Oda a la revolución

UN POEMA DE FERNANDO CASSAMAR EN EL MES DE ANIVERSARIO DE LABERINTOS SUBURBANOS 

*

La travesía de Laberintos suburbanos empezó el 2 de marzo del 2015, como una apuesta en pos de una ilustración alternativa, cuya razón luz, desde el principio optara por una suerte de visión tubular, visión que tuviese como analogía la noción de un centro negro, cuyos márgenes iluminados, inmaculados, van abriendo la posibilidad de detenernos en lo poco visible, como acción de descentramiento de los focos de atención en exfocos, en excentros que permitan el desocultamiento de lo minoritario, de lo marginal, de lo excluido, para abarcar así todas las variables posibles y pasibles de ser relatadas, enunciadas e historiadas, como apertura hacia multiplicidades y diferencias nuevas o simplemente nunca antes vistas, ya sean políticas, antropológicas, sociales, sexuales, sub o paraculturales, insertas en un espectro en el que lo que se desea iluminar no sea lo ya racionalizado, sino lo irracional, lo oscuro, apuntando a aquello que de alguna manera podríamos identificar como antimainstream, pero que no solo se detenga en lo contracultural, sino que en su espacio abarque también lo bizarro, lo monstruoso, lo escabroso y amoral.

Muchas veces hemos errado y otras pocas acertado en este sentido, pero en nuestro descargo diremos que, pese a que nuestro objetivo −visto en el manifiesto-exposición de motivos− ha sido abordar los problema ligados a los márgenes de esa mundialidad política, económica, cultural, psicológica, ideológica y antropológica de las sociedades en tránsito, el tema resulta aún difícil, y entendemos que los fines relacionados a la asunción de una estética del no, asociados a un nomanismo no solo geográfico sino también óntico, como mecanismo de búsqueda aspiracional de todo lo encubierto o negado, haga funcionar este espacio como un observatorio de experimentación y de experiencias marginales y múltiples, pero de efectos colaterales en otros campos, que tiene como eje de aglutinación a todo lo historiable y/o clasificable, pero abordados desde una noción derridarianamente deconstructora y su debilidad por los márgenes.

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“La Libertad guiando al pueblo” (1830). Eugène Delacroix.

De allí que, teniendo aún a marzo como marco insularmente poético, decidimos seguir rescatando la idea de la revolución, pero ahora en abstracto, asociada a lo que estaría más allá de aquel Octubre rojo, desde la compresión de ese limbo arquetípico, en el que la revolución se presenta como experiencia pura de transformación y cambio, como el punto de partida de lo radicalmente nuevo, pero que, como esencia revolucionaria, tiene un origen y no sabemos si un fin. De ahí que para Richard Rorty la Revolución francesa nos ha demostrado que la totalidad del léxico de las relaciones sociales y la totalidad del espectro de las instituciones podían ser reemplazados, como si dijéramos, de la noche a la mañana; mostrándonos también un espectro iluminista en el que, como ideal de emancipación, casi todo ha sido posible. Idea que fue prolongándose con la Revolución socialista soviética, origen y consecuente, algunas veces incierto, de las que vinieron y vendrán luego.

En este sentido, la evidencia de que aquel 25 de octubre, día que según el calendario juliano se capturó el Palacio de Invierno de Petrogrado, hoy San Petersburgo, que dio inicio a la revolución bolchevique, se confronta con la evidencia de que, según nuestro calendario gregoriano, en realidad no fue un 25 de octubre, sino más bien un 7 de noviembre de 1917. Por lo que cabe destacar que, en ese ambiente bolche plagado aún de entusiasmo jacobino, se pueda entender el porqué, tras el regreso de Lenin y sus acompañantes, un 16 de abril de 1917, tras el fin de su exilio, a la estación de Petrogrado, la multitud los recibiera entonando el himno francés, La Marsellesa, que en ese momento era aún el himno de los socialistas rusos. Y finalmente comprender que la revolución, como Saturno, termina también por devorar a sus hijos, como terminó engulléndose a Danton, a Robespierre, a Trotsky y a tantos otros.

En este sentido, ya Peter Weiss nos había dicho que era la figura de Marat la que nos llevaba en línea directa hacia Marx, algo que nosotros agregamos y corregimos, diciendo que la línea directa es hacia Lenin, asumiendo este punto como el eje central del poema que ahora les presentamos, poema en el que desfilan nombres, situaciones y eventos revolucionarios múltiples (LS).

*

*

Oda a la revolución / Marat iluminado

 

Fernando Cassamar

 

Nací para buscarte en las regiones tenebrosas…

En los espacios silenciosos

/ en los que la luna no se oculta nunca

Nací para nombrarte en las calles desoladas

en lugares sombríos

…sin razones ni motivos…

……………………………………………

 

Pero tú dices ¡No!

y todo se derrumba

Y me levanto y vuelvo a caer

para elevarme nuevamente sobre el horizonte

Pero eso ya no importa…

cierro los ojos y tú desapareces…

Sin embargo empieza a fulgurar

el espejismo claro de tu rostro

ante mis ojos ciegos.

 

Y continúas…

Tú no cambias –dices―

Y quizá porque no nos pertenecemos

o solo porque no me pertenezco

me encuentro con Robespierre y Danton

en el centro de mis turbaciones,

pensando en los Zinóvievs y Lenins

de nuestras futuras revoluciones…

Y tranquilo espero

…pero tú nunca apareces…

 

Y nadie entiende por qué

después de mil fracasos

/ sigo sosteniendo tus sueños entre mis manos pálidas

Repitiendo que la ruta a la plenitud existe

que la vida resplandece,

…y que el dolor desaparece…

Pero cuando la esperanza se revela

/ en el albor resplandeciente

de esta última aurora

…todo se ilumina.

 

Y me interno en los laberintos de la expectación y el delirio,

mientras los Guevaras, Cienfuegos y Castros

florecen desde la miseria de mi ciudad exaltada,

de mi Bastilla centelleante

de mi villa encendida.

Y yo les digo:

“Nosotros hemos inventado la revolución”…

pero nadie responde…

Y veo ascender los ensueños del mundo

/  desde la ciudad radiante

Elevándose como las auroras boreales de este último invierno

Mientras los vahos relucientes de las máquinas de Watt

construyen ciudades celestiales en el horizonte.

 

Entonces susurras:

“Todo está consumado…

lo saben los Trotskis y los Maos de nuestra alma”

Pero en los campos roturados…

los arados continúan gritándome…

que tú no existes porque no me perteneces

porque ya no sueñas como antes…

porque ya no vives en mí

Porque cambié los ensueños de tu cuerpo

por el dulce clamor de las multitudes

Por la eufonía radiante de sus máquinas industriales

Por el glorioso canto de la fraternidad y la justicia

de la libertad y la razón.

………………………………………………….

 

Sin embargo vuelvo

Retorno como Marat iluminado

para ser acuchillado

por mi Corday querida

…en el dulce nombre de su amor…

Porque la revolución duele

porque la revolución se traiciona

porque también ella desfallece…

Y consumido por mis ansias

de insurrección descontrolada

desciendo desde el cielo sombrío…

para instalarme con la lluvia entre sus brazos.

Y por la mañana… al despertar…

veo que la mujer de mi vida

aprieta el gatillo

para volarme los sesos…

Para decirme que la vida es efímera

y que el amor siempre ha sido fugaz…

 

Y si te dicen que caí

sabrás que fue cierto

…que he muerto muchas veces

para cerrar el ciclo trágico

de nacimientos y de muertes

Pero ahora renazco…

como cada mañana

para volver a ser asesinado

por sus frías manos…

Mientras las mías

continúan abiertas a la devoción por el mundo.

 

Porque yo nací para eso…

nací para nombrar tus plazas vacías,

tus espacios inertes,

tus alborozos dulces y acres…

Nací para entonar tus nombres infinitos

en lugares en los que los sueños

/ ya no inspiren esperanzas…

 

Para eso nací aquí…

… Nací para sembrar la revolución en ti.

 

 

Fernando Cassamar

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Archivado bajo Homenaje, Oda a la revolución, Poesía

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