza!

¡Expulsemos a las ratas de sus madrigueras!

¡Al combate, proletario!

¡Abajo todos los males!

¡Abajo el zar y su trono!

Ya brilla la aurora de la libertad estrellada,

Se expande su llama.

Los rayos de la felicidad y de la verdad

aparecen ante los ojos del pueblo.

El sol de la libertad

nos iluminará a través de las nubes.

 

El canalla del zar,

“¡Bajo las patas de los caballos con ellos!”,

dirá glorificando la libertad

la poderosa voz del toque a rebaño.

Destruiremos las bóvedas de las prisiones.

La justa cólera está rugiendo,

la bandera de la liberación conduce a nuestros combatientes.

 

Tortura, Ojrana,

látigo, cadalso, ¡abajo!

¡Desencadénate, combate de los hombres libres!

¡Muerte a los tiranos!

 

Extirpemos de raíz

el poder de la autocracia.

¡Morir por la libertad es un honor,

vivir en las cadenas, una vergüenza!

Echemos por tierra la esclavitud,

La vergüenza del servilismo.

¡Oh, libertad, danos la tierra y la independencia!

 

Vladimir Ilich. Lenin

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Ciudad Paraíso

UN POEMA DE FERNANDO CASSAMAR Y EL PRIMER ANIVERSARIO DE LABERINTOS SUBURBANOS

Al alcanzar el primer año, queríamos asumir este espacio como un lugar de conflusión, como punto de encuentro y eje de participación y congregación plena, en el que se albergue la integralidad de puntos de vista, de miradas y de voces minoritarias, disidentes, subterráneas y subalternas, que como alter realidades, se presenten emergiendo desde los márgenes, fisuras e intersticios de la ciudad oficial. Y es en este punto en el que la imagen central o protagónica de Laberintos suburbanos −imagen muchas veces cuestionada debido a lo que representa−, se presenta como la metáfora efectiva de una postal histórica-imaginaria, desde la que se va armando, a manera de rompecabezas, el relato de las múltiples miradas de deseo, desprecio y resentimiento hacia “Babilonia la grande”, pero vista o asediada desde sus márgenes, desde el ansia talibanesca de un observador oculto, que observa alucinado y enloquecido la ciudad, pero solo para devastarla.

En ese contexto, la imagen de la ciudad añorada, es vista desde suburbia. Y es desde esa idea o imagen-símbolo, desde la que podemos entender el punto de partida y de llegada de Laberintos suburbanos. Un itinerario manifiesto desde una aspiración localista, pero determinada por una ambición cosmopolita: la de abordar ciudades en abstracto, hasta hacerlas a todas una, pero vistas o visitadas desde sus sedimentos, desde sus fragmentos, desde sus cinturones e ínsulas, hasta abarcar y comprender todas sus manifestaciones culturales, subculturales y contraculturales, incidiendo en una antropología del “no-lugar” (Augé), para construir desde allí, un espacio-plataforma de abordaje y enfrentamiento crítico de la urbe.

Así, dentro de esa noción de “Aniversario y balance”, aquella idea de una metrópoli caníbal, que va devorando en su sobreextensión a otras ciudades pequeñas y periféricas hasta hacerlas una, dentro de ella, se presenta también como un proceso lineal de modernización y progreso, que parte de ciudades planificadas que surgen y se extienden hasta convertirse en megalópolis monstruosas y colapsadas que van arrasando todo a su paso. Pero leídas de manera historicista, con un principio ubicado en un momento fundacional y fabuloso, que como cantar de gesta narra el nacimiento,  construcción u origen de una ciudad.

peacelove

“Peace & Love” (2004). Fernando Cassamar. De la serie El poder es ilusión.

Tal vez por ello, para ir a contracorriente, quizá sea mejor comenzar esta “historia” no por el principio, sino por el final; y apuntar a ese lado apocalíptico de las ciudades, reivindicando nuestra pulsión o debilidad por los márgenes, por lo ubicado más allá de lo establecido, que, por añadidura, nos ubica en el actual contexto de efervescencia y ebullición de las luchas sociales; en un proceso derridariano de deconstrucción y diseminación de protagonismos, en el que se apela a fundamentos nuevos, pero que reconstruyan lo social, desde lo múltiple. Por lo que, siguiendo con esa suerte de “oasis poético” pensado para nuestro mes de aniversario, decidimos publicar “Ciudad Paraíso”, poema del escritor y artista visual peruano Fernando Cassamar, texto que nos acerca a esa noción de “ciudad muerta” −que dentro de nuestra tradición literaria nos podría remitir a la figura de Abraham Valdelomar−, pero que es abordada aquí desde una referencia distinta, asociada a la idea de la destrucción o desvanecimiento de una ciudad cosmopolita, violenta y posmoderna.

En este punto, la idea de paraíso podría definir un estadio ambivalente que tiende entre lo ideal, ligado a la perfección y la bienaventuranza como fin en sí, y lo escatológico marcado por el asedio de la muerte o de lo ubicado más allá de la muerte. Por lo que es tal vez, desde esa idea de empezar por el fin o por la destrucción final, que nuestro autor inicia citando la frase con la que Don Delillo termina una de sus novelas: “The dead city photographed one more time”, para ubicarnos en esta suerte de contrahistoria narrativa y visual cuasi apocalíptica, en la que las aspiraciones de los hombres y la violencia de los Estados transitan o migran de un lugar a otro, de una ciudad a otra. Descritos en versos que tiene por esencia aglutinar conceptualmente esos dos márgenes que nos representan el horror: la idea del viaje como salvación y muerte. (LS).

***

Ciudad Paraíso

 

 

                                                                       La ciudad muerta
                                                             es fotografiada otra vez.
                                                                                    Don Dellilo

 

 

Washington – Nueva York – Washington

Washington – Kabul – Washington

 

Un viaje es un tránsito entre dos puntos

La traslación plena

entre dos planos hemisféricos

que se atraen,

que se repelen

o quizá solo uno de ellos

Como péndulos equidistantes

que en algún momento han de cruzarse

para estallar.

 

Washington – Bagdad – Washington

Washington – El Cairo  – Washington

 

Tal vez por ello

Quizá debamos plantear el viaje

como un vuelo hacia los sueños…

Como el ansiado punto de partida

desde la nada hacia la existencia

desde la nulidad hacia la subsistencia.

……………………………………………..

Pero el prisionero de la tierra solo sueña

dibujando en un mapa imaginario

las múltiples rutas de escapes imposibles

que como trazos alucinados marcan

los ansiados puntos de fuga hacia la ciudad libre.

 

Washington – Al-Djofra  – Washington

Washington – Damasco  – Washington

 

La hora de partir ha llegado

Y el viajero solo espera ser

la evidencia del ser tocado por la ventura

en su éxodo soñado desde la nulidad hacia la fortuna.

 

Pero un avión no significa ese tránsito

Un avión nunca puede significar este tránsito.

Ni siquiera ser la traslación plena entre dos puntos

que se atraen

que se repelen

embarcados en un tránsito vesperal

hacia un futuro que se espera siempre será mejor.

…Y estallamos…

Estallamos

como cuando pretendemos detenernos

en medio de las estrellas.

Acariciando el cielo

como destellos reluciendo

entre los espectros de la inmolación y de la muerte

entre los espectros de la inmolación y la muerte.

 

Washington – Teherán  – Washington

Washington – Mosul – Washington

 

La lluvia arremete nuevamente desde el cielo plomo

dibujando con sus setas luminosas

las estrellas que descienden desde el horizonte

como luciérnagas refulgentes

calcinando la inocencia ante nuestros ojos frágiles

deshidratándonos

desangrándonos en cada calle

en cada esquina

en cada paso de la ciudad repleta

en cada punto de la ciudad ardiente

en cada vértice de la ciudad perdida…

Pero en el imperio del horror

hasta los sueños se transforman en armas…

Y desplegamos nuestros brazos frágiles hacia el horizonte

pero las pesadillas despegan con nosotros…

 

Washington – El vacío – Washington

Washington – La nada – Washington

 

El largo camino desde el horror a la redención

ha terminado

El pasaje entre la vida y la muerte se ha cerrado.

Adiós…

me asfixio…

Ahora ya he tocado fondo.

 

                                                                     

                                      Fernando Cassamar (2004)

 

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Lima caníbal

Un poema de Julio Trino Blanca Vergara y el primer aniversario de Laberintos suburbanos

La travesía de Laberintos suburbanos empezó hace un año -un 2 de marzo del 2015-, como un intento de inserción a-estética en el informe espacio de todo lo despreciado, lo banal, lo críptico y contaminado. Desde el principio quisimos plantear la idea de viaje como referente de circulación y lectura, en el que cada texto funcionase como una estación o punto de parada y de partida en un intenso, extenso y aleatorio desplazamiento cíclico, a la manera de un metro subterráneo o un mototaxi  suburbial, que obedece a una retórica incidental, insurrecta y errática; desplazándose por los márgenes, límites e intersticios de la ciudad. Una ciudad igualmente codiciada y despreciada, como una urbe formal, pero marcada o asediada por la ilegalidad de sus intersticios y márgenes.

En este punto, desde su planificado nomadismo, Laberintos suburbanos ha querido ser un espacio-plataforma de abordaje crítico, entorno a visiones enfrentadas de la ciudad y sus culturas y subculturas. Con miradas emergiendo desde sus fisuras, fronteras y extremos metropolitanos, reclamando para sí, el abordaje de materias minoritarias, ocultadas, transgresoras, subalternas, subterráneas, intersticiales, aleatorias, inestables, proteicas y marginales, para intentar mostrarlas, ventilarlas e historiarlas desde aquella noción de apertura hacia la multiplicidad y la diferencia. En un espectro en el que la que la mirada alcanza un papel fundamental y constructor, primero, pese a que el objetivo −visto en nuestro manifiesto-exposición de motivos− es abordar, desde las referencias de nuestra especificidad local, el problema global, ligado a los márgenes de esa mundialidad política, económica, cultural, psicológica y antropológica de las sociedades en tránsito. Y luego, por el hecho de ser un espacio de reflexión y de trabajo, desde su pulsión nómada, ser una plataforma que funcione, al menos aspiracionalmente, como observatorio de experimentación, pero de efectos colaterales en otros campos del activismo, artivismo y confrontación social.

Saturno

“Saturno devorando a uno de sus hijos” (1636). Peter Paul Rubens.

Por ello, al arribar a este caluroso mes de marzo, en el que Laberintos suburbanos alcanza su primer año, hemos querido hacer una suerte de “oasis poético”, publicando un texto que tiene como sujeto protagónico a la capital peruana. Lima caníbal, poema del escritor español Julio Trino Blanca Vergara, que parece estar atrapado entre dos tiempos: el pasado y el presente, en esa suerte de culturalismo barroco, o de neobarroco imbuido en referentes “industriales”. Dándole a estos desenfadados versos, ese matiz o sonoridad antigua, inacabada y posmoderna, al mismo tiempo, hasta concretar la imagen característica de la Lima actual.

De hecho, esto nos lleva a reconsiderar aquella larga tradición representacional limeña, dentro de lo poético. Una línea que podría remontarse al siglo XVIII, con Pedro de Peralta Barnuevo, célebre autor criollo de “Lima fundada”, “Júbilos de Lima” o “Lima triunfante”, iniciador de versos que terminaron de definir aquella arcádica y celebrada imagen de la capital peruana. Una ciudad de pasado glorioso, cuyo culto colonial, hispanófilo y pasatista, emocionalmente se extenderá hasta aquella mención iconoclasta que hiciera en uno de sus “fechados”, el poeta César Moro: “Lima la horrible”, frase que será tomada como bandera por Sebastián Salazar Bondy, en su proclama o discurso “desembrujante”, “exhorcizante” y renovador de la Lima contemporánea. (LS).

   * * *

Lima caníbal

 

(La casona herida de adobe se cae

En habitaciones desnutridas technicolor:

Atornilla las hojas de metálico flúor

Al furor del poeta vidente.)

 

Polifémica hirsuta, de filamentos y huecos,

Con cadenas en el desierto,

Bestial, acuclillada;

Virreinada analmente.

 

De fierro coronada y encarnada,

Sin salida conocida,

Traga calima junto los jugos,

Y, vaporosa de fog, susurra smog.

 

Clítoris estriado en forma de avenidas.

La combi de los durmientes cabizbajos,

Cerdos atados, en la noche, en una cuneta.

Sed de arena, odres con ropa de mestizo…

 

Urólogos, haraganes, colegialas,

Especuladores, tullidos, criollos,

Peke- Pekeros, emolienteros,

Algún que otro inocente….

 

Saturno devorando a sus insomnes hijos

E Ícaro inconcluso sobre la espalda;

Hastiada por las bridas del Regreso,

Teje cabellera interna del útero bicolor.

 

Y cuando la caminan con una fantástica melopea,

La noche moja su fuego

Y tzantzea por detrás, con rudeza,

Con signos arcanos grabados de frente.

 

¡Lima Caníbal!

 

No sabe que no sobrevivió a Majdanek,

Sí de sus pechos horadados por invasiones comuneras.

Gallos de campesinos alienados

Despiertan a las mujeres de ojos morados.

 

Atrapado en tu briquet industrial,

Me revelas la fibra del bronce- prócer,

Naipes abandonados en la acera

Y la decadencia del futuro.

 

(Lluvia ácida sobre mi ceviche siempre

Hielo en la aorta y ausencia de mar:

Introducido en tu sexo distópico

Veo comedias en un sótano húmedo.)

 

                                  Julio Trino Blanca Vergara

 

 

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