Colón desde el siglo XXI

Joan Bosch i Planas

La polémica sobre la verdadera nacionalidad del personaje a quien se le atribuyó el descubrimiento de América sigue más viva que nunca después de pasados más de quinientos años del acontecimiento que cambió por completo la visión que hasta entonces se tenía del mundo. Y es, precisamente, el paso del tiempo el que va permitiendo que documentos encontrados y localizados en archivos de diversos puntos de la geografía sean documentados por historiadores e investigadores; los cuales, con la colaboración de nuevas técnicas que contribuyen a autentificar los textos, logran cubrir algunos de los huecos que la historia ha dejado libres para divertimento de los apasionados estudiosos. Y aunque algunos resultados consientan unas valoraciones que pueden ser consideradas totalmente subjetivas, el juego habrá de continuar hasta encontrar razones que, presuntamente, más o menos cercanas a la realidad, nos faculten a unos y a otros para deshacer algunos de los tópicos establecidos que han ido obstaculizando la búsqueda de los auténticos hechos, el desarrollo de los cuales ha estructurado la misma historia. Sin embargo, en este sentido, diversos aspectos de la biografía de Colón siguen siendo una referencia excepcional: la naturaleza, las actitudes y la conducta del navegante, se han convertido en dulces objetivos que permiten las más dispares interpretaciones y teorías, fruto de un oscurantismo que con toda probabilidad y de manera expresa ha sido provocado, que han transformado en misterio los primeros años de la vida del almirante, y de la verdadera historia que se fue forjando alrededor del descubrimiento del nuevo continente.

by Emanuel Leutze

“Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos”, Emanuel Leutze,1843

Congresos, Jornadas de Estudio, Ciclos Culturales… diversas denominaciones para los encuentros de hispanistas, indigenistas, americanistas y colombinos, enrolados en los diferentes ámbitos de la historia, sirven para justificar los debates, en el transcurso de los cuales se van substituyendo los protagonistas en sesiones prolongadas, no tan solo a lo largo de los años sino incluso de los siglos, sobre la vida de Cristóbal Colón y su verdadera nacionalidad. Un tema que desde el principio no se creyó que podría ser tan fundamental y en el que incluso se intentaron obviar detalles para que pasase desapercibido, se ha mantenido cabecera principal para que pueda ser objeto del ininterrumpido análisis que sigue llevándose a cabo a través de las distintas generaciones de investigadores. Y si mi adhesión por formar parte también de los que desean saber más sobre la vida humana del personaje fue desde un primer momento puramente por contagio, más tarde mi interés fue en aumento transformándose en verdadera inquietud al conocer el desarrollo de ciertas investigaciones, las cuales pretenden fundamentar la nacionalidad del descubridor en tierras catalanas.

Cabe decir, no obstante, que si guerras, desastres naturales, incendios -algunos intencionados- y falsificaciones, han podido hacer desaparecer pruebas substanciales que podrían haber verificado hechos trascendentales de los años que ahora nos interesan, es precisamente el paso del tiempo, fuera ya de la época y de los contextos en los que aquellos han sucedido, el que permite explicarlos. Es decir, los episodios no comprendidos o mal interpretados que a través de los años han sido analizados, pueden ser nuevamente estudiados gracias a la aparición de documentos epistolares que pueden calificarse de esenciales para hacer comprensible lo que hasta ahora era desconocido o ignorado. Uno de estos episodios es el que ha motivado mi atención y una serie de consideraciones que me atrevo a compartir.

Desde el punto de vista del ámbito que nos ocupa, los años previos e inmediatamente posteriores a la conmemoración de cada uno de los centenarios que, dicho sea de paso, nos alejan, lógicamente, cada vez más del año 1492, sirven para incentivar e impulsar el entusiasmo por la investigación sobre la historia de España, concretamente sobre la parte relacionada con el Descubrimiento y sus consecuencias. Tanto en Europa como en EE.UU. y en los países latinoamericanos, proliferan en el entorno de los años finales de cada siglo, las publicaciones con los resultados obtenidos de los estudios más o menos científicos sobre aquellos años, y abundan los encuentros de expertos sobre el tema que más tarde, pasada la sacudida, se irán dilatando en el tiempo hasta ser más constantes hacia el final de la centuria correspondiente, debido al progresivo interés que suscita esta parte de la historia que contempla el descubrimiento mutuo de los dos mundos. He notado este efecto, por haber vivido, obviamente, el año 1992 y notar la importancia que desde la intelectualidad ha tenido la evocación de dicha efeméride en la sociedad actual. Es necesario tener en cuenta, sin embargo, que la época en la que nos ha tocado vivir resulta hasta ahora ser la más complaciente, puesto que, como he intentado exponer anteriormente, las voluntades, los medios y la tecnología, facilitan las investigaciones, el resultado de las cuales son progresivamente más satisfactorios.

Cristóbal Colón (retrato de Ridolfo Ghirlandaio, c. 1520)

“Cristóbal Colón”, Ridolfo Ghirlandaio,  1520

Considerando que el diez por ciento de todos los que fueron a América en los primeros años fueron misioneros, solo en la misma proporción daré cuenta de la opinión que sobre Colón manifestaron los jesuitas en unas veladas literarias celebradas en Burgos en 1892, año de conmemoración, el cual fue intitulado oficial e institucionalmente, del “Cuarto Centenario de Colón”. En las consideraciones de los ponentes quedaba muy claro, aunque no era el momento de demostrarlo, que Génova era la patria de Colón y que este, a pesar de ser hijo de un humilde cardador de lana, “su más deleitoso cebo fueron los estudios de náutica y de geografía que no pudo llevar a cabo en los escaños de una aula universitaria sino entre las bonancibles brisas y agitados remolinos del mar”. Las opiniones de los dignos estudiosos se encaminan con Colón hacia Portugal, donde el navegante se emparienta con un célebre marino y Lisboa pasa a ser su verdadera escuela. El “célebre marino” no es otro que el mismo gobernador de Puerto Santo cuya hija Felipa casó con Colón y quien fue la madre de su hijo Diego, nacido en aquella isla portuguesa. No hay más nuevas ni detalles de la época infantil o adolescente del navegante y, a partir de ahí, los jesuitas aportan algunas informaciones más o menos interesantes del Descubrimiento no sin que antes manifestasen con el grito al cielo que: “Colón no descubrió América sino que fue la América quien se descubrió a Colón”. Otra anécdota digna de ser publicada aquí es la de un participante en dichas veladas en la que exponía los suficientes argumentos para proponer la canonización del navegante pero, la observación de sus defectos, por otra parte humanos, le privarían transitoriamente de ello. No obstante, no pierde la esperanza y deja para una investigación posterior la posibilidad de encontrarle más virtudes a Colón, para que al final pueda verse en los altares.

 El capítulo citado podría tener su ironía pero no debemos olvidar que fue un grupo de clérigos, supuestamente ilustrados, los que acordaron bautizar al nuevo continente con el nombre de América, inspirados y engañados por un geógrafo vagabundo, y los que proclamaron su decisión a los cuatro vientos gracias a la imprenta que tenían instalada en sus dominios. Aunque indudablemente aquellos sabios religiosos debían estar muy mal informados, cabe resaltar que eran notables los enemigos y las malas influencias que tenían Colón y la corte de las Españas en la época de aquella vieja Europa. A pesar de ello, sin embargo, hasta el siglo XVIII los geógrafos españoles siguieron refiriéndose a la zona descubierta como las Indias o el Nuevo Mundo.

Otra de las muestras de cómo logra publicarse información de la “auténtica” nacionalidad de Colón, es la que se contempla en un interesante trabajo histórico-pedagógico premiado en el año 1930, en Madrid. En el capítulo correspondiente se lee: “Cristóbal Colón nació en Pontevedra…” Así de claro y conciso. Seguidamente, indicando la procedencia, da varias opciones por lo que se refiere al año de su nacimiento. El capítulo se complementa, no obstante, con bastante rigurosidad, teniendo en cuenta el sentido de mi investigación, en lo que respecta a sus años mozos.

Cristobal Colon, Paseo Colon

Detalle: “Cristobal Colón”, de Salvatore Ravelli, Paseo Colón, Lima-Perú

De Inglaterra, de Noruega, de Croacia, de Córcega o de Génova, sin olvidar las tesis que se inclinan por un Colón originario de Portugal o de alguna de las regiones del reino de Castilla: de Plasencia, en Extremadura, de Pontevedra en Galicia, de Espinosa en Guadalajara, de Guipúzcoa o de Sevilla, son algunos de los lugares del planeta donde el  almirante distribuye su generosa incorporeidad exceptuando el continente que descubrió, al que no dejaron que llevara ni su nombre. Tampoco pueden excluirse de la lista los territorios isleños catalanes de Ibiza o de Mallorca o la misma ciudad de Barcelona o de su periferia. De hecho, uno de los últimos trabajos publicados, resultado de una eficiente labor de investigación, es el de Charles J. Merrill eminente estudioso norteamericano sobre literatura medieval catalana -en la actualidad en proceso de ordenarse sacerdote católico en Roma-, donde en el volumen que titula Colom. 500 anys enganyats. Per què s’amaga l’origen català del descobridor d’Amèrica, nos cuenta minuciosamente su teoría sobre el origen catalán de Cristóbal Colón, aunque no excluye la posibilidad de que no lo sea. No obstante, lo que sí aseguran sus conclusiones es que no podía ser genovés.

 * *

Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza, afirmó durante el Ciclo Cultural de Otoño celebrado en septiembre de 2010 en la Real Maestranza de Caballería de esta misma ciudad, que: “Son tiempos para aclarar cosas apoyándose en textos históricos”. En este sentido, he de destacar, por su importancia y porque ha sido la verdadera base que ha generado la confección de estos párrafos, el resultado hecho público a principios de este mismo año del estudio del Cercle Català d’Història, en el cual concluye que Colón salió del puerto de Barcelona en su segundo viaje a las Indias y no del de Cádiz. Y no sólo la preparación y la partida fueron desde Barcelona, sino que el recibimiento oficial por los Reyes Católicos de Colón y los indios se produjo también en Barcelona.

La información, que contradice la versión oficial de que el viaje salió de Cádiz, eludiendo de manera sorprendente la primera parte del viaje olvidando el papel de los catalanes bajo las órdenes de su rey Fernando II el Católico, complementa uno de los tantos episodios confusos de la etapa del almirante descubridor. Por otra parte, también es interesante el estudio publicado tiempo atrás por el archivero actual de la catedral de Barcelona -cuyo resultado me ha ratificado personalmente-, en el que explica las razones por las que los indios que acompañaron a Colón en el regreso de su primer viaje y que presentó a los Reyes, no fueron jamás bautizados. Una opinión totalmente contraria, nuevamente, de las versiones oficiales que han llegado hasta nuestros días, las cuales dicen que sí lo fueron.

Es sabido que el matrimonio en 1469 de Isabel de Castilla con el infante Fernando de Aragón, el futuro rey de Catalunya-Aragón, unió a los dos reinos sin que ninguno de los dos perdiera su diversidad, tanto lingüística como cultural; el proyecto de los Reyes no era hacer unas Cortes españolas, sino mantener por separado las de Castilla y Aragón. Un ensamblaje marital y político que no se resintió en ningún momento, a pesar de ser en un principio un negocio de Estado como era usual en la época, y que después derivó hacia una verdadera unión sentimental.

Los continuos viajes de los Reyes Católicos por la península les obligaba a tener una corte de carácter itinerante y un patrimonio de unas sesenta y cinco residencias oficiales por todos sus reinos, lugares donde se desplazaban si convenía solucionar más de cerca determinados problemas políticos. Uno de estos quehaceres les llevó a permanecer una larga estadía en Barcelona en los años 1492/93, con el fin de negociar, a favor de la corona catalano-aragonesa, la recuperación de los condados catalanes del norte y que Francia había ocupado durante la alianza que tuvo con el padre de Fernando, el rey Joan II, en uno de sus conflictos contra los catalanes. Fue, durante esta visita en la ciudad condal donde el rey Fernando el Católico fue víctima de un atentado sin mayores consecuencias que una cicatriz en el cuello y un descanso obligado en el monasterio jerónimo de la Murtra, situado no muy lejos de la ciudad. Este es, justamente, el período que se corresponde con la llegada de Colón de su primer viaje de las Indias.

Colón acudió al llamamiento de los Reyes a Barcelona donde, además de otras actividades, celebraban las Cortes llamadas de Santa Ana, en abril de 1493, y después de salir de Lisboa y pasar por Sevilla, Valencia y Tarragona, el Almirante aún demoró tres días en ir andando desde el lugar del desembarco hasta la ciudad. En el recorrido, tenía que ir deteniéndose por la admiración de los pueblos que encontraba al paso, como ha dejado bien anotado su hijo Hernando: “… pues de todos ellos e de sus proximidades corría la gente a los caminos para verle, y a los indios y las otras cosas y novedades que llevaba…”

history-who-really-discovered-america-7061191-255x169Además de la recepción oficial que tuvo lugar en el Palau Reial Major, en la Plaça del Rei de Barcelona, sin duda tuvo que haber más reuniones de los Reyes con Colón, probablemente, en el Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, donde el monarca se estaba recuperando del atentado en la placidez de la que era una de sus residencias de descanso preparada para tal fin, seguramente gracias a los buenos contactos que debía tener el confesor de la reina el monje jerónimo, Hernando de Talavera. A quinientos metros del monasterio se alzaba, hasta hace pocos años en los que unas inundaciones acabaron de derribarla, una masía denominada popularmente Can Sunyol, en la cual se alojaba el Almirante y que sirve de referencia a los cronistas: “…se despidió de los reyes, y aquel día toda la Corte de Palacio le acompañó a su casa.” Esta casa, según el archivo notarial de Barcelona, pertenecía en 1492 a la familia Colom de Barcelona; uno de sus integrantes, Francesc Joan Colom i Bertrán, llegó a presidir la Generalitat de Catalunya en los años 1464/67, un período en el que las fuerzas de la máxima institución catalana tuvieron que enfrentarse a las del rey Joan II, padre de Fernando (el futuro Fernando II el Católico) en una guerra civil que duró diez años.

Los expertos justifican el silencio y el oscurantismo del verdadero nombre y la procedencia de Cristóbal Colón por los sucesos mencionados. Colón no podía descubrir públicamente su origen cuando sus parientes y, probablemente, él mismo, lucharon contra el padre del rey con el cual ahora negociaba el patrocinio de sus viajes a las Indias, un rey, el Católico, que, con toda probabilidad, sí sabía de sus aventuras. No obstante, tampoco a Castilla podía interesarle que los catalanes interfirieran en los negocios en los que iba a apostar.

No es extraño que solamente sean los castellanos o españoles, además de los italianos, obviamente, los que más se niegan a aceptar la catalanidad de Colón. Su patriotismo se les nota en la cara y cada vez que un nuevo indicio da más probabilidades a la teoría del Colón catalán, se origina el pataleo conocido y reaniman la tesis del origen absolutamente genovés, a pesar de que podrían igualmente presumir de un Colón español. Aunque en aquella época, en Castilla llamaban “genoveses” a todos los extranjeros y que los castellanos pronuncian con dificultad la eme situada al final de algunos vocablos de origen catalán, los pasos de la vida del Almirante no parecen vincularse a Italia puesto que desde joven empezó a navegar y no existe constancia de ninguna relación con Génova ni con ninguna familia de aquellas tierras.

Creo que es del todo necesario considerar la obra del profesor peruano Luis Ulloa, quien a principios del siglo pasado ya suscitó el interés por la posible catalanidad de Colón. Con razones de valoraciones diversas, algunas suficientemente convincentes, basándose en conceptos lógicos por la nula o mínima documentación personal existente del navegante, sus teorías fueron publicadas y siguen siendo válidas y seguidas en nuestros días.

Tomando y recordando, como ejemplo, solamente algunos de los datos encontrados por Ulloa, aspectos básicos que enlazan de manera absoluta con todo lo que se sabe sobre el Almirante, la evidencia de un Colón vinculado a Catalunya no tiene dudas:

1.- Colón se embarcó cuando tenía unos quince años de edad, el 1462, en las costas catalanas, a bordo de una nave que se dirigía a Rhodes, con escala en Italia.

2.- Colón -en aquel momento probablemente llamado Joan-, navegó por el Mediterráneo; más tarde, entró como corsario, a las ordenes de Guillem Casenove Coullon y al servicio del conde Renato d’Anjou de Provenza, intitulado rey de Sicília.

3.-Colón naufragó cerca de las costas portuguesas a causa de un combate naval el 1476.

4.-A finales del mismo año, Colón fue a  Dinamarca, a Islandia y a las costas orientales de Groenlándia.

5.- Fue a consecuencia de este último viaje que Colón empezó a concebir el proyecto del descubrimiento.

6.-De regreso a Portugal, en 1477 o en 1478, Colón cambia su nombre de Joan por el simbólico de “Xristo-Ferens”, y transformó su nombre de familia en “Colomo”, para poder, escondiendo su personalidad, buscar protección al emprender la aventura del descubrimiento.

Inexplicablemente, el documento de las Capitulaciones de Colón con los Reyes Católicos, firmadas el 17 de abril de 1492 en Santa Fe durante el sitio de Granada, se encuentra en el Archivo Real de Barcelona y no en un archivo de la Corona de Castilla, como sería lo más natural.

“El descubrimiento de América”, Dióscoro Puebla, 1862

Cabe destacar que el primer viaje de Colón a las Indias es favorecido y facilitado por personajes de la Corona catalano-aragonesa, como el ministro de la Corte Luis de Santángel, influyente escribano de raciones del Rey y el secretario de este Joan de Coloma. También su camarero, Joan de Cabrero o su tesorero Gabriel Sánchez:

Estos todos o algunos dellos –refiere el Padre Las Casas- negociaron que Cristóbal Colón fuese oído de los Reyes…”

Fue Joan de Coloma, nacido en un pueblo de Aragón y de padre catalán quien, junto con el padre Juan Pérez de Marchena del Monasterio de la Rábida, contactaron a Colón con los Reyes; fue él mismo quien, como secretario, firmó las Capitulaciones, el pasaporte y las Reales Cédulas del nombramiento de Almirante y de Virrey, todos los documentos fueron inscritos en los registros de la cancillería catalana. Y fue Santángel, valenciano que había residido durante mucho tiempo en Barcelona en una casa propiedad del hermano mayor de Colón, quien asesoró a la Reina y avanzó el dinero necesario para ultimar la expedición.

Cabe señalar que, para la organización de la América hispana, careciendo la tradición política castellana de precedentes de gobiernos autónomos en territorios geográficamente alejados de los centros del poder, tuvieron que usarse los de la tradición política catalana, abundante y rica en experiencias, para estructurar el gobierno de las tierras descubiertas. En este sentido creo importante transcribir lo que publicó el historiador catalán Jaume Vicens i Vives el 1947 en la oportunidad de celebrarse la II Asamblea de Americanistas:

“Durante mucho tiempo había abrigado la sospecha de que la organización política de los territorios descubiertos por Colón se había efectuado trasplantando al Nuevo Mundo buena parte de las instituciones nacidas en el transcurso de la expansión marítima de Catalunya. Los fundamentos de esta hipótesis de trabajo eran obvios: Castilla en 1492 carecía por completo de la rica experiencia del Gobierno ultramediterraneo de la Corona de Aragón, y, por lo tanto, ante la necesidad de improvisar un régimen administrativo y jurisdiccional para la naciente América, los Reyes Católicos acudieron a la única fuente donde podían hallarlo, esto es, el complejo estatal que supieron elaborar los reyes de la Casa de Barcelona. La investigación ha confirmado este criterio, como no podía ser de otra manera. Los títulos concedidos a Cristóbal Colón en las Capitulaciones de Santa Fe, anteriores a su marcha a Palos, fueron el de “Almirante”, al estilo del de Castilla, y el de “Virrey y Gobernador General”, aquel para proclamar su jurisdicción suprema en el mar y éste para asegurársela en tierra firme. La existencia de “Virreyes y Gobernadores Generales” en Cerdeña señalaba el posible origen del título colombino. Luego, la comparación de los textos legales –la lugartenencia general catalano-aragonesa y el virreynato siciliano, de un lado, y el privilegio colombiano de 1493, de otro- ha puesto de manifiesto la similitud de las atribuciones que se conferían a los lugartenientes y virreyes de la Corona de Aragón con las que se dieron al Descubridor en dicho año. Similitud de concepción e incluso de fraseología. Todo ello abona la legitimidad de la gloria que desde hoy puede arrogarse la monarquía catalano-aragonesa: La de que una de sus instituciones fundamentales –el virreynato trasmediterráneo- fuese la norma copiada en la primitiva organización del gobierno de las Américas”.

Es necesario añadir desde este aspecto que, si las estructuras de América fueron copiadas de las de los catalanes, el espíritu que las sirvió fue absolutamente otro, en cierta manera totalmente contrario al que le había visto nacer. Si espíritu y forma se hubieran correspondido plenamente, la suerte de la América hispánica hubiera podido ser muy diferente y probablemente mejor, de manera que las relaciones orgánicas entre las nuevas tierras y las viejas hubieran podido subsistir perdurablemente a través de los siglos. Otras reflexiones en cambio, que, en este sentido, algunos historiadores castellanos han hecho públicas, van encaminadas a aconsejar el ejercicio de trasladarse al siglo XV para comprender las acciones y aceptar las ideas que estaban en boga en aquellos tiempos como la que a la esclavitud se refiere. El origen, por ejemplo, de las “encomiendas” o “repartimientos” de indios que han sido motivo para que se censure la política colonial de España, no viene de Colón; viene de la desobediencia de la masa ignorante de los colonos. La distancia que separaba la metrópoli de sus posesiones y la dificultad de comunicación, hacía imposible la represión oportuna y eficaz de estos excesos, naturales -continúan diciendo- en gente aventurera y sedienta de oro.

* * * 

Indios americanos

“Target practice”, Alfredo Rodríguez, 1954

Después de escuchar a Colón en Barcelona, la Reina ya lo tiene claro y se lanza plenamente a amparar la gran empresa, comprometiéndose hasta hacerla finalmente suya. Y con las condiciones, también las instrucciones de compaginar la aventura del proyecto con la evangelización de los indios. Las fuentes históricas utilizadas por historiadores que recientemente han ofrecido importante información relativa a la partida del segundo viaje provienen de los Anales de Catalunya correspondientes al año 1709, de Narcís Feliu de la Peña, conservados en la Biblioteca de Catalunya. El texto, extremadamente explícito, señala:

“Embarcáronse grande número en Barcelona con Colón y fue el capitán Pedro Margarit. Partieron de Barcelona con la flota de Colón, llegaron a Cádiz a 23 de setiembre: Partieron de Cádiz tomando tierra en la Isla que llamaron Deseada, después a la que nombraron Española, partieron a Haití, donde les noticiaron de sus amigos muertos por los Indios”

Efectivamente, después de unos quince o veinte días de navegación desde Barcelona, hicieron escala en Cádiz donde a los dos días partieron en dirección a las islas Canarias para seguidamente continuar hasta las Indias. La flota, como se ha dicho, preparada en Barcelona, la conformaba diecisiete naves con 1500 a 1700 hombres, según las fuentes, en un conglomerado de marineros y soldados, labradores y artesanos y los franciscanos destinados a la misión evangelizadora, encabezada por el padre catalán, Bernat Boïl, vinculado al Monasterio de Montserrat. Llevaron las primeras semillas de árboles frutales, plantas y flores y varias parejas de animales: Gallinas, perros, caballos, chanchos, ovejas, vacas… También viajaron algunas mujeres.

Pere Margarit, o Pedro Bertran y Margarit, que se ocupó de dirigir la misión militar y el tarragonés Miquel Ballester, el que, más tarde, sería alcaide de la fortaleza de la Concepción en la isla de Santo Domingo, viajaba también en el gran grupo. Y, también el padre Ramón Pané del Monasterio jerónimo de Sant Jeroni de la Murtra, quien fue el primero en escribir sobre los usos, costumbres y creencias de los indígenas de la isla La Hispaniola, el año 1498. También viajaba, en este segundo viaje a las nuevas tierras, Francisco de las Casas, el padre de Fray Bartolomé de las Casas. Por lo que cabe decir, de paso, sin entrar en los detalles que lo motivaron y que podrían apartarse en esta ocasión del principal tema que se ha pretendido abordar, que el padre Boïl, viendo la imposibilidad de evangelizar a los indios y, en cambio, ver como eran esclavizados, decidió dejar su tarea apostólica y abandonar la isla. En el mismo barco se fue Pedro Margarit, quien, aprovechando la ausencia del Almirante, abandonó a su suerte a la guarnición de la fortaleza de Santo Tomás.

A pesar de todo lo manifestado, por voluntad de la reina Isabel, las nuevas tierras son reservadas a los naturales de los reinos de Castilla y León, y los súbditos de la Corona catalano-aragonesa son admitidos de manera excepcional: “por especial merced” o “muy señalada merced”. Es sabido que el testamento de la soberana lo dispone también así.

* * * *

Llegados a este punto y con la pregunta aún en el aire, de que si Colón fue catalán o no, problema planteado en los últimos tiempos -pronto se cumplirá un siglo-, precisamente por un peruano erudito como fue Luis Ulloa, cabe reflexionar sobre la gran preocupación que les supondría a los defensores incondicionales del Colón genovés, cuyas teorías carecen de solidez en la actualidad, si pudiera demostrarse la presunta catalanidad del descubridor. Contemporáneo con los años del Descubrimiento, fue el humanista italiano Pietro Martyr d’Anghiera quien conocía a Colón y estaba en la Corte de Barcelona cuando el explorador retornó de las Indias en 1493 y, a pesar de identificarlo con Joan Colom, lo llama ligur (relacionado con Liguria, país de la Roma antigua). Más tarde, a finales del siglo XVII, el religioso mercedario Serra i Postius afirmó también el origen catalán del Descubridor aunque aceptando que había nacido en Génova.

Cristobal Colón
12 de octubre, 2004, Caracas, 512 años después, la estatua de Colón es condenada, derribada, arrastrada y colgada…

En fin, la realidad evidencia una búsqueda afanosa para encontrar indicios suficientes que puedan albergar una información que los mismos protagonistas han querido que quede en un premeditado misterio. El apellido Colón, Colom, Colombo, son realmente el mismo apellido en lenguas hermanas, lenguas que se hablaban y se mezclaban en la época entre la gente de mar y de comercio. En el ámbito mediterráneo existió incluso la llamada lengua franca, que era una combinación de varios idiomas. En el testamento de Colón, único documento en el que supuestamente dice ser genovés, no fue escrito por él, fue falsificado bastantes décadas después de su muerte en beneficio de sus descendientes.

Confieso que, a mí, que Colón sea catalán o no y que naciese en un lugar o en otro, me da igual. Aunque el refrán popular sentencia que al final todo se sabe, no hay prisa en conocer nuevas teorías de las que siempre pueden calificarse de cuestionables. Lo que verdaderamente me ha ofuscado es lo que ha quedado grabado en las páginas de la historia: las consecuencias de unos acontecimientos que pudiendo haber sucedido de otra forma, han dejado marcas y cicatrices tan profundas en una parte del mundo que la otra parte habría de desechar definitivamente el término “Descubrimiento” y aceptar el de “Encuentro” con el único fin de rectificar actitudes humillantes originadas. Si es que aún existe la posibilidad de hacerlo.

La catalanidad de Colón es difícil de aceptar pero se han de tener en cuenta todos aquellos rastros que permiten acercarse. El oscurantismo sobre la identidad del Almirante empezó en el mismo siglo XV pero no puede ser eterna. Teresa de Jesús dijo, “La verdad sufre pero no perece”. Y, Colón le dijo a su hijo Diego: “La verdad siempre gana”.

Por otra parte, en el momento de concluir esta visión global del estado actual de las inquietudes por conocer la verdadera identidad del Descubridor y después de todo lo expuesto, es necesario reafirmar la marginación a la que estaba supeditada Catalunya en aquella época. En términos generales, salvo alguna excepción, los catalanes no participaron en la exploración y conquista de América. Se han escrito muchas páginas sobre la exclusión de Catalunya en la aventura americana pero la ausencia catalana se hace evidente. Basta repasar las líneas de actuación de la monarquía hispánica, para comprobar que los catalanes se mantuvieron bien al margen de la dinámica imperial. En el 1778, al abrirse diversos puertos de los Países Catalanes al comercio con América, las cosas empezaron a cambiar. Habían transcurrido 286 años desde que Colón llegó por primera vez a América.

Joan Bosch i Planas

Investigador y escritor catalán

 

 

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