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Aniversario y balance. Una debilidad por las fronteras y los márgenes

La travesía de Laberintos Suburbanos empezó un 2 de marzo de 2015, como un intento de inserción a-estética en el informe espacio de todo lo despreciado, lo banal, lo críptico y contaminado, como una apuesta en pos de una ilustración alternativa, cuya razón luz, desde el principio optara por una suerte de visión tubular, visión que tuviese como analogía, la noción de un centro negro o punto ciego, cuyos márgenes iluminados, inmaculados, vayan abriendo la posibilidad de detenernos en lo poco visible, como praxis de descentramiento de los focos de atención en exfocos que permitan el desocultamiento de lo minoritario, de lo marginal, de lo excluido, para abarcar así todas las variables posibles y pasibles de ser relatadas, enunciadas e historiadas, como apertura hacia multiplicidades y diferencias totalmente nuevas, o simplemente nunca antes vistas ni oídas; ya sean políticas, antropológicas, sociales, sexuales, sub o paraculturales, pero insertas en un espectro en el que lo que se desea elucidar o iluminar no sea lo ya racionalizado, sino lo irracional, lo oscuro, apuntando a aquello que de alguna manera podríamos identificar como antimainstream, pero que no solo se detenga en lo contracultural, sino que en su espacio abarque también lo bizarro, lo monstruoso, lo escabroso y amoral.

Por ello, desde el principio quisimos plantear la idea de viaje como referente de circulación y lectura, en el que cada texto funcionase como una estación o punto de parada y de partida en un intenso, extenso y aleatorio desplazamiento cíclico, a la manera de un metro subterráneo o un mototaxi suburbial, que obedeciera a una retórica incidental, insurrecta y errática; desplazándose por los límites e intersticios de la ciudad. Por los laberintos de una ciudad igualmente codiciada y despreciada; como una urbe formal, pero marcada o asediada por la ilegalidad e informalidad de sus intersticios, fisuras y márgenes, que como alter realidades, se presenten emergiendo desde las zonas opacas u oscuras de la ciudad oficial. En un punto en el que la imagen central o protagónica de Laberintos suburbanos ―imagen muchas veces cuestionada debido a lo que ha representado―, se presenta como la metáfora efectiva de una postal histórica-imaginaria, desde la que se va armando, a manera de rompecabezas, el relato de las múltiples miradas de deseo, de desprecio y de resentimiento hacia “Babilonia la grande”, pero vista o asediada desde sus márgenes, desde el ansia talibanesca de un observador oculto, de un guardián en el centeno, de un celador que observa alucinado la ciudad, pero solo para devastarla.

caosEn ese contexto, la imagen de la ciudad añorada, es vista desde suburbia. Y es desde esa idea o imagen-símbolo, desde la que podemos entender el punto de partida y de llegada de Laberintos suburbanos. Un itinerario manifiesto desde una aspiración localista, pero determinada por una ambición cosmopolita: la de abordar ciudades en abstracto, hasta hacerlas a todas una, pero vistas o visitadas desde sus sedimentos, desde sus fragmentos, desde sus cinturones de miseria e ínsulas, hasta abarcar y comprender todas sus manifestaciones culturales, subculturales y contraculturales, incidiendo en una antropología del “no-lugar” (Marc Augé), para construir desde allí, un espacio-plataforma de abordaje y confrontación crítica sobre la ciudad, sus suburbios y laberintos. Abordando también la noción de “ciudades muertas”, pero vistas desde referencias distintas, asociadas a la idea de destrucción o desvanecimiento de la ciudad cosmopolita, violenta y posmoderna, para construir otra ideal.

Desde el principio esas han sido nuestras razones, sobre todo porque irrumpimos en un momento que considerábamos crucial, insertándonos en un contexto en el que experimentábamos lo que sartreanamente se ha evidenciado como una suerte de náusea existenciaria; una sensación óntica e individual que al ser traspasada a lo social, se fue convirtiendo en actitud sociopolítica. Presentándonos cada posibilidad de canalización y diseminación de ideas como salidas nuevas, como ensayos nuevos o vías de escape hacia posibilidades otras, posibilidades que nos han ido proveyendo de pretextos para abordar y repensar discursos o símbolos ubicados en los márgenes casi siempre invisibles y ausentes de la ciudad, como (ex)centros de lo discriminado, de lo segregado, de lo criminalizado por lo que hemos aprendido o se nos ha enseñado a conocer como cultural oficial o real, para desdeñar otras posibilidades.

Por ello lo pensamos y asumimos la especificidad de estos discursos ―como signos foucaultianos de poder― y su exterioridad, desde donde aspiramos albergar y tolerar no solo lo normalizado o domesticado dentro de los parámetros estéticos y políticamente correctos de la sociedad, asumiendo que se discrimina y desdeña todo lo que no puede entenderse o racionalizarse desde el interior de los prejuicios, a manera de obstáculos epistemológicos (Bachelard), sino también el espectro amplio de lo anómalo y marginal, en una suerte de exterioridad deleuzianamente rizomática que va construyendo, a manera de enclaves, guetos o centros de concentración, archipiélagos de otredad que van diseminándose en el interior “mismo” de la mismiedad; en una geografía metropolitana que va adaptando sus necesidades a nuevos esquemas de control y represión.

En este sentido, no obstante que parecemos habitar en un espacio culturalmente democrático, normalizado, socializado y aséptico, solemos encontrarnos con esos intersticios encubiertos, negados, desacreditados por su impureza, su disonancia o su marginalidad simbólica, espacios segregados que son los que resultan propicios para nuevas reflexiones y disquisiciones, desde sentidos nuevos que podrían permitirnos un reabordaje, recreación o clasificación-desclasificación de las diferencias, en eso que Jacques Derrida entendía, en los Márgenes.., que estaba más allá del texto filosófico ―o de cualquier texto en general―, en el que “no hay un margen blanco, virgen, vacío, sino otro texto, un tejido de diferencias de fuerzas sin ningún centro de referencia presente”, y que suele albergar racionalidades fronterizas que pendulan, absorben y se articulan, no en el interior de un ethos social, sino en el inter-espacio de múltiples ethos y conciencias, en territorios de recepción, creación y enunciación, pero prestando atención a las zonas marginales o suplementarias de la imagen-texto.

Es por ello que, luego de todo este tiempo, hemos querido presentar esto como una posibilidad (ex)ótica, como un lugar de confrontación que irrumpe en un entorno poco inspirador y delirante que está viendo emerger avatares nuevos de fascismo y microfascismo, pero también nuevas formas de resistencia. Lugares en los que atreverse, luego de un primer impulso que terminó por desarticularnos (2015-2018), derivó en la posibilidad de hacernos reformular estrategias que se fueron tornando más conflictivas y arduas, sobre todo si asumimos esto como plan y plataforma aspiracional, en el deseo de ser o manifestarnos como contrapeso asistémico, al proceso de descomposición y degradación social sistémica que desde sus múltiples manifestaciones se viene repotenciando y normalizando en toda la región.

En este sentido, así como hablamos del histórico fin de ciclo de la izquierda latinoamericana, y del consecuente ascenso de sectores retardatarios y ultraconservadores al poder, entendemos también que los desafíos actuales se han repotenciado. Sobre todo porque este nuevo viaje no implica únicamente asumirnos como ejes o soportes de pluralidad, o de una apertura hacia éticas y estéticas alternativas, que, debido a su condición germinal o marginal, no solo no tendrían espacio en el interior de los circuitos hegemónicos, sino que se les ha combatido, reprimido y condenado en el interior de un espectro en el que la negación solo ha resumido actitudes performáticas y pasivas, en las que la opción por el NO, se presenta únicamente como distanciamiento de prácticas de embrutecimiento desplegadas como política de dominación auspiciada por el mainstream cultural vigente; sino que la consigna sea asumir la labor activa de ir más allá de lo estricta y estérilmente intelectual, para impregnarnos así de estrategias socioculturales y políticas disidentes, que estén relacionadas a una logística, pese a sus parcialidades, de frente único que reaccione contra todo lo que se nos presenta como civilizacional y políticamente abominable.

De ahí que, ante una lógica sociopolítica y cultural de degradación social e individuación sicológica, ya no sea suficiente solo decir NO; sino que se trata de lograr ―con nuestras prácticas cotidianas o temporarias―, que cada vez menos personas opten por el SÍ, y que, desde la negación ante una normalidad que percibimos como enfermiza, podamos aprender a construir un futuro cada vez más integral y abierto. Y es por ello que, desde nuestro planificado nomadismo, hemos querido ser un espacio-plataforma de abordaje crítico, de análisis entorno a visiones enfrentadas sobre lo urbano, lo cultural y lo subcultural. Desde visiones nuevas que canalicen elementos que emergen desde las fisuras y extremos metropolitanos, desde las fronteras de la ciudad amada y detestada al mismo tiempo, desde una urbe que parece reclamar para sí una integralidad real, un mundo ―como decía sub-Marcos― en el que quepan muchos mundos, desde aquella noción de apertura hacia multiplicidades y diferencias no visibles para abrazarlas como propias.

Laberinto subterraneoMuchas veces hemos errado y otras pocas acertado. Pero en nuestro descargo diremos que, pese a que nuestro objetivo ―visto en el manifiesto-exposición de motivos―, como un ejercicio crítico, ha sido abordar, desde las referencias de nuestra especificidad local, como asuntos globales, glocales, o nacionales, los problemas ligados a los márgenes de esa mundialidad política, económica, cultural, psicológica, ideológica y antropológica de las sociedades colapsadas o en tránsito. Dinamizados  por el hecho de querer edificarnos como un espacio de reflexión y trabajo; abrazando, desde aquella pulsión nómade que quisiéramos termine por caracterizarnos, la idea de instituirnos como una plataforma que funcione, al menos aspiracionalmente, como un observatorio de experimentación y terreno de experiencias, pero de efectos colaterales en otros campos como el activismo, el artivismo y la confrontación social. En ese sentido, como lo hemos escrito en nuestro manifiesto-exposición de motivos:

Laberintos Suburbanos: Espacio de crítica, arte, activismo y accionismo, de encuentro y debate en torno a manifestaciones culturales y materias artísticas marginales, minoritarias, transgresoras, subterráneas e intersticiales; en el que la ciudad es abordada desde sus fisuras, desde sus suburbios, desde sus fronteras y extremos metropolitanos. A partir de una poética de lo banal, de lo marginal, de lo trivial, de lo críptico, de lo fragmentario y lo contaminado. Más allá de esto, Laberintos Suburbanos obedece a una lógica incidental, insurrecta, errática y caprichosa, en la que circulan materias nómades, subalternas, aleatorias, subterráneas, inestables, proteicas y marginales, como un observatorio de experimentación y fábrica de experiencias, pero instalado en los límites, en los intersticios y márgenes metropolitanos, a la manera de un celador, como un cazador al acecho u observador oculto que mira alucinado la ciudad para… (LabSub 2015)

Y es en este espectro en el que la mirada alcanza un rol fundamental y constituyente, pues nuestras visiones sobre lo real-social, pero también las suyas sobre lo virtual-emocional, terminan por plantear un tema que resulta aún bastante difícil, pues entendemos que los fines relacionados a la asunción de una estética del NO, asociados a un nomanismo no solo geográfico sino también óntico, permiten, como mecanismo de búsqueda aspiracional de todo lo encubierto o negado, que nuestros ejes funcionen como un espacio u observatorio de experimentación y fábricas de experiencias minoritarias, marginales y múltiples, pero de efectos colaterales en otros campos de la vida, un plataforma u observatorio que tiene como eje de aglutinación a todo lo historiable y/o clasificable, pero abordados desde una noción deconstructora, que asume su debilidad derridariana por los márgenes.

De ahí que, en el interior de esta noción de “Aniversario y balance”, queríamos parafrasear a José Carlos Mariátegui, y tomar nuevamente el título del texto que él escribiera al “celebrar” el segundo aniversario de la emblemática revista Amauta. Y decir también que no se pueden entender la historia en otros términos que en el de la duración, y que “No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento” (Mariátegui 1928). Además de decir que nos esperan largas jornadas de resistencia y participación urbana para evitar que la podredumbre y el horror del pasado  vuelva e intente arrebatarnos nuestra casa, nuestra ciudad y nuestra patria, además del futuro de los que todavía pueden soñar y creen que se puede refrendar la idea o posibilidad de edificar, de construir algo totalmente nuevo con lo poco que aún nos queda.

Finalmente, no nos gustan las cosas tal y como están. Por eso, siempre diremos que nos manifestamos y estamos en contra.

Fernando Cassamar

 

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Laberintos Suburbanos (2019)

Espacio-plataforma de abordaje crítico, desde las fisuras, fronteras y extremos metropolitanos

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Hambre crónica en el mundo

Santiago Ibarra

 

En un mundo en el que la productividad alcanzada por el trabajo ha superado con creces todo lo logrado en decenas de miles de años de historia, el hambre afecta hoy a más de mil millones de personas en el mundo. El hambre crónica es la principal causa de muertes en el planeta, más incluso que el SIDA, la tuberculosis y la malaria juntas, según el Programa Mundial de Alimentos. Su solución es bastante sencilla; sin embargo, la prevalencia del gran capital monopolista hace imposible que esta se dé. Así, muy lejos de tomar medidas para acabar con el hambre, y evitar la muerte por año de más de 20 millones de personas, los estados del centro han corrido a salvar al gran capital monopolista financiero de la bancarrota, con recursos monetarios públicos que se cuentan por billones de dólares. Este solo hecho es suficiente para darse cuenta de la miseria espiritual del capital.

De otro lado, los llamados Objetivos del Milenio, promovidos por la ONU, no han cumplido con su meta de reducir a la mitad, hasta el 2015, el número de personas en condición de extrema pobreza. Lejos de ello, a raíz de la crisis financiera, entre 2010 y 2011, de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial, más de 70 millones de personas han caído por debajo de la línea de extrema pobreza, gracias a la criminal especulación financiera que se efectúa con los alimentos. Actualmente, en África, 13 millones de personas se debaten entre la vida y la muerte por el encarecimiento de los productos alimenticios y una sequía que la azota, aparte de las personas que en los últimos tiempos ya han muerto por esta misma razón, cuya estimación alcanza en el Cuerno de África -entre abril y agosto de 2011- hasta las 100 mil personas, más de la mitad de las cuales son niños menores de cinco años de edad.

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El problema del hambre mundial, no reside en la baja producción sino en la mala distribución

Según el Banco Mundial, entre 2007 y 2011 el precio de los alimentos ha aumentado en un 83 %. A diferencia del impacto que este incremento ha tenido sobre la vida de decenas de millones de personas, las transnacionales que monopolizan la producción y la comercialización de los alimentos han visto crecer fuertemente sus beneficios. Así, por ejemplo, la empresa Monsanto declaró en 2007 un aumento de sus beneficios en un 44 %, respecto al 2006, mientras que Du Pont declaró un incremento de sus ganancias en un 19 %. Las dos empresas están entre las mayores del mundo en lo que a producción de semillas se refiere. En Estados Unidos, Monsanto controla el 85 % del mercado de semillas de maíz, y el 92 % de las semillas de soja (1).

Es decir, mientras que millones de personas sufren las consecuencias del sistema capitalista mundial y, además, en la actual coyuntura, las consecuencias de la especulación financiera, las transnacionales se ven altamente favorecidas por esta misma razón. Esta es una de las mayores aberraciones que marcan al sistema mundial todavía vigente, la violencia estructural que en el mundo sufren miles de millones de personas.

Este incremento de los precios de los productos alimenticios no es efímero. Según una publicación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “los precios mundiales del arroz, el trigo, el maíz y las semillas oleaginosas en el lustro comprendido entre 2015‑16 y 2019-20 serán un 40 %, un 27 %, un 48 % y un 36 % superiores en términos reales, respectivamente, en comparación con el lustro de 1998-99 a 2002-03.” (2) Asimismo, un estudio de Oxfam del 2010 prevé que, para el año 2030, los precios de algunos alimentos básicos aumentarán a nivel internacional entre un 120 % y un 180 %, un 50 % de dicho incremento debido al cambio climático. Y, se estima que, como consecuencia de este incremento de precios, hasta el año 2050, 24 millones de niños más sufrirán hambre.

Hemos pasado de un período histórico (1945-1970) signado por el pacto entre el trabajo y el capital, más favorable para el primero, a uno en el que el capital desbocado logra imponer sus intereses particulares y mezquinos a costa de la vida de millones de personas. Para algunos, sin embargo, con el objetivo de ocultar la raíz de la catástrofe, la naturaleza y la dinámica del sistema capitalista mundial, el hambre crónica se explica por un supuesto exceso de población. Esta idea proviene de Malthus (1766-1834). Para este autor la población hambrienta crecerá vertiginosamente, dado que mientras que el crecimiento de la población irá en progresión geométrica, el incremento de la producción de alimentos irá en progresión aritmética. Está claro entonces que para los malthusianos los culpables del hambre y la pobreza son los mismos pobres. De ahí que propongan, como solución al problema, el control de la natalidad en los países del Sur. Sin embargo, los hechos históricos desmienten la tesis de Malthus. El verdadero problema es el sistema mundial y el modo de producción capitalista, no el supuesto “exceso de población”.

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Un estudio clásico de De Castro, referido al tema del hambre

En las últimas décadas se ha producido un importante incremento de la capacidad de producción de alimentos. Hoy, con la capacidad productiva existente es posible alimentar a nueve mil millones de personas, en tanto que la población mundial es de siete mil millones. El problema, como se ve, no es que exista una capacidad productiva inferior al número de personas existentes en el mundo. Ocurre todo lo contrario. El problema, consiguientemente, es de distribución. Al respecto, recordemos que las relaciones de distribución son determinadas por las relaciones de producción. Entonces, estas, las relaciones de producción y las de distribución, son las que están en tela de juicio.

No disponemos de datos actuales sobre el incremento de esta capacidad productiva en los países del centro y en los de la periferia. Señalemos que, aunque un poco viejos los datos que hemos encontrado, dan de todos modos una idea de cuánto se ha logrado incrementar la capacidad productiva en la producción de alimentos, muy por encima de la tasa de crecimiento de la población.

De un lado, tenemos que entre 1950 y 1980 la capacidad productiva en los llamados “países desarrollados” aumentó en un 95 %, mientras que la población solo aumentó en un 33 %. Es decir, la producción de alimentos per cápita aumentó en 47 %. De otro lado, tenemos que en este mismo período de tiempo la capacidad de producción de alimentos creció en los llamados “países en vías de desarrollo” en un 117 %, mientras que la población se incrementó en un 88 %. El incremento per cápita de la producción de alimentos fue de un 15 % (3). Empero, a pesar de este incremento en la capacidad productiva, el hambre y la pobreza han aumentado en el mundo.

Así, se colige que alcanzar una alta capacidad productiva no es suficiente para eliminar el hambre. La cuestión del hambre no se origina en una situación de escasez, sino en una de abundancia. Repetimos: el fondo del problema está en las relaciones de producción y en las de distribución.

Si bien es cierto que el hambre crónica y la pobreza se concentran en las periferias del sistema mundial, en el centro, en las llamadas “economías desarrolladas”, no son pocos los que están malnutridos y sufren la pobreza. Así, tenemos que, actualmente en Estados Unidos son 46,2 millones de personas y en Europa 115 millones las personas afectadas por la pobreza. En los Estados Unidos existen 20,5 millones de personas en condición de extrema pobreza. Pero, esta situación de deterioro de las condiciones de vida en este país, y en los de Europa occidental, no es reciente. Ya en la década de 1990, en Estados Unidos, la proporción de trabajadores que perdía su puesto de trabajo aumentó en un 15 %, en tanto que los que lograban reubicarse percibían un ingreso menor en un 14 % (4) Asimismo, entre 1979 y 1999 la mitad de los trabajadores experimentaron descensos de sus salarios de entre el 8 % y el 12 %. Y, de otro lado, mientras bajaban los salarios de los trabajadores, el número promedio de horas trabajadas a la semana aumentaba de 40,6 en 1973 a 50,8 en 1997 (5). Es pertinente recordar que la recuperación económica que se produjo en los Estados Unidos, en la década de 1990, se efectuó sobre la base de una acentuación de la explotación de los trabajadores.

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El hambre como arma de destrucción masiva

En realidad, la precarización de las condiciones de vida de los trabajadores del centro es un fenómeno de largo plazo que empieza a producirse en la década de 1980 y, dadas las características que ha asumido el despliegue del capital a escala mundial en los tiempos contemporáneos, entre ellas su extrema financiarización, es muy difícil pronosticar un giro sustancial de este cuadro.

A la par que el hambre y la pobreza recrudecen, la concentración de los ingresos en los Estados Unidos ha crecido a niveles jamás vistos antes en la historia: el 1% de la población controla actualmente el 69% de los ingresos totales de este país. Asimismo, las cuatrocientas familias más ricas tienen lo mismo que la mitad más pobre, es decir dos mil individuos tienen tanto como el capital acumulado de ciento cincuenta millones de personas (6) Entre tanto, entre 2005 y 2009, el ingreso de la población de origen latino cayó 66 por ciento, de 18 mil a 6 mil dólares, por lo que fue el sector de población más afectado por la crisis, profundizando aún más la desigualdad (7).

Al contrario, en Cuba, con un producto interno bruto bastante inferior al de Estados Unidos, la extrema pobreza y la muerte por hambre no existen, ni tampoco la desnutrición infantil, además de que exhibe uno de los mejores sistemas educativos y de salud del mundo. Y, una cuestión para subrayar, son conquistas logradas sin la masiva inversión extranjera que otros países, como el Perú, reciben, sin dar bienestar a sus poblaciones. (En el Perú, con una inversión extranjera directa de más de 7 mil millones de dólares el 2011 –según la CEPAL- el número de personas en situación de extrema pobreza asciende a casi 4,8 millones de personas) Sin embargo, Cuba es uno de los países más acosados por el imperialismo estadounidense y su aparato mediático. Generalmente, las personas que atacan a Cuba pueden tolerar sin ningún tipo de dificultad el hambre que padecen más de mil millones de seres humanos, o la muerte por hambre de 10,9 millones de niños menores de 5 años al año, pero no las barreras que en Cuba se le impone a la libre movilidad del capital, o la ausencia de libertad para acumular sin límites, o incluso la falta de bienes de lujo. Es, precisamente, la alienación mercantil un pilar fundamental del orden actual, y uno de los grandes obstáculos que hay que derribar para transformar y reconstruir el mundo.

En general, como se sabe, el santificado Estado de bienestar duró muy poco tiempo, entre 1945 y 1970. Luego de la crisis de rentabilidad del capital en la década de 1970, fue paulatinamente erosionado. El ímpetu neoliberal actual en los países del centro no es reciente. Y hoy no existen las bases materiales necesarias para una réplica del mismo. La crisis de económica que afecta a Europa, que tiene su origen en la especulación financiera, constituye el escenario para tomar medidas que benefician al capital financiero. Y las medidas tomadas, de reducción del gasto fiscal, solo pueden provocar un ahondamiento de la crisis, pues al contraerse la capacidad adquisitiva de la población no se estimula el crecimiento del aparato productivo, ocasionando a su vez un aumento de la pobreza en estos países.

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Geopolíticamente, el hambre se concentra en el lado sur del planeta

Si bien es cierto que gran parte de los afectados por el hambre viven en el área rural, y desarrollan sus actividades económicas bajo sistemas productivos obsoletos –hecho que utilizan algunos defensores del sistema para echar nuevamente a los pobres (en realidad, miserables) la culpa de su extrema pobreza-, no puede soslayarse en la explicación del problema la historia de colonialismo que sufrieron y sufren aún continentes como África, Asia y América Latina: saqueo de sus riquezas naturales hasta hoy, endeudamiento externo(8), destrucción de sus sistemas productivos y construcción de una agricultura especializada(9), intercambio desigual creciente; el subsidio de los Estados Unidos a su agroindustria, que provoca la liquidación de la agricultura de otras partes del mundo adonde llegan esos productos; la superexplotación de la fuerza de trabajo bajo distintas formas, etc. La unidad de análisis no puede ser un espacio nacional, aislado del resto del mundo, sino el sistema capitalista mundial como tal, sin dejar de lado, obviamente, las especificidades de cada país o región.

En la actual coyuntura el hambre crónica se agrava por varias razones, entre las cuales destacan la producción de biocombustibles, para cuyo efecto el capital se expande hacia las tierras destinadas a la producción de alimentos, ocasionando un aumento del precio de éstos; la especulación financiera, el negocio en el mercado a futuro; la concentración de las tierras más fértiles en manos del gran capital financiero; el cambio climático, provocado también por el gran capital, que considera “externalidades” todo lo que sea destrucción de la naturaleza (externalidades que deben pagar mayormente los pueblos), y el incremento del precio del petróleo. Todos estos factores determinan el incremento del precio de los productos alimenticios, ¡en un momento en el que se ha alcanzado una productividad mayor a la necesaria para alimentar a toda la población del mundo!

Una cuestión importante relativa al incremento de la capacidad productiva en el rubro alimenticio, es decir, a la tecnología utilizada en este terreno, tiene que ver con el hecho de que la misma provoca la inutilización de grandes extensiones de tierra en un futuro cercano. Este hecho pone en cuestión la búsqueda del incremento de la productividad del trabajo como un fin en sí mismo, sin relación con la satisfacción de las necesidades reales de las personas, y sin relación con la conservación de la naturaleza.

Asimismo, tenemos la conversión de los sistemas productivos agrícolas de los países en monocultivos, pues dejan a estos desprotegidos de la dinámica de la acumulación de capital, y su dependencia del gran capital monopolista crece por esta vía. La inseguridad alimentaria se ha extendido en el mundo. Así, por ejemplo, si en 1960 Ecuador era autosuficiente en trigo, a finales de la década de 1990 importaba el 97 % de lo que este pueblo necesitaba. Por su parte, el Perú produce menos del 10 % del trigo que consume, y Colombia el 3 % (10).

Es fundamental también hacer referencia al hecho de que, mientras que mil millones de personas padecen hambre, y otras cuatro mil millones son víctimas de la pobreza, el gobierno de los Estados Unidos y sus aliados europeos acentúan su militarismo, con la consiguiente degradación de sus sistemas democrático burgueses. El presupuesto militar anual de los Estados Unidos y sus aliados ronda el billón de dólares anuales para financiar sus guerras contra los países periféricos. Ayer fueron Afganistán, Irak, Libia, ahora apuntan a Siria e Irán. Algunos analistas afirman que estas guerras se libran no solo para obtener el control de los recursos naturales existentes en estas tierras, sino también para detener el crecimiento económico de China, impidiendo su libre acceso a los recursos naturales que existen en estos territorios.

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La pobreza según Jeff Gillette, de la serie Dismayland, en la que la fantasía de la “factoría de sueños” se mezcla con la dura realidad

¿Qué hacer? Hay gente para la que la China capitalista de hoy –rival de los Estados Unidos- es un modelo de desarrollo a emular por los países periféricos. No obstante, la China de hoy también sufre, como cualquier país capitalista, de sus contradicciones. De hecho, la crisis financiera ha tenido un impacto en este país, aunque, desde luego, no grave. Hoy mismo se produce en China una creciente sustitución del trabajo vivo por trabajo muerto en sus industrias. Por lo demás, el avance de su industria ha tenido lugar en base a una superexplotación de la fuerza de trabajo de su población -posibilitado por la existencia de un enorme ejército de reserva existente en este país- y sobre la base de la destrucción de la naturaleza. Pero, más allá de esto, el verdadero desafío de los pueblos no consiste en elegir entre uno y otro tipo de capitalismo, sino en salir del capitalismo.

El sistema imperialista no es capaz de dar fin con el hambre crónica. Pues acabar con el hambre crónica en el mundo no es lucrativo y, consiguientemente, no motiva a los capitalistas a hacer algo realmente serio en contra de ella; todo lo contrario: el hambre crónica es incluso funcional a la acumulación de capital, pues presiona a la baja los salarios del ejército activo de trabajadores. El sistema es una gran máquina que produce pauperización, exclusión y desigualdades sociales a niveles jamás registrados en la historia de la humanidad.

El sistema mundial capitalista está en contradicción con los derechos democráticos de las grandes mayorías, ¡al grado que le niega a la inmensa mayoría de la humanidad el elemental derecho a su reproducción biológica! No se exagera un ápice cuando se afirma que el genocidio está a la orden del día.

En base a varios elementos, algunos autores sostienen que la crisis mundial en curso es más profunda que la de 1929. Se habla tanto de la Gran Depresión del siglo XXI como de una Crisis de Civilización. En un artículo reciente, El debate en la Eurozona, el economista Paul Krugman –premio Nóbel de economía 2008, y de quien no se puede sospechar de marxismo- afirmó que está empezando a pensar que “nos estamos encaminando a un resquebrajamiento de todo el sistema”. Para los pueblos, la crisis actual constituye una gran oportunidad para transformar el mundo de raíz. Es necesario luchar por retirar los alimentos de la especulación financiera. Pero es necesario ir más lejos, todo lo lejos que exige la meta última de transformar radicalmente el mundo, meta a la que de cualquier manera no se puede arribar de un solo golpe. De nuevo, no se trata de elegir entre uno y otro tipo de capitalismo, de elegir entre un capitalismo financiero o un capitalismo industrial, sino de salir del capitalismo, de construir una nueva y superior civilización, y esta meta no es posible conseguir sino destruyendo el caduco orden capitalista. Solamente fuera del capitalismo, bajo el socialismo, será posible desbrozar la senda del verdadero progreso de los pueblos.

Santiago Ibarra

 

Notas:

(1) Janaina Stronzake: Alimento: ¿Derecho o mercancía? Hambre y alimento en perspectiva histórica. Bilbao, junio de 2011. El libro está disponible en http://www.rebelion.org/.

(2) El nombre de la publicación es Perspectivas Agrícolas, citado en El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Roma, 2011.

(3) R. Pampillon, “Población mundial y subsistencia 1950-1985” en: Revista de Estudios Agro-Sociales, Universidad de Extremadura, número 149, julio-septiembre de 1989.

(4) Brener, R., citado por Sotelo, Adrián, La reestructuración del mundo del trabajo. Superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo. México D.F., Universidad Obrera de México-Escuela Nacional para Trabajadores-Editorial Itaca, 2003.

(5) Arturo Guillén “La crisis de un mito. La nueva economía y la recesión estadounidense” en revista Trayectorias Nº 8/9 UANL, México, septiembre de 2001-abril de 2002, p. 150. Citado en Sotelo op. cit., p. 68.

(6) “Pobreza en los Estados Unidos: El sueño americano se terminó desde hace rato”, comentario a una publicación de la académica Terry Karl de la Universidad de Stanford, Página 12, 24 de abril de 2012.

(7) Edgardo Lander “¿Un nuevo periodo histórico? Crisis civilizatoria, límites del planeta, desigualdad, asaltos a la democracia, estado de guerra permanente y pueblos en resistencia” F1 Foro Social Temático, Porto Alegre, enero 2012. El texto está disponible en http://www.rebelión.org/.

(8) En 1960 la deuda externa de los países “no desarrollados” era de 18.000 millones, y, hacia 1984 había aumentado a 900.000 millones de dólares. Este incremento de la deuda externa en cincuenta veces determinó una fuga de valor, de trabajo, de capital inconmensurable, porque al monto nominal de la deuda hay que sumar las altísimas tasas de interés. Cfr. Miguel Giribets, El saqueo de África. Marzo 2011, disponible en www.rebelion.org.

(9) Así, por ejemplo, Kenia se especializó en el cultivo de flores para su exportación a Europa, Ghana en el cacao para su exportación al mercado estadounidense. Cuando entre 1986 y 1989 el precio del cacao cayó, la economía entera de este país se vio amenazada. Entre 2002 y 2003 otro tanto pasó con Etiopía, por la caída del precio del café. Cfr. Giribets, op. Cit.

(10) Janaina Stronzake, op. cit.

 

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Unabomber Kaczynski o cómo hacer de un genio un terrorista

Roberto Ortega

 

Se suele presentar las matemáticas como las ciencias del orden, de las regularidades aritméticas y geométricas, consonancias que desde el Uno pitagórico se han ido tematizando hacia la noción de armonía de las esferas de Kepler; en tanto el anarquismo suele asociarse al desgobierno, al caos que no contempla ningún orden, ninguna normativa ni principio, por lo que tal vez pueda parecer improbable ―aunque algo de eso ya hay en el “anarquismo epistemológico” de Feyerabend― la existencia de un matemático o científico que a la vez sea anarquista, y más aún neoludista. No obstante ese es el caso de Theodore Kaczynski, matemático-anarquista, crítico radical del sistema capitalista y del reformismo performático y oportunista de la izquierda tradicional y contemporánea, sector al que, debido a su conformismo con la sociedad tecnoindustrial de la época, ha tachado de contrarrevolucionario. Articulando en sus escritos un violento ataque contra el orden dominante, en el que las partes buenas y las malas del sistema tecnológico e industrial contemporáneo ya no pueden ser disociados, por lo que ha planteado su destrucción total.

Cuando el 26 de abril de 1995, Theodore John Kaczynski enviaba al New York Times un paquete sin destinatario que en su interior llevaba un extenso texto titulado La sociedad industrial y su futuro, firmado por el Freedom Club, (Club de la Libertad), conocido luego como el “Manifiesto de Unabomber”, texto que llevaba adjunto una nota que indicaba que si publicaban el manifiesto dejarían de cometer más atentados explosivos, ya era uno de los personajes más buscados por el FBI. Kaczynski, matemático, científico, anarquista y pensador neoludita estadounidense, desde su apego a una suerte de primitivismo naturalista, ha manifestado su aversión hacia la sociedad tecnológica contemporánea, negando la viabilidad de toda posibilidad de progreso tecnológico-civilizacional, pues, para él, la presencia tecnoindustrial en las sociedades contemporáneas, las convierte en opresoras de las libertades naturales del hombre. Analizando los problemas derivados de esta, como la pérdida de la libertad del individuo ocasionada por los efectos erosionantes y nocivos del sistema tecnoindustrial de la época, desde un alegato ludista que aboga por la destrucción del sistema tecnológico e industrial que, a decir de él, tiende a hacerse cada vez más destructor, opresivo y totalitario.

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Theodore Kaczynski nació en Chicago, Illinois, un 22 de mayo de 1942. A través de un test de inteligencia realizado durante sus años de colegio, se supo que poseía un coeficiente intelectual (IQ) de 167, por lo que fue adelantado de grado, hecho que marcará su vida para siempre, pues, debido a ello experimentará la burla y violencia de parte de sus compañeros mayores. Cursará luego el bachillerato en el Evergreen Park Community High School de Illinois, lugar en el que las matemáticas le resultaron  tan sencillas que tuvieron que incluirlo en una clase más avanzada, lo que le permitirá acabar el bachillerato dos años antes de lo previsto. Por lo que, en 1958, cuando aún contaba con 16 años, accedía a la Universidad de Harvard, lugar en el que se graduará en 1962, para matricularse luego en la Universidad de Michigan en la que hará su máster y doctorado en ciencias matemáticas.

Se sabe que su especialidad fue la “teoría de funciones geométricas”, rama del análisis complejo que lo llevará a graduarse con una tesis doctoral referida a las Funciones de frontera, campo en el que logró solucionar un problema que uno de sus profesores, George Piranian, no fue capaz de resolver. Por lo que alcanzó el premio al mejor trabajo académico del año en 1967. Se dice que sus trabajos sobre funciones circulares eran absolutamente brillantes, y, a parte de su tesis doctoral, llegó a publicar una serie de artículos importantes para las ciencias matemáticas, como “Otra demostración del teorema de Wedderburn”, “Sobre una propiedad de contorno de las funciones continuas”, “El conjunto de convergencia curvilínea de una función continua definida en el interior de un cubo”, “Funciones de frontera y conjuntos de convergencia curvilínea en el caso de funciones continuas” o “Funciones de frontera en funciones armónicas acotadas”.

Hasta entonces nada había hecho presagiar que se convertiría en el ecoterrorista al que la arbitrariedad, el abuso y la acción depredadora sobre la naturaleza, del sistema capitalista, lo empujaron a convertirse. Y, no obstante el prestigio acarreado por el alto nivel de sus investigaciones, Kaczynski solo ejerció de profesor de matemáticas en la Universidad de California, Berkeley, durante un par de años. Pues en 1969, a la edad de 26 años, dimitió de su cargo, porque, según se dice, se había desilusionado del sistema imperante. Tras lo cual se retirará a una de las residencias de sus padres, ubicada en su estado natal. No cabe pensar aquí, en si su predilección pulsional por las Funciones de frontera, tenían algo que ver con su debilidad por los márgenes civilizatorios, por esa noción liminar que ostentará más tarde. Pues se dice que dos años después, un día de 1971, Kaczynski desapareció de la ciudad para irse a vivir solo en una casa de madera, sin agua potable ni electricidad, en las montañas de Montana, decidiendo romper con la civilización para vivir en un entorno natural y silvestre, con cierto grado de autonomía que lo hacían buscar leña para calentarse, cazar y hacer su propio huerto para alimentarse, sin apenas contacto con el mundo exterior, convirtiéndose en un ermitaño.

El Bosco

“La nave de los locos” (1490-1500). Jheronimus Bosch, El Bosco

Permaneció en los bosques de Montana durante 25 años, en una suerte de autoexilio. Hasta entonces nunca había pensado en convertirse en el “terrorista” más buscado, nunca se le había venido a la mente la defensa de la naturaleza por medio de atentados terroristas vía artefactos explosivos y cartas bomba. Solo ocurrió que un día de esos, desde la soledad paradisiaca de su aislamiento, empezó a ver mucha gente, vehículos, motocicletas de nieve y aviones sobrevolando aquellas montañas que siempre lo habían deslumbrado; y decidió ir en búsqueda de plenitud en su lugar favorito de la zona. Cuando llegó a aquel sitio, no encontró lo que esperaba, sino que, en vez de las mesetas erosionadas, las cascadas y la vista espectacular que recordaba, vio una carretera recién construida por la que pasaban ruidosos y contaminantes autos; fue cuando decidió no esforzarse más en conocer o comprender a la naturaleza, sino vengarla, buscar la manera de hacer retroceder al sistema que lo depredaba, iniciando, desde ese momento, su “cruzada” contra el “progreso”.

Y es allí cuando empezó a resquebrajarse todo. Los especialistas dijeron que estaba mal, que padecía una timidez excesiva, algo que llevó a asociar su personalidad a los síntomas del Asperger, pero esa no era la única característica reseñable en él. Pues durante su vida había desarrollado una enorme resistencia a la sociedad tecnológica. Se dice que solía luchar por el regreso a la “vida salvaje”, a través de “una completa y permanente destrucción de la sociedad industrial moderna en cada parte del mundo”, para reemplazar así, a esta sociedad impersonal, esclava y alienada por el consumismo, por otra ideal y de pequeños grupos sociales libres. Es así que Ted, como lo llamaban los amigos, empezó a planificar sus ecosabotajes; primero, destruyendo las máquinas que devastaban la tierra y que la sepultaban bajo cemento y concreto armado; y luego, cuando se dio cuenta de que esa no era una medida suficiente para enfrentar y combatir al sistema dominante, empezó a planificar acciones más violentas contra centros de producción industrial o empresas claves, lo que lo convirtieron en el “ecoterrorista” anarquista más buscado por la Federal Bureau of Investigation o FBI.

Entre 1978 y 1995 Ted Kaczynski realizó 16 atentados con bombas, todas ellas de fabricación casera, en las que no utilizaba materiales modernos. Por lo que los especialistas llegaron a admitir que el que cometía estos actos era un experto en la fabricación de explosivos. Su cabeza llegó a valer un millón de dólares y el FBI gastó cincuenta millones de dólares en investigaciones que nunca dieron resultados. La única pista que tenían de él, era un retrato hablado de una empleada que lo había visto dejar, frente a un almacén de computadoras, un bulto sospechoso que resultó ser una bomba. Por lo que, durante la larga búsqueda policial en pos de capturar al denominado Unabomber –conocido así después de que el FBI acuñara el código para el caso: Unabomb, donde derivado de “University and Airline Bomber”, porque los blancos incluían a aerolíneas y universidades, y serán los medios periodísticos los que terminarán por darle ese nombre― se interrogaron aproximadamente a diez mil sospechosos. Los diversos perfiles realizados sobre el “terrorista de Universidades y Aerolíneas” apuntaban hacia un hombre de inteligencia superior a la media y con estudios en ciencias. Se realizaron retratos robot y se habilitó un número de teléfono para que cualquier persona que pudiera tener información sobre el caso la brinde. Pero todos los esfuerzos por capturarlo resultaron vanos.

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Mapeo Fractal de una cadena de montañas

Quien finalmente ayudará a atraparlo será su hermano David Kaczynski, quien reconoció la manera de escribir y las ideas de Theodore, en el texto publicado en el New York Times (periódico al que el 26 de abril de 1995, Unabomber-Kaczynski había enviado, en forma de un paquete sin destinatario, firmado por el Freedom Club, su manifiesto anticivilización: La sociedad industrial y su futuro, conocido también como “Manifiesto de Unabomber”, con una nota que prometía que si publicaban su extenso pronunciamiento dejaría de realizar acciones con explosivos y no cometería ninguna atentado más) y lo denunció al FBI. En dicho texto,  Ted Kaczynski muestra su repulsión hacia la sociedad tecnológica, analiza los problemas sociales que esta conlleva y destaca la pérdida de libertad del individuo causada por el sistema tecno-industrial opresor dominante, además de esbozar una seria crítica al reformismo de la izquierda contemporánea, y ser un coherente alegato ludista, que abogaba por la destrucción del sistema tecnológico e industrial de nuestra época: “La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países «avanzados», pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación. Ciertamente someterá a los seres humanos a grandes indignidades e infligirá gran daño en el mundo natural, probablemente conducirá a un gran colapso social y al sufrimiento psicológico, y puede que conduzca al incremento del sufrimiento físico incluso en países «avanzados»” (de la “Introducción” a La sociedad industrial y su futuro: 1).[1]

Se sabe que luego de la fraternal denuncia, los cazadores del FBI llegaron a la casa de Ted, tocaron tres veces y lo arrestaron, terminando así con una de las mayores pesadillas en la historia policial del FBI. Acción por la que su delator hermano, David Kaczynski, recibió la recompensa de un millón de dólares ofrecida por la captura de Ted  –dinero del que se dice, gran parte donó a las familias de las víctimas. Durante el juicio, Ted asumió la responsabilidad por los tres muertos y los más de veinte heridos resultados por sus acciones terroristas, librándose así de la pena de muerte. En 1998, Kaczynski fue condenado a una cuádruple cadena perpetua, pena que aún cumple en una cárcel de máxima seguridad en Lincoln, Montana, debido a que no aceptó que se le considerara un enfermo mental.

En muchas ocasiones se le ha asociado, debido al aire de familia de sus prédicas, a grupos individualistas como los anarcoprimitivistas, o a izquierdistas radicales a los que él ha criticado esforzándose por mantenerlos alejados; también se le ha vinculado a las “Brigadas rojas”, a la “Facción del Ejército Rojo”, al “Frente de Liberación Animal” y otros grupos de extrema izquierda que ha desdeñado públicamente. Kaczynski, que actualmente cuenta con 75 años, ha llegado a reivindicar sus acciones vía bombas para el “Freedom Club (Club de la Libertad)/Anarquistas Anti-tecnología”. Algunos dicen que lo que podríamos rescatar de él, entre otras cosas, es su remarcado compromiso contra los efectos nefastos de la civilización sobre las posibilidades de libertad del ser humano, su prédica contra el opresor sistema tecnoindustrial que apunta al control del comportamiento social, su denuncia frente al reformismo esnob y desmovilizador de la izquierda contemporánea ―algo también plasmado en “El buque de los necios”[2], relato crítico de la absurda dirección de los Estados, que escribiera, a manera de fábula, aparentemente desde su cautiverio en la prisión de máxima seguridad en Lincoln, Montana―, pero, lo que podría quedar en muchos, es sobre todo su apuesta por la naturaleza salvaje, por la libertad humana oprimida por el yugo deshumanizador de la sociedad contemporánea y su apuesta por el mundo; además del recuerdo de sus comprometidos textos[3], de los cuales puede trascender la idea télica de una liberación total. Por lo que tal vez pudo decir ante la Corte Federal de los Estados Unidos, aunque el grueso de sus ideas están contenidas en La sociedad industrial y su futuro[4]: “Hasta que el poder del sistema industrial haya sido destruido completamente, la destrucción del sistema debe ser el ÚNICO objetivo de los revolucionarios”. Pues las partes malas de la tecnología y del sistema no pueden ser separadas de las buenas, estas tienden y están condenadas a ser complementarias, por lo que es mejor rechazarlas en bloque.

Roberto Ortega

Notas:

[1] La sociedad industrial y su futuro. Leer el texto completo en: http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/unabomber.html 

[2] El Buque de los necios. Una parábola  políticamente incorrecta, de Theodore Kaczynski. http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/buque_necios.html

El buque de los necios, corto basado en el relato del mismo nombre, de Theodore Kaczynski. Los autores de este material “olvidaron” poner los créditos del autor de este relato en este trabajo.

[3] Existe una recopilación parcial de los escritos de Ted Kaczynski, cuestionada por él mismo, titulada en inglés The Road to Revolution, y en francés L’Effondrement du Système Technologique, que data del año 2008.

[4] Fue tras su acción número catorce, tras iniciar su cruzada contra la sociedad tecnoindustrial, que Kaczynski, en un comunicado enviado al New York Times, reivindica sus atentados para el Freedom Club (Club de la Libertad), anarquistas anti-tecnología. Desde su primer dispositivo, colocado en una caja de cigarrillos que contenía explosivos, dirigido a un profesor del Instituto Politécnico de dicha universidad, que fue encontrado en el parking de la Universidad de Illinois, en Chicago, el 25 de mayo de 1978, y reenviado a la Universidad de Northwestern, en la que explotó hiriendo a un vigilante del campus; hasta el último, realizado el 24 de abril de 1995, vía un artefacto que llegó a la sede de la Sociedad Forestal de California, que, pese a que estaba dirigido a un subalterno, causó la muerte del presidente de la Sociedad, cometió 16 atentados. Tras esta última acción, dos días después, el 26 de abril de 1995, el Freedom Club envió la conocida carta al New Tork Times, quienes creyendo que era otra bomba la entregaron al FBI, pero esta carta contenía La sociedad industrial y su futuro, manifiesto que será publicado en setiembre del mismo año, por dicho diario.

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La Polarización: Ley del Sistema Capitalista Mundial

Santiago Ibarra 

Introducción 

 

A mediados del siglo pasado se fabricó un discurso que prometía a las periferias alcanzar a los centros a través de su industrialización. La industrialización de las periferias tuvo lugar (aunque  de modo desigual), y, luego de realizada, muy lejos de reducir hasta eliminar sus diferencias con los centros, las desigualdades entre estos se han acentuado todavía más. En realidad, este discurso no constituyó sino la forma renovada de aquel otro que, desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, veía en la industrialización el medio que ineluctablemente llevaría a todas las naciones del orbe al progreso y a la prosperidad.

Fracasado el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, desde principios de la década de 1980, los centros imponen a las periferias un conjunto de (contra)reformas que, como décadas atrás, prometía su crecimiento económico y la reducción sistemática de la pobreza. Los resultados, sin embargo, han sido exactamente al revés.

Los neoliberales hacían del mercado un mecanismo autorregulador de los factores del crecimiento económico. A su vez, promovieron la reconversión de los aparatos productivos con destino al mercado nacional hacia industrias con destino al mercado externo, así como la apertura irrestricta de los mercados nacionales a los capitales transnacionales. Como era previsible, ninguna de estas medidas logró hacer realidad los objetivos señalados. La resistencia de los trabajadores afectados con las políticas neoliberales no estuvo ausente, y a fines de la década de 1990 y principios de la de 2000 tendrían lugar varias rebeliones masivas en el continente.

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“El cuarto estado” (1901), Giuseppe Pellizza da Volpedo

En primer lugar, la tasa anual de crecimiento económico alcanzada en América Latina durante el período neoliberal ha sido inferior a la lograda durante el período estatista: “Entre 1990 y 2000, el PIB real de la región (medido en dólares a precios constantes) se incrementó a una tasa anual media del 3,3 por ciento. Dicho crecimiento, aunque mayor al 1,1 por ciento anual, registrado en los años ochenta, fue mucho más bajo que el 5,5 por ciento de alza anual, lograda a medias en 1950-80” (1).

Asimismo, tampoco se revirtió el descenso sistemático de la tasa de crecimiento del producto interno bruto mundial: si hasta la década de 1960, este fue superior al 5 %, en la década de 1970 cae al 4,5 %, en la de 1980 al 3,4 %, y en la de 1990 al 2,9 % (2).

Este fenómeno está, sin duda, asociado a la hiperfinanciarización que la economía capitalista mundial viene experimentando en las últimas décadas. La hiperfinanciarización de la economía capitalista es la estrategia de las clases dominantes para aumentar sus ganancias al máximo en el menor tiempo posible, sin recorrer el tortuoso camino de la producción, en un contexto de decreciente capacidad de consumo de las masas.

En segundo lugar, es esencial mostrar que desde la década de 1950 el porcentaje de precarios (con baja capacidad de negociación, súperexplotados, desempleados, empleados en el sector informal) dentro de las clases populares en la población urbana mundial se ha incrementado –como indica Samir Amin- de menos del 25 % a más del 50 %, de 250 millones a 1.500 millones de personas, llegando a representar en las periferias cerca del 80 %, “registrando una tasa de crecimiento que supera aquella que caracteriza la expansión económica, el crecimiento de la población o el propio proceso de urbanización.” (3)

Por el otro lado, las clases dominantes representan necesariamente a un pequeño sector de la sociedad, pero son quienes más concentran las riquezas producidas por los trabajadores. Así, para algunos casos de países de América Latina tenemos que “a finales de los años noventa, el 10 por ciento de los hogares más ricos de Brasil concentraba cerca del 50 por ciento del ingreso nacional total, en tanto que el 40 por ciento de los hogares más pobres alcanzaba sólo el 10 por ciento del ingreso correspondiente. En Chile, la más moderna y dinámica economía de la región, la participación en el ingreso nacional del 10 por ciento de los hogares más ricos fue del 40 por ciento, y la del 40 por ciento de los más pobres estuvo por abajo del 15 por ciento. Las cifras de México y Argentina, así como las de las otras grandes economías de la región, también muestran una acentuada concentración del ingreso.” (4)

Acumulación de riquezas por un lado, crecimiento de la miseria por el otro. Dos fenómenos que se dan simultáneamente dentro de un mismo proceso: la acumulación de capital a escala mundial. La pobreza es condición absoluta del capitalismo. No es pobreza que se origine en la escasez: es pobreza que se produce como resultado de una creciente capacidad de acumulación de capital, como producto de un incremento de la productividad del trabajo. Bajo el capitalismo, cuanto mayor capacidad de producir riquezas, mayor número de pobres, de excluidos, de población sobrante y mayor sufrimiento, mayor degradación moral. Marx, precisamente, expresaba en los siguientes términos la contradicción inmanente a la acumulación de capital:

Esta ley es la que establece una correlación fatal entre la acumulación del capital y la de la miseria, de modo que la acumulación de riqueza en un polo es igual a la acumulación de pobreza, sufrimiento, ignorancia, embrutecimiento, degradación moral, esclavitud, en el polo opuesto, del lado de la clase que produce el capital mismo. (5)

¿Cómo explicaba Marx la acumulación de capital por un lado y el incremento de la pauperización por el otro? ¿Cómo se explica la concentración de las riquezas en los centros y la concentración de la miseria en las periferias del sistema capitalista mundial?

Marx: La ley general de la acumulación de capital 

La producción de plusvalía es ley absoluta del capitalismo. Tras las apariencias, Marx da con la realidad profunda. En la superficialidad de las cosas, la plusvalía aparece como ganancia: no solo el trabajo, sino también la tecnología y el dinero aparecen como creadores de valor. Marx, por el contrario, demuestra que la ganancia del capital tiene su origen en el trabajo no remunerado del obrero. Vale decir, la acumulación de capital tiene su partida de nacimiento en la explotación de los trabajadores que, a su vez, es posible por la propiedad privada sobre los medios de producción de los capitalistas. El capitalista no tiene otro fin que la maximización de sus beneficios, el incremento permanente de la tasa de plusvalía, con consecuencias desastrosas sobre el hombre y la naturaleza. Este es el secreto de la acumulación del capital, la realidad profunda que Marx develó.

Concentración y centralización del capital: acumulación de capital en la clase capitalista. La libre competencia conduce forzosamente a la concentración y a la centralización del capital. La concentración del capital tiene lugar por la vía de la creciente apropiación por capitales individuales del plusvalor producido por los trabajadores. La centralización del capital tiene lugar por la vía de la absorción y de la fusión de capitales distintos, dando origen a uno mayor.

Incremento de la composición orgánica del capital: creciente pauperización de los desposeídos. El desarrollo del capitalismo, mediatizado por las luchas sociales de los trabajadores y la competencia entre los capitalistas, implica un crecimiento constante de la composición orgánica del capital: la inversión en capital constante es cada vez mayor en comparación a la inversión en capital variable. Hay un menor uso relativo e incluso absoluto de fuerza de trabajo en las industrias, pero hay una mayor capacidad de producción de riquezas. El trabajo muerto sustituye y desplaza al trabajo vivo. A esta población que es expulsada del centro productivo o que queda fuera de él, Marx la llamó ejército industrial de reserva o población excedente. A su vez, esta población sobrante presiona a la baja los salarios y al deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores activos.

Salida de los obreros

Fotograma de la “La Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon” (1895), Hermanos Lumière. En este caso se trata de un numeroso grupo de obreras.

Acumulación de riquezas, de capital, y población excedente, sobrante, y precarización del trabajo en el sector productivo, esto es, pauperismo creciente, son entonces un resultado inmanente al despliegue del capitalismo, “ley absoluta, general, de la acumulación capitalista”. El desarrollo de las fuerzas productivas, de la ciencia y la técnica, bajo el capitalismo –nos dice Marx-, sigue necesariamente un camino contradictorio:

Todos los medios para desarrollar la producción se transforman en medios de dominar y explotar al productor: hacen de él un hombre truncado, fragmentario, o el apéndice de una máquina. Le oponen, como otras tantas potencias hostiles, las fuerzas científicas de la producción. Sustituyen el trabajo atractivo por el trabajo forzado. Hacen que las condiciones en que se desarrolla el trabajo sean cada vez más anormales, y someten al obrero, durante su servicio, a un despotismo tan ilimitado como mezquino. Convierten toda su vida en tiempo de trabajo, y arrojan a su mujer y sus hijos bajo las ruedas del Yaggernat capitalista. (6)

Franz Hinkelammert (7) sostiene la tesis de que lo que se produce en el mundo capitalista es un estancamiento dinámico, que lleva consigo una creciente exclusión de las grandes mayorías. Hay crecimiento intensivo –explica Hinkelammert-, pero no hay crecimiento extensivo. Hay crecimiento intensivo cuando el aumento de la productividad del trabajo es mayor al crecimiento del producto. Hay crecimiento extensivo cuando el crecimiento del producto es mayor al incremento de la productividad del trabajo. Lo que en el mundo hay es crecimiento del producto, en la industria y en la agricultura, y todavía más incremento de la productividad del trabajo, pero no hay generación de empleo. El crecimiento intensivo tiene su fundamento en la incorporación de nuevas tecnologías en los procesos productivos. Tecnología que sustituye y desplaza a los trabajadores. El sector excluido, que proviene del crecimiento demográfico vegetativo y, en las periferias, de la migración campo–ciudad, crece rápidamente. Para no morir de hambre esta población excluida, se autoemplea, y entonces aparece el denominado “sector informal” de la economía, caracterizado por sus bajos ingresos y la precariedad de sus condiciones de vida.

Circunstancias especiales que modifican (relativamente) la ley de la pauperización. La globalización neoliberal, nuevo viraje histórico: la ley de la pauperización se expresa con toda su fuerza

Intelectuales al servicio del sistema capitalista han intentado más de una vez refutar la ley marxista de la creciente pauperización. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo en su conjunto, pero, sobre todo, Estados Unidos, Europa occidental y Japón, experimentaron altas tasas de crecimiento económico, y, a su vez, en estas regiones, los salarios de los trabajadores aumentaban conforme se incrementaba la productividad del trabajo. Samir Amin -destacado marxista egipcio- explica, a partir del materialismo histórico, que este período de bonanza fue breve y especial, pues solo duró hasta mediados de la década de 1970. Y fue especial porque estuvo determinado fundamentalmente por la existencia en el mundo de un triple sistema: a) el sistema soviético, b) el Estado de bienestar de Europa occidental y c) los regímenes populistas de América Latina, todos ellos producto de la lucha de los pueblos por su liberación nacional y por el socialismo. Luego de que se desintegrara el bloque soviético, la suerte de los otros dos sistemas no fue distinta (8).

Periclitado este triple sistema, la correlación de fuerzas habría de ser largamente favorable a las clases dominantes del mundo. En especial, al capital financiero. Y, entonces, la transferencia de excedentes, de valor, de trabajo desde las periferias hacia los centros no impedirá que, en las últimas décadas, la situación material de los trabajadores de estos mismos países sufra un deterioro cada vez mayor. Marx había sido claro: “La acción de esta ley, como la de cualquier otra, resulta modificada, por supuesto, por circunstancias especiales” (9). Estas “circunstancias especiales”, como queda claro, las constituyeron una relación de fuerzas en el mundo más favorable a las clases populares.

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“Escena del mercado” (1550), Pieter Aertsen

Hoy por hoy, en el centro del sistema capitalista mundial, el 40 % de las clases populares en actividad son precarias. Ilustremos el crecimiento de la precariedad en el centro con tres ejemplos. En los Estados Unidos, en la década de 1990, el porcentaje de trabajadores que perdía sus puestos de trabajo se incrementó en un 15 %, al tiempo que los que luego conseguían reubicarse ganaban un 14 % menos en sus nuevos empleos (10). En Francia, el 75 % de los contratos tienen duración definida (11). Bajo la lógica unilateral del capital, el trabajo se precariza también en el centro. No de otra manera pueden entenderse las movilizaciones sociales que en las últimas semanas se vienen produciendo en Francia contra una reforma del sistema de pensiones -promovida por el gobierno de Sarkozy-, que atenta contra los intereses de los trabajadores, al aumentar en dos años la edad de jubilación de los trabajadores, de 60 a 62 años de edad, sino como la necesaria respuesta de estos a los intentos del capital de reducir aún más los costos de la fuerza de trabajo. Mientras tanto, la precariedad dentro de las clases populares urbanas ha pasado a representar del 50 % alrededor de 1950, a cerca del 80 % en la actualidad.

Lenin: el capitalismo imperialista 

Aunque el imperialismo (no el “Imperio”, como plantean Negri y Hardt) haya sufrido cambios fundamentales en las últimas décadas, es importante referirse a algunos aspectos del mismo estudiados y subrayados por Lenin. Lenin destacaba que el imperialismo es el capitalismo monopolista, que surge del capitalismo de libre competencia. (Lenin, a partir de esta premisa, criticaba ásperamente la crítica pequeñoburguesa al imperialismo, que busca sustituir a éste por el capitalismo de libre competencia; Lenin retrucaba: ¡el capitalismo monopolista, el imperialismo, es un engendro de la libre competencia! El imperialismo se caracteriza por el predominio del capital financiero, por la superioridad de éste sobre el resto de capitales, por su política colonial, de pillaje y sometimiento de muchas naciones por un grupúsculo de asociaciones monopolistas, a través de la exportación de capitales y otros mecanismos, lo que le da al imperialismo un carácter rentista, parasitario: “El mundo ha quedado dividido entre un puñado de Estados usureros y una mayoría gigantesca de Estados deudores” (12). Por esto, la cuestión nacional bajo el imperialismo se convierte en un problema álgido, pues la tendencia natural del imperialismo es a la dominación, no a la libertad, a la violación de la independencia política de los Estados nacionales, no al respeto de su soberanía. Los ejemplos actuales sobran, solo mencionemos la actual guerra imperialista que Estados Unidos y sus aliados libran contra Irak.

Samir Amin: La polarización a escala global 

El capitalismo unifica al mundo, pero no lo homogeneiza: lo polariza crecientemente. Samir Amin es tal vez el teórico marxista que en las últimas décadas ha insistido más en la naturaleza polarizante del sistema capitalista mundial, y la ha explicado. El capitalismo integra, unifica al mundo por primera vez en la historia de la humanidad, pero no lo homogeneiza; al contrario, lo polariza crecientemente. Hay que combatir decididamente las ilusiones que siembran las potencias imperialistas, que tienen eco en la burguesía y la pequeña burguesía de las periferias, ilusiones que tienen que ver con la idea de que las periferias pueden alcanzar alguna vez a los centros. El capitalismo es un sistema mundial, y la ley de la pauperización hay que constatarla también a este nivel. Mientras que Marx analizaba la ley de la pauperización al nivel del modo de producción capitalista, Samir Amin lo hace al nivel del capitalismo como sistema mundial, que tiene, sin embargo, su fundamento en aquél.

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“¡Salve la revolución socialista!”, cartel soviético, sin fecha, en él que se ve a Lenin, en la toma de posesión bolchevique de Rusia, 1917.

Cuando los países del centro se constituyeron como tales construyeron economías autocentradas (construcción de industrias de bienes de consumo masivo e industria de bienes de capital en sus propios espacios nacionales), mientras que en los países de las periferias se construían economías extravertidas, especializadas, cuyo motor no se sitúa dentro de las mismos, sino en los centros; vale decir, se constituyeron desde el principio como satélites, como apéndices de las economías capitalistas del centro, al servicio de la acumulación de capital dentro de estos. Esto fue y es posible porque en los países periféricos sus clases dominantes tienen intereses solidarios con el capital monopolista.

La polarización entre centros y periferias es inmanente al despliegue del capitalismo a escala mundial. Mientras que la riqueza se concentra en los centros, la pobreza se concentra en las periferias. Samir Amin explica la situación privilegiada de los centros por la posición de dominio que tienen en el sistema capitalista mundial, por la transferencia de valor que se produce desde las periferias hacia sus espacios nacionales. A su vez, la situación de las periferias se explica por el bloqueo a que están sujetas por la posición que ocupan en el sistema capitalista mundial, por la forma en que se relacionan con el mercado mundial, con las economías capitalistas del centro, por su sometimiento a los intereses de los grandes capitales monopolistas.

Es pertinente recordar que en el Perú, nuestro “Amauta” José Carlos Mariátegui, visionariamente comprendió la naturaleza del desarrollo capitalista periférico en la época del imperialismo: “La condición económica de estas repúblicas [latinoamericanas], es, sin duda, semicolonial, y, a medida que crezca su capitalismo y, en consecuencia, la penetración imperialista, tiene que acentuarse este carácter de su economía” (13).

Cómo funciona la polarización a escala global: el intercambio desigual. Hay que destacar que el subdesarrollo de nuestros países no es tanto igual a la persistencia de formas precapitalistas de producción, como lo pretenden algunos analistas al servicio del gran capital. El subdesarrollo es ante todo un producto de la penetración del capital monopolista en nuestras economías -que las clases dominantes locales hacen posible-, a través de formas como: a) la explotación de sus recursos naturales, b) la exportación e inversión de sus capitales excedentes en nuestras regiones y c) la venta de sus productos manufacturados en los mercados de las periferias (14). Ahora bien, Amin no analiza el intercambio desigual en el plano del intercambio, sino que va al fondo de las cosas, al plano del proceso de producción. En primer lugar, Amin afirma que la producción de mercancías está destinada al mercado mundial y el trabajo que cristaliza en las mercancías tiene también carácter mundial. Una hora de trabajo en dos países distintos, uno del centro y otro de la periferia, produce el mismo valor. Pero el salario del trabajador de la periferia está muy por debajo del salario del trabajador del centro. Esta situación no se debe a las diferencias de productividades, sino a la inmovilidad del trabajo. En las periferias hay superexplotación de la fuerza de trabajo, una tasa de plusvalía muy superior a la tasa de plusvalía que se produce en los centros. Amin lo explica de la siguiente manera:

Es evidente que la hora de trabajo aquí y allá crea el mismo valor, y si la fuerza de trabajo tiene aquí un valor inferior, es decir, si el salario real es inferior, la tasa de plusvalía es necesariamente superior. Los bienes salariales que constituyen la contrapartida real del valor de la fuerza de trabajo son mercancías internacionales que tienen un valor internacional. Si la jornada de trabajo es igual en A y en B (por ejemplo 8 horas), si la remuneración real del trabajador es diez veces superior en B (salario real en B igual a 10 kilogramos de trigo por día contra solamente un kilogramo en A), y si 10 kilogramos de trigo son producidos en el mundo (allí donde la productividad en esta actividad es la más elevada) en 4 horas, la tasa de plusvalía en B será del 100% (4 horas de trabajo necesario y 4 horas de sobretrabajo), mientras que se elevará a 1.900% en A (24 minutos de trabajo necesario y 7 horas 36 minutos de sobretrabajo). Para mantener este razonamiento, no hay que comparar la productividad en las dos producciones capitalistas en las que A y B se especializan: eso no tiene sentido (15).

Samir Amin concluye: 1) hay transferencia de valor, desde las periferias hacia los centros, por la superexplotación del trabajo en las periferias, lo que contribuye a aumentar la masa de plusvalía relativa en los centros, al abaratar así en estos los medios de subsistencia, y 2) hay intercambio desigual cuando las diferencias salariales son mayores a las diferencias de productividad.

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“Libros” (1925), Aleksandr Ródchenko

Cómo funciona la polarización a escala global: la ley del valor mundializada. Ahora bien, ¿por qué existen grandes diferencias salariales entre los trabajadores del centro y de las periferias en ramas de la economía que tienen análogos niveles de productividad? Samir Amin llama la atención sobre el hecho de que Marx teoriza sobre la ley del valor de un modo “general, abstracto e indeterminado”, dentro del marco de un espacio nacional. Dentro de éste, hay un triple mercado integrado: de mercancías, de capitales y de trabajo. En el sistema capitalista mundial, empero, hay solo un doble mercado libre: de mercancías y de capitales. El mercado de trabajo, por el contrario, se encuentra compartimentado en lo fundamental en el marco de los estados nacionales. A escala mundial la ley del valor está truncada. Es así como Samir Amin explica las diferencias salariales existentes entre los trabajadores de los centros y las periferias, dentro de sectores de la economía que tienen similares niveles de productividad. En palabras de Amin, “la ley del valor mundializada engendra por fuerza la polarización, y expresa la pauperización que supone la acumulación a escala mundial. Se trata de un fenómeno nuevo, sin precedentes en la historia anterior” (16) (las cursivas son nuestras).

Las clases dominantes del mundo levantan la ideología del “libre mercado”, pero conservan en lo esencial sus fronteras cerradas a los trabajadores de las periferias. La construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, y las leyes aprobadas o por aprobarse en países de Europa y los Estados Unidos contra los inmigrantes de las periferias, de América Latina, de África y de Asia, ilustran dramáticamente el hecho mencionado.

Los cinco monopolios del centro. La polarización es ley del desarrollo del sistema capitalista mundial, pero cambia de formas.  Entre 1500 y 1800 el “capital mercantil es hegemónico en los centros atlánticos dominantes” y se forman “zonas periféricas (América) cuya función presuponía su total aceptación de la lógica de acumulación del capital” (17). Entre 1800 y 1945 la polarización toma la forma de contraposición entre países industrializados versus países no industrializados (exportadores de materias primas y productos agrícolas). Luego, gradualmente, con los procesos de industrialización que impulsaran las periferias gracias a los movimientos de liberación nacional y a los regímenes del “socialismo real”, la polarización global irá cobrando una forma histórica distinta.

Así, desde 1945 a la actualidad la polarización global irá adquiriendo su fundamento en los cinco monopolios de los centros sobre los que Amin llama la atención desde hace más de una década (18):

1) Monopolio tecnológico.

2) Control de los mercados financieros mundiales.

3) Control de los recursos naturales del planeta.

4) Monopolio de los medios de comunicación.

5) Monopolio de las armas de destrucción masiva.

Resulta decisivo por varias razones comprender en profundidad la nueva forma que ha tomado la polarización global. La industrialización que cobró impulso en las periferias a mediados del siglo pasado no ha dado fin con la polarización a escala mundial. Reconocido este hecho, no se trata de negar importancia al impulso del desarrollo de las fuerzas productivas en las periferias. Y de ninguna manera aceptar y adaptarse genuflexamente al sistema imperialista. Un gran número de países de las periferias lograron muy bajos niveles de industrialización, incluso dentro de la industria de bienes de consumo masivo. Estos países continúan dependiendo en gran medida de la exportación de materias primas y productos agrícolas, y su industrialización es una tarea pendiente. De lo que se trata, en cambio, es de subrayar la importancia que en la actualidad tiene para las periferias hacer frente a los monopolios indicados, condición insoslayable de su desarrollo. La industrialización de las periferias, dentro de este nuevo marco mundial de polarización, sobre todo, dentro del marco del monopolio de las tecnologías y del capital financiero por los centros, “puede volverse una especie de sistema moderno de putting out (de encargos), controlado por los centros financieros y tecnológicos” (19).

Amin anota que la diferenciación entre un “Cuarto Mundo” y un “Tercer Mundo”, “en vías de industrialización”:

no es inofensivo en el espíritu de quienes lo proponen: supone que el Tercer Mundo de los NIC (Newly Industrializad Countries, Países de Reciente industrialización) está ‘cubriendo la brecha’ (o puede hacerlo), mientras que el Cuarto Mundo se hunde. Olvida que la industrialización ya no es el fundamento de la polarización. Prefiero decir por ende que el corazón de la periferia de mañana –en formación- está constituido por los países que tendrán como función esencial suministrar los productos industriales; y que el “Cuarto Mundo” ilustra el carácter destructivo de la expansión capitalista, lo que no es nuevo, sino que siempre acompañó la historia real del capitalismo. (Las cursivas son nuestras) (20)

Barbara Kruger_01

Sin título (1994/1995) Barbara Kruger.

De lo que se trata, pues, es de llamar la atención acerca del nuevo contexto internacional bajo el que las periferias continúan su industrialización. De lo que se trata, pues, es de hacer la crítica radical de los proyectos desarrollistas en cualquiera de sus versiones. De lo que se trata es de hacer la crítica radical de los proyectos “socialistas” que rinden culto al desarrollo de las fuerzas productivas, reproduciendo, así, la alienación economicista propia del modo de producción capitalista. De lo que se trata, pues, como sostiene Amin, es de “asociar… los objetivos de cierto desarrollo de las fuerzas productivas de las periferias del sistema a los objetivos de superar las lógicas de conjunto de la gestión capitalista de la sociedad” (alienación economicista, creciente polarización) (21).

Hasta el día de hoy la inversión extranjera directa sigue produciéndose en países como los nuestros, básicamente en el sector primario exportador, pero –y esto es menos reconocido en general-, las inversiones en la industria manufacturera de exportación, que se fundamentan en la superexplotación de la fuerza de trabajo, están perfectamente integradas en la nueva división internacional del trabajo.

Por lo demás, el incremento de las tasas de crecimiento económico de los países de América Latina en la década de 2000, determinada por una coyuntura internacional favorable consistente en el incremento de la demanda de materias primas, no constituye sino el “desarrollo del subdesarrollo”, como sentenciara André Günder Frank.

Transformar el mundo. El socialismo: única alternativa a la barbarie del capitalismo 

El discurso de “lucha contra la pobreza” de instituciones financieras internacionales al servicio del gran capital como el Banco Mundial no puede sino ser comprendido como el cinismo de los expropiadores. Siembran ilusiones: ¡pero no cosechan paz! Porque la resistencia de los pueblos ha estado presente en la historia desde los orígenes del capitalismo hasta la actualidad. El día de mañana no será diferente. En este sentido, la revolución social constituye la forma más alta que cobra la resistencia de los desposeídos a su deshumanización objetiva y subjetiva, para utilizar la expresión de Hinkelammert.

La alienación economicista impide ver las causas profundas de la creciente pauperización de las masas, y a no pocos de reconocer el problema mismo. Revertir cualitativamente la actual situación implica una nueva correlación de fuerzas a nivel mundial, favorable a las clases populares. De aquí la urgente necesidad de construir un verdadero internacionalismo de los pueblos del mundo. De aquí la imperiosa necesidad de la militancia revolucionaria. De aquí la perentoria necesidad de que esta militancia se articule decididamente con los excluidos del sistema capitalista para atacar el problema por la raíz.

Hace mucho que el capitalismo dejó de coincidir con el progreso. El capitalismo no ofrece a las inmensas mayorías sino más miseria, mayores sufrimientos. Ningún proyecto de “capitalismo nacional”, de “capitalismo popular” o de “capitalismo con rostro humano” es capaz de dar fin con la pauperización creciente de las masas. El socialismo mundial es la única alternativa verdaderamente humana a la creciente deshumanización que nos impone el capitalismo mundial. Mas, el socialismo no puede ser reducido a un proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas. Debe retomarse el proyecto de socialismo como la conquista de una civilización cualitativamente superior al capitalismo. Y el socialismo en el siglo XXI, así como en el siglo XX, será otra vez el resultado de las luchas de los trabajadores contra el capital.

Santiago Ibarra

 

Notas: 

(1) Moreno Brid, Juan Carlos, Pérez Caldentey, Esteban y Ruiz Nápoles, Pablo, “El consenso de Washington: aciertos, yerros y omisiones” en: Perfiles Latinoamericanos, diciembre, número 25. Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales, Distrito Federal, México, 2004, pp. 149-168. La cita es de la página 153. Como puede verse por el título de este artículo, se trata de autores no marxistas, que utilizamos como muestra de lo afirmado por nosotros.

(2) Datos de la OCDE, trabajados por Beinstein, Jorge, La larga crisis de la economía global. Argentina-Buenos Aires, Corregidor, 1999.

(3) Amin, Samir, “Pobreza mundial, pauperización y acumulación de capital” en www.rebelion.org, 26 de octubre de 2003.

(4) Moreno Brid, Juan Carlos, Pérez Caldentey, Esteban y Ruiz Nápoles, Pablo, op. cit., p. 157.

(5) El Capital (Tomo I). Argentina, Editorial Cartago, 1974, p. 620.

(6) Ibid. p. 619.

(7) “Estancamiento dinámico y exclusión en la economía mundial” en Herramienta. Revista de debate y crítica marxista. Número 22, Buenos Aires, otoño de 2003, pp. 45-54.

(8) Amin hace referencia a este período histórico en varios pasajes de su obra.

(9) Marx, Carlos, op. cit., p. 618.

(10) Brenner, Robert, Turbulencias en la economía mundial. Santiago de Chile, Editorial LOM-Encuentro XXI, 1999, p.387, citado por Sotelo, Adrián, La reestructuración del mundo del trabajo. Superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo. México D.F., Universidad Obrera de México-Escuela Nacional para Trabajadores-Editorial Itaca, 2003, p. 56.

(11) Coutrot, Thomas, “Crítica de la organización del trabajo” en www.rebelion.org, 14 de febrero de 2001, citado por Sotelo, Adrián, op. cit., p. 56.

(12) Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, en Obras Escogidas. Tres tomos, Tomo I, Moscú, Progreso, 1970, p. 775.

(13) “Punto de Vista Anti-imperialista” en: Obras Completas, de José Carlos Mariátegui, Tomo 13. Perú-Lima, Empresa Editora Amauta, 1978.

(14) Ver Roffinelli, Gabriela, Samir Amin y la mundialización del capital. España-Madrid, Campo de Ideas, 2004, p. 72. Hemos organizado los dos acápites acerca de cómo funciona la polarización a escala mundial con la ayuda de la didáctica exposición que hiciera G. Roffinelli del pensamiento de Samir Amin.

(15) Palabras de Samir Amin, citado en Roffinelli, Gabriela, op.cit., pp. 75-76.

(16) “3. Capitalismo y sistema-mundo” en: Amin, Samir, Los desafíos de la mundialización. México D.F.-España, Siglo XXI Editores, 1999, p. 59.

(17) “El futuro de la polarización global” en: Amin, Samir, El capitalismo en la era de la globalización. España-Barcelona, Ediciones Paidós, 1999,  pp.15-26.

(18) Ibid. pp. 18-19.

(19) “3. Capitalismo y sistema-mundo” en Amin, Samir, Los desafíos…, p. 68.

(20) Ibid., p.70.

(21) Amin, Samir, Más allá del capitalismo senil. Por un siglo XXI no norteamericano. Argentina-Buenos Aires, Editorial Paidós SAICF, 2003, p. 14.

 

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Política cultural en el Perú de ayer y hoy

C. Feliciano Mejía H.

 

A QUINTO CERECEDA MUCHO,
Comunero de Choqqeqa, padre de familia de 41 años, asesinado
con bala de guerra en el cráneo el 14 de octubre de 2016,
cuando protestaba contra la minera china Las Bambas,
 de la zona de Antuyo, Pumamarka, Choqqeqa,
 provincia de Cotabambas, Apurímac,
 zona de la nación Chanka.

 

INTRODUCCIÓN

ALLIN PUNCHAU WARMY-QARIKUNA, KUMUNKUNA, PUKARUNAKUNA. ALLIN WATA RI. “Kaypi kachkani, mana wakuspa. ¡Qaparispa!”, tayta Arguedas rimakun. Ñuqa nini: Qaparispa kani-tiani. Uyariy WAWQEYKUNA-PANAYKUNA. Allin punchau qamusqan. Sumaq puka inticha qamusqarí. Makikunawanchispa. Lliu. Uyariymi.[1]

Quizá muchos no comprendan las palabras escritas líneas arriba, con las que inicio mi disertación sobre Política Cultural en el Perú. Y quizá le encuentren sentido solo unos pocos que conocen algunos de estos vocablos escritos evidentemente en una de nuestras lenguas madre ―es decir la principal y la más difundida―, EL RUNASIMI, idioma que junto al Pukina ―ya desaparecido―, y el Aimara ―vigente aún y con fuerza pero solo en el Altiplano―, continúa marginado en nuestro país y en todo el extenso territorio que conformó el antiguo Tawantinsuyo (Ecuador, Bolivia, Perú, parte de Chile, Argentina y Colombia).

Es un hecho de Política Cultural, la marginación e intento de muerte de nuestra lengua, “Desinteligencia” debida a la APLICACIÓN CONSCIENTE DE UNA POLÍTICA CULTURAL QUE SUFRIMOS Y ARRASTRAMOS DESDE EL PERÍODO COLONIAL ESPAÑOL (comprendido entre los años 1532 y 1821-24), PROLONGADO POR UN ESTADO SEMICOLONIAL ANGLO-FRANCÉS (entre los años 1821-24 A 1918), convertido hoy, 2016, en SEMICOLONIA NORTEAMERICA, (desde 1919 a nuestros días, especialmente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, luego de la repartija que se hicieran del mundo, Roosevelt-Stalin-Churchill).

MI DEFINICIÓN

Para entendernos, primero deberé definir qué entiendo por política cultural, en su más amplia acepción. Entiendo por POLÍTICA, toda acción teórico-práctica realizada en función de la perpetuación o el desplazamiento del Poder. Y por CULTURA, toda creación material o intelectual realizada por los pueblos y sintetizadas por las clases sociales. Pero, más específicamente, comprendo por política cultural la ejecución de un programa que regula la creación material e intelectual de una clase social; un programa aplicado por la clase social dominante, ubicada en la cima del poder, que auspicia un tipo cultural que obedece solo a los gustos e intereses de la clase social dominante, clase que enfrenta y niega a las otras.

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“Colón llegando a la isla Guanahaní”, José Garnelo y Alda, 1892. De su nombre se deriva la palabra colonia y colonialismo

SUBRAYAMOS que todo lo anterior son solo ideas, palabras, paparruchadas si no entendemos que somos casi 32 millones de peruanos obligados a caminar bajo el dominio de una semiburguesía que integra el 2% de la población del Perú, una ínfima minoría dependiente que ejerce la administración al servicio de los que ostentan el poder en el Perú: los Estados Unidos de Norteamérica.

Nosotros no correspondemos a niveles A-B-C-D-E-F, como dicen los voceros de las encuestadoras o las empresas de “marketing” peruanas, sino a clases sociales que, en una pirámide, y por fines didácticos nombramos desde el nivel inferior, llamado lumpen proletariado (y para esto nos basamos en datos del Censo del INEI 2007, XI de Población y VI de Vivienda), sin porcentaje pues propiamente no es una clase, pues sus integrantes provienen de todas las clases sociales y no forman un todo distinguible, salvo por su marginalidad en la sociedad, donde el Obrero asciende al 18,4 %. Las cifras de este censo apuntan a que “en la industria en general” laboran entre un 10,8 a 13,6 %, Siendo la Población Económicamente Activa (PEA), el 53,7 %; mientras hay 10’637,880 de personas ocupadas y 460,266 desocupadas. Entre el campesinado y los pequeros, solo en Huancavelica, Cajamarca, Amazonas, San Martín y Huánuco, ascienden al 54% de la población. En tanto, la clase media tiende a ser muy variable, según los procesos históricos, tendiendo a desaparecer o a crecer, según su movilidad u oportunismo de sus integrantes que son el 40 % de la población ocupada. Mientras esta pirámide imaginaria es coronada por el 2% de la semiburguesía, que NO ES NACIONAL y NO DEFIENDE LO NACIONAL, en un contexto en el que LA GRAN BURGUESÍA NO EXISTE,  salvo la integrada por extranjeros y funcionarios de trasnacionales que residen en el país. Una pirámide que se sostiene así, en el tiempo, gracias a los dos pilares fuertes del país: las Fuerzas Armadas y Policiales, y la Iglesia (que en nuestro caso católica-apostólica-romana). Comprender esto es de capital importancia para entender el hecho cultural actual en el Perú.

CÓMO SE COME LA COSA

Hay que ir directamente a lo concreto, a lo específico y actual, para comprendernos. Y hay que empezar por la educación primaria y secundaria, dándole una mirada a los currículos de las escuelas públicas peruanas, currícula dada por Ministerio de Educación del Perú, en la que notamos la ausencia de los antiguos cursos de Castellano y Literatura, en los que se estudiaba la literatura peruana, además de la ausencia del curso principal de ¡Historia del Perú!, que debo entender está subsumido entre las Ciencias Sociales. La machacona insistencia por el estudio de la religión, como adoctrinamiento, que es la religión cristiana, además del inglés, como lento y persistente sustitutivo del castellano, tras la idea de que “cuando terminas una carrera, si no sabes inglés, no sabes eres nada”.

Cito el Programa de Educación Básica Regular de Educación Primaria del Ministerio de Educación Pública-Perú[2]

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Programa Curricular de Educación Secundaria del Ministerio de Educación Pública-Perú[3]

educacion-secundaria

Vistas estas currículas a vuelo de pájaro, se nota que en este solamente teórico Estado Laico peruano (que por Concordato de una Dictadura Militar –la de Odría― con los Cristianos, hasta nuestros días, el Estado le paga un sueldo a los sacerdotes de la iglesia cristiana-apostólica-romana), tanto a nivel Básico y de Secundaria, se enseña Educación Religiosa (que no es siquiera una Historia de la Religiones, y que en mis tiempos era RELIGIÓN, a secas) que consiste en adoctrinar en la fe de la religión cristina-apostólica-romana a todos los peruanos. En tanto, el castellano, como segunda lengua, me Pregunto: ¿CUÁL ES LA PRIMERA LENGUA? Si desde 1974-75, es decir, hace 41 años, la segunda lengua oficial peruana es el RUNASIMI, mal llamado QUECHUA. Mientras en los currículos actuales NO EXISTE un curso dedicado a la enseñanza de esta lengua, ni en los estudios primarios ni en los secundarios, ni en las universidades; no obstante que sí existe, de manera remarcada y persistente el Área de Inglés como lengua extranjera, haciendo hincapié en que, hace no pocas semanas atrás, vía los medios masivos, el actual presidente del Perú, Pedro Pablo Kucsynski decía con jolgorio: Debemos difundir más el inglés en los colegios y universidades!!!!!

IMPORTANCIA DE LO CULTURAL EN LAS SOCIEDADES

LA ÚLTIMA BARRERA PARA VENCER DEFINITIVAMENTE A LAS SOCIEDADES DERROTADAS PERO NO VENCIDAS, COMO LA PERUANA, ES LA DEL CAMPO CULTURAL. José María Arguedas, el más grande narrador de la literatura peruana de todos los tiempos -el más completo y a la altura de Quevedo, Lope de Vega, Góngora o Cervantes, es, a mí modo de ver, César Vallejo-, quien, al recibir el Premio Inca Garcilaso de la Vega, escribió en su artículo NO SOY UN ACULTURADO:

“Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin, que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico”

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José María Arguedas (1911-1969). Autor de emblemáticos libros, como Todas las sangres, de 1964.

“Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”

“Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo”[4]

Arguedas es contundente, aunque, pienso, que por distracción, convicción o afán de hacerse entender por el hispanoparlante, usa equivocadamente las categoría de INDIO -error hispano por la ignorancia de haber creído llegar a la India- (anotemos que Cristóbal Colón murió con la sospecha de haber llegado a la India y jamás imaginó haber descubierto el Nuevo Continente) y de QUECHUA (que es una altitud –de 2,300 a 3,500 msnm- de las 8 Regiones Naturales descubiertas por el Dr. Javier Pulgar Vidal. Así: Chala: 0 a 500 msnm,  Yunga: 500 a 2,300 msnm; Quechua: 2,300 a 3,500 msnm; Suni o Jalka: 3,500 a 4,000 msnm; la Puna: de 4,000 a 4,800 msnm; la Janka: de 4,800 a 7,800 msnm, y ya en la selva, la zona Rupa-Rupa: de 400  a 80 msnm; y finalmente la octava región natural, la Omagua: de 80 a 0 msnm ).

Sobre el nombre de la lengua ¡Quechua! el mismo José María se rectifica en otra oportunidad diciendo “que el indio no sabe que a su lengua le llaman quechua”. Además de algo que parece broma, pues en Cusco, hay una Alta Academia –o algo así― de la Lengua ¡QUECHUA!, repitiendo el craso error de los primeros diccionarios hechos por españoles.

Repito: LA ÚLTIMA BARRERA PARA VENCER DEFINITIVAMENTE A LAS SOCIEDADES DERROTADAS, ES LA CULTURAL. Mientras una sociedad no sea rota y vencida en lo cultural, tiene posibilidades de revertir este hecho histórico y volver a florecer. Y ello no depende de las revoluciones y la toma o asalto del poder, ni de la buena voluntad de las sociedades que toman su destino en manos, sino de SU ANTIGÜEDAD, pero con una necesidad imprescindible de lo anterior.

La verdadera revolución se da después de la toma o conquista del poder, en determinada sociedad, y esta se da en lo ideológico y en lo cultural, que es eminentemente ideológico. Ver la cultura China, 800 millones de personas en la miseria económica y moral, sumidas por el opio inglés impuesto hasta con una guerra, antes del triunfo de su revolución en 1949, y su reversión a lo genuinamente chino, vía su capacidad de resistencia. Evidentemente debo indicar que, a pesar de ello, dado la degeneración de su Partido Comunista luego de la muerte de su líder, el presidente Mao Tse Tung, el gobierno, devenido en social fascismo, se yergue ahora como Imperialismo, con visos a ser, en breve, el primer Imperialismo en la Tierra (estos días con 1,380’778,537 personas), tras suceder al Imperialismo Norteamericano, hoy en proceso de caída y descomposición, y al Imperialismo Ruso, que luego de su proceso breve de socialismo, después de la toma del poder por los Soviets, y la degeneración de su partido tras la muerte de Lenin, devino en social revisionismo, lo cual finalizó el 10 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín, siendo inficionado por el capital;  hoy afianzándose, con Putin a la cabeza, como otro Imperialismo más. De ahí la pugna bélica entre Rusia y U.S.A. en Medio Oriente, sobre todo en estos días en las ciudades de Turquía y el genocidio en Alepo.

En ello, la comprensión del fenómeno y sus implicancias, nos condiciona culturalmente, quiérase o no. Pues el proceso de asunción de lo nacional, lo cultural y lo científico en las sociedades mencionadas –el primer aparato y hombre al espacio, por Rusia; el envío de naves a Marte, por los Chinos-; y, en fin, la transformación de toda la sociedad, solo se comprende por la antigüedad de estas sociedades luego de la extensa lucha por la liberación lograda. Y ello nos da esperanza, a los peruanos en particular y a los latinoamericanos en general, de alcanzar la ansiada libertad.

Sociedades de menor antigüedad, derrotadas militarmente y luego vencidas en lo cultural, han desaparecido en Latinoamérica y en el mundo, fagocitadas, tragadas por sociedades dominantes. Para nosotros, hoy y ahora, andinos, orientales, la confrontación con el capital y el Capitalismo (donde el ser humano es inexistente, salvo como un número en la estadística de una computadora o en una tarjeta de plástico; cosificado, sin familia, como núcleo amantes de la violencia y el irrespeto por el otro; por las otras sociedades culturales, enemigos de la verdadera democracia); la confrontación, repito, es inevitable. El capitalismo, cuyo motor es el dinero, con lo cual se mide el “éxito” y donde la solidaridad –o Ayni en nuestro caso- es impensable.

Nuestro Ayni es un hecho cultural que seguimos practicando en estos días. A los peruanos, si bien consecuentes en resistencia heroica -bélica o no bélica desde 1532-, no nos es posible hacer predominar nuestra cultura en Perú. Para ello es necesario, primero, hacer la revolución para imponer nuestros términos, imponer nuestra lengua, nuestros conceptos de religiosidad, científicos y humanistas. Conceptos todos dimanados de una sociedad oriental, y no occidental, como es la andina.

Pedirle ayuda a este sistema actual para una política cultural popular, pedirle apoyo, pedirle sostén es ingenuo, intonso, risible. La sociedad peruana de hoy es como un gigante árbol de nogal totalmente podrido, da solo a veces hojas y flores hermosas. Las raíces milenarias de ese árbol somos nosotros los RUNAS. Evidentemente, los dominadores en el Perú que aplican su política cultural, su programa, semiburgués, quieren desaparecer este árbol y poner en su lugar un árbol de plástico. Un proceso revolucionario exitoso llevado y dirigido por el RUNA igual, tirará a ras de tierra ese nogal podrido, para verlo renacer con la fuerza y la potencia de 24 mil años de antigüedad.

PROCESO

VEAMOS EN FORMA SUMARIA LAS CABEZAS DEL PODER EN PERÚ A LO LARGO DE SU HISTORIA: Inka, Español, Anglo-Francés, Norteamericano y sus 13 Bases Militares en Perú. Lo Inka no era exterior o extraño a las sociedades sudamericanas, como idea política y concepción cultural. En el Perú provenimos de los primeros hombres de hace 24 mil años, cuyos vestigios primeros se encontraron en las Cuevas de Pikimachay, a 24 kilómetros de la actual ciudad de Huamanga, en dirección a las Pampas de Quinua (hay bibliografía de los principales historiadores al respecto). El proceso de la historia Inka no ha sido estudiado desde el enfoque de los RUNAS. Muy pocos historiadores modernos peruanos, si no todos, no dominan el runasimi. Consignado así, desde la perspectiva del dominador, cuyos orígenes solo se han tomado en cuenta en lo mítico desde el ángulo folklórico.

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Fotograma de la película La controversia de Valladolid, escrita por Jean-Claude Carrière

Es tal la ignorancia expresa al respecto, que al principio de la Colonia española  se discutía si nosotros teníamos alma (Véase La Junta de Valladolid, entre los años 1550 y 1551, realizada en el Colegio de San Gregorio, de Valladolid, dentro de la llamada polémica sobre los naturales llamados indígenas americanos o indios), y hasta ahora, la negación de la escritura nuestra, olvidándose hasta hoy de que existimos.

Un dato importantísimo, a tomar en cuenta para un desarrollo posterior, nos refiere a Alfredo Torero y otros, que afirman que en el ámbito geográfico del antiguo Tawantinsuyo, hoy, entre monolingües y bilingües, existen 24-26 millones de runasimi parlantes –ojo: entre bilingües y monolingües- sin contar los aymara parlantes. Y en los currículos de la educación peruana no existe ese curso de enseñanza y aprendizaje de nuestros idiomas. ¡NO EXISTEN! Y ello es consecuencia de la aplicación de una política cultural de tintes genocidas. Pues la llamada “cultura Inka” no fue sino el ápice, la punta del témpano, de una cultura de 22 a 24 mil años de antigüedad, que solo brilló por algo más de cien años; de ellos, setenta confinados en los límites actuales del Altiplano al Cusco, contenido por los Chankas de entonces, cuyo límite sur es actualmente Apurímac. Mas, derrotados los Chankas luego de que estos lograran tomar Cusco, por alrededor de 30 años, los Inkas llegan hasta Pasto en el sur de Colombia. Los Inkas, al conquistar los señoríos del norte, además de otras obligaciones, imponen hechos culturales como el aprendizaje y uso del runasimi como lengua general, el panteón o religión solar, entre otros; respetando las lenguas y panteones religiosos locales, y hasta autoridades.

Imperio Inka es una burla torpe o torpe ignorancia. Olvidan la Dualidad Andina y la Cuatripartición, incluso para la guerra, la no sucesión automática del poder, la sociedad Matriarcal cuyo centro era Mama Waku, corazón de las Panakas, decididoras de los grandes lineamientos políticos del Ande y por ende de lo Inka. Y muchos otros aspectos por los que hablar de imperio es supina torpeza. Los Inkas fueron pues como la cabeza de un pez, cuyas escamas eran las llamadas “culturas” actuales. Premunidos de criterios científicos modernos no capitalistas, arqueología moderna, nos daremos cuenta que fueron los Inkas vehículos de la condensación de UNA NACIÓN EN FORMACIÓN, un proyecto trunco por la llegada de los españoles, quienes pudieron triunfar tan rápidamente, porque los dirigentes de los señoríos norteños, recién conquistados por los Inkas, los veían, y era natural, como enemigos, mientras veían como salvadores a los españoles. Además de contar estos con otra tecnología: la rueda, la pólvora, el caballo, etc., y su gran experiencia guerrera después de finalizadas las guerras de reconquista contra los árabes, en la península ibérica.

La población de entonces, en estas latitudes, era abundante, pero los historiadores no se ponen de acuerdo. Unos afirman eran 8 millones, otros 12 y otros 18. En todo caso, es un hecho que al final de la colonia española, de los Runa no quedaban sino algo de 2 y medio millones de naturales. Runas o “indios”. Pero ahora somos los más numerosos. La «CIA» en su documento: «The world factbook» (…) consigna grupos “étnicos” de la siguiente manera: Indígenas 45 % de la población, mestizos 37 %, caucásicos 15 %, otros 3 %[5]. Esto significa que somos el 82 % de la población peruana –de ingas o mandingas. Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, somos 31’900,929 seres humanos en Perú, y, es decir, los de piel marrón –según la denominación racial despectiva del yanqui común; en todo caso no somos blancos, ni negros ni amarillos, si de razas se puede hablar hoy aún -o Cobrizos-, acá, en el Perú, somos 26’158,761.78.

Ojo, como hecho cultural mundial. Hablar de razas es obsoleto. Las razas y su concepto llevaron y llevan al racismo, con su culminación en el fascismo. Remarquemos: NO HUBO NI HAY RAZAS. En el mapa del genoma humano NO EXISTE EL GEN RAZA.

De los 31’900,929 peruanos, según el INEI, el 50 % vive en casa de estera, adobe o quincha. De la Población económicamente Activa del Perú el 76 a 84 % no tienen empleo y se la buscan día a día, sol por sol, y a la cual ahora quieren “formalizar” para que pague impuestos. ¡Vaya! Los que no tienen empleo inventan una forma de sobrevivir, “un empleo” y, evidentemente es marginal al sistema. Los administradores de los poderes fácticos peruanos recaban entre 18 y 17 % de impuestos a la renta del empleo formal que es ínfimo en Perú. Y quieren formalizar para “cobrarles” menos impuestos a aquellos que todo se lo inventaron para no morir. No nos dejan ni hablar nuestra lengua y quieren que paguemos más impuestos. Pero es necesario decirlo: Al comprar un pan o una caja de fósforos ya estamos pagando impuestos. Comprender esto es comprender una situación cultural, “natural” en Perú.

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“Los funerales de Atahualpa”, Luis Montero, 1865-1867

Pero, volviendo a los tres niveles de dominio del Perú (colonia española, semicolonia anglo-francesa y semicolonia norteamericana). Sintetizo, solo por citar algunas perlas:

  • Negar nuestra humanidad (ver si teníamos alma, ello conllevaba a que podían descuartizarnos y colgarnos en ganchos en los mercados como carne para los perros de guerra españoles, o para pararnos de tres en fondo para “templar las hojas de espadas toledanas” y no en aguas ácidas, atravesándonos hasta dar con el “temple”; y de la labor de aniquilamiento de las minas ni se hable).
  • Negar nuestras lenguas madre (el runasimi es negado y en la práctica perseguida).
  • Negar nuestro arte. Nunca hemos creado arte, solo folklore. La pintura y escultura nunca existió en nuestras vidas, sin saber que hasta Picasso y Mark Rothko, vieron que “pintábamos” con plumas y lana en los tejidos. Y que nuestro arte estaba integrado a nuestras vidas, pero no como productos para la venta, pues no queríamos ni poseíamos moneda.
  • Negar nuestra escritura. Nunca hemos tenido escritura. (Es su problema y mejor, por el momento, que no lo sepan).
  • Negar nuestra literatura. Nunca henos tenido literatura antes de la española, aunque luego de las investigaciones para un trabajo mío he visto que tenemos hasta catorce formas estróficas poemáticas y otras subformas como el jailly,  Waqailly,  Jaicha, Atqjailli, Taki,Angosay, Wawaki, Waylas, Urpi, Aymoray, Wanka o Wanku, Cashua, Arawi, Waynu. Y ello no es sino una leve aproximación.
  • La destrucción de nuestros templos y Wakas, para que, en los mismos emplazamientos y usando los mismos materiales crearan iglesias y catedrales cristianas. (La plaza del Cusco es un ejemplo patético).
  • Tras los actuales terremotos, al usar los presupuesto del Estado peruano, se priorizan en forma veloz la reconstrucción de templos cristianos.
  • HACER DEL PRODUCTO CULTURAL UNA MERCANCÍA, CUANDO EN NUESTRO MUNDO DE RUNAS, EL HECHO CULTURAL ESTABA Y ESTÁ HOY INTEGRADO A LA VIDA COTIDIANA: Escultura en la arquitectura, imágenes del panteón religiosos –dios sol, por ejemplo-, la pintura en tejido en nuestras ropas, e igualmente en estandartes y escudos, con plumas, platería en utensilio y artilugios para la ropa. Ejm.: El Yauri.
  • La negación del uso de nuestros símbolos: Maskaypacha y hasta ropa, que, por su lenguaje cifrado, definía el origen y la proveniencia de grupos sociales.
  • La ignorancia de que el mayor evento cultural, que puede equipararse al Poema cinético y a la Poesía integral, es la Fiesta Comunal.
  • El funcionamiento nuestro en el Ande, en la Rueda Comunal.
  • Predominancia de lo anónimo, en el autor del hecho cultural, frente al culto a la persona, el ego y nombre en los productos de Occidente.

LA “INDEPENDENCIA”

Por pugna contra el monopolio impuesto por la corona española en Sudamérica, el imperialismo inglés y francés deciden romperlo. Pues los avatares de la historia habían ya madurado, y el imperialismo español se debilitaba, pudría y disgregaba. Los pensadores de este lado del continente pensaban en la libertad, después de la radical Revolución Francesa. El imperialismo francés ingresó tras San Martín, mientras, tras bambalinas, el imperialismo inglés se posicionaba con la lucha de Bolívar. San Martín se va a morir a Francia, y los pueblos de este continente ponen la sangre, y sin embargo  no consiguen nada.

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Tras la República, la población indígena no perdió su condición de sumisión y olvido

El resultado es EL IMPUESTO AL INDIO, uno de los primeros decretos de Bolívar que ni los españoles se atrevieron a dar. La “creación” de Ecuador y Bolivia, haciendo una línea fronteriza imaginaria, cortando en dos nuestro lago sagrado, el Titikaka. La posterior partición del sur peruano por medio de Chile y la sangre de su pueblo, por el interés inglés por el salitre, salitre que consiguen con el “triunfo” de la Guerra del Pacífico. Los señores de la guerra, después de Bolívar, se entronizan en todo el continente, y nacen las republiquetas que hoy conocemos: una de ellas es el Perú.

Como cuestión anecdótica anotamos que hasta 1930-35, el idioma francés era de uso de la cúpula administradora del gobierno peruano, y lo es hasta hoy día matizado con el inglés. Puedo afirmar, casi con certeza, sin poder probarlo por ahora, que ningún jefe de Estado o miembro del cuerpo diplomático peruano sabe runasimi.

Anotado, repetimos lo de arriba por ser esencial: “Somos el 82 % de la población peruana. Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, somos 31’900,929, es decir, los de piel marrón, acá en el Perú somos 26’158,761.78, de los 31’900,929 peruanos anotados. Según el INEI, el 50 % vive en casa de estera, adobe o quincha. Y según la prensa y los medios de información cotidianos, en la Población Económicamente Activa del Perú el 76 a 84 % de peruanos no tienen empleo y se la buscan día a día, sol por sol. Y, a estos, ahora los quieren “formalizar” para que paguen impuestos”.

Todo esto es verdad, pero hay que agregar que de Política cultural no se habla en el aire, pues se está hablando de personas humanas. En el Perú la desnutrición infantil, era de 23.8 %, en el 2009, y se ha reducido al 17.7 %, en el 2013. Es decir, en el 2009 los niños desnutridos crónicos, en la República del Perú “libre e independiente por la voluntad de los pueblos, y por la justicia de su causa que dios defiende…” o algo así, eran: 7’337,213.67; en el 2009 y en el 2013 ¡SOLO! 5’423,168.64 NIÑOS.

“(…) las regiones con mayor índice de desnutrición infantil crónica son Huancavelica (42 %), Cajamarca (35 %), Huánuco (29 %), Apurímac (29 %) y Ayacucho (28 %) (…) Pero también hay lugares específicos donde las cifras son alarmantes, como en la provincia arequipeña de La Unión, donde la desnutrición infantil crónica llega al 36 %. (…) Otro caso alarmante es el distrito de Omacha, en el Cusco, donde las cifras de desnutrición llegan al 80 %”. Fuente: RPP, redactado el 6 de agosto de 2015[6]

EN EL INEI, INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICAS E INFORMÁTICA, DEL GOBIERNO DEL PERÚ, NO EXISTE INFORMACIÓN, ES DECIR, NO EXISTEN LOS POBLADORES DE OMACHE. CONSULTADO DA CERO DE CERO EN POBLACIÓN.

Sí.  Lo arriba anotado es así. Comprenderlo es elemental para entender la política cultural impuesta sobre el peruano. Y plantear sus alternativas. Y reitero, machaconamente: Lo cultural, la política cultural no es, no se debe comprender en abstracto, sino a partir del ser humano actual: del niño desnutrido de Puno o de Madre de Dios; o de Villa María del Triunfo, Villa El Salvador, Ancón o de San Juan de Lurigancho, el distrito más grande de Lima y del Perú: 1 millón 91 mil 303 habitantes.

 LA ERA ACTUAL COMO SEMICOLONIA NORTEAMERICANA

Que nadie ponga en duda, por favor, este aserto: el Perú es semicolonia. Si no, ¿por qué es que tenemos gigantes Bases, y la mayor cantidad está ubicada en Sudamérica, TRECE EN TOTAL EN EL PERÚ, una semilegal, a cargo de los norteamericanos coludidos con el fascismo sionista, como la de Santa Lucía, Madre Mía, Satipo, Nanay, Callao, etc? Y hoy en día, se colocan Bases más pequeñas en la zona de los valles de Apurímac, Ene y Mantaro – VRAEM─, 57 bases pequeñas, gastando parte de los 10 mil millones de soles, del 2011 al 2016, con 10 mil personas entre fuerzas armadas y policiales; y se están comprando además 24 helicópteros M17, un satélite espía a Francia, valorado en 597 millones de soles, ya funcionando desde hace un mes, que solo vivirá 10 años (datos en TV, La Hora N, Jaime de Althaus, en entrevista al ex jefe de la DINA -Dirección Nacional De Inteligencia- Sr. André Gómez De La Torre, noche del 6 de octubre de 2016, comentando el nombramiento del actual jefe de la DINA, Guillermo Fajardo).

militarizacion¿Por qué, los soldados norteamericanos, que ahora son más de 3,200 en Perú, no pueden ser juzgados por las leyes peruanas, y ello con “aprobación” del Congreso peruano?

Al ministerio del Interior y de Defensa se le asigna como último presupuesto anual  10,657’294,117.00 soles, mientras al Ministerio de Cultura le dan 342’486,094.00 soles, de los cuales 295’326,286.00 millones son gastos corrientes, o sea fijos, pago de burocracia y afines, y solo restando 47’159,808.00 en gastos de capital, que podríamos suponer se podría gastar en el hecho cultural nacional, pero no, sabiendo que en las resoluciones supremas respectivas se autoriza a gastar esa partida hasta en adquisiciones de inmuebles. Y vemos la celeridad en repintar y remozar iglesias. (Y no hablemos de tener una prensa editorial popular, canales de tv populares, diarios masivos populares).

Volviendo a lo de semicolonia norteamericana. Si no, ¿por qué, como siempre, hacer la Carta de Intención, o como se le llame ahora, al Fondo Monetario Internacional, controlado por los Estados Unidos, para aprobar nuestros presupuestos?

Como vemos, el RUNA u hombre peruano sufre un genocidio físico y cultural. Cada año, ya sea por causa del “El niño” o “La niña” o “El friaje”, los niños, ancianos, hombres y mujeres mueren y mueren y no aparecen en las estadísticas. Ello es un genocidio físico, año a año; y con la desaparición de esos RUNAS, se van con ellos su sabiduría de resistencia, su cultura oculta. Y sabemos que de darse en Perú una transformación de las estructuras como en 1917 en Rusia o 1949 en China, deberá ALIMENTARSE AL HOMBRE PERUANO POR TRES GENERACIONES PARA QUE LLEGUE A SER NORMAL.

Según el economista Richard Webb, que realizó hasta dos mapas de la pobreza del Perú, e interviene en el trabajo del INEI (Instituto Nacional de Estadísticas e Informática): “De cada diez peruanos, siete u ocho eran pobres (….)”[7]. Para una población actual de 31’900,929 de peruanos, nos da 22’330,640.3 de pobres si son 7 de 10, 25’520,743.2 si somos 8 de cada 10. Y cada una de estas personas que viven en total desigualdad, son depositarios de una sabiduría y cultura milenarias. Y el solo hecho de sobrevivir, lo evidencia.

FINAL

Sin embargo se resiste. Resistimos en forma no bélica (persistencia de la lengua y crecimiento, religiosidad, filosofía, ciencia, especialmente en lo agrícola). Por eso Arguedas dice bien, al recibir el Premio Garcilaso de la Vega en su discurso de agradecimiento: “Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes”.

Y resistencia en forma bélica, desde Cajamarca y la traición de Pizarro a Atawallpa, la larga lucha de Manko Inka, pasando por el levantamiento continental de Túpac Amaru II y las continuas batallas emprendidas por José de San Martín Matorras y Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, donde ya vimos: Se instrumentalizó la sangre derramada por los Runas del continente.

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“Túpac Amaru”, de Jesús Ruiz Durand, de la Serie La Reforma Agraria, 1968-73.

A pesar de ir sin norte claro, para el Runa fue notable el aprendizaje de la guerra de guerrillas, con Andrés Avelino Cáceres entre 1881- y 1883, en la Campaña de la Breña, contra Chile. Igualmente en la guerra civil peruana de 1894-95, donde Nicolás de Piérola se alza contra el gobierno negativo del mismo Andrés A. Cáceres. Y el levantamiento, en marzo de 1885 en Huaraz, Ancash, encabezado por el campesino analfabeto y alcalde de Marián, Pedro Pablo Atusparia y su segundo Pedro Cocachín o jefe guerrillero Uchkupedro.

Ya en el siglo XX, el Runa peruano participa en el levantamiento insurreccional de la APRA (1948); el levantamiento campesino de 1963, dirigido por Hugo Blanco, sofocado a los inicios de la lucha armada; las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional –ELN- en 1963 dirigido por el poeta Javier Heraud y Alaín Elías; la guerrilla del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), proclamándose marxista leninista, dirigida por los guerrilleros Luis de la Puente Uceda, Gonzalo Fernández Gasco, Rubén Tupayachi Solórzano y Guillermo Lobatón (1964); la guerrilla del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru –MRTA- que inicia sus acciones en julio de 1985, dirigido por Víctor Polar Campos (en prisión), que en la actualidad no tiene accionar. Y, al final o antes, la participación y aprendizaje del Runa peruano dentro de las filas del Partido Comunista del Perú –PCP-, dirigido por el filósofo comunista Abimael Guzmán Reynoso (en prisión), que se levanta en armas en junio de 1980 y prosigue hoy su accionar organizativo a nivel nacional y armado en determinadas zonas, teniendo en sus manos parte del territorio peruano; cuya una de sus últimas acciones armadas se produjo el 9 de abril de 2016 en el poblado de Qatunqaza, en Santo Domingo de Acobamba, de la Provincia de Huancayo en la Provincia o Región de Junín, en el centro del Perú, con el resultado de 11 muertos, diez uniformados y un civil.

Son hechos de nuestra historia que internándose en nuestro inconsciente colectivo motivan un condicionamiento de nosotros en tanto hombres pensantes, ideológicos, culturales.

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 Queremos enfatizar al finalizar que El hecho cultural, la Política Cultural tiene que ver con el ser humano ─si no es papel abstracto y pura palabrería─ y en nuestro caso hablamos especialmente del RUNA PERUANO, en resistencia bélica y no bélica desde 1532. Ello hasta hoy día, en octubre, Perú de 2016, cuando nos quieren hacer creer, vía los medios radiales, televisivos, periodísticos e internet, que vivimos en progreso, ya a lindes del desarrollo, que vivimos en paz, en medio de una genocidio legal, lento y planificado, por potencias que nos han colonizado y semicolonizado los últimos 484 años.

 Feliciano Mejía H.

Lima, 7 – 9 de octubre de 2016

Notas

[1] Buenos días señoras, señores, señores del Común (de Comunidad), hombres colorados. Muy buen año, sí. “Aquí estoy, no muerto. Gritando todavía”, el Sr. Arguedas, decía. Yo digo: Yo estoy gritando todavía. Escuchen hermanos, hermanas. Hermoso, buen día ya viene. Hermoso sol rojo ya viene sin duda. Por nuestras propias manos. Todos. Óiganme”. (Not. ed.)

[2] http://www.minedu.gob.pe/curriculo/pdf/31052016-programa-nivel-primaria-ebr-religion-2.pdf

[3] http://www.minedu.gob.pe/curriculo/pdf/31052016-programa-nivel-secundaria-ebr-religion-2.pdf

[4] https://www.servindi.org/actualidad/3252

[5] http://www.espejodelperu.com.pe/Poblacion-del-Peru/Composicion-etnica-del-Peru.htm

[6] http://rpp.pe/lima/actualidad/conoce-el-panorama-de-la-desnutricion-infantil-en-el-peru-noticia-83018

[7] “¿Dónde están los pobres?”, Webb, Richard, El Comercio, lunes 21 de setiembre de 2015.

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Archivado bajo Crítica cultural, Ensayo político, Política cultural

Fujimorismo Libidinal. Hiperrealidad, terror y cinismo en la democracia peruana

Rafael Ojeda

Abril es el mes más cruel
hace que nazcan lilas en la tierra muerta, mezcla
recuerdos y deseos, removiendo
lentas raíces con lluvia de primavera.
T.S. Eliot  (1922)
.

En un período en el que las múltiples dimensiones del cinismo nos confronta con el falseamiento generalizado, en el que la ignominia y el reduccionismo amnésico de gran parte de la población, que libidinalmente suele apostar por el crimen, la corrupción, las violaciones y el horror, nos deja el sabor amargo de una enfermedad crónica o de una condena larga, condena que funciona como una recaída constante en el terrible círculo de fatalidad, que implica una presencia nunca esperada pero a la vez anhelada, en un país conflictuado ante la complacencia y anuencia de los grupos política, económica e informacionalmente poderosos, que hacen que la permisibilidad indulgente hacia lo habitualmente contrahecho o monstruoso, sea solo una característica parcial y asimétrica, ante las fisuras, intersticios y contradicciones de una civilidad y legalidad peruana, que suele desfavorecer y ser implacable con unos, mientras es obsequiosa y débil con otros.

En este contexto, las contradicciones y límites de la legalidad constitucional, se muestra siempre indefensa ante la voluntad autocrática de sus liquidadores. Sectores política y moralmente perversos, siempre expectantes y al acecho, ante la posibilidad de transgredir las normas y patear el tablero de la institucionalidad y representación democrática, incluso desde el interior mismo de aquella legalidad[1], status quo cíclico de un país diametralmente dividido, polarizado y crítico. Por lo que, cuando irrumpe el terror como posibilidad fáctica y real de revivir y reivindicar crímenes, corrupción y persecución del pasado, algunos pocos suelen pisar el acelerador para que el horror no los alcance, y termine entreteniéndose con aquellos que no tienen la suerte de poseer un pasaje familiar a Estados Unidos o Europa; mientras los demás, los que no tienen la posibilidad de escapar… suelen rezagarse y quedar como carne de cañón de las ambiciones totalitarias que suelen asumir al Estado como un botín.

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“La cacería del tigre, del leopardo y el león” (1616). Peter Paul Rubens

Así, ante los anhelos antidemocráticos instalados en el interior de lo que conocemos como democracia representativa peruana, que hace mucho adolece de una seria crisis de representación, además de estar inmersa en la trampa de la civilidad y constitucionalidad que la deja indefensa ante la emergencia de sus posibles liquidadores, una única respuesta a la pregunta sobre cómo hacer para escapar de la zona de turbulencias, de un contexto agobiado por el cinismo, la simulación y el falseamiento generalizado, enquistado en el farandulerismo, el trasvestismo político, la demagogia y el cinismo, resulta complicada. En una realidad en la que las sumas racionales ya no parecen corresponder a las ciencias exactas, sino a los caprichos y evoluciones de los intereses económicos. Por lo que, tal vez urge desentrañar política y moralmente, los puntos ciegos o fallidos que empiezan a manifestarse en los mecanismos de regulación y racionalización de la memoria peruana. Una memoria poliédrica y problemática.

1. Memoria del mal, tentación del bien

Tzvetan Todorov, hablando de los usos y abusos de la memoria, recordaba que, tras el fin del espanto que había significado la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill había dicho: “tiene que haber un acto de olvido de todos los horrores del pasado”, y que casi en ese mismo momento, el filósofo estadounidense George Santayana formulaba su conocida advertencia: “Los que olvidan el pasado están condenados a repetirlo”. Lo cual para nosotros explicaría el carácter contradictorio de un tipo de memoria determinada por una condición articulada y funcional, que como fraseología normativa se fue convirtiendo en el eslogan en pos de la memoria y contra el olvido, articulado por todas las “comisiones de la verdad” latinoamericanas, luego de los períodos de los diversos episodios dictatoriales y autocráticos y de genocidios acaecidos en el continente.

Estas pugnas por la memoria, arribarán al Perú con los discursos congregados entorno al “Informe final” de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003), luego de las dos décadas de horror y crímenes políticos. Donde  la sociedad del espectáculo peruana, cuyas bases populares  aplaudieron aquella llamada política de “pacificación”, que de ser entendida como una efectiva vía para la contención y derrota de los grupos alzados en armas, se fue expandiendo, vía el uso de estrategias contrasubversivas en tiempos post-subversión −usadas contra ciudadanos simplemente contrarios a sus ambiciones autocráticas−, hasta convertirse en carta libre para justificar la impunidad, la represión y la pretensión totalitaria de anular todo tipo de antagonismos endémicos a la sociedad peruana, con la finalidad de homogeneizar voluntades y deseos, y de perpetuar al fujimorismo en el poder.

neuronas1Siguiendo a Todorov, podríamos pensar, como profiláctica social, que el olvido no siempre es bueno, pero tampoco es bueno aferrarse a algunos recuerdos desastrosos, que podrían hacer la vida menos llevadera. Por lo que, desde una noción memorialista que va atrapando los signos en una trama de representaciones convenientes a la reconciliación, nos encontramos con la tragedia pre-representacional de la percepción. Lugar en el que la experiencia nos muestra, en el testimonio, las vicisitudes de la experimentación del horror, a partir de subjetividades cuya condición de exclusión, es muchas veces agravadas por el carácter o especificidad sexual, la condición étnica y la desventaja social, convertidos estos, en una sumatoria de cargos en contra o una larga lista de deméritos.

De ahí que, en lo que corresponde estrictamente a la historia peruana, no obstante la profusión de escritos que abarcan los discursos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y la violencia política desatada durante los años ochenta y noventa −no obstante el boom literario de novelas referidas a la violencia que siguió a esos años−, aún continúa pendiente un estudio teórico y analítico serio de dicho período. Estudio que abordaría o debería abordar un aparato simbólico-discursivo plagado de conceptos claves como hiperrealidad de Jean Baudrillard, videopolítica de Giovanni Sartori y economía libidinal de Jean-Franςois Lyotard, sobre todo debido a las dimensiones insólitas que alcanzó la política y la antipolítica peruana de los años noventas. Una historia que, además de albergar, ante la simulación de lo Constitucional en lo hiperreal, una noción ortopédica de lo nacional, como referente evidenciado, sobre todo luego de la propagación de uno de los primeros videos de los sobornos y compra de voluntades cometidos por Vladimiro Montesinos, videoimagen que nos muestra esa alter realidad como re-presencia, pero mucho más real que los simulacros vividos y experimentados en la habitual “realidad” de la vida cotidiana.

No es insensato, debido a ello, anticipar que el resultado de ese estudio podría parecerse a algunas de las tramas observadas en la saga Matrix, de los hermanos Wachowski, pero territorializadas en el Perú de los noventas; con un escenario dantesco y catastrófico diseñado y dirigido por Vladimiro Montesinos, para allanarle indefinidamente el terreno presidencial a los Fujimori y compañía. Por lo que tampoco es insensato pensar este contexto como el del triunfo del “principio de placer” sobre el “principio de realidad” freudiano, y hablar de una “crisis de realidad”, pero caracterizada, a manera de espejismo, por lo que Alain Badiou ha definido como una “pasión por lo real” –pasión que habría caracterizado al siglo XX−, que en nuestro país, cerrando ya dicho siglo, ante una protagónica política del simulacro y la simulación, construido por el fujimontes(c)inismo, que fue encubriendo el imperio de lo real por otro “para-real”, que fue impuesto sobre la realidad misma. Una realidad de persecuciones, represión, asesinatos, chantaje y crímenes diversos, además de saqueo de las arcas fiscales, como realidad oculta tras la humeante cortina hiperreal de los psicosociales, realitys televisivos y noticias dictaminadas desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), protagonizadas de manera psicótica por una equilibrada tensión entre sensuales cuerpos desnudos frente a cuerpos descuartizados, quemados o putrefactos, banalizados en noticiarios y portadas casi pornográficas y gore, que buscaban de manera catártica, la expurgación ciudadana vía el horror y el placer. Donde el cuerpo permanecía como eje extático de placer y de degradación en la muerte.

Fotograma dela película MatrixAsí, esta tensión esencial entre pathos y thanatos, entre todas las dimensiones del goce y las de la muerte, como hábitos de consumo, durante la eclosión amarilla y chicha de la prensa de los noventas, sedimentada también en las formas económicas y políticas, se fue convirtiendo en el sumun de lo libidinal, en la exacerbación de la realidad hacia la hiperrealidad, en la que lo real se construía de manera escenográfica, para ser asumida de forma arquitectónica. En un contexto en el que la noción de realidad y la de ficción habían sido puestas de cabeza, y en el que aquella bienvenida al “desierto de lo real” (Matrix-Žižek), terminó por determinar el privilegio de la re-presencia frente la presencia, en una apoteosis del simulacro y la simulación, edificada en el universo de la videopolítica peruana de la salita del SIN, dirigida por el asesor presidencial. Lo que hacía del Perú un paradigma que encarnaba las tesis videopolíticas de Sartori; sobre todo porque, luego de la difusión del video Kouri-Montesinos, y el derrocamiento del entonces presidente de facto, el Congreso de la República se convirtiera en una suerte de video-pub, en el que podía verse desfilar, tras esa efímera eclosión democrática que significó el final de la dictadura, a decenas de políticos, personajes y empresarios corruptos, sin sus seudocaretas de ciudadanos ejemplares, llevándose en costales el dinero del erario nacional, distribuido por Vladimiro Montesinos.

2. Terroristificación o la criminalización del otro como praxis “democrática”

Trascurridas ya dos décadas y media desde que Alberto Fujimori asumiera el poder en el Perú, para muchos las heridas de la memoria parecen haberse cerrado. Al menos para aquellos que se asumen como los únicos peruanos dignos y que no se ven ni como “terroristas” ni como “rojos”, ni como “chavistas” o “caviares”; es decir, los que se consideran los únicos “pacifistas”, “patriotas” y “demócratas”, y no recuerdan o no quieren recordar la difícil década que siguió al autogolpe del 5 de abril de 1992, la de la disolución del Congreso de la República y la convocatoria al Congreso Constituyente Democrático (CCD) y su Constitución Política de 1993 ―escrita fuera del CCD y aprobada dentro de él―, Constitución hecha a la medida del dictador, y que posibilitó su reelección el año 1995. Además de los que tampoco recuerdan los crímenes sistemáticos de pobladores en las sierras peruanas ―muertes que para muchos no corresponden a la memoria nacional―, los asesinatos de Barrios Altos y La Cantuta, las torturas de periodistas como Gorriti, las desapariciones, las esterilizaciones forzadas, el tráfico de Drogas en el avión presidencial, la fuga al Japón con las barras de oro del BCR. Todo esto teniendo como fondo a la tecnocumbia, además de los realitys televisivos y los diarios chicha, que determinaron la envilecida y repugnante “estética” de los noventas, como culto o monumento a la estupidez.

Afiche KeikoTal vez por ello, para los que no tienen ningún recuerdo crítico del pasado, resulten apenas anecdóticas la compra de voluntades y conciencias con el dinero de los peruanos en la salita del SIN, las torturas denunciadas por Susana Higuchi y el alejamiento de la entonces esposa de Alberto Fujimori del cargo de primera dama, además de su distanciamiento del entorno presidencial. Por lo que, el 2004, la hija de Susana y Alberto, Keiko Fujimori, asumió el cargo de Primera dama, que hasta entonces había detentado su madre. Algo que, tras una suma digamos racional, nos dice que la otrora primera dama del fujimontes(c)inismo ha gobernado, en el cargo de primera dama con su padre, más de seis años que pudieron haberse convertido en quince o veinte, de no haber ocurrido lo que muchos conocemos, pero que al parecer solo pocos recuerdan. Es decir, el surgimiento de destellos iluminadores de decencia, dignidad e indignación que permitieron el derrocamiento del gobierno espurio, fascistoide y dictatorial del señor Alberto Fujimori, que soñaba con perpetuarse en el poder, pero que tuvo que huir tras la caída de su hacedor y amanuense Vladimiro Montesinos[2].

Así, el concepto “terrorista”, esgrimido durante los noventas para descalificar a todos los que se oponían o eran contrarios a las ideas políticas, económicas y policiacas del fujimontes(c)inismo −debido a lo que estas ideas representaban− se fue haciendo de uso cotidiano como práctica de descalificación y criminalización del antagonista. Y es evidente que luego de todos estos años de constitucionalidad y Estado de Derecho, el resentimiento del dolido sector fujimontesinista –vacado el 2010 de la presidencia por incapacidad moral−, y de sus incondicionales seguidores que pretenden ahora llevar a los descendientes del otrora presidente nuevamente al poder, ha hecho que se abuse del rótulo “terrorista” para desacreditar e injuriar a la oposición y a cualquier manifestación o movilización política y ciudadana contraria a sus aspiraciones; las que son acusadas de terroristas, para justificar, hacer efectiva o desplegar una maquinaria extralegal, que les permitiera criminalizar y luego terminar con sus opositores.

Término que ahora, como en los mejores años de la dictadura fujimontesinista, se continúa aplicando a los grupos o movilizaciones contrarios y contrarias al fujimorismo, los que son acusados de extremistas, de terroristas, o, en el mejor de los casos, de estar infiltrados por elementos senderistas, con el fin de amedrentarlos y desmovilizarlos, para frenar así −vía las amenazas, la intimidación y el hostigamiento− cualquier intento de protesta, movilización e indignación histórica en contra de la perversión y criminalidad fujimorista, que suele ver aún, como botín de guerra o hurto, al Estado y al país.

3. Pulsión libidinal: hiperrealidad y performatividad antipolítica

En una década plagada de amenazas electrónicas y reales, de basurización, lumpenización y estupidización generalizada, en el confuso teatro virtual y real de la hiperrepresentación nacional, la cuestión implicaba un poco de intro-retrospección, pues en el contexto político-social-policial, en el que los actores de la farsa nacional fujimontesinista performaban, esto se nos revelaba como un simulacro naturalizado dentro del espectro de la videorrealidad de la “salita del SIN”, donde la realidad parecía superar a la ficción, y viceversa; pues allí, como en Matrix, los cabecillas del fujimorismo asumían el papel activo de la real pravedad humana, tras la consigna “todo se compra todo se vende”, a partir de la compra de voluntades y conciencias; mientras en la realidad visible y cotidiana de los peruanos, estos pretendían representar ―ayer como hoy― el papel de la decencia, el patriotismo y la moralidad. Situación que durante diez años fue celebrada libidinalmente por sus espectadores pasivos, que experimentaron el robo, las violaciones, las muertes masivas y las desapariciones forzadas como una suerte de “goce erótico”. Un goce sustentado en aquella pulsión sadomasoquista o simplemente masoquista del peruano promedio −o más precisamente del 30 % de peruanos−, representado como un sufridor ejemplar; que suelen asimilar la violencia como erotismo hipersensual, que les hace amar a su castigador, violador, secuestrador, ladrón, tirano o futuro asesino, y seguirlo con una devoción ciega, no obstante estar pudriéndose en la desprotección y la pobreza.

Esto que psiquiátrica y psicoanalíticamente puede ser explicado ante lo disfuncional que podría resultar el ser golpeado, sojuzgado, maltratado, pero siempre como preludio a momentos de ternura y éxtasis sexual, que encarnaría esa suerte de tiranía mezclada con amor, resulta complejo cuando abarca a un sector considerable de la sociedad peruana. Población ubicada más allá del “principio del placer”, ante su predilección masoquista por el dolor, que experimenta y sufre en carne propia el robo, las muertes masivas, la estupidización social, las violaciones, las torturas y desapariciones forzadas, estoica, deseosa o gozosamente, en pos de una “pacificación nacional” que se presentaba aún en tiempos post-conflicto, de manera más virtual que real, debido a las fuertes convulsiones sociales, que se hicieron mayores tras las pretensiones del fujimontes(c)inismo de reelegirse y quedarse en el poder por tercera vez.

a298f54c-4d0c-4582-b309-42e14c7063c3En este punto, el perverso dominador castigador asume su tarea de extender el goce del dominado deseoso y obsecuente tan lejos como este pueda; en una población fujimorista delirante ante los castigos del idolatrado amo, población sometida que es retribuida tiernamente por las dadivas y los víveres que servían para compensar la insatisfacción y vacío propiciado por su algolagnia. Un masoquismo interiorizado ya en el imaginario popular de la época y extendido hasta nuestros días, y que podría encarnar aquella tradicional idea machista andina del “más me pegas más te quiero”, pero que en cierta medida es remarcada y enarbolada, ya en un ambiente cosmopolita y desfeminizado, en una de las letras del cancionero popular chichero nacional, que idealiza el sufrimiento como vía para alcanzar el placer: “sufre peruano sufre, para progresar”, del cantante Abelardo Gutiérrez, conocido como Tongo, tema que podría ser representativo de dicho período, en la idea de experimentar el dolor para ser salvado y retribuido vía el placer producido por la presencia imponente del ser amado.

Esta patología, de alguna manera habría legitimado las pretensiones del fujimorismo de reelegirse y quedarse en el poder por tercera vez, pues, pulsionalmente, esto reforzaba su esencia sádico-política, desbocada sobre el polo nacional masoquista-sufridor, que experimentaba la pravedad fujimontesinista como goce erótico, por lo que estos habrían empezado a amar a su tirano-castigador-secuestrador, en una suerte de Síndrome de Estocolmo, que hace aún más grave la relación amo-esclavo sadomasoquista, para convertirla en una aterradora parafilia social nacional; lo que dio origen, durante el año 2000, a multitudinarias movilizaciones del sector poblacional horrorizado y no afectado por dicha enfermedad, que pugnaban por un retorno democrático y constitucional. Lo que hizo que, luego de la difusión del video Kouri-Montesinos y rota su identidad siamésica entre el doctor y el ingeniero, tras la fuga a Venezuela del asesor Vladimiro Montesinos, Fujimori, aprovechando su secreta nacionalidad japonesa, huya al Japón y desde allá renuncie a ¿su? cargo presidencial vía fax.

 

Es debido a esto que podemos decir que el fujimontes(c)inismo funcionó como un mecanismo de relojería para las violaciones de los Derechos Humanos, el desfalco del dinero proveniente de las privatizaciones y el saqueo sistemático del país; además de la compra y el chantaje de los medios de comunicación y las remozadas formas de totalitarismo, que los medios masivos, adictos al dinero del régimen, ayudaron a encubrir; a partir de una estrategia de estupidización generalizada de la población, que ―vía la “prensa chicha” y los “periodistas geishas”― fue reduciéndonos a la condición de consumidores indolentes de la tragedia nacional, como sufridores ejemplares, que a la manera del personaje bíblico Job, no perdían la fe, no obstante los horrores de la violencia, el totalitarismo y el neoliberalismo económico de la segunda mitad de los noventas que empezaba a destriparlos. Todo esto en tiempos post-subversión en los que las estrategias contrasubversivas del Estado, continuaban accionando y amedrentando a la población civil.

En este contexto, podría resultar una ucronía apocalíptica preguntarnos qué hubiese ocurrido si el gobierno de Fujimori, que pretendió reelegirse por tercera vez, que había renunciado a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, que propiciaba genocidios y torturas sistemáticas, que compraba canales de televisión y empresas periodísticas, se hubiese prolongado hasta el 2015 o al 2020. Tal vez ahora nos hubiese estado gobernando Kenji, y Keiko Fujimori Higuchi no hubiese tenido la necesidad de descender al llano de la democracia para enfrentarse a los “políticos tradicionales” y a los que aún hoy continúa llamando terroristas, caviares o chavistas, para intentar alcanzar, por la vía electoral, la presidencia del Perú. Y tal vez las grandes familias y demás sectores de poderosos del país, no tendrían la necesidad que sacarse la careta, cada cinco años, y cerrar filas en favor de la corrupción, el crimen y el pasado antidemocrático, en un país en el que, según las encuestas, un poco menos de la mitad de sus habitantes viven obsesionados por la monstruosidad, la deformidad, la pravedad, el cinismo y el vicio fujimontesinista.

En algún contexto similar a este, que se está tornando ya en una enfermedad endémica, César Hildebrandt había dicho, que preferiría votar por el Loco Perochena antes que votar por Keiko Fujimori. Y esto que podría parecer una enunciación trivial, podría poseer un sentido cuasi religioso, ligado a una suerte de puritanismo moral, si consideramos que Perochena, Canebo o cualquier otro vulgar delincuente o salteador de esquina, al menos podrían reconocer su condición de criminales y asesinos, mientras que el fujimorismo[3] no lo hace; y, lo que es peor, quiere hacernos creer que son personas honradas y dignas; que los crímenes son errores, que lo sucedido nunca aconteció, y que el gobierno más corrupto de la historia, es el mejor  gobierno de la historia (Keiko dixit). En un contexto en el que la autenticidad fue reemplazada por hiperrealidad, como copia o entidad sucedánea de una realidad desubstancializada y disminuida, que, como basura masmediática, fue hecha para fascinar a las masas, y que incluso ahora, como todas las plagas antidemocráticas y antipolíticas, nos sigue mostrando su rostro más repugnante y siniestro en el liderazgo de Keiko.

4. Usos y abusos políticos actuales del concepto terrorista

Es un hecho que las heridas causadas por las dos décadas de conflicto armado interno, han hecho que el concepto “terrorismo” nos siga remitiendo al estigma de un pasado de terror, que gran porcentaje de la población considera irrepetible, pero que el otro porcentaje fujimontesinista aún idealiza e idolatra para justificar su barbarie, una barbarie caracterizada por la imposición del miedo como política de Estado, el robo, el asesinato, el transfuguismo y la compra de conciencias. Lo que hace del fujimorismo una patología nacional o sociopatía que encarna la perversión hecha política. Por lo que el fujimontesinismo, como malestar, se fue haciendo libidinal y endémico.

La historia ya no tan reciente como para que los más jóvenes la recuerden, nos dice que a partir del llamado autogolpe del 5 de abril de 1992, el Estado asumió la forma de un régimen autoritario y corrupto que empezó a violar sistemáticamente los derechos fundamentales de los peruanos, haciendo uso sistemático de masacres y desapariciones para enfrentar las acciones terroristas de la subversión, pero que, en este transe, fue practicando también acciones terroríficas sobre la población civil, lo que tuvo como correlato una serie de muertes masivas, desapariciones forzadas y violaciones de los Derechos Humanos.

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Detalle de un retablo del Edilberto Jiménez

En este contexto, no resulta descabellado afirmar que fue durante el gobierno fujimorista en el que el “terrorismo de Estado” alcanzó dimensiones inusitadas. Lo cual resulta más grave aún, debido a que, en un contexto de conflicto armado interno, es el Estado el que debería respetar, proteger y defender la vida y los derechos de sus ciudadanos[4]; algo que no se le podría reclamar al otro bando terrorista, pues ellos suelen actuar fuera del espectro de la civilidad y las leyes, en tanto están asociados o englobados dentro del espectro de la  criminalidad y la delincuencia, y su falta de respeto por los derechos fundamentales.

Cabe decir entonces, que el fujimorismo presente, a pesar de compartir un pasado de terror con los grupos alzados en armas, ha empezado nuevamente a hacer uso político del concepto “terrorismo” para calificar o descalificar a los que se rehúsan a votar por ellos o a los que solo se manifiestan en su contra. Algo que nos dice mucho sobre cuánto han cambiado las estrategias políticas del fujimorismo, además de sus posturas “democráticas”, plagadas,  antes como ahora, de argumentos ad hominen, intolerancia, difamación, insulto y criminalización de las protestas y demás acciones de sus contrincantes políticos. Algo que, sobre todo durante los peligrosos años noventas, en muchos de los casos era seguido por la desaparición de los acusados.

De hecho, en este punto hasta se podría aceptar que Keiko no es culpable de todo lo acontecido en los noventas, y de que toda la culpa recae únicamente en su padre; pero resulta sintomático que sus ideas y respuestas, en este sentido, se parezcan mucho a las de Alberto Fujimori y a la de los demás fujimontesinistas. Lo cual explica el porqué de su estrategia e intentos en pos de criminalizar las movilizaciones y pronunciamientos de los que han empezado a movilizarse en su contra, hasta llamarlos “terroristas”, a la vieja usanza fujimontesinista.

5. El fujimonte-cinismo como enfermedad terminal

Quizá ante la generalización del cinismo, y la farsa de un “patriotismo” exaltado y plagado de mentiras, que criminaliza cualquier actitud discordante y de indignación moral uniformizándolo dentro del costal de estiércol conceptual que los fujimoristas llaman “terrorismo”. Tal vez para muchos sea racionalmente menos difícil optar, en el extremo de lo inaceptable, por un puritanismo político que nos ponga en la otra orilla de la moral masmediática y política regentada por el sector retardatario y fascista de la sociedad peruana, encarnado por el fujimorismo. Lo cual lamentablemente colisiona con la voluntad de los que ideológicamente reclaman priorizar la economía sobre la moral, la “estabilidad” sobre la dignidad y el derecho, legitimando con sus asertos sobre lo inmoralmente correcto, el crimen, las muertes y el saqueo ocurrido en la década más nefasta que ha podido experimentar el país, que nos ubica en un ambiente de pesadilla, en el que debemos escoger entre votar por el fujimontes(c)inismo redivivo o votar en contra.

Por eso, para los que estamos en contra del fanatismo fascistoide y contrahecho de sus seguidores, la cosa moralmente no es simple, pues ahora la imagen y el concepto de la dictadura fujimontesinista acechan nuevamente. Y para los que enfrentamos esto con horror, para los que optamos por un puritanismo político y moral, y le diremos no a la complacencia con la perversión, con el robo y la muerte, nada puede ser simple. Sobre todo si asumimos el Perú como nuestra amada gran casa, que corre el riesgo de recaer en el círculo vicioso de la fatalidad que terminamos por imponerle cada cinco años. Sobre todo si pensamos que en esta gran casa habitan nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos y demás seres queridos, ¿dejarías tú que alguien que ha acompañado en sus robos y crímenes a una banda de salteadores y asesinos, se quede a cuidar tu casa, se quede con tus hijos y disponga de tus bienes por una larga temporada?

dolor-campesinoQue un poco menos del cincuenta por ciento del país pueda creer o responder que sí, no puede ser solo síntoma de locura nacional. Ocurre que, para los sectores que detentan el poder en el país[5], durante casi una década Fujimori demostró ser un buen sirviente, uno eficiente que les hacía los trabajos sucios; en tanto que, para el sector restante de fujimoristas convencidos, provenientes de los sectores más desfavorecidos de los conos de Lima y de los sectores pobres del Perú, Fujimori ha sido el buen jefe que les regalaba cosas y los retribuía miserablemente, por la sola minucia de asistir a sus mítines a verlo bailar.

Ha sido Lyotard quien al hablar de economía libidinal nos decía que hay una pulsión social en la política contemporánea, hacia una suerte de masoquismo interiorizado, como pulsión resumida en el placer ante la perversión económica y políticamente infringida, como sensación de “goce erótico” ante las torturas experimentadas, los robos sufridos, las libertades y beneficios perdidos. Y es ese tipo de pulsión cuasi tanática de un gran sector de la población, la que nos enfrenta como peruanos nuevamente; nos enfrenta contra el fantasma del terrorismo de Estado, del saqueo nacional, del crimen y de la muerte moral.

En este contexto, uno puede dignamente abstenerse y no optar, pero mientras en las pesadillas nocturnas no se puede elegir y solo se debe seguir sufriendo hasta despertar; en esta pesadilla de la realidad nacional, en la que se ha convertido ahora la democracia peruana, todavía se puede hacer algo. Y hoy más que nunca se necesita de esa actitud moral, para no despertar después execrando a la nausea del mundo sedimentada en la cabeza y dirección del Estado peruano.

Rafael Ojeda

Notas

[1] Para un demócrata liberal consecuente, el peligro anticonstitucional, violento y autoritario, sustentado en la experiencia histórica reciente, lo representarían los dos polos antidemocráticos encarnados en el Movadef y el fujimorismo. Ambos siguen reivindicando acríticamente el pasado y a sus líderes presos.

[2] Hay algunas fuentes, entre ellas el Informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que nos dicen que la influencia de Vladimiro Montesinos sobre Alberto Fujimori, se habría iniciado cuando el segundo aún era candidato a la presidencia del Perú, durante el año 1990.

[3] Para no hablar solo de Keiko que, según muchos, entre ellos Hernando de Soto, no obedece necesariamente al “nombre del padre”, entendiéndose este concepto desde un giño lacaniano.

[4] Cabe decir que el Estado, legítimamente constituido, como expresión de la soberanía popular, justifica su existencia en el deber de respetar y defender los derechos de sus ciudadanos, y en muchos contextos históricos-sociales eficazmente no lo ha hecho o se ha manifestado contrario a estos.

[5] Léase “dueños” del Perú.

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Caosmosis y egopolítica limeña II. La ciudad como campo de batalla

Rafael Ojeda

A los períodos de crisis le siguen otros en los que las contradicciones se hacen más intensas. Contextos críticos en los que la presión de las mayorías sociales sobre el Estado, en pos de obtener una participación mayor en los asuntos nacionales y en los beneficios que la modernidad podría brindarles, entra en contradicción con la excluyente rigidez del aparato institucional y su ordenamiento jurídico que debería protegerlos, pero que, al sentirse desbordado, por lo general no lo hace. Períodos en los que el aparato político suele estar entre dos fuegos. Entre las exigencias de los sectores ultraconservadores, que fácilmente tienden a rebasar -en algunos casos solo aspiracionalmente- los márgenes de la institucionalidad y el estado de derecho, pues, seducidos como están por el autoritarismo, aspiran estos a la represión sin reparos de las protestas populares y demás conflictos sociales; lo cual históricamente ha derivado en la destrucción de la democracia y la “pacificación” vía la ruptura o interrupción del orden constitucional. Y las exigencias de una población fragmentada, que al sentirse excluida, suele manifestarse a través de la acción de distintos bloques de presión.

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Serie: Ciudades en Movimiento, Alessandro Papetti

En este contexto, en el imaginario político social de los sectores conservadores y ultraconservadores, ha ido emergiendo la idea de que, ante las convulsiones sociales, un Estado democrático que considera y respeta los derechos fundamentales y constitucionales de sus ciudadanos, siempre va a tender a ser tímido en sus facultades disuasivas y represoras, frente a los disturbios causados por los movimientos sociales, que pugnan en pos de perentorias reivindicaciones, por lo que, para ellos, la constitucionalidad y la legalidad funcionaría como un lastre para la añorada “armonía social”, una armonía que solo se alcanzaría con la anulación o hipertrofia de los antagonismos sociales. Por lo que, estos ciudadanos de extrema derecha, no comprometidos ni identificados con la constitucionalidad política y el orden democrático, apelarán siempre al recurso del golpe de Estado.

1. Caosmosis y crisis de representación

Hay en la ciudad contemporánea una noción emergente y terminal al mismo tiempo, como punto de partida de incertidumbres e inestabilidades encarnadas en las múltiples manifestaciones caóticas, cuyos efectos han tendido a diseminarse hacia todas las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales de la capital. Inestabilidades que tienden a desbordar las cartografías urbanas y mapeos de ciudadanía, a partir de procesos desbocados, que están demostrando la existencia de una suerte de ósmosis caótica, de influencia recíproca de procesos caóticos o de reciprocidad crítica en sus efectos urbanos.  Por lo que aquí el concepto caosmosis, no tiene el mismo significado o se desliga un poco del que le diera Félix Guattari, en su libro del mismo nombre, al definir lo caósmico como la interacción dinámica del caos y el ordenamiento inestable de lo complejo, presentado como una suerte de danza, coexistencia o “reconciliación entre el caos y la complejidad”[i]; sino que define un contexto urbano inestable, en el que se dan, en ósmosis, una serie de procesos caóticos que se van autoreforzando y articulando, agudizando el espacio crítico, hasta determinar nuevos efectos antropológicos, económicos y culturales, que describen nuevas actitudes sociales y nuevos antagonismos sectoriales, que están determinando las novísimas evoluciones y comportamientos de una población y una ciudad cada vez más enfrentada, fragmentada y caótica, pero interrelacionada.

Fractal 3D 4Todas estas contradicciones y tensiones sociales, fueron confluyendo en las ciudades más importantes del país, urbes que surgieron como focos de aglutinación que movilizaban proyectos unitarios de nación, pero en torno a ideales de progreso y a mitos de desarrollo la mayor de las veces no coincidentes entre sí. Fenómeno que en Lima fue mostrándonos su fase más vertiginosa y salvaje; evidenciando el fracaso de los proyectos unitarios, además de, debido al desborde popular producto de las migraciones campo-ciudad, la obsolescencia del Estado peruano; lo que nos ha impedido, hasta hoy, alcanzar una idea de identidad concreta, que defina un proyecto de nación adherido a una norma ciudadana, ante multiplicidades cada vez más evidentes que pugnan por una inclusión tolerante. Donde Lima, como otras ciudades cosmopolitas de América, se ha convertido en el ejemplo palpable de aquella preocupación fallida que ha significado el proyecto moderno de Estado-nación.

No obstante ello, si esta situación caótica que se retroalimenta así misma, está arrastrándonos al colapso, también desde allí parece vislumbrarse algunas luces de solución, que podrían también leerse desde la cada vez mayor presencia y protagonismo de los movimientos sociales y bloques regionales. Fenómeno que a la vez de albergar sectores que, contradictoriamente, representan a un gran espectro social masificado y fragmentado al mismo tiempo, como la proliferación de los márgenes, pero con incidencias de violencia social, criminalidad, inseguridad ciudadana, insalubridad pública,  pero que por ello mismo, también tiende a crear algunas alternativas que pueden vislumbrarse a partir de lo que el mismo Guattari ha llamado “revolución molecular”[ii],  pero en el sentido positivo del término, como fuerza de desagregación frente a la pulsión general y totalitaria, que marcharía en pos de una suerte de -si lo decimos a la manera de Jacques Derrida- diseminación de protagonismos, como inserción o emergencia de múltiples movimientos resistencias, manifestados a través de huelgas, bloques sociales, movimientos regionales y organización diversas, trasversales y antisistémicas, como síntomas del advenimiento de una crisis mayor, que muestran un escenario en el que existe una contradicción fáctica entre el funcionamiento y acción de la sociedad civil y la acción del Estado, en un escenario de Estados débiles aunque en apariencia tolerantes y democráticos versus Estados fuertes de corte absolutista y autoritario. Lo que nos ubicaría dentro de los márgenes “caosmáticos”, en el interior de las teorías peyorativas sobre los Estado colapsados o fallidos, que en nuestro análisis asumiría la noción de ciudades colapsadas.

Ludwig Meidner, Apocayptic Landscape, 1912

Una mirada a las ciudades infernales: Paisaje apocalíptico, Ludwig Meidner, 1912

Así, las exigencias sociales en pos de visibilización y reconocimiento, hacen que en la ciudad abunden múltiples manifestaciones sectoriales: huelgas y marchas políticas multitudinarias, debidas a que el Estado ya no representa o ha dejado de representar los intereses y aspiraciones de sus electores. Esta crisis de representación democrática, en la que las grandes mayorías, grupos o sectores que en la jerga científico social son contradictoriamente denominados “minorías sociales”, debido a su condición subalterna, en términos de poder, ubicados en una escala inferior de protagonismos políticos sociales, han empezado a nuevamente a desconfiar del aparato político, normativo y civil del Estado, a desconfiar de la política, de la democracia y de su sistema de representación. Lo que está haciendo evidente la incongruencia existente entre los proyectos políticos y urbanos articulados desde el Estado, y las necesidades reales de una población que, debido a su eterna condición de frustración y desprotección, no se siente representada y tiende a exasperarse.

Todo esto, por un lado, al alejar las aspiraciones poblacionales, ideológica y políticamente de la corrección democrática, la seguridad y la normalidad, elementos que han debido de ser provistos o reforzados por el Estado, hizo que algunos sectores de la población terminen repudiando abiertamente la formalidad y la legalidad política, incluso la formalidad de algunos partidos socialistas o “revolucionarios” legales, de la izquierda peruana, para simpatizar con los grupos que durante la década del ochenta, iniciaron la lucha armada en el Perú, en una guerra contra el Estado que, según sus cálculos, debería extenderse desde el campo a la ciudad, es decir, desde el Perú profundo hacia la capital peruana, es decir Lima. Por lo que ha sido ese contexto crítico, aún irresuelto en nuestros días, el que hizo que, durante los años ochenta, la violencia estructural y la sobre extensión de las brechas sociales, hicieran que grupos alzados en armas, como el PCP-Sendero Luminoso y el MRTA, se presentaran como una muestra concreta, descarnada y violenta de la aquella informalidad política y militar, surgida desde el descontento y el olvido de las masas poblacionales de los andes; desprendiéndose desde aquella asimetría que ha dividido a Lima y a la sociedad peruana, desde tiempos coloniales, entre ricos y pobres, poderosos y olvidados, urbanos y rurales, criollos e indígenas, además de los adherentes y los descontentos con un orden a todas luces problemático.

Por otro lado, fue también en esta situación de turbulencias, violencia y conflictos sociales, de corrupción y de la falta de legitimidad de los múltiples poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), y de falta de credibilidad en la clase política, en la que fue madurando, en la sociedad limeña, aquella eviterna debilidad por el autoritarismo, como pulsión hacia el recurso ordenador, unificador y disolvente, que vía la contención de las protestas sociales y políticas, por medio de la represión político-militar, que se dio aquella nueva interrupción del orden constitucional y democrático en el país: el 5 de abril de 1992. Golpe de Estado que, debido al descrédito y la crisis política, fue apoyado por un amplio sector de la población peruana, cometido por el entonces presidente Alberto Fujimori[iii], quien durante aquella noche del 5 de abril, decidió “disolver el Congreso”, terminar con el orden democrático que lo había llevado al cargo, y desconocer la Constitución de 1979. Un golpe denominado cívico-militar, debido a su naturaleza atípica, con el que se quebró nuevamente el orden democrático recuperado hacia solo una década, en 1980, con la juramentación de Fernando Belaunde Terry, luego de un largo período de dictadura militar[iv].

Todo esto fue mostrando que continúa irresuelta la incongruencia existente entre el sistema político y las circunstancias sociales que fueron emergiendo ante lo que Matos Mar ha denominado desborde popular. En un punto en el que el Estado peruano, antes como ahora, se encuentra entre dos fuegos, como en la República de Weimar en la Alemania, previa al ascenso de los nazis al poder: entre los que exigen justicia y la radicalización de la democracia y el de los sectores ultraconservadores filofascistas que desean acabar con el parlamentarismo para que se imponga la fuerza nuevamente.

2. Antipolítica y tentación autoritaria

Cabe recordar que ha sido en un ambiente de crisis como este -es decir en un ambiente de inestabilidades y de carencia de representación-, en el que, durante últimos años de la década del ochenta y los primeros del noventa, se fue creando las condiciones necesarias para que ese nuevo orden dictatorial se imponga, un nuevo orden autocrático articulado tras el advenimiento de Alberto Fujimori al poder. Por lo que podemos decir que tras el autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992, la década del noventa significó la irrupción de un nuevo gobierno policiaco, cuyo primer objetivo fue acabar con las instituciones y los partidos políticos, que, a pesar de todo, aún pueden ser vistos como el sustento doctrinal y el espíritu plural de la democracia, dando inicio a un nuevo período de persecución, corrupción y crímenes políticos.

Fujimori, que gobernó entre los años 1990 y 2000, en base a un plan económico diseñado por los organismos financieros internacionales –el FMI y el Banco Mundial-, con el apoyo del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y el Ejército peruano, asumió el control del Estado, a partir del empoderamiento absoluto del Ejecutivo, tras “disolver” el Congreso de la República y reformar la Constitución Política del Estado, a su antojo. Lo que le fue asegurando la impunidad ante la crueldad y los excesos y abusos de poder. El punto fuerte de sus prácticas políticas fue, sin lugar a dudas, su política antisubversiva y la persecución de sus adversarios políticos. Lo que ocasionó genocidios y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, casos descritos ampliamente en el Informe Final  de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR);  un período caracterizado también por una acelerada política de privatizaciones de empresas públicas, negocio que elevó el nivel de corrupción, de malversación, de compra de conciencias, de cinismo y de hurto de las arcas fiscales, a niveles antes nunca vistos.

En ese contexto, cabe recordar que, como Hitler, Fujimori también tuvo su Goebbels en la persona de Vladimiro Montesinos: asesor presidencial, consejero, brazo derecho y jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Algo que hizo que, producto del autoritarismo desatado por el llamado fujimontesinismo, ideológicamente se tuviera casi como bandera oficial, aquella frase atribuida algunas veces Goebbels, pero que probablemente haya pertenecido a Hermann Göring, comandante de la Luftwaffe de Hitler: “Cuando oigo hablar de cultura, echo mano a mi pistola”[v].  Y se cerniera por ello sobre el país, una etapa de corrupción, persecución y oscurantismo que fue alcanzando y contaminando todos los niveles de vida en sociedad. Desde la Iglesia hasta el fútbol; instituciones que fueron utilizadas también como mecanismos de control, dominación y aniquilamiento mental. Debido a esto, tal vez quepa decir que los noventas fue un período “sombrío” y de estupidización social. Un período de barras bravas, de tecnocumbia, de talk shows, de prensa chicha inundada de sangre, sexo e infamia, en el que incluso los clérigos de la Iglesia peruana parecen posesos exaltados, y se vuelven soeces y massmediáticos. Década en la que emerge en el ciudadano de a pie, un “nihilismo espontáneo” que va produciendo una generación “alpinchista”[vi], apolítica y conservadora, que desprecia las ideas y el esfuerzo mental, y hasta empieza a ver sospechoso cualquier tipo de manifestación que se esboce a sus ojos como “politizado” o “culturoso”.

Mas, esta actitud generacional, indiferente y sumisa, puede explicarse como el producto mejor logrado de una política de aniquilación mental, promovida por en el auspicio sistemático, como política de Estado, de una “cultura” de consumo, sustentada en un hedonismo de la simple diversión, ajustada a modas massmediáticas y soporíferas, dirigidas y administradas por la dictadura fujimontecinista. Con psicosociales y “cortinas de humo”, suministrados y diseminados entre la población, por todos los medios audiovisuales y escritos adictos al régimen.

102933__girl-mask-the-smoke-the-situation_pUn período en el que la población se fue haciendo devota de la chismografía, la frivolidad, el autoritarismo, la crueldad y el escándalo, que se sumaba al auge de una industria cultural, que al desplazar a la cultura popular –especificidad que cuando no fue aniquilada, terminó por ser absorbida por el mercado-, tuvo serias repercusiones en la capacidad intelectual y crítica del peruano promedio. Esto debido a que el gobierno fujimontecinista se había encargado de desacreditar a todas las instituciones políticas, a todas las ideologías –excepto la del libre mercado que era el sustento económico de sus acciones y el aparato logístico para complacer las disposiciones de las multinacionales financieras que lo favorecían-, además de desacreditar las aspiraciones intelectuales y política de la sociedad, pero específicamente a la izquierda peruana -venida ya a menos tras la caída del muro de Berlín y el fin de lo que se llegó a conocer como el socialismo real soviético-, sector político que fue asociado a los grupos alzados en armas, para legitimar así la represión y persecución de sus líderes, y poder contar con el apoyo masivo de la población, sobre todo el de los sectores económicos más bajos o desfavorecidos del país, que pasaron de ser un segmento poblacional generalmente apolítico, a ser uno antipolítico, alimentando en ellos el desprecio por las ideas, el desprecio por la tibieza o timidez del Estado frente a los disturbios y el odio a todas las instituciones democráticas, que son vistas como un lastre para la contención.

3. Desequilibrios y colapso de las instituciones

Se puede hablar de un período de crisis generalizada en el que las anomalías del sistema se van diseminando hasta contaminar todos los niveles de vida en sociedad: política, economía, cultura, religión, educación, deporte, arte, etc. Lo cual va originando que se prefiguren las condiciones de un colapso, que determinará el fin de una época y el principio de otra. El inicio de un período que podría estar marcado por nuevas posibilidades, pero también por el asedio de los fantasmas de un autoritarismo siempre presente y acechante. Por lo que quizá sea esa la eterna trampa de la institucionalidad en el Perú, que hace que, parafraseando a Marx del Manifiesto… podamos inferir que la permisibilidad de la “democracia” peruana, produce o suele producir, ante todo, a sus propios sepultureros. Sectores antidemocráticos y autoritarios, siempre acechantes y dispuestos a saltar el orden constitucional e invocar el “cuartelazo” cuando la democracia se vuelve un lastre para su situación de privilegios.

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“Tropas de asalto avanzando bajo un ataque de gas”, Otto Dix, 1924

Debido a esto, la política peruana se ha caracterizado por una regularidad endeble; siendo la inclinación democrática, más cíclica y esporádica, que connatural a la sociedad peruana. Pues, si evaluamos los acontecimientos históricos, veremos que estos revelan un cuadro caótico y poco auspicioso, en el que se suceden indistintamente una serie de períodos democráticos y extensos períodos dictatoriales. Lo cual compone una gravedad escalofriante, si consideramos -solo por mencionar los últimos sesenta años- que desde el ascenso al poder en 1948 del General Odría, vía golpe de Estado, hasta el fin del mandato del comandante Ollanta Humala, 2016, en el gobierno peruano se han sucedido catorce presidentes y, de todos ellos, seis, de distinta duración, han sido de corte dictatorial: (Manuel A. Odría 1948 – 1956; Ricardo Pérez Godoy 1962 – 1963; Nicolás Lindley 1963; Juan Velasco Alvarado 1968 – 1975; Francisco Morales Bermúdez 1975 – 1980; Alberto Fujimori 1990 – 2000). Es decir, el promedio en el que se alternarían los períodos democráticos y los autoritarios, serían de diez años, aproximadamente. Lo que nos dice mucho de esa tensión permanente entre constitucionalidad y autoritarismo, como pulsiones que se habría acendrado en la sicología peruana.

En este sentido, en algún lugar David Held ha sugerido que la democracia es un conjunto de reglas que permanecen como un telón de fondo para acción política, que es la que la valida; mientras el fascismo no requiere de esas reglas; sino funciona como un poder desbocado, un poder que funciona o se ejerce fuera de esos márgenes normativos y que se concreta en el autoritarismo. Esto explicaría la relativa facilidad con la que, en el Perú, se suele quebrar el orden democrático, además del subrepticio desprecio, de corte fascistoide, hacia la política, y todo el orden legal que esta implica, de gran parte de la sociedad peruana, población seducida por el autoritarismo. Un deprecio encubierto, la mayor de las veces, tras el pretexto positivista, tecnocrático e ideológico del management económico en boga.

Así, a la experiencia de la fragilidad del aparato político-democrático peruano, que tradicionalmente ha solido debatirse entre estos dos hemisferios o posibilidades administrativo-gubernamentales: entre el autoritarismo y la democracia, democracia que en sus períodos más críticos ha sido arrinconada bajo el concepto de anomia; se suma el hecho de que durante los últimos años, gracias también a la fanfarria de significados y estrategias de marketing articuladas por el neoliberalismo económico en boga, o ideología hegemónica que ha implicado la “marketización” o mercantilización de todo lo peruano, con el espacio de lo político, de lo histórico y lo etnológico incluido en ello, se ha dado una suerte de “circo electoral” que, debido a la falta de seriedad que está caracterizando al espectro político peruano, falta de seriedad que está afectando la solidez del sistema democrático mismo.

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Ciudades en movimiento, Alessandro Papetti

Esta propuesta, que durante los últimos años ha adquirido para sí el nombre de Marca Perú, estrategia publicitaria que promociona un  país en venta, en la que incluso la democracia se ha mercantilizado, convirtiendo las elecciones o procesos electorales, siguiendo esta asonante tendencia,  en un mercado o en una suerte de “circo sufragista”, que ha dado origen a espectáculos sustentados en una serie de efectivas campañas político-publicitarias, que, como estrategias de compra y venta, cada cual más bizarra que la anterior, que se suelen reactivar cada cuatro o cinco años respectivamente, bajo el subterfugio de obedecer a una “fiesta de la democracia” o a la manifestación de una libre responsabilidad cívica, que ha dado como resultado, personajes políticos cada cual más bizarro que el anterior. Y si pensamos esto, en función al esquema dejado por Max Weber, esto ni siquiera obedecería a un principio de autoridad tradicional ni a una “dominación carismática”, pues la actitud lúdica y despolítizada de la población, ha creado, en los últimos años, memorables engendros políticos[vii].

En términos formales, estas tensiones entre democracia y dictadura, transformada en la oposición anomia y autoritarismo, son avaladas por el desinterés poblacional hacia lo político y lo social, por una sociedad civil casi inexistente, además de la crisis de representación en la que ha caído otra vez el sistema de partidos políticos y la democracia peruana, lo cual ha devenido en el asentamiento de una suerte de “reino de lo imprevisible”, en el que gran parte de la población peruana suele optar, a partir de las múltiples contingencias que le ofrece lo social y la vida cotidiana, a partir de las directivas y emociones hegemónicas del imperio de la improvisación sin límites, espacio en el que parece haberse convertido el país.

Esto, que podría tener su correlato en el espectro caótico que ha adquirido la ciudad en las últimas décadas, debido a la falta de planificación de su entorno urbano y político, en un país caracterizado por la improvisación sin límites, por los outsiders políticos, por el no-diseño, por la saturación contingente de los espacios, por la poca preocupación y descuido estético; por el atentado permanente contra el patrimonio nacional, y por una informalidad política, complementaria y acorde a una informalidad económica y social, que es la que, por lo general, auspicia  esta sucesión de quiebres y reconstituciones del aparato democrático legal.

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Los estigmas del fraude llamado Marca Perú

De ahí que, esta noción de “nueva conciencia” social, en un contexto de degradación de aquella racionalidad que había inspirado los proyectos más serios de modernización peruana, degradación acelerada de manera insólita en un orden caótico que se retroalimenta, un orden “caosmósico” en el que la dinámica de los cambios políticos y antipolíticos, van exhibiendo, en ese trance, sus efectos multidimensionales y colaterales. Situación en la que las pautas institucionales que habían encausado los anhelos de futuro de la sociedad peruana, que habían sostenido la funcionabilidad del Estado desde los tiempos de instauración de la República hasta por lo menos los primeros o últimos años de los setentas, fueron desbordados. Originando, ante la inercia de las actuales estructuras políticas y sociales, poco flexibles, fiables y adaptables a este nuevo contexto, un contexto marcado el aumento de los antagonismos y por la fragmentación y la multiplicidad de lo social, frente a la crisis y falta de representatividad del sistema democrático peruano; en el que los sectores antisistémicos[viii] tienden a asumir un protagonismo problemático. Protagonismo debido al arraigo del autoritarismo y el subrepticio apego por lo dictatorial, en una población poco tolerante a la inseguridad y falta de certezas. Sectores populares cuyos intereses -que suelen identificarse con los intereses más retardatarios y retrógrados de la ultraderecha peruana- muestran una predisposición intolerante  y fanática hacia la aceptación de poderes desbocados. Algo que para nosotros se hizo evidente, durante la década del noventa, a partir de aquella inclinación mórbida hacia el autoritarismo y la corrupción, inclinación que siguen ostentando los actuales y aggiornados seguidores del fujimorismo.  

4. Egopolítica y el nuevo auge del autoritarismo

Desde este punto de vista, la sicología del limeño promedio o del neolimeño promedio resulta súper predecible. Sobre todo si hacemos un mapeo de las evoluciones de sus inclinaciones o preferencias políticas y antipolíticas, a lo largo de la historia republicana. Un historia en la que el fenómeno caudillista, o aquella pulsión criolla por el culto a la personalidad[ix], que parece estar inoculado en la sangre de los peruanos, ha evolucionado, para pasar desde aquella noción heroica y romántica, característica a los caudillos de los primeros años de la república, en relación a sus luchas y pugnas militares por el poder, casi sustentadas en la imagen del líder agonista y combatiente; hasta transformarse, sin perder su aspecto mesiánico y su carácter cuasi providencialista, en “caudillismos de escritorio”, como los que podrían caracterizar, con sus diferencias, a liderazgos carismáticos como los de Abimael Guzmán o Alan García, caudillismos que conceptualmente siguen calzando en esa taxonomía, de tipos de dominación o principios de autoridad weberianos, en lo que Max Weber denominó como “dominación carismática” -diferente de la tradicional, o de la específicamente racional, que sería el sustento de la modernidad política-, evidenciada en la fuerza emocional y motriz de los liderazgos carismáticos contemporáneos, “cuyas facultades mágicas, revelaciones o heroísmo, poder intelectual u oratorio”[x], encierran el detonante del fervor personal o arrobamiento que sienten por sus líderes o caudillos, los seguidores.

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La historia como flujo: de liderazgos heroicos a caudillos de opera bufa

De ahí que cabe preguntarse también, pero solo como anomalías sociales que podrían afectar a estos los principios de autoridad carismática contemporánea, por aquellos liderazgos contrahechos, en los que los nuevos “héroes” o líderes no se caracterizarían ya por sus actitudes gloriosas o heroicas, ligadas, si se quiere, a aquellos mitos fundacionales o legendarios que podrían tener sus equivalentes modernos, los que les dotaría de esa aura mesiánica y luminosidad que los ubicarían como líderes naturales; sino que, estos nuevos liderazgos “caudillistas”, se dan por algún accidente social o burla del destino, y recaen en personajes oscuros, vacíos y caricaturescos, que por alguna razón o accidente histórico, salen de entre las sombras del anonimato y la estulticia, para asumir un poder de pretensiones totalitarias y guiar a un grupo social inexplicablemente seducido por su presencia. Personajes grotescos que la mayor de las veces emergen o se concretan desde las aspiraciones de bienestar, justicia o venganza del sector social que terminará elevándolo como su líder; como personajes vacíos que van a ser convenientemente llenados de significados, a partir de la proyección de los desesperados deseos de sus potenciales seguidores, para -en la mayoría de los casos en los que salimos de un período hasta cierto punto “democrático”, para pasar a uno de corte dictatorial-, enfrentar vía el recurso del golpe de Estado, a un protagonismo indeseable pero aún respetuoso del “estado de derecho”; y aniquilar así, debido a aquella añeja debilidad peruana por el autoritarismo, al sistema democrático que lo ha llevado al poder. Algo que en esencia nos muestra la debilidad de la civilidad y del sistema democrático frente a la pulsión dictatorial y al autoritarismo endémico de un gran sector de la población.

Algo de esto ocurrió en la década de los noventas, cuando el fujimorismo decidió aniquilar a las instituciones que le habían permitido escapar de la cloaca en la que estaba refundido, para salir, respirar buen aire y desde allí alcanzar el poder. Pues el fujimorismo, que alcanzó la presidencia desde un orden  electoral y democrático, pasó a edificar, a partir de algo conocido desde entonces como “autogolpe”, ese imperio de la infamia y terror, que recordamos ahora como el período de gobierno cívico-militar, post 5 de abril de 1992, más corrupto de la historia. Un contexto en el que la podredumbre y el autoritarismo fue corrompiendo y embarrándolo todo, hasta pervertir todos los niveles de vida en sociedad.

Fujimontes(c)inismo: Identidad siamésica o entidad del mal

Fujimontes(c)inismo: Identidad siamésica o entidad del mal

Claro, podemos decir -si les creemos a las encuestadoras de entonces- que poco más de la mitad de la población estaba de acuerdo con esa “identidad siamésica” llamada fujimonte(s)cinismo, y que hasta hoy sigue estando de acuerdo con todo lo ocurrido durante aquella década. Pero cabe también aclarar, que ese amplio sector de seguidores obsecuentes del fujimontes(c)inismo, de alguna manera se beneficiaba o era beneficiado con las medidas y permisibilidad de aquel gobierno, sea a través de sus políticas asistencialistas -como las destinadas a los comedores populares y asociaciones  diversas, que, aunque de manera miserable, resultaban favorecidas-, sea a través de distintos favores políticos, de su tolerancia hacia el auspicio y la transgresión criminal, o de beneficiarse con la inyección de dinero recibidos de la corrupción.

Es comprensible, por ello, que durante la década de los noventas, años en los que confluyeron graves acontecimientos en el horizonte político -tanto nacional como internacional- se  haya dado un período en el que terminaron por colapsar los discursos acerca del Perú generados en los años veinte, dándose una crisis definitiva de los paradigmas  sociales y políticos, además de los discursos de modernidad y modernización de los pensadores de la generación centenario, que ,tras agotarse, no servían ya para dar respuestas a los retos de un nuevo status quo floreciente y dominante. Pues, el discurso ideológico y emancipador de la modernidad, se presentaba en el Perú como colapsado ante un contexto caótico, y una población saciada ya en su goce libidinal y dominada por los efectos irracionales de un poder que tendía a sobre pasarla.

En este contexto, la sociedad peruana de los noventas, y sobre todo la limeña, marcada por los rituales de los realitys, de la tecnocumbia y de los cómicos ambulantes, que aprobaba a rabiar hasta los actos para ellos más adversos y contrahechos del ejecutivo; se fue transformando en una sociedad el espectáculo, cuyas bases aplaudían también aquella política de “pacificación”, que de ser entendida como la vía para la contención y derrota de los grupos alzados en armas, se fue expandiendo hasta convertirse en carta libre para justificar la impunidad, la represión y la pretensión totalitaria de anular todo tipo de antagonismos endémicos a la sociedad peruana, con la finalidad de homogeneizar voluntades y deseos, y perpetuarse en el poder, en un país diametralmente dividido, polarizado y en crisis.

Las tres últimas décadas han significado un período de clausura para la sociedad peruana. Pues además del colapso psicológico de un país seducido por el autoritarismo, colapso que se evidenciaba en el fracaso del sistema de partidos, debido a esa suerte de “cualquierismo político”, además del desapego poblacional por la responsabilidad cívica -desapego que afectó también la solidez del sistema democrático-; se dio también el colapso del sistema económico, al fracasar el modelo de “industrialización por sustitución de importaciones” cepaliano, modelo latinoamericano de modernización que colapsa debido a la crisis inflacionaria y a la aguda recesión que siguió sobre todo al shock económico fujimorista de 1990. Período en el que, en la ciudad, las imágenes culturales tradicionales, es decir el referente cultural criollo y urbano, terminaron por ceder ante el protagonismo creciente de lo andino y lo chicha, que se fue enquistando en la cultura y el imaginario urbano limeño.

En este sentido, también se produjo una crisis de los ismos y del sistema de representación política, pues se fue cambiando el populismo, el socialismo o el aprismo de los años treintas o setentas, por el culto a la personalidad, convirtiendo a la democracia en una cita de egolatrías, que transformaron la política en egopolítica, como contextos o comparsas de egos, en los que fue inunda el fujimorismo, el alanismo, el humalismo, el toledismo o el nuevo (ego)ismo por venir. Y es en ese punto, en el que quizá la democracia dejó ya de implicar el establecimiento de un régimen de partidos, en convivencia y en diversidad, que se disputan el poder en un marco electoral legal, y que se sucederían en el gobierno, vía elecciones cada cinco años, actuando dentro de un orden jurídico con reglas claras; para pasar a ser una sucesión de personas sin identidad programática que gobernarían vía “piloto automático”, debido a un orden internacional controlado por los poderes fácticos de las multinacionales financieras.

No obstante, en un espectro político-social signado por una suma de inestabilidades, un contexto “caosmósico” que está haciendo imposible cualquier intento de planificación, certeza y predicción de lo venidero, todo esto se transforma. Así, ante la violencia política y social, los sectores marginales urbanos, y a la vez conservadores de los sectores C y D de la sociedad limeña, muchas veces antidemocráticos, agobiados por el desgobierno, la desprotección y las turbulencias políticas, la sociedad peruana parece apostar nuevamente por un régimen autoritario que acabe con los antagonismos; parece apostar por un gobierno de “mano dura” que “ponga orden”, incidiendo otra vez en el imaginario del modelo chileno pinochetista, que tuvo su correlato peruano en la década de los noventas, como el paradigma del desarrollo y pacificación vía los crímenes de la violencia y el autoritarismo; modelo que tuvo su avatar mediático en el Perú fujimontesinista, debido a la presencia transgresora de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.

5. La República de Weimar en el Perú y la nueva identidad del mal

Una ciudad atestada de una juventud apolítica, transculturizada y “tribalizada” en torno a emociones colectivas efímeras, inútiles y sin sentido, se convierte en un campo político-social minado, en el que tienen a detonar no solo conflictos generacionales, sino conflictos en algunos de los casos sectoriales, que, pese a negarse recíprocamente, desarrollan, en muchos casos solo “antagonismos de cubierta” o performáticos, debido a confrontaciones sustentada en diferencias nada sustanciales, y marcadas únicamente por un concurso de egos y ambiciones personales. De ahí que, cuando estos antagonismos egotistas se hacen sociales, cuando son creados y diluidos por modas político-culturales masmediáticas o a partir de efectivas políticas populistas de dominación y aniquilación crítica, son monitoreados desde un poder central que se propone manipular o controlar los hilos de la conducta social. Y es en ese momento, en el que el libre mercado, a pesar de esa suerte de homogeneidad mental o estandarización ideológica producida por la manipulación de los medios de comunicación y la cultura de masas, exacerbado por un individualismo de supervivencia de los sectores pobres, reproduce un estadio en el que parece imperar la ley de la selva; es decir, un contexto en el que los más fuertes suelen prevalecer sobre los débiles, y aunque esto, en una sociedad de consumo, reciba el nombre de competitividad, es este el matiz que hace que todo discurso sea antropofágico y problemático.

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Inestabilidad en la República de Weimar, previa al ascenso nazi

Cabe decir que la crisis de la democracia, pasa a entenderse -sea del modo que fuere- como una crisis de parlamentarismo, como crisis del sistema de representación político-parlamentario que pone en riego la civilidad. Así, la democracia, ya sin el apoyo popular, con la población desentendida de su responsabilidad cívica, y con el Estado de Derecho convertido en un lastre para su supervivencia; tiene menores posibilidades de defenderse, y tiende siempre a perder. Por lo que, no obstante que casi ha colapsado el sistema de partidos, debido al cada vez mayor protagonismo de esa suerte de “cualquierismo político” electorero -domeñado por la frivolidad, la parodia y el culto a la personalidad-, la legalidad aún permanece como telón de fondo de la vida política, validando la democracia. En un contexto en el que el autoritarismo se presenta en confrontación abierta contra el sistema democrático, un sistema sustentado en un conjunto de reglas, de las que el fascismo siempre prescinde, pues este se valida únicamente por la fuerza.

En este sentido, ha sido la República de Weimar, entendida como régimen político y, por extensión, como el período histórico que tuvo lugar en Alemania, tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, que se extendió entre 1918 y 1933 -es decir, solo existió durante once años. Período que, aunque democrático, se caracterizó por una grave crisis económica, por su inestabilidad política y social, plagada de golpes de Estado por parte de militares y derechistas, e intentonas revolucionarias por parte de los izquierdistas, desde tensiones que, como combinación caótica, devinieron en el ascenso de Adolf Hitler y el Nacional Socialismo (NSDAP) al poder[xi]. Por lo que, la imagen del advenimiento del nazismo, que produjo el colapso de la República de Weimar, en Alemania, es el ejemplo paradigmático de imposición de un régimen autoritario, luego de un período de esbozos democráticos, que desemboca en el caos. Sobre todo porque, en dicho período, tanto la socialdemocracia como los comunistas alemanes se encontraban tan enfrascados en sus luchas intestinas, que no vieron venir el avance del nacismo, que terminó por arrasarlos a ambos.

Esto, que puede sustentar la idea de que, a una situación de anomia le suele seguir una de autoritarismo; nos explica algo que ya se ha hecho común en los estudios político-sociales, al recurrir al concepto que puede ayudarnos a comprender la situación actual del Perú, como esa suerte de República de Weimar peruana, en la que los sectores políticos hasta cierto punto todavía democráticos –que no obstante los índices de corrupción nos han demostrado su apuesta por el sistema político democrático-representativo- se ven enfrascado en luchas personales, mientras que el sector que ya nos ha demostrado ser antidemocrático y autoritario, el sector fujimorista, continua creciendo. Así la ciudad y la sociedad peruana contemporánea, se presenta como el período en el que cualquier cosa puede ocurrir, en el que no sabemos aún a qué atenernos. Esto sumado al hecho que diferentes sectores de la sociedad, están empezando a invocar el espíritu del golpe de Estado, como solución ante la incertidumbre. Desprendiéndose así un fenómeno ideológico y de actitudes que, de igual manera, tiende a reproducirse, diseminándose en todos los niveles económicos, políticos, sociales y religiosos, que puede derivar en algo todavía peor.

masivas_catedral_coventryEn un contexto socio-político plagado de seres de una moral perniciosa y vacía, en la que la debilidad por la corrupción y el delito, tiende a unificar sectores y economías distantes y distintas, pero a la vez moralmente muy parecidas. Sobre todo porque en cuestiones morales, los delincuentes ricos y pobres, es decir los criminales de arriba y los de abajo, en sus aspiraciones y reacciones antidemocráticas y conservadoras, suelen pensar lo mismo, confluyendo en aquella suerte de identidad en el mal, que los acerca. Por lo que sería esto lo que quedaría como tarea, como un marco de análisis por construir, y que podría caracterizar a una suerte de sicología o sociología de la corrupción. Pero también a la sicología del corrupto y autoritario, un autoritarismo identificado siempre a las pulsiones más oscuras. Lo que nos podría llevar, nuevamente, como hace más de dos décadas, hacia un contexto de aparente orden policiaco-militar, orden post 5 de abril del año 1992, día en el que se dio el golpe de Estado cívico-militar del fujimorismo. Acto que, pese a significar la suspensión del orden democrático y de la institucionalidad, recuperada hacia solamente una década, en el país; fue apoyado por un gran sector de la población peruana.

Es por ello que, históricamente, podemos identificar la década de los noventas, como el período que podría marcar un antes y un después, al momento de analizar los diferentes tránsitos políticos-sociales en el país. Sobre todo si evaluamos las tendencias a futuro, y las pensamos a partir de aquella suerte de “identidad en el mal”, que coronara dicho período. Pues ahora que un alto sector de la población parece buscar el retorno a la época de barbarie, pretendiendo olvidar aquella inseparable sociedad Fujimori–Montesinos, una identidad “siamésica” e  identidad del mal, que no puede ser divorciada, y plantean el retorno a un autoritarismo exorcizado de su careta corrupta; cabe recordar que, a estas alturas, resulta conveniente encarnar solo en Montesinos -visto como el pervertidor de su líder mesiánico, líder que regresará para devolverles lo que han perdido o lo que creen les pertenece- las culpas de todo lo malo ocurrido durante la década que les tocó gobernar, pues, para ellos, la única salida es ganar.

Gonzalo Portocarrero, en su libro Rostros criollos del mal, plantea leer los sucesos de esa época, como los síntomas de una extensión del mal entendido como una destrucción gozosa de la vida: “Si hubiese que remitir la “ética” de Montesinos  a un principio único, este tendría que ser el siguiente: “bueno es lo que conviene a mi goce”, es decir, a mí y a la misión que supuestamente me justifica. Con Lacan, podemos decir que Montesinos es esclavo o instrumento del goce de Otro [como lo fue también Goebbels], pero que de esta esclavitud o servidumbre, él deriva su propio goce. Las cuatro máximas que informan su relación con los otros y consigo mismo significan el avasallamiento de la ley moral. La ruptura con la justicia en la relación con  los otros y consigo mismo. El significado de esta ruptura es poner en marcha un proceso de desobjetivación, es decir, el predominio creciente de las categorías de necesidad e imposibilidad, el vicio y la esclavitud. En el mundo interior de Montesinos, la libertad está arrinconada; su subjetividad tiende a reducirse a una cosa o sustancia deshumanizada, presa de pasiones voraces que le hacen imposible sostener los vínculos que le permitirían relaciones veraces con los otros”[xii].904424

Los últimos sondeos nos dicen que más del 30% de la población está seducida por regímenes autoritarios, y la tendencia social indica que esto tiende a incrementarse. En un contexto, en el que el espectro político se viene polarizando nuevamente; dividiéndose, por un lado, entre la ultraderecha, como el sector fascista, radical y retrógrado representado por el fujimorismo; los políticos de la derecha racista e intolerante, que representa a algunos sectores que apadrinaron durante los noventas y que, en algunos casos, subrepticiamente continúan apadrinando a Alberto Fujimori, pero que apostarían aún por la constitucionalidad democrática; versus un sector indefinido de activistas, ambientalistas, movimientos sociales y políticos fracasados que, en este contexto, aparentemente parecen no representar a nadie. 

En este sentido, este ambiente pre-autoritario, nos sugiere que el sistema democrático peruano ha sido otra vez herido de muerte, y que de él surgirá el personaje que le dará el tiro de gracia. Y las encuestas nos vienen mostrando ya esta tendencia. De esta manera, las esperanzas depositadas en aquella difícil transición democrática, sedimentada en los sueños de grupos y movimientos sociales que lucharon por recuperar la legalidad y la ansiada estabilidad democrática, otra vez se van diluyendo.

Podríamos ensayar respuestas y decir que la responsabilidad la tiene la dudosa moral y la torpeza de los sucesivos gobiernos “democráticos”, como el  de Alejandro Toledo, el de Alan García y el de Ollanta Humala. A todas luces, podríamos pensar también que el breve renacimiento de la institucionalidad en el Perú podría estar terminando. Entonces, nos ubicamos nuevamente en el inicio, en un período de convulsiones, anomalías y desorden, como el de la República de Weimar, en la que en cualquier momento surgirá un tirano que hará colapsar nuestro endeble Estado de Derecho. Esa es la trampa de la legalidad, de la institucionalidad y de la democracia política, que está indefensa ante los cambios que se avecinan.

Rafael Ojeda

Notas

[i] Guattari, Felix (1996). Caosmosis. Buenos Aires, Ediciones Manantial,  p. 99-100.

[ii] “La revolución molecular es portadora de coeficientes de libertad inasimilables e irrecuperables por el sistema dominante. Esto no significa que dicha revolución molecular sea automáticamente portadora de una revolución social capaz de dar a luz una sociedad, una economía y una cultura liberadas del CMI [Capitalismo Mundial Integrado]. ¿No fue acaso una revolución molecular la que sirvió de fermento al nacional-socialismo? De aquí puede desprenderse lo mejor y lo peor”. Guattari, Felix (2004). Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares. Madrid: Traficantes de Sueños. p. 69.

[iii] Los fujimoristas, hasta el día de hoy, siguen justificando este golpe de Estado, bajo la coartada de que fue una medida necesaria para derrotar al terrorismo y estabilizar la economía peruana. Actualmente Alberto Fujimori, se encuentra en un penal de máxima seguridad, acusado de violaciones a los derechos humanos y de corrupción.

[iv] El largo período de gobierno de Alberto Fujimori se extenderá desde el 28 de julio de 1990, hasta el 21 de noviembre del 2000, pues, tras los sucesos del 14 de septiembre de ese año, en el que saldrá a luz el primero de los llamados “vladivideos”, el régimen dictatorial se vendrá abajo.  Fujimori huyó a Japón, país desde el que renunciará a la presidencia vía fax. En tanto Montesinos será atrapado en Venezuela.

[v] En realidad la cita literal es “Wenn ich Kultur höre… entsichere meinen Browning”, es decir: “Cuando oigo hablar de cultura… le quito el seguro a mi Browning”. Atribuida a Göring debido a que aparece en boca de este, en la obra teatral nazi Schlageter del dramaturgo alemán Hanns Johst.

[vi] Alpinchista, jerga de connotaciones sexuales masculinas, que podría leerse como indiferente.

[vii] Véase Weber, Max (1969). Economía y Sociedad II. México: Fondo de Cultura Económica. pp. 711-713. En este sentido, algunos de los engendros políticos, pasados y presentes, serían Susy Díaz, Alfredo Gonzáles, Delgado Aparicio, Denis Vargas, personajes que con el paso de los años se han ido despersonalizando en el Congreso, hasta encarnar nominalmente sus acciones, para ser recordados únicamente como el “Come pollo”, la “Roba cable”, la “Lava pies”, el “Mata perro”… además de otros parlamentarios que han hecho de la política y la democracia, una payasada sufragista. Algo que ha venido incubándose desde tiempos del fujimorismo, hasta terminar por debilitar a los demás poderes del Estado.

[viii] Entiéndase aquí como antisistémicos, a los sectores autoritarios y antidemocráticos que defienden la instauración de un régimen de facto, es decir que añoran una dictadura, además de los grupos alzados en armas.

[ix] Aquí nos veíamos inclinados a utilizar el término “personalismo”, pero no lo hicimos debido a que este nos refiere a una corriente filosófica, ligada a Emmanuel Mounier.

[x] Weber, Max (1969). Economía y Sociedad II. México: Fondo de Cultura Económica. p. 711

[xi] La República de Weimar, denominación que procede del nombre de la localidad homónima, Weimar,  en Alemania, ciudad en la que se reunió la Asamblea Nacional Constituyente, que proclamó la Constitución de 1919, que le dio el acta de nacimiento. La República de Weimar se extendió hasta el  23 de marzo de 1933, cuando, luego de que los nazis obtuvieran la mayoría en las elecciones al Reichstag, aprobaron la Ley habilitante que significó su fin.

[xii]Portocarrero, Gonzalo (2004). Rostros criollos del mal. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales del Perú.

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