Uteronormatividades, ser mujer en estos tiempos, ser o no ser y no morir en el intento del ser y del dejar ser

Cecilia Rejtman

Cabe decir que toda mujer es un mundo, con sus pulsiones, sus encuentros y desencuentros, con sus dolores, ardores, sudores, hedores, colores y líquidos atravesados por su ciclo lunar, y los calores de la propia excitación a la hora de sus encuentros, formales o no, con otro ser, varón o mujer.

De ahí, de esas aristas, radica su belleza, real, no efímera ni ficticia, no idealizada, sino humanamente sublime y bella, con sus altibajos.

Somos unas fieras en una jungla que es esta ciudad, que nos va empujando a rivalidades tontas, absurdas, rivalidades que no hacen más que alejarnos entre nosotras, seres extraños, extrañas habitantes de este planeta tierra, seres que reglan o que reglaron, con muchas sensaciones, multiorgásmicas, seres sensitivos y sensibles.

"Maniquís Móviles", Cecilia Rejtman y el Colectivo La Purita carne. Fot: Roger Caballero

“Maniquís Móviles”, Cecilia Rejtman y el colectivo La Purita carne. Fot: Roger Caballero

Si tuviera que describirnos diría diversidad pura y absoluta, diversidad dentro de la versidad, dentro del verso, dentro de lo adverso de esta sociedad que nos empuja, nos estrangula, nos quita espacio muchas veces.

Hemos ganado un espacio con nuestra sangre, sangre de nuestra pares, las caídas, las desaparecidas, las sin nombre, las putas, las torturadas, las vendidas como esclavas sexuales, las mártires, las mujeres luchadoras que han dado su vida para que tengamos algo mejor, para ser consideradas como seres pensantes, algo más que un pedazo de carne lista para ser comida.

Nos hemos ido manejando en una sociedad que nos estruja y aprieta, por el miedo varonil a esa fuerza femenina que nos caracteriza, esa fuerza que ruje y nos hace ser feroces para defendernos y no agachar la cabeza sino subirla de frente y con determinación. Esa misma fuerza que ha sido la principal gestora de liberar nuestros espacios colonizados, de liberarnos desde lo físico, mental y cultural para activar nuestro lado instintivo y racional, para poder ganar nuestros espacios personales, oscilando entre lo público y privado. Pero esta empresa de liberación de espacios aún está y siempre está en peligro y amenazada por la propia sociedad que sigue intentando restringir nuestros espacios desde nuestros espacios más sensibles y privados.

Por eso aún hoy estamos en pie de lucha, vigilantes, rugiendo en cada arista de la sociedad, en cada espacio ganado, en la calle, en las casas, en las camas, en los colegios, institutos pedagógicos, centros universitarios, oficinas, cada una liberando desde su propia concepción de espacio, hasta lo que sabemos nos pertenece por derecho porque es el terreno ganado.

Seguiremos aquí poniendo el cuerpo, presentes, porque las luchas de las que nos antecedieron no son en vano, porque aún seguiremos luchando.

Cecilia Rejtman

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