Todos los caminos nos llevan al abismo. Lou Reed

A Ricardo Quesada (1956-2011)

in memoriam

Vamos Lou, el camino está cerca –repitió; pero estaba muy lejos como para decir que se podía ver algo del horizonte. Ese horizonte que él siempre esperaba. Eso fue durante la mañana de un 18 de diciembre, cuando en Lima el Sol empezaba a florecer, y los drugos y gays de Plaza San Martín, aún se desperezaban. “De cara al sol” como los fasci di combattimento, de Mussolini. Y Lewis Allen Reed, más conocido como Lou Reed, no pudo hacer otra cosa que pensar que su vida pudo haber sido otra cosa, y que si hubiese nacido en Lima, no hubiese tenido que hacer mucho para que su rostro apareciera en una de las portadas de Poetas del asfalto. Pero luego de lou_reed_541_361caminar por todo el Jirón de la Unión, uno de los mendigos que pululaban por Plaza de Armas le recordó que hacía ya buen tiempo, Allen Ginsberg había caminado también por esas calles, buscando a jovencitos para drogarlos y luego tirárselos sin lubricante. Y viendo la pileta de la Plaza de Armas pensaste que era un día perfecto para inyectarse heroína, con aquella rabiosa jeringa que poseías desde Brookyn, y que traías desde New York park. Pero pese a ello, no pudiste entender que Nueva York, a lado del Cerro el Pino, era una ciudad envejecida, como la ajada postal que parecía ya papel risla y que llevabas en el bolsillo izquierdo, con sus torres aún erectas.

Tu surname, Reed, simplemente red para nosotros, nos recordaba entonces al entrañable Ejercito rojo, de cuando tu padre Sydney Reed no pensaba aún en follarse a tu madre Toby Futterman. Pero tú Lou, naciste un 2 de marzo de 1942, cuando Dios no estaba enfermo ni grave, solo un tanto resaqueado. Se dice que durante la infancia fuiste considerado un niño problemático debido a tu tendencia hacia la homosexualidad, por lo que a los 14 años recibiste tratamiento psiquiátrico e incluso fuiste sometido a sesiones de electroshock para curarte esa sucia tendencia queer,  algo que cantarás luego en “Kill your sons”, tema que casi no soporto. Y que luego pasar por una universidad de Nueva York, ante la mierda del mundo te fuiste haciendo un hombrecito que quería ser músico, hasta que conociste a Jonh Cale, un discípulo de John Cage, con el que formarás, hacia 1964, The Velvet Underground, banda mítica que luego recalará en la Factoría de maricas de Andy Wharhol . Eran los tiempos del cine underground, y ustedes decidieron tomar el nombre del título de un libro sobre sadomasoquismo de Michael Leig titulado también The Velvet Underground.

Durante esa época, su patrono Warhol les impondrá la presencia de la alemana Nico (Christa Päffgen), cantante y modelo estrella de la Factory, y pasarán a llamarse The Velvet Underground & Nico, con algunas canciones adaptadas a la voz de Nico, y con ella aparecerá en mayo de 1967 el famoso disco, con el célebre plátano diseñado por Warhol, como portada. Luego vendrán tiempos en los que te deshacerás de Warhol y de Nico, y luego de grabar el segundo álbum de la Velvet,  White Light/White Heat, harás lo mismo con John Cale, porque, según se dice, te morías de celos debido a su prodigioso talento creativo, pues era él, el que le daba la nota experimental y vanguardista a la banda. Luego tu mismo dejarás la Velvet, en agosto de 1970, para un retiro espiritual, en casa de tus padres. De la época de la Velvet, yo solo recuerdo la voz oscura de Lou en esa suerte de chanson de amour llamada “Heroin”, y los aullidos de la viola de Cale en “The Black Angel’s Death Song”.

Lou con Bowie e Iggy Pop

David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed

Se dice que luego de la Velvet grabaste un disco con Rick Wakeman y Steve Howe, ambos integrantes de la mítica banda de rock progresivo, Yes, que será un fracaso, y que luego, con Transformer, álbum de glam rock, producido por David Bowie, alcanzarás la cumbre, sobre todo por temas como Walk on the wild  side” y “Perfect day”, que luego podré escuchar en la película Trainspotting, de Danny Boyle, con esa imagen en la que uno de los drugos, se sumerge en la tierra a manera de enterramiento que lo arrastrará a un pabellón psiquiátrico, tema que luego también cantarás con Luciano Pavarotti. Sabemos también que luego de tu primer matrimonio, te casarás definitivamente con Lurie Anderson, que envidia Lou. Claro también sabemos que te fuiste en mayo del 2013, y que luego de eso todos los poseros, hipsters, bisexuales y groupies de Lima postearon tu foto vía Facebook y Twitter, para parecer interesantes y cultos.

Muchas cosas para un solo día Lou el oscuro, Lou el rojo, pero no como ese Lev organizador del Ejercito rojo, sino como ese Erick “descubridor” de Groenlandia, como recorredor de las Oceanías y tierras vírgenes de la mente; en tu mundo de pastrulos, de pasuchis, yonkies, cabros y tracas. Un espacio asonante al mundo de un limeño promedio, en el que los niños “fuman” terokal, porque dicen que les quita el hambre, mientras los viejos pedófilos se pajean observándolos, y esperan el menor descuido para violarlos; y los travis, por unas lucas, cuando no les roban, dan yapa al paso a los tíos quemados que les gusta también recibirla por atrás. Pura mierda Lou, pura mierda. Me hubiese gustado mejor detenerme en Lou Andreas Salomé esta noche. Pero que tengas una buena noche.

Infierno en Lima, diciembre 2014-12-15

Fernando Cassamar

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