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Concentración de la pobreza. Sin el indígena no hay peruanidad posible*

Santiago Ibarra

 

Introducción

Entre los años 2000 y 2015, la pobreza en el Perú ha pasado de afectar al 54 % de la población nacional, al 23 % de la misma. Es importante destacar que esta reducción, conforme a los parámetros utilizados por el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática (INEI) –desde luego discutibles-, se ha producido dentro de un contexto económico altamente favorable al Perú y a Latinoamérica en general, debido en gran medida al incremento de la demanda de minerales e hidrocarburos desde los países asiáticos y otras regiones del mundo, y todavía más debido al incremento del precio de esos recursos. También es importante destacar que esta reducción no tiene la apariencia que se le quiere dar, porque un 40 % de los peruanos, es decir, más de 12 millones de personas, tienen ingresos de menos de mil soles mensuales, y es probable que frente a una reducción mayor del crecimiento económico caigan nuevamente en las estadísticas oficiales de pobreza.

Asimismo, en un contexto de crisis económica europea y de caída de la tasa de crecimiento económico de los países de Asia del Este, en algunos países latinoamericanos se ha iniciado ya el proceso inverso: el aumento de la pobreza oficial, como en Argentina, que afecta actualmente a más del 36 % de su población, gracias a las medidas neoliberales que recientemente ha tomado el gobierno de Macri, algo que se dio también con el gobierno neoliberal de Temer en Brasil (gobierno resultante de un golpe de Estado blando). Entre tanto, varios países de Europa occidental están en una profunda crisis económica, como España, donde hay hambre, desempleo y pobreza, pero en el que a nadie se le ocurre intervenir militarmente, a diferencia de lo que ocurre en Venezuela, país donde se ha creado una crisis económica mediante el desabastecimiento, buscando derrocar al gobierno de Maduro. ¿Por qué deberíamos pensar que el Perú sería la excepción a esta corriente internacional, en la cual hay períodos de reducción de la pobreza y hay también períodos de aumento de la misma?

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“El gigante de Paruro” (Cusco-1925) Martín Chambi.

Para el caso del Perú, nos interesa en este artículo señalar que la pobreza continúa concentrada en la sierra peruana, en el espectro de la población que tiene como idioma materno el quechua u alguna otra lengua nativa, población que se autoidentifica como indígena, y  que se ubica sobre todo en el espacio rural. Concentración que, como se verá, resulta aún más abrumadora, si analizamos los casos de extrema pobreza. Observación realizada, evidentemente, con fines analíticos y políticos a la vez. A través de la cual queremos señalar que entre nosotros tendemos al colonialismo, pues los orígenes de la postración material de la población quechua tiene sus raíces en la conquista y el colonialismo español, y a través de distintos mecanismos se ha reproducido hasta la fecha.

1. La pobreza por regiones naturales

La Sierra alberga al 27,9 % de la población peruana, menos de un tercio del total, pero contiene al 48,1 % de los pobres del país, casi la mitad del total. Por otro lado, la Costa alberga al 56,3 % de la población peruana, más de la mitad del total, pero contiene al 34,5 % de los pobres del país, un tercio del porcentaje total. Finalmente, la Selva concentra al 14 % de la población peruana, y alberga al 17,4 % de los pobres del Perú1.

2. La pobreza según la lengua materna

En el Perú, menos del 16 % de la población tiene como lengua materna un idioma nativo (el 13,2 % lo tiene en el quechua, el 1,8 % en el aymara, y el resto en otras lenguas nativas) Mas, para el año 2014, según el INEI, “la pobreza afectó al 35,4 % (8,5 % pobre extremo y 26,9 % pobre no extremo) de las personas que mencionan tener como lengua materna una lengua nativa, siendo casi el doble de la incidencia en la población con lengua materna el castellano, 19,5 % (3,3 % pobres extremos y 16,2 % pobres no extremos)”2.

Asimismo, “De acuerdo con el área de residencia, tanto en el área rural como urbana, incidió en mayor proporción entre la población que tiene como lengua materna una lengua nativa (48,2 % y 21,1 %, respectivamente)”3.

3. La pobreza según el área de residencia

En el Perú el 75,9 % de la población reside en el área urbana y solo el 24,1 % reside en el área rural; sin embargo, la pobreza afecta al 46 % de la población que vive en el área rural, en tanto que en el área urbana la pobreza afecta al 15,3 % de la población. Asimismo, el área rural concentra al 48,8 % de los pobres del país4.

4. La pobreza según el origen étnico

La pobreza afecta al 26,8 % de la población que se autoidentifica de origen nativo (quechua, aymara o de origen amazónico), en tanto que a la población negra afecta en un 19,3 %. A la población que se autoidentifica como blanca afecta en un 18,5 % y a los mestizos en un 14,1 %5.

5. ¿Y dónde se concentran las personas extremadamente pobres?

Los pobres extremos –cuyos ingresos personales alcanzan para cubrir apenas el costo de una canasta básica alimentaria (excluye el costo de vivienda, agua, luz, transporte, telefonía y otros gastos que efectuamos en la vida cotidiana)- se concentran mayoritariamente en el área rural del país: el 82,3 % de ellos residen en esa área6.

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“Policía presentando a ladrón” (Cusco-1924), Martín Chambi

De acuerdo con las regiones naturales, el 69,7 % del total de los pobres extremos se encuentran en la Sierra, el 18,4 % están en la Selva y el 11,9 % en la Costa7.

6. La herencia colonial

Como puede observarse, la pobreza no está homogéneamente distribuida a lo largo y a lo ancho del país, ni tampoco entre los grupos que se identifican como indígenas, mestizos, negros o blancos. Puede observarse que, proporcionalmente, la pobreza se concentra en la población de origen quechua, mestizos y negros. De otro lado, la pobreza se concentra proporcionalmente en la sierra del Perú, tradicionalmente quechua, aymara y campesina.

No es posible entonces dejar de mencionar que la conquista y el colonialismo español -que sometió a sangre y fuego a la población quechua y a otros grupos étnicos del país, sumiéndolos en la servidumbre y en la degradación material-, está en el origen del problema que destacamos en el presente artículo. Lo que tenemos hoy es una prolongación de ese pecado original.

Entre otras cosas, el colonialismo español desestructuró la pauta indígena de ocupación del territorio -el famoso control vertical de los pisos ecológicos, a partir del cual lograban dar un balance a su dieta diaria alimenticia8-, destruyó sus sistemas productivos, expropió sus tierras y les negaron todos los medios de ascenso material y espiritual.

En la cima de la pirámide de clases teníamos a hacendados, mineros y comerciantes españoles y criollos, mientras que en la base teníamos a indígenas y negros, reducidos a la servidumbre o al trabajo forzoso en las minas, bajo el tristemente célebre sistema de mitas.

Luego, bajo la República, las élites económicas y políticas del Perú, de mentalidad colonial, no tuvieron nunca interés en cambiar la situación material del indígena. Al contrario, la empeoraron. Y hoy en día el estado privilegia las inversiones en la agroindustria por encima del desarrollo de la economía campesina, o privilegia la minería a la agricultura.

Hubo y hay, entonces, una alta correlación entre raza, etnia, clase y pobreza. Y lo que hoy tenemos como concentración de la pobreza entre los quechuas, mestizos y negros es una expresión de lo que tuvimos bajo el colonialismo español y que la colonizada burguesía peruana ha prolongado en el tiempo.

La burguesía peruana tiene conectados sus intereses al capital monopolista extranjero. Y siente desprecio por la población indígena, a la que ve inferior, a la que menosprecia profundamente, a la que niega toda humanidad. Sobre esta burguesía recae hoy en día la responsabilidad del estado de miseria de un sector considerable de las masas indígenas.

7. Descolonización

De otro lado, así como existe una correlación importante entre raza, etnia, clase y pobreza (puesto que las clases populares son fundamentalmente indígenas, mestizos y negros), también es importante señalar que tras esa estructura existe un elemento que importa mucho: el control de la economía y del poder político por parte del capital monopolista extranjero y por parte de una ínfima minoría de la población cuyos intereses están conectados a los del capital monopolista extranjero.

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Peruanicemos el Perú. José Carlos Mariátegui

Sin atacar este control de la economía y del poder político, como decía José Carlos Mariátegui, sin democratizar la economía y el poder político, no será posible dar solución a los problemas de la población indígena, mestiza y negra. No será posible en suma ninguna descolonización. Ruta que puede verse como parte de la larga transición al socialismo.

Como decía José Carlos Mariátegui: “…Cuando se habla de la peruanidad, habría que empezar por investigar si esta peruanidad comprende al indio. Sin el indio no hay peruanidad posible.”9

Ahora bien, el problema no es solo económico, social, sino también cultural. Por eso debemos hacernos algunas preguntas y tratar la cuestión en términos culturales.

¿De qué peruanidad podemos hablar en un país donde las mayorías indígenas y mestizas están excluidas del derecho al bienestar material y a la ascensión espiritual? ¿De qué peruanidad hablamos cuando el alma colectivista indígena no alcanza a darle contenido y forma al Perú? ¿De qué peruanidad podemos hablar en un país donde las expresiones negacionistas de Occidente no están ausentes?

Todos tenemos de una u otra tradición, estas forman parte de nuestras vidas cotidianas y de nuestra intimidad. Vivimos entre esos dos mundos. Cuando se niega a una de las dos tradiciones negamos al hermano, al amigo, al cercano, al conocido, algún parentesco, el idioma que hablamos. Nunca se niega ni se odia lo desconocido o lo distante.

Para Mariátegui el Perú es un proyecto, no una realidad consumada. La tradición indígena existe y sobrevive pero es a la vez sofocada. La tradición occidental es también negada muchas veces aunque es dominante. Por eso Mariátegui hablaba de peruanizar el Perú.

Mariátegui formulaba su proyecto de la siguiente manera: “No es mi ideal un Perú Incaico ni un Perú Colonial, sino un Perú Integral”10.

Es decir, paralelamente a la democratización de la economía y del poder político, debe construirse el Perú Integral: tanto la tradición indígena como la tradición occidental forman parte de la peruanidad.

Este es el otro elemento que el camino de la descolonización debe incorporar en el país: la construcción del Perú Integral. Es un proyecto, no una realidad. ¿Dónde está el sujeto capaz de llevarlo adelante?

El proyecto de la burguesía nativa es de mayor conexión y mayor sintonía con la globalización neoliberal, reduciendo a lo sumo, lo indígena, a un conjunto de tesoros arqueológicos, pero negando al indígena concreto de carne y hueso, negando sus necesidades, demandas materiales y cosmovisión, las mismas que ve como una amenaza a sus intereses de clase11. A la vez, la burguesía nativa es prisionera y promueve la cultura individualista y consumista, propia del capitalismo, que es un gran obstáculo del proyecto de descolonización.

El proyecto nacional popular está presente entre otros en los movimientos indígenas-campesinos que cuestionan la inversión minera contaminante y en los movimientos juveniles y de trabajadores urbanos que defienden sus salarios y sus derechos laborales. Esos movimientos integran en gran medida la tradición occidental y la modernidad, y proponen un proyecto económico de desarrollo agrícola y un proyecto de desarrollo industrial en sintonía con los requerimientos de conservación ambiental y de desarrollo social sostenible.

Este es el proyecto que requiere el Perú para que las grandes mayorías indígenas, mestizas y negras atraviesen el anhelado cauce del progreso, del bienestar material y el ascenso espiritual.

Santiago Ibarra

 

_____________

(*) El título de este artículo es una variación de la frase: “Sin el indio no hay peruanidad posible”, de José Carlos Mariátegui, incluido en “El problema primario del Perú” (1925). Algunas de las reflexiones del presente artículo se las debemos al intercambio que sostenemos en el grupo Descolonización y Psicoanálisis, del cual tengo el honor de ser miembro. En especial, le debe al líder espiritual del grupo: el psicoanalista André Gautier, a la vez amigo y maestro.


Notas:

(1)  Instituto Nacional de Estadística e Informática, Perfil de la pobreza por dominios geográficos, 2004-2014. Lima, Gráfica Publi Industria E.I.R.L., agosto de 2015.

(2)  Ibíd.

(3)  Ibíd.

(4)  Ibíd.

(5)  Ibíd.

(6)  Ibíd.

(7)  Ibíd.

(8)  Murra, John, La organización económica del Estado Inca. Siglo XXI editores.

(9) Mariátegui, José Carlos, “El problema primario del Perú”, 1925. Texto disponible en internet.

(10) Mariátegui, José Carlos, Ideología y política. Texto disponible en internet.

(11) Cfr. Méndez, Cecilia, Incas sí, indios no. Texto disponible en internet.

 

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Hambre crónica en el mundo

Santiago Ibarra

 

En un mundo en el que la productividad alcanzada por el trabajo ha superado con creces todo lo logrado en decenas de miles de años de historia, el hambre afecta hoy a más de mil millones de personas en el mundo. El hambre crónica es la principal causa de muertes en el planeta, más incluso que el SIDA, la tuberculosis y la malaria juntas, según el Programa Mundial de Alimentos. Su solución es bastante sencilla; sin embargo, la prevalencia del gran capital monopolista hace imposible que esta se dé. Así, muy lejos de tomar medidas para acabar con el hambre, y evitar la muerte por año de más de 20 millones de personas, los estados del centro han corrido a salvar al gran capital monopolista financiero de la bancarrota, con recursos monetarios públicos que se cuentan por billones de dólares. Este solo hecho es suficiente para darse cuenta de la miseria espiritual del capital.

De otro lado, los llamados Objetivos del Milenio, promovidos por la ONU, no han cumplido con su meta de reducir a la mitad, hasta el 2015, el número de personas en condición de extrema pobreza. Lejos de ello, a raíz de la crisis financiera, entre 2010 y 2011, de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial, más de 70 millones de personas han caído por debajo de la línea de extrema pobreza, gracias a la criminal especulación financiera que se efectúa con los alimentos. Actualmente, en África, 13 millones de personas se debaten entre la vida y la muerte por el encarecimiento de los productos alimenticios y una sequía que la azota, aparte de las personas que en los últimos tiempos ya han muerto por esta misma razón, cuya estimación alcanza en el Cuerno de África -entre abril y agosto de 2011- hasta las 100 mil personas, más de la mitad de las cuales son niños menores de cinco años de edad.

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El problema del hambre mundial, no reside en la baja producción sino en la mala distribución

Según el Banco Mundial, entre 2007 y 2011 el precio de los alimentos ha aumentado en un 83 %. A diferencia del impacto que este incremento ha tenido sobre la vida de decenas de millones de personas, las transnacionales que monopolizan la producción y la comercialización de los alimentos han visto crecer fuertemente sus beneficios. Así, por ejemplo, la empresa Monsanto declaró en 2007 un aumento de sus beneficios en un 44 %, respecto al 2006, mientras que Du Pont declaró un incremento de sus ganancias en un 19 %. Las dos empresas están entre las mayores del mundo en lo que a producción de semillas se refiere. En Estados Unidos, Monsanto controla el 85 % del mercado de semillas de maíz, y el 92 % de las semillas de soja (1).

Es decir, mientras que millones de personas sufren las consecuencias del sistema capitalista mundial y, además, en la actual coyuntura, las consecuencias de la especulación financiera, las transnacionales se ven altamente favorecidas por esta misma razón. Esta es una de las mayores aberraciones que marcan al sistema mundial todavía vigente, la violencia estructural que en el mundo sufren miles de millones de personas.

Este incremento de los precios de los productos alimenticios no es efímero. Según una publicación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “los precios mundiales del arroz, el trigo, el maíz y las semillas oleaginosas en el lustro comprendido entre 2015‑16 y 2019-20 serán un 40 %, un 27 %, un 48 % y un 36 % superiores en términos reales, respectivamente, en comparación con el lustro de 1998-99 a 2002-03.” (2) Asimismo, un estudio de Oxfam del 2010 prevé que, para el año 2030, los precios de algunos alimentos básicos aumentarán a nivel internacional entre un 120 % y un 180 %, un 50 % de dicho incremento debido al cambio climático. Y, se estima que, como consecuencia de este incremento de precios, hasta el año 2050, 24 millones de niños más sufrirán hambre.

Hemos pasado de un período histórico (1945-1970) signado por el pacto entre el trabajo y el capital, más favorable para el primero, a uno en el que el capital desbocado logra imponer sus intereses particulares y mezquinos a costa de la vida de millones de personas. Para algunos, sin embargo, con el objetivo de ocultar la raíz de la catástrofe, la naturaleza y la dinámica del sistema capitalista mundial, el hambre crónica se explica por un supuesto exceso de población. Esta idea proviene de Malthus (1766-1834). Para este autor la población hambrienta crecerá vertiginosamente, dado que mientras que el crecimiento de la población irá en progresión geométrica, el incremento de la producción de alimentos irá en progresión aritmética. Está claro entonces que para los malthusianos los culpables del hambre y la pobreza son los mismos pobres. De ahí que propongan, como solución al problema, el control de la natalidad en los países del Sur. Sin embargo, los hechos históricos desmienten la tesis de Malthus. El verdadero problema es el sistema mundial y el modo de producción capitalista, no el supuesto “exceso de población”.

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Un estudio clásico de De Castro, referido al tema del hambre

En las últimas décadas se ha producido un importante incremento de la capacidad de producción de alimentos. Hoy, con la capacidad productiva existente es posible alimentar a nueve mil millones de personas, en tanto que la población mundial es de siete mil millones. El problema, como se ve, no es que exista una capacidad productiva inferior al número de personas existentes en el mundo. Ocurre todo lo contrario. El problema, consiguientemente, es de distribución. Al respecto, recordemos que las relaciones de distribución son determinadas por las relaciones de producción. Entonces, estas, las relaciones de producción y las de distribución, son las que están en tela de juicio.

No disponemos de datos actuales sobre el incremento de esta capacidad productiva en los países del centro y en los de la periferia. Señalemos que, aunque un poco viejos los datos que hemos encontrado, dan de todos modos una idea de cuánto se ha logrado incrementar la capacidad productiva en la producción de alimentos, muy por encima de la tasa de crecimiento de la población.

De un lado, tenemos que entre 1950 y 1980 la capacidad productiva en los llamados “países desarrollados” aumentó en un 95 %, mientras que la población solo aumentó en un 33 %. Es decir, la producción de alimentos per cápita aumentó en 47 %. De otro lado, tenemos que en este mismo período de tiempo la capacidad de producción de alimentos creció en los llamados “países en vías de desarrollo” en un 117 %, mientras que la población se incrementó en un 88 %. El incremento per cápita de la producción de alimentos fue de un 15 % (3). Empero, a pesar de este incremento en la capacidad productiva, el hambre y la pobreza han aumentado en el mundo.

Así, se colige que alcanzar una alta capacidad productiva no es suficiente para eliminar el hambre. La cuestión del hambre no se origina en una situación de escasez, sino en una de abundancia. Repetimos: el fondo del problema está en las relaciones de producción y en las de distribución.

Si bien es cierto que el hambre crónica y la pobreza se concentran en las periferias del sistema mundial, en el centro, en las llamadas “economías desarrolladas”, no son pocos los que están malnutridos y sufren la pobreza. Así, tenemos que, actualmente en Estados Unidos son 46,2 millones de personas y en Europa 115 millones las personas afectadas por la pobreza. En los Estados Unidos existen 20,5 millones de personas en condición de extrema pobreza. Pero, esta situación de deterioro de las condiciones de vida en este país, y en los de Europa occidental, no es reciente. Ya en la década de 1990, en Estados Unidos, la proporción de trabajadores que perdía su puesto de trabajo aumentó en un 15 %, en tanto que los que lograban reubicarse percibían un ingreso menor en un 14 % (4) Asimismo, entre 1979 y 1999 la mitad de los trabajadores experimentaron descensos de sus salarios de entre el 8 % y el 12 %. Y, de otro lado, mientras bajaban los salarios de los trabajadores, el número promedio de horas trabajadas a la semana aumentaba de 40,6 en 1973 a 50,8 en 1997 (5). Es pertinente recordar que la recuperación económica que se produjo en los Estados Unidos, en la década de 1990, se efectuó sobre la base de una acentuación de la explotación de los trabajadores.

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El hambre como arma de destrucción masiva

En realidad, la precarización de las condiciones de vida de los trabajadores del centro es un fenómeno de largo plazo que empieza a producirse en la década de 1980 y, dadas las características que ha asumido el despliegue del capital a escala mundial en los tiempos contemporáneos, entre ellas su extrema financiarización, es muy difícil pronosticar un giro sustancial de este cuadro.

A la par que el hambre y la pobreza recrudecen, la concentración de los ingresos en los Estados Unidos ha crecido a niveles jamás vistos antes en la historia: el 1% de la población controla actualmente el 69% de los ingresos totales de este país. Asimismo, las cuatrocientas familias más ricas tienen lo mismo que la mitad más pobre, es decir dos mil individuos tienen tanto como el capital acumulado de ciento cincuenta millones de personas (6) Entre tanto, entre 2005 y 2009, el ingreso de la población de origen latino cayó 66 por ciento, de 18 mil a 6 mil dólares, por lo que fue el sector de población más afectado por la crisis, profundizando aún más la desigualdad (7).

Al contrario, en Cuba, con un producto interno bruto bastante inferior al de Estados Unidos, la extrema pobreza y la muerte por hambre no existen, ni tampoco la desnutrición infantil, además de que exhibe uno de los mejores sistemas educativos y de salud del mundo. Y, una cuestión para subrayar, son conquistas logradas sin la masiva inversión extranjera que otros países, como el Perú, reciben, sin dar bienestar a sus poblaciones. (En el Perú, con una inversión extranjera directa de más de 7 mil millones de dólares el 2011 –según la CEPAL- el número de personas en situación de extrema pobreza asciende a casi 4,8 millones de personas) Sin embargo, Cuba es uno de los países más acosados por el imperialismo estadounidense y su aparato mediático. Generalmente, las personas que atacan a Cuba pueden tolerar sin ningún tipo de dificultad el hambre que padecen más de mil millones de seres humanos, o la muerte por hambre de 10,9 millones de niños menores de 5 años al año, pero no las barreras que en Cuba se le impone a la libre movilidad del capital, o la ausencia de libertad para acumular sin límites, o incluso la falta de bienes de lujo. Es, precisamente, la alienación mercantil un pilar fundamental del orden actual, y uno de los grandes obstáculos que hay que derribar para transformar y reconstruir el mundo.

En general, como se sabe, el santificado Estado de bienestar duró muy poco tiempo, entre 1945 y 1970. Luego de la crisis de rentabilidad del capital en la década de 1970, fue paulatinamente erosionado. El ímpetu neoliberal actual en los países del centro no es reciente. Y hoy no existen las bases materiales necesarias para una réplica del mismo. La crisis de económica que afecta a Europa, que tiene su origen en la especulación financiera, constituye el escenario para tomar medidas que benefician al capital financiero. Y las medidas tomadas, de reducción del gasto fiscal, solo pueden provocar un ahondamiento de la crisis, pues al contraerse la capacidad adquisitiva de la población no se estimula el crecimiento del aparato productivo, ocasionando a su vez un aumento de la pobreza en estos países.

Hambre

Geopolíticamente, el hambre se concentra en el lado sur del planeta

Si bien es cierto que gran parte de los afectados por el hambre viven en el área rural, y desarrollan sus actividades económicas bajo sistemas productivos obsoletos –hecho que utilizan algunos defensores del sistema para echar nuevamente a los pobres (en realidad, miserables) la culpa de su extrema pobreza-, no puede soslayarse en la explicación del problema la historia de colonialismo que sufrieron y sufren aún continentes como África, Asia y América Latina: saqueo de sus riquezas naturales hasta hoy, endeudamiento externo(8), destrucción de sus sistemas productivos y construcción de una agricultura especializada(9), intercambio desigual creciente; el subsidio de los Estados Unidos a su agroindustria, que provoca la liquidación de la agricultura de otras partes del mundo adonde llegan esos productos; la superexplotación de la fuerza de trabajo bajo distintas formas, etc. La unidad de análisis no puede ser un espacio nacional, aislado del resto del mundo, sino el sistema capitalista mundial como tal, sin dejar de lado, obviamente, las especificidades de cada país o región.

En la actual coyuntura el hambre crónica se agrava por varias razones, entre las cuales destacan la producción de biocombustibles, para cuyo efecto el capital se expande hacia las tierras destinadas a la producción de alimentos, ocasionando un aumento del precio de éstos; la especulación financiera, el negocio en el mercado a futuro; la concentración de las tierras más fértiles en manos del gran capital financiero; el cambio climático, provocado también por el gran capital, que considera “externalidades” todo lo que sea destrucción de la naturaleza (externalidades que deben pagar mayormente los pueblos), y el incremento del precio del petróleo. Todos estos factores determinan el incremento del precio de los productos alimenticios, ¡en un momento en el que se ha alcanzado una productividad mayor a la necesaria para alimentar a toda la población del mundo!

Una cuestión importante relativa al incremento de la capacidad productiva en el rubro alimenticio, es decir, a la tecnología utilizada en este terreno, tiene que ver con el hecho de que la misma provoca la inutilización de grandes extensiones de tierra en un futuro cercano. Este hecho pone en cuestión la búsqueda del incremento de la productividad del trabajo como un fin en sí mismo, sin relación con la satisfacción de las necesidades reales de las personas, y sin relación con la conservación de la naturaleza.

Asimismo, tenemos la conversión de los sistemas productivos agrícolas de los países en monocultivos, pues dejan a estos desprotegidos de la dinámica de la acumulación de capital, y su dependencia del gran capital monopolista crece por esta vía. La inseguridad alimentaria se ha extendido en el mundo. Así, por ejemplo, si en 1960 Ecuador era autosuficiente en trigo, a finales de la década de 1990 importaba el 97 % de lo que este pueblo necesitaba. Por su parte, el Perú produce menos del 10 % del trigo que consume, y Colombia el 3 % (10).

Es fundamental también hacer referencia al hecho de que, mientras que mil millones de personas padecen hambre, y otras cuatro mil millones son víctimas de la pobreza, el gobierno de los Estados Unidos y sus aliados europeos acentúan su militarismo, con la consiguiente degradación de sus sistemas democrático burgueses. El presupuesto militar anual de los Estados Unidos y sus aliados ronda el billón de dólares anuales para financiar sus guerras contra los países periféricos. Ayer fueron Afganistán, Irak, Libia, ahora apuntan a Siria e Irán. Algunos analistas afirman que estas guerras se libran no solo para obtener el control de los recursos naturales existentes en estas tierras, sino también para detener el crecimiento económico de China, impidiendo su libre acceso a los recursos naturales que existen en estos territorios.

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La pobreza según Jeff Gillette, de la serie Dismayland, en la que la fantasía de la “factoría de sueños” se mezcla con la dura realidad

¿Qué hacer? Hay gente para la que la China capitalista de hoy –rival de los Estados Unidos- es un modelo de desarrollo a emular por los países periféricos. No obstante, la China de hoy también sufre, como cualquier país capitalista, de sus contradicciones. De hecho, la crisis financiera ha tenido un impacto en este país, aunque, desde luego, no grave. Hoy mismo se produce en China una creciente sustitución del trabajo vivo por trabajo muerto en sus industrias. Por lo demás, el avance de su industria ha tenido lugar en base a una superexplotación de la fuerza de trabajo de su población -posibilitado por la existencia de un enorme ejército de reserva existente en este país- y sobre la base de la destrucción de la naturaleza. Pero, más allá de esto, el verdadero desafío de los pueblos no consiste en elegir entre uno y otro tipo de capitalismo, sino en salir del capitalismo.

El sistema imperialista no es capaz de dar fin con el hambre crónica. Pues acabar con el hambre crónica en el mundo no es lucrativo y, consiguientemente, no motiva a los capitalistas a hacer algo realmente serio en contra de ella; todo lo contrario: el hambre crónica es incluso funcional a la acumulación de capital, pues presiona a la baja los salarios del ejército activo de trabajadores. El sistema es una gran máquina que produce pauperización, exclusión y desigualdades sociales a niveles jamás registrados en la historia de la humanidad.

El sistema mundial capitalista está en contradicción con los derechos democráticos de las grandes mayorías, ¡al grado que le niega a la inmensa mayoría de la humanidad el elemental derecho a su reproducción biológica! No se exagera un ápice cuando se afirma que el genocidio está a la orden del día.

En base a varios elementos, algunos autores sostienen que la crisis mundial en curso es más profunda que la de 1929. Se habla tanto de la Gran Depresión del siglo XXI como de una Crisis de Civilización. En un artículo reciente, El debate en la Eurozona, el economista Paul Krugman –premio Nóbel de economía 2008, y de quien no se puede sospechar de marxismo- afirmó que está empezando a pensar que “nos estamos encaminando a un resquebrajamiento de todo el sistema”. Para los pueblos, la crisis actual constituye una gran oportunidad para transformar el mundo de raíz. Es necesario luchar por retirar los alimentos de la especulación financiera. Pero es necesario ir más lejos, todo lo lejos que exige la meta última de transformar radicalmente el mundo, meta a la que de cualquier manera no se puede arribar de un solo golpe. De nuevo, no se trata de elegir entre uno y otro tipo de capitalismo, de elegir entre un capitalismo financiero o un capitalismo industrial, sino de salir del capitalismo, de construir una nueva y superior civilización, y esta meta no es posible conseguir sino destruyendo el caduco orden capitalista. Solamente fuera del capitalismo, bajo el socialismo, será posible desbrozar la senda del verdadero progreso de los pueblos.

Santiago Ibarra

 

Notas:

(1) Janaina Stronzake: Alimento: ¿Derecho o mercancía? Hambre y alimento en perspectiva histórica. Bilbao, junio de 2011. El libro está disponible en http://www.rebelion.org/.

(2) El nombre de la publicación es Perspectivas Agrícolas, citado en El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Roma, 2011.

(3) R. Pampillon, “Población mundial y subsistencia 1950-1985” en: Revista de Estudios Agro-Sociales, Universidad de Extremadura, número 149, julio-septiembre de 1989.

(4) Brener, R., citado por Sotelo, Adrián, La reestructuración del mundo del trabajo. Superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo. México D.F., Universidad Obrera de México-Escuela Nacional para Trabajadores-Editorial Itaca, 2003.

(5) Arturo Guillén “La crisis de un mito. La nueva economía y la recesión estadounidense” en revista Trayectorias Nº 8/9 UANL, México, septiembre de 2001-abril de 2002, p. 150. Citado en Sotelo op. cit., p. 68.

(6) “Pobreza en los Estados Unidos: El sueño americano se terminó desde hace rato”, comentario a una publicación de la académica Terry Karl de la Universidad de Stanford, Página 12, 24 de abril de 2012.

(7) Edgardo Lander “¿Un nuevo periodo histórico? Crisis civilizatoria, límites del planeta, desigualdad, asaltos a la democracia, estado de guerra permanente y pueblos en resistencia” F1 Foro Social Temático, Porto Alegre, enero 2012. El texto está disponible en http://www.rebelión.org/.

(8) En 1960 la deuda externa de los países “no desarrollados” era de 18.000 millones, y, hacia 1984 había aumentado a 900.000 millones de dólares. Este incremento de la deuda externa en cincuenta veces determinó una fuga de valor, de trabajo, de capital inconmensurable, porque al monto nominal de la deuda hay que sumar las altísimas tasas de interés. Cfr. Miguel Giribets, El saqueo de África. Marzo 2011, disponible en www.rebelion.org.

(9) Así, por ejemplo, Kenia se especializó en el cultivo de flores para su exportación a Europa, Ghana en el cacao para su exportación al mercado estadounidense. Cuando entre 1986 y 1989 el precio del cacao cayó, la economía entera de este país se vio amenazada. Entre 2002 y 2003 otro tanto pasó con Etiopía, por la caída del precio del café. Cfr. Giribets, op. Cit.

(10) Janaina Stronzake, op. cit.

 

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La Polarización: Ley del Sistema Capitalista Mundial

Santiago Ibarra 

Introducción 

 

A mediados del siglo pasado se fabricó un discurso que prometía a las periferias alcanzar a los centros a través de su industrialización. La industrialización de las periferias tuvo lugar (aunque  de modo desigual), y, luego de realizada, muy lejos de reducir hasta eliminar sus diferencias con los centros, las desigualdades entre estos se han acentuado todavía más. En realidad, este discurso no constituyó sino la forma renovada de aquel otro que, desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, veía en la industrialización el medio que ineluctablemente llevaría a todas las naciones del orbe al progreso y a la prosperidad.

Fracasado el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, desde principios de la década de 1980, los centros imponen a las periferias un conjunto de (contra)reformas que, como décadas atrás, prometía su crecimiento económico y la reducción sistemática de la pobreza. Los resultados, sin embargo, han sido exactamente al revés.

Los neoliberales hacían del mercado un mecanismo autorregulador de los factores del crecimiento económico. A su vez, promovieron la reconversión de los aparatos productivos con destino al mercado nacional hacia industrias con destino al mercado externo, así como la apertura irrestricta de los mercados nacionales a los capitales transnacionales. Como era previsible, ninguna de estas medidas logró hacer realidad los objetivos señalados. La resistencia de los trabajadores afectados con las políticas neoliberales no estuvo ausente, y a fines de la década de 1990 y principios de la de 2000 tendrían lugar varias rebeliones masivas en el continente.

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“El cuarto estado” (1901), Giuseppe Pellizza da Volpedo

En primer lugar, la tasa anual de crecimiento económico alcanzada en América Latina durante el período neoliberal ha sido inferior a la lograda durante el período estatista: “Entre 1990 y 2000, el PIB real de la región (medido en dólares a precios constantes) se incrementó a una tasa anual media del 3,3 por ciento. Dicho crecimiento, aunque mayor al 1,1 por ciento anual, registrado en los años ochenta, fue mucho más bajo que el 5,5 por ciento de alza anual, lograda a medias en 1950-80” (1).

Asimismo, tampoco se revirtió el descenso sistemático de la tasa de crecimiento del producto interno bruto mundial: si hasta la década de 1960, este fue superior al 5 %, en la década de 1970 cae al 4,5 %, en la de 1980 al 3,4 %, y en la de 1990 al 2,9 % (2).

Este fenómeno está, sin duda, asociado a la hiperfinanciarización que la economía capitalista mundial viene experimentando en las últimas décadas. La hiperfinanciarización de la economía capitalista es la estrategia de las clases dominantes para aumentar sus ganancias al máximo en el menor tiempo posible, sin recorrer el tortuoso camino de la producción, en un contexto de decreciente capacidad de consumo de las masas.

En segundo lugar, es esencial mostrar que desde la década de 1950 el porcentaje de precarios (con baja capacidad de negociación, súperexplotados, desempleados, empleados en el sector informal) dentro de las clases populares en la población urbana mundial se ha incrementado –como indica Samir Amin- de menos del 25 % a más del 50 %, de 250 millones a 1.500 millones de personas, llegando a representar en las periferias cerca del 80 %, “registrando una tasa de crecimiento que supera aquella que caracteriza la expansión económica, el crecimiento de la población o el propio proceso de urbanización.” (3)

Por el otro lado, las clases dominantes representan necesariamente a un pequeño sector de la sociedad, pero son quienes más concentran las riquezas producidas por los trabajadores. Así, para algunos casos de países de América Latina tenemos que “a finales de los años noventa, el 10 por ciento de los hogares más ricos de Brasil concentraba cerca del 50 por ciento del ingreso nacional total, en tanto que el 40 por ciento de los hogares más pobres alcanzaba sólo el 10 por ciento del ingreso correspondiente. En Chile, la más moderna y dinámica economía de la región, la participación en el ingreso nacional del 10 por ciento de los hogares más ricos fue del 40 por ciento, y la del 40 por ciento de los más pobres estuvo por abajo del 15 por ciento. Las cifras de México y Argentina, así como las de las otras grandes economías de la región, también muestran una acentuada concentración del ingreso.” (4)

Acumulación de riquezas por un lado, crecimiento de la miseria por el otro. Dos fenómenos que se dan simultáneamente dentro de un mismo proceso: la acumulación de capital a escala mundial. La pobreza es condición absoluta del capitalismo. No es pobreza que se origine en la escasez: es pobreza que se produce como resultado de una creciente capacidad de acumulación de capital, como producto de un incremento de la productividad del trabajo. Bajo el capitalismo, cuanto mayor capacidad de producir riquezas, mayor número de pobres, de excluidos, de población sobrante y mayor sufrimiento, mayor degradación moral. Marx, precisamente, expresaba en los siguientes términos la contradicción inmanente a la acumulación de capital:

Esta ley es la que establece una correlación fatal entre la acumulación del capital y la de la miseria, de modo que la acumulación de riqueza en un polo es igual a la acumulación de pobreza, sufrimiento, ignorancia, embrutecimiento, degradación moral, esclavitud, en el polo opuesto, del lado de la clase que produce el capital mismo. (5)

¿Cómo explicaba Marx la acumulación de capital por un lado y el incremento de la pauperización por el otro? ¿Cómo se explica la concentración de las riquezas en los centros y la concentración de la miseria en las periferias del sistema capitalista mundial?

Marx: La ley general de la acumulación de capital 

La producción de plusvalía es ley absoluta del capitalismo. Tras las apariencias, Marx da con la realidad profunda. En la superficialidad de las cosas, la plusvalía aparece como ganancia: no solo el trabajo, sino también la tecnología y el dinero aparecen como creadores de valor. Marx, por el contrario, demuestra que la ganancia del capital tiene su origen en el trabajo no remunerado del obrero. Vale decir, la acumulación de capital tiene su partida de nacimiento en la explotación de los trabajadores que, a su vez, es posible por la propiedad privada sobre los medios de producción de los capitalistas. El capitalista no tiene otro fin que la maximización de sus beneficios, el incremento permanente de la tasa de plusvalía, con consecuencias desastrosas sobre el hombre y la naturaleza. Este es el secreto de la acumulación del capital, la realidad profunda que Marx develó.

Concentración y centralización del capital: acumulación de capital en la clase capitalista. La libre competencia conduce forzosamente a la concentración y a la centralización del capital. La concentración del capital tiene lugar por la vía de la creciente apropiación por capitales individuales del plusvalor producido por los trabajadores. La centralización del capital tiene lugar por la vía de la absorción y de la fusión de capitales distintos, dando origen a uno mayor.

Incremento de la composición orgánica del capital: creciente pauperización de los desposeídos. El desarrollo del capitalismo, mediatizado por las luchas sociales de los trabajadores y la competencia entre los capitalistas, implica un crecimiento constante de la composición orgánica del capital: la inversión en capital constante es cada vez mayor en comparación a la inversión en capital variable. Hay un menor uso relativo e incluso absoluto de fuerza de trabajo en las industrias, pero hay una mayor capacidad de producción de riquezas. El trabajo muerto sustituye y desplaza al trabajo vivo. A esta población que es expulsada del centro productivo o que queda fuera de él, Marx la llamó ejército industrial de reserva o población excedente. A su vez, esta población sobrante presiona a la baja los salarios y al deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores activos.

Salida de los obreros

Fotograma de la “La Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon” (1895), Hermanos Lumière. En este caso se trata de un numeroso grupo de obreras.

Acumulación de riquezas, de capital, y población excedente, sobrante, y precarización del trabajo en el sector productivo, esto es, pauperismo creciente, son entonces un resultado inmanente al despliegue del capitalismo, “ley absoluta, general, de la acumulación capitalista”. El desarrollo de las fuerzas productivas, de la ciencia y la técnica, bajo el capitalismo –nos dice Marx-, sigue necesariamente un camino contradictorio:

Todos los medios para desarrollar la producción se transforman en medios de dominar y explotar al productor: hacen de él un hombre truncado, fragmentario, o el apéndice de una máquina. Le oponen, como otras tantas potencias hostiles, las fuerzas científicas de la producción. Sustituyen el trabajo atractivo por el trabajo forzado. Hacen que las condiciones en que se desarrolla el trabajo sean cada vez más anormales, y someten al obrero, durante su servicio, a un despotismo tan ilimitado como mezquino. Convierten toda su vida en tiempo de trabajo, y arrojan a su mujer y sus hijos bajo las ruedas del Yaggernat capitalista. (6)

Franz Hinkelammert (7) sostiene la tesis de que lo que se produce en el mundo capitalista es un estancamiento dinámico, que lleva consigo una creciente exclusión de las grandes mayorías. Hay crecimiento intensivo –explica Hinkelammert-, pero no hay crecimiento extensivo. Hay crecimiento intensivo cuando el aumento de la productividad del trabajo es mayor al crecimiento del producto. Hay crecimiento extensivo cuando el crecimiento del producto es mayor al incremento de la productividad del trabajo. Lo que en el mundo hay es crecimiento del producto, en la industria y en la agricultura, y todavía más incremento de la productividad del trabajo, pero no hay generación de empleo. El crecimiento intensivo tiene su fundamento en la incorporación de nuevas tecnologías en los procesos productivos. Tecnología que sustituye y desplaza a los trabajadores. El sector excluido, que proviene del crecimiento demográfico vegetativo y, en las periferias, de la migración campo–ciudad, crece rápidamente. Para no morir de hambre esta población excluida, se autoemplea, y entonces aparece el denominado “sector informal” de la economía, caracterizado por sus bajos ingresos y la precariedad de sus condiciones de vida.

Circunstancias especiales que modifican (relativamente) la ley de la pauperización. La globalización neoliberal, nuevo viraje histórico: la ley de la pauperización se expresa con toda su fuerza

Intelectuales al servicio del sistema capitalista han intentado más de una vez refutar la ley marxista de la creciente pauperización. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo en su conjunto, pero, sobre todo, Estados Unidos, Europa occidental y Japón, experimentaron altas tasas de crecimiento económico, y, a su vez, en estas regiones, los salarios de los trabajadores aumentaban conforme se incrementaba la productividad del trabajo. Samir Amin -destacado marxista egipcio- explica, a partir del materialismo histórico, que este período de bonanza fue breve y especial, pues solo duró hasta mediados de la década de 1970. Y fue especial porque estuvo determinado fundamentalmente por la existencia en el mundo de un triple sistema: a) el sistema soviético, b) el Estado de bienestar de Europa occidental y c) los regímenes populistas de América Latina, todos ellos producto de la lucha de los pueblos por su liberación nacional y por el socialismo. Luego de que se desintegrara el bloque soviético, la suerte de los otros dos sistemas no fue distinta (8).

Periclitado este triple sistema, la correlación de fuerzas habría de ser largamente favorable a las clases dominantes del mundo. En especial, al capital financiero. Y, entonces, la transferencia de excedentes, de valor, de trabajo desde las periferias hacia los centros no impedirá que, en las últimas décadas, la situación material de los trabajadores de estos mismos países sufra un deterioro cada vez mayor. Marx había sido claro: “La acción de esta ley, como la de cualquier otra, resulta modificada, por supuesto, por circunstancias especiales” (9). Estas “circunstancias especiales”, como queda claro, las constituyeron una relación de fuerzas en el mundo más favorable a las clases populares.

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“Escena del mercado” (1550), Pieter Aertsen

Hoy por hoy, en el centro del sistema capitalista mundial, el 40 % de las clases populares en actividad son precarias. Ilustremos el crecimiento de la precariedad en el centro con tres ejemplos. En los Estados Unidos, en la década de 1990, el porcentaje de trabajadores que perdía sus puestos de trabajo se incrementó en un 15 %, al tiempo que los que luego conseguían reubicarse ganaban un 14 % menos en sus nuevos empleos (10). En Francia, el 75 % de los contratos tienen duración definida (11). Bajo la lógica unilateral del capital, el trabajo se precariza también en el centro. No de otra manera pueden entenderse las movilizaciones sociales que en las últimas semanas se vienen produciendo en Francia contra una reforma del sistema de pensiones -promovida por el gobierno de Sarkozy-, que atenta contra los intereses de los trabajadores, al aumentar en dos años la edad de jubilación de los trabajadores, de 60 a 62 años de edad, sino como la necesaria respuesta de estos a los intentos del capital de reducir aún más los costos de la fuerza de trabajo. Mientras tanto, la precariedad dentro de las clases populares urbanas ha pasado a representar del 50 % alrededor de 1950, a cerca del 80 % en la actualidad.

Lenin: el capitalismo imperialista 

Aunque el imperialismo (no el “Imperio”, como plantean Negri y Hardt) haya sufrido cambios fundamentales en las últimas décadas, es importante referirse a algunos aspectos del mismo estudiados y subrayados por Lenin. Lenin destacaba que el imperialismo es el capitalismo monopolista, que surge del capitalismo de libre competencia. (Lenin, a partir de esta premisa, criticaba ásperamente la crítica pequeñoburguesa al imperialismo, que busca sustituir a éste por el capitalismo de libre competencia; Lenin retrucaba: ¡el capitalismo monopolista, el imperialismo, es un engendro de la libre competencia! El imperialismo se caracteriza por el predominio del capital financiero, por la superioridad de éste sobre el resto de capitales, por su política colonial, de pillaje y sometimiento de muchas naciones por un grupúsculo de asociaciones monopolistas, a través de la exportación de capitales y otros mecanismos, lo que le da al imperialismo un carácter rentista, parasitario: “El mundo ha quedado dividido entre un puñado de Estados usureros y una mayoría gigantesca de Estados deudores” (12). Por esto, la cuestión nacional bajo el imperialismo se convierte en un problema álgido, pues la tendencia natural del imperialismo es a la dominación, no a la libertad, a la violación de la independencia política de los Estados nacionales, no al respeto de su soberanía. Los ejemplos actuales sobran, solo mencionemos la actual guerra imperialista que Estados Unidos y sus aliados libran contra Irak.

Samir Amin: La polarización a escala global 

El capitalismo unifica al mundo, pero no lo homogeneiza: lo polariza crecientemente. Samir Amin es tal vez el teórico marxista que en las últimas décadas ha insistido más en la naturaleza polarizante del sistema capitalista mundial, y la ha explicado. El capitalismo integra, unifica al mundo por primera vez en la historia de la humanidad, pero no lo homogeneiza; al contrario, lo polariza crecientemente. Hay que combatir decididamente las ilusiones que siembran las potencias imperialistas, que tienen eco en la burguesía y la pequeña burguesía de las periferias, ilusiones que tienen que ver con la idea de que las periferias pueden alcanzar alguna vez a los centros. El capitalismo es un sistema mundial, y la ley de la pauperización hay que constatarla también a este nivel. Mientras que Marx analizaba la ley de la pauperización al nivel del modo de producción capitalista, Samir Amin lo hace al nivel del capitalismo como sistema mundial, que tiene, sin embargo, su fundamento en aquél.

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“¡Salve la revolución socialista!”, cartel soviético, sin fecha, en él que se ve a Lenin, en la toma de posesión bolchevique de Rusia, 1917.

Cuando los países del centro se constituyeron como tales construyeron economías autocentradas (construcción de industrias de bienes de consumo masivo e industria de bienes de capital en sus propios espacios nacionales), mientras que en los países de las periferias se construían economías extravertidas, especializadas, cuyo motor no se sitúa dentro de las mismos, sino en los centros; vale decir, se constituyeron desde el principio como satélites, como apéndices de las economías capitalistas del centro, al servicio de la acumulación de capital dentro de estos. Esto fue y es posible porque en los países periféricos sus clases dominantes tienen intereses solidarios con el capital monopolista.

La polarización entre centros y periferias es inmanente al despliegue del capitalismo a escala mundial. Mientras que la riqueza se concentra en los centros, la pobreza se concentra en las periferias. Samir Amin explica la situación privilegiada de los centros por la posición de dominio que tienen en el sistema capitalista mundial, por la transferencia de valor que se produce desde las periferias hacia sus espacios nacionales. A su vez, la situación de las periferias se explica por el bloqueo a que están sujetas por la posición que ocupan en el sistema capitalista mundial, por la forma en que se relacionan con el mercado mundial, con las economías capitalistas del centro, por su sometimiento a los intereses de los grandes capitales monopolistas.

Es pertinente recordar que en el Perú, nuestro “Amauta” José Carlos Mariátegui, visionariamente comprendió la naturaleza del desarrollo capitalista periférico en la época del imperialismo: “La condición económica de estas repúblicas [latinoamericanas], es, sin duda, semicolonial, y, a medida que crezca su capitalismo y, en consecuencia, la penetración imperialista, tiene que acentuarse este carácter de su economía” (13).

Cómo funciona la polarización a escala global: el intercambio desigual. Hay que destacar que el subdesarrollo de nuestros países no es tanto igual a la persistencia de formas precapitalistas de producción, como lo pretenden algunos analistas al servicio del gran capital. El subdesarrollo es ante todo un producto de la penetración del capital monopolista en nuestras economías -que las clases dominantes locales hacen posible-, a través de formas como: a) la explotación de sus recursos naturales, b) la exportación e inversión de sus capitales excedentes en nuestras regiones y c) la venta de sus productos manufacturados en los mercados de las periferias (14). Ahora bien, Amin no analiza el intercambio desigual en el plano del intercambio, sino que va al fondo de las cosas, al plano del proceso de producción. En primer lugar, Amin afirma que la producción de mercancías está destinada al mercado mundial y el trabajo que cristaliza en las mercancías tiene también carácter mundial. Una hora de trabajo en dos países distintos, uno del centro y otro de la periferia, produce el mismo valor. Pero el salario del trabajador de la periferia está muy por debajo del salario del trabajador del centro. Esta situación no se debe a las diferencias de productividades, sino a la inmovilidad del trabajo. En las periferias hay superexplotación de la fuerza de trabajo, una tasa de plusvalía muy superior a la tasa de plusvalía que se produce en los centros. Amin lo explica de la siguiente manera:

Es evidente que la hora de trabajo aquí y allá crea el mismo valor, y si la fuerza de trabajo tiene aquí un valor inferior, es decir, si el salario real es inferior, la tasa de plusvalía es necesariamente superior. Los bienes salariales que constituyen la contrapartida real del valor de la fuerza de trabajo son mercancías internacionales que tienen un valor internacional. Si la jornada de trabajo es igual en A y en B (por ejemplo 8 horas), si la remuneración real del trabajador es diez veces superior en B (salario real en B igual a 10 kilogramos de trigo por día contra solamente un kilogramo en A), y si 10 kilogramos de trigo son producidos en el mundo (allí donde la productividad en esta actividad es la más elevada) en 4 horas, la tasa de plusvalía en B será del 100% (4 horas de trabajo necesario y 4 horas de sobretrabajo), mientras que se elevará a 1.900% en A (24 minutos de trabajo necesario y 7 horas 36 minutos de sobretrabajo). Para mantener este razonamiento, no hay que comparar la productividad en las dos producciones capitalistas en las que A y B se especializan: eso no tiene sentido (15).

Samir Amin concluye: 1) hay transferencia de valor, desde las periferias hacia los centros, por la superexplotación del trabajo en las periferias, lo que contribuye a aumentar la masa de plusvalía relativa en los centros, al abaratar así en estos los medios de subsistencia, y 2) hay intercambio desigual cuando las diferencias salariales son mayores a las diferencias de productividad.

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“Libros” (1925), Aleksandr Ródchenko

Cómo funciona la polarización a escala global: la ley del valor mundializada. Ahora bien, ¿por qué existen grandes diferencias salariales entre los trabajadores del centro y de las periferias en ramas de la economía que tienen análogos niveles de productividad? Samir Amin llama la atención sobre el hecho de que Marx teoriza sobre la ley del valor de un modo “general, abstracto e indeterminado”, dentro del marco de un espacio nacional. Dentro de éste, hay un triple mercado integrado: de mercancías, de capitales y de trabajo. En el sistema capitalista mundial, empero, hay solo un doble mercado libre: de mercancías y de capitales. El mercado de trabajo, por el contrario, se encuentra compartimentado en lo fundamental en el marco de los estados nacionales. A escala mundial la ley del valor está truncada. Es así como Samir Amin explica las diferencias salariales existentes entre los trabajadores de los centros y las periferias, dentro de sectores de la economía que tienen similares niveles de productividad. En palabras de Amin, “la ley del valor mundializada engendra por fuerza la polarización, y expresa la pauperización que supone la acumulación a escala mundial. Se trata de un fenómeno nuevo, sin precedentes en la historia anterior” (16) (las cursivas son nuestras).

Las clases dominantes del mundo levantan la ideología del “libre mercado”, pero conservan en lo esencial sus fronteras cerradas a los trabajadores de las periferias. La construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, y las leyes aprobadas o por aprobarse en países de Europa y los Estados Unidos contra los inmigrantes de las periferias, de América Latina, de África y de Asia, ilustran dramáticamente el hecho mencionado.

Los cinco monopolios del centro. La polarización es ley del desarrollo del sistema capitalista mundial, pero cambia de formas.  Entre 1500 y 1800 el “capital mercantil es hegemónico en los centros atlánticos dominantes” y se forman “zonas periféricas (América) cuya función presuponía su total aceptación de la lógica de acumulación del capital” (17). Entre 1800 y 1945 la polarización toma la forma de contraposición entre países industrializados versus países no industrializados (exportadores de materias primas y productos agrícolas). Luego, gradualmente, con los procesos de industrialización que impulsaran las periferias gracias a los movimientos de liberación nacional y a los regímenes del “socialismo real”, la polarización global irá cobrando una forma histórica distinta.

Así, desde 1945 a la actualidad la polarización global irá adquiriendo su fundamento en los cinco monopolios de los centros sobre los que Amin llama la atención desde hace más de una década (18):

1) Monopolio tecnológico.

2) Control de los mercados financieros mundiales.

3) Control de los recursos naturales del planeta.

4) Monopolio de los medios de comunicación.

5) Monopolio de las armas de destrucción masiva.

Resulta decisivo por varias razones comprender en profundidad la nueva forma que ha tomado la polarización global. La industrialización que cobró impulso en las periferias a mediados del siglo pasado no ha dado fin con la polarización a escala mundial. Reconocido este hecho, no se trata de negar importancia al impulso del desarrollo de las fuerzas productivas en las periferias. Y de ninguna manera aceptar y adaptarse genuflexamente al sistema imperialista. Un gran número de países de las periferias lograron muy bajos niveles de industrialización, incluso dentro de la industria de bienes de consumo masivo. Estos países continúan dependiendo en gran medida de la exportación de materias primas y productos agrícolas, y su industrialización es una tarea pendiente. De lo que se trata, en cambio, es de subrayar la importancia que en la actualidad tiene para las periferias hacer frente a los monopolios indicados, condición insoslayable de su desarrollo. La industrialización de las periferias, dentro de este nuevo marco mundial de polarización, sobre todo, dentro del marco del monopolio de las tecnologías y del capital financiero por los centros, “puede volverse una especie de sistema moderno de putting out (de encargos), controlado por los centros financieros y tecnológicos” (19).

Amin anota que la diferenciación entre un “Cuarto Mundo” y un “Tercer Mundo”, “en vías de industrialización”:

no es inofensivo en el espíritu de quienes lo proponen: supone que el Tercer Mundo de los NIC (Newly Industrializad Countries, Países de Reciente industrialización) está ‘cubriendo la brecha’ (o puede hacerlo), mientras que el Cuarto Mundo se hunde. Olvida que la industrialización ya no es el fundamento de la polarización. Prefiero decir por ende que el corazón de la periferia de mañana –en formación- está constituido por los países que tendrán como función esencial suministrar los productos industriales; y que el “Cuarto Mundo” ilustra el carácter destructivo de la expansión capitalista, lo que no es nuevo, sino que siempre acompañó la historia real del capitalismo. (Las cursivas son nuestras) (20)

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Sin título (1994/1995) Barbara Kruger.

De lo que se trata, pues, es de llamar la atención acerca del nuevo contexto internacional bajo el que las periferias continúan su industrialización. De lo que se trata, pues, es de hacer la crítica radical de los proyectos desarrollistas en cualquiera de sus versiones. De lo que se trata es de hacer la crítica radical de los proyectos “socialistas” que rinden culto al desarrollo de las fuerzas productivas, reproduciendo, así, la alienación economicista propia del modo de producción capitalista. De lo que se trata, pues, como sostiene Amin, es de “asociar… los objetivos de cierto desarrollo de las fuerzas productivas de las periferias del sistema a los objetivos de superar las lógicas de conjunto de la gestión capitalista de la sociedad” (alienación economicista, creciente polarización) (21).

Hasta el día de hoy la inversión extranjera directa sigue produciéndose en países como los nuestros, básicamente en el sector primario exportador, pero –y esto es menos reconocido en general-, las inversiones en la industria manufacturera de exportación, que se fundamentan en la superexplotación de la fuerza de trabajo, están perfectamente integradas en la nueva división internacional del trabajo.

Por lo demás, el incremento de las tasas de crecimiento económico de los países de América Latina en la década de 2000, determinada por una coyuntura internacional favorable consistente en el incremento de la demanda de materias primas, no constituye sino el “desarrollo del subdesarrollo”, como sentenciara André Günder Frank.

Transformar el mundo. El socialismo: única alternativa a la barbarie del capitalismo 

El discurso de “lucha contra la pobreza” de instituciones financieras internacionales al servicio del gran capital como el Banco Mundial no puede sino ser comprendido como el cinismo de los expropiadores. Siembran ilusiones: ¡pero no cosechan paz! Porque la resistencia de los pueblos ha estado presente en la historia desde los orígenes del capitalismo hasta la actualidad. El día de mañana no será diferente. En este sentido, la revolución social constituye la forma más alta que cobra la resistencia de los desposeídos a su deshumanización objetiva y subjetiva, para utilizar la expresión de Hinkelammert.

La alienación economicista impide ver las causas profundas de la creciente pauperización de las masas, y a no pocos de reconocer el problema mismo. Revertir cualitativamente la actual situación implica una nueva correlación de fuerzas a nivel mundial, favorable a las clases populares. De aquí la urgente necesidad de construir un verdadero internacionalismo de los pueblos del mundo. De aquí la imperiosa necesidad de la militancia revolucionaria. De aquí la perentoria necesidad de que esta militancia se articule decididamente con los excluidos del sistema capitalista para atacar el problema por la raíz.

Hace mucho que el capitalismo dejó de coincidir con el progreso. El capitalismo no ofrece a las inmensas mayorías sino más miseria, mayores sufrimientos. Ningún proyecto de “capitalismo nacional”, de “capitalismo popular” o de “capitalismo con rostro humano” es capaz de dar fin con la pauperización creciente de las masas. El socialismo mundial es la única alternativa verdaderamente humana a la creciente deshumanización que nos impone el capitalismo mundial. Mas, el socialismo no puede ser reducido a un proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas. Debe retomarse el proyecto de socialismo como la conquista de una civilización cualitativamente superior al capitalismo. Y el socialismo en el siglo XXI, así como en el siglo XX, será otra vez el resultado de las luchas de los trabajadores contra el capital.

Santiago Ibarra

 

Notas: 

(1) Moreno Brid, Juan Carlos, Pérez Caldentey, Esteban y Ruiz Nápoles, Pablo, “El consenso de Washington: aciertos, yerros y omisiones” en: Perfiles Latinoamericanos, diciembre, número 25. Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales, Distrito Federal, México, 2004, pp. 149-168. La cita es de la página 153. Como puede verse por el título de este artículo, se trata de autores no marxistas, que utilizamos como muestra de lo afirmado por nosotros.

(2) Datos de la OCDE, trabajados por Beinstein, Jorge, La larga crisis de la economía global. Argentina-Buenos Aires, Corregidor, 1999.

(3) Amin, Samir, “Pobreza mundial, pauperización y acumulación de capital” en www.rebelion.org, 26 de octubre de 2003.

(4) Moreno Brid, Juan Carlos, Pérez Caldentey, Esteban y Ruiz Nápoles, Pablo, op. cit., p. 157.

(5) El Capital (Tomo I). Argentina, Editorial Cartago, 1974, p. 620.

(6) Ibid. p. 619.

(7) “Estancamiento dinámico y exclusión en la economía mundial” en Herramienta. Revista de debate y crítica marxista. Número 22, Buenos Aires, otoño de 2003, pp. 45-54.

(8) Amin hace referencia a este período histórico en varios pasajes de su obra.

(9) Marx, Carlos, op. cit., p. 618.

(10) Brenner, Robert, Turbulencias en la economía mundial. Santiago de Chile, Editorial LOM-Encuentro XXI, 1999, p.387, citado por Sotelo, Adrián, La reestructuración del mundo del trabajo. Superexplotación y nuevos paradigmas de la organización del trabajo. México D.F., Universidad Obrera de México-Escuela Nacional para Trabajadores-Editorial Itaca, 2003, p. 56.

(11) Coutrot, Thomas, “Crítica de la organización del trabajo” en www.rebelion.org, 14 de febrero de 2001, citado por Sotelo, Adrián, op. cit., p. 56.

(12) Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, en Obras Escogidas. Tres tomos, Tomo I, Moscú, Progreso, 1970, p. 775.

(13) “Punto de Vista Anti-imperialista” en: Obras Completas, de José Carlos Mariátegui, Tomo 13. Perú-Lima, Empresa Editora Amauta, 1978.

(14) Ver Roffinelli, Gabriela, Samir Amin y la mundialización del capital. España-Madrid, Campo de Ideas, 2004, p. 72. Hemos organizado los dos acápites acerca de cómo funciona la polarización a escala mundial con la ayuda de la didáctica exposición que hiciera G. Roffinelli del pensamiento de Samir Amin.

(15) Palabras de Samir Amin, citado en Roffinelli, Gabriela, op.cit., pp. 75-76.

(16) “3. Capitalismo y sistema-mundo” en: Amin, Samir, Los desafíos de la mundialización. México D.F.-España, Siglo XXI Editores, 1999, p. 59.

(17) “El futuro de la polarización global” en: Amin, Samir, El capitalismo en la era de la globalización. España-Barcelona, Ediciones Paidós, 1999,  pp.15-26.

(18) Ibid. pp. 18-19.

(19) “3. Capitalismo y sistema-mundo” en Amin, Samir, Los desafíos…, p. 68.

(20) Ibid., p.70.

(21) Amin, Samir, Más allá del capitalismo senil. Por un siglo XXI no norteamericano. Argentina-Buenos Aires, Editorial Paidós SAICF, 2003, p. 14.

 

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